La portada tiene una mujer con avena en el cuerpo. El color de las hojuelas de avena es amarillo. Uno podría imaginar que esa mujer debería estar dentro de un vaso de cristal, pienso en la mujer y sus quejidos al ser bañada por la leche guardada dentro de un refrigerador y las hojuelas flotando sobre su cabeza. Eso pienso, que esa mujer que está sentada sobre sus rodillas en un espacio infinitamente blanco y con unas hojuelas de avena en su trasero bien podría estar dentro de un vaso de cristal al que luego lo llenaría con alguna bebida helada. La mujer tiene en la portada de la revista una actitud de figura de porcelana, es decir, si uno recorta la imagen o si uno la reconstruyera a través de el barro hasta convertirla en un objeto cerámico tendría por resultado una figura para colocar debajo de un cilindro transparente con una luz por debajo. La imagen podría descansar en la mitad de una mesa o en el medio de un reunión motivando a la unión mística de todos los seres y empresas y marcas que buscan un símbolo bajo la cual rezar con las manos juntas. Porque supongo que todos adoran las cosas extrañas, fuera de lo común o perfectas como esta mujer que esta llena de líneas curvas. Nada en ella es lineal, o recto, por más que busco no hallo esa geometría, todo es irregular empezando por su cabello y terminando en las plantas de los pies, Sólo las líneas del código de barras logran romper la monotonía. Hasta ahí la revista vende, es decir cumple su cometido de perder al espectador entre los pliegues de las historias de todos los hombres, un símbolo dotado de la fuerza suficiente para girar los volantes y no regresar nunca más a los suelos conocidos. Pero es acaso la función de una revista polemizar tanto con los hábitos e ilusiones de los hombres que apenas puedan leer y escribir?
del otro lado hay dos fotografías con publicidades de productos distintos. Nunca aprecié la publicidad a excepción de las fotografías en blanco y negro donde casi nunca prestaba atención a lo publicitado sino a los contraste y sobretodo a las sombras. En este caso es distinto pues el color ocupa el fondo donde cuatro deportistas posan con los brazos estirados como si fueran volar o despegar, en realidad no se entienden muy bien la publicidades aunque intente desarmarlas y es por eso que uno insiste en su existencia inútil. La marca es Puma y los deportistas una vez más intentan ser un monumento a la energía. Bien por ellos y por la fotografía del frente donde una dama está sentada dentro de un vestido de princesa y rodeada de pastelillos cubierto por canela en polvo. Los deportistas puma y la princesa hansel y gretel juntos forman la historia de los cuatro enanitos y la blanquita encantada. Lo importante es que la publicidad no haga daño, y que los involucrados sean recibidos en la mesa de cualquier hogar. La imagen cumple con eficiencia el propósito pero yo cansado corro a la siguiente página.
Mujer de avena de pie junto al índice. Una vez más lo irregular frente al orden impuesto por las letras y los números que impresos en rosado indican la información y los temas que llenan aquel número. Pasando por colaboradores, música, renault, todo el conjunto en un equilibrio de tonos pasteles. Del otro lado, en la página siguiente los empleados de la revista con sus correos y sus direcciones más el nombre de la editorial. Por un momento pienso que la mujer de la avena ha pasado por los refrigeradores de todo ese personal pero luego pienso que esa es una idea muy socialista y que este medio impreso tiene todo para llegar a rascar las nubes y la panza de dios. El número de la revista es el 115 y en letras oscuras y negrillas explica que es una revista sola para adultos. Ni modo, niños, tendrán que conformarse con encender la tv para mirar a la reportera del cuatro con sus escotes entrevistando a hombres de pelo cano. Aunque para esa hora deberían estar en la escuela mirando los pelos del lunar de su profesora de castellano. Por cierto lunar es un sustantivo al igual que pelos.
Siguientes dos páginas, colaboradores con fotografías de sus rostros en blanco y negro muchos jóvenes a los que no confiaría ni la alfombra del perro. Ahí caigo en cuenta que esta edición trae dos colaboradores menos que las ediciones anteriores. Hoy intentaré vender la revista al mismo precio que compré a alguno de mis compañeros de salón. Total aun está nueva pues tiene una noche fuera de casa. Repito estos colaboradores me dan todo menos buena espina, y sus biografías lo confirman. Uno de ellos un cantante con mas de cuatro millones de seguidores en twitter, es decir, hombre de letras e ideas frescas que no ha logrado destruir la vida tal como la conocemos. Otro un cronista con la misma novela publicada desde hace diez años, eso ya da iras habiendo tanto fantasma en la web. El que me preocupa es un periodista recién graduado al que su abuelo acaba de dejar de llamarlo torbellino. De torbellino a tormenta queda un paso, pero entonces el otro mundo del que todos hablan es el resultado del paso del periodismo recién graduado sobre él.
En la siguiente página carta de lectores. Querida revista, excelente fotografía, me han abierto los ojos, formen una secta, vistan a todos de blanco y lancémonos al vacío a esperar el mes nuevo. Foto de la revista anterior con otros cuerpos irregulares pero en tamaño pequeño. Algo y nada para entender a la revista que no sea a través de lo visual.
Siguiente página un editorial que trata el tema del sexo con fútbol y tenis de por medio. En la página del frente la foto de dos autos deportivos y de color rojo sobre una pista de karting con unos pinos o cipreses al fondo. La marca ya puede ser especulada, es el ferrari japonés. En la página anterior el sexólogo invita a su paciente a aceptar la contrapropuesta de una tenista, dejarse meter el mango de la raqueta por el orificio del culo. Yo he jugado tenis y puedo recordar que el mango de la spalding con la que jugaba era hexagonal, o quizás octagonal y algo recto debería entrar en lugares igualmente geométricos. Quien sabe que esas venas que tenemos atrás estiradas no sean más que un tejido geométrico que resulta acoplarse a cualquier figura regular. De todos modos recuerdo el mango de la spalding y a una rubia danesa mirando a través de un orificio hacia el otro lado de una puerta. Ahora, hay límites dentro del disfrute, lo que sale debe volver a entrar.
En la página siguiente Gaby Diaz con su carota anunciando el horario de uno de sus programas concursos. Una vez estuve loca por la Díaz pero otro día la conocí en persona y aún no le he dado una segunda oportunidad tras haberle gritado a uno de mis compañeros de piso. Resulta que ella con su cuerpote era tan apta para las noticias como para gritarle a los más débiles, débiles físicos y mentales, aunque al abrir los ojos una vez más pensé en de qué hablas Andrés, es la tv. Se mantiene fresca la Gaby aunque sus vestidos la hagan parecer una mujer casada y arrepentida viajada de la década de los cincuenta de uno de esos países yanquies. Es decir, me dan ganas de regresar a su casa que imagino con jardín y perro allá en los buenos países yanquies y decirle algo que sé que deberé inventar en cada nueva frase, es decir, la Gaby sabrá dudar de mi y por ellos deberé relatar mi historia del viaje en el tiempo y de sus vestidos con lentejuelas doradas que me recuerdan a un época donde el cine mexicano estaba lleno de estrellas de novelas y revistas para adultos. Se me viene a la cabeza la imagen de la misma suca pelo teñido con labios carnosos dentro de un restorante en medio de una carretera entre una ciudad azul y un cactus verde. Pero la Gaby sonríe mientras mi compañero la filma y entre ellos hay la música de un teléfono celular de fondo.
Del otro lado un mujer de nombre Mara Roldán sostiene sus traje de baño como si lo subiera o como si lo fuera a bajar. El traje es negro y el fondo azul y negro, un azul casi eléctrico pero eléctrico de compañía o fábrica a punto de estallar. Ella es rubia y según la información colombiana. Edición 115 dice en letras blancas sobre el muslo de la Roldan y pienso en ciclistas o lugares de reparación donde Roldán ocuparía una de las paredes no con honores sino con el fin de dar algo a los clientes que no sea el caucho y la grasa de las esquinas, algo que demuestre que el deporte es capaz de lograr que una mujer se aleje de las camisas y los trajes y sea capaz de utilizar ropas mínimas con orgullo pero sin sexualidad de por medio, porque el deporte es ante todo perfección como una bicicleta recién armada o reparada o pintada.
Las siguientes páginas tienen fotografías de ropa masculina, a dos páginas juntas, zapatos, casimires, camisas y corbatas para lucir fresco y joven para siempre, a lo james bond según explica el título de la publinota. El terno casimir es de color café con líneas de un café más claro que lo cruzan verticalmente. A simple vista se lo ve ligero y apto para estas ciudades donde el sol es el enemigo a combatir evitándolo bajo uno de estos trajes ligeros, casi como capa de superhéroe. Los zapatos ofertados son de lo más vulgares y recuerdan a unos que sin haberlos usado han envejecido hasta ser irreconocibles, quizás por la falta de luz solar o la mano de grasa necesaria cada tanto. La nota incluye precio al ojo intuyo que por 300 dólares uno puede buscar nuevos empleos o sorprender al inspector del mes que sabe que debe bajar de peso aunque eso no le quite el sueño.
31/1/13
30/1/13
Velocidades sospechosas
Sobre la mesa quedaban los restos de un cena de cartón. Amo las cenas de cartón y mucho más cuando llegan dentro de bolsas largas de papel. Guardo las bolsas de todas mis cenas de cartón en el mueble, debajo del aparato de reproducción. Hoy la cena consistió en pan de centeno, dos rodajas de queso amarillo, una cucharada de mantequilla y pollo a la plancha. La bebida negra combina con cualquier carne. a esta hora mi cuerpo está sentado junto a una estrella a la que no he preguntado su nombre. También la música ha sido como un colchón, aún sostiene mis respiraciones mientras las cuerdas señalan la entrada de los invitados menores, es decir, cada tanto las cuerdas más pequeñas se turnan para llevar mis exhalaciones hacia un lugar parecido al actual aunque con sus ligeras variaciones. Miro la bolsa de cartón y pienso en dibujos. Sin embargo mis dedos pulsan sin orden como ejercitándose el teclado de la máquina. Hay una diferencia entre dibujar y ordenar palabras, me resulta más sencillo doblar la bolsa y guardarla hasta olvidarme de ella.
Una vez más pienso en el contenido de los cajones, hay tanta memoria que necesito un nuevo procesador a fin de que nunca llegue el día en que haya perdido una sola experiencia. De otro habré vivido con la historia viva esperando a que la siente junto al sol. Al mirar la cantidad de datos siento una alegría que me supera y entonces el resto es electricidad. No de esa que suena en las radios, sino, el origen de lo oscuro. Lo oculto convive entre los pliegues de los edificios. La mirada llega hasta esos lugares matemáticos que multiplicados resultan en un tablero cúbico. La mirada cansada de ecuaciones evita el lente.
Debajo de la mesa las cajas llenas de películas cada vez parecen enredarse un poco más hasta perder sus primeras alturas. Habría que lanzar una moneda para decidir entre el cine y un programa en vivo y sin libreto. También hay un jarro de porcelana prestado por una mujer de carne y hueso y quizás hecho con polvo de fémur. Es una taza con líneas marrones. Sobre la mesa la mujer de la revista me mira y al mismo tiempo me invita. Yo no quiero recibir invitaciones nunca más pues cada vez tengo menos tiempo. Una vez que uno pierde el control de tiempo debe hacerse de inmediato una limpia con sangre y estómago cortado de burro. Yo estuve cerca de beber una infusión en el oriente pero cinco minutos antes de medianoche pedí me regresaran a casa. Aún duermo en la misma cama.
Las revistas han sido un sitio seguro. Entre sus páginas es posible olvidar que uno respira. Hay todo tipo de artículos, desde los de autos que nunca me gustaron hasta los de trabajos insólitos. Insólitos para gente que aún vive en casa de sus padres, o con su esposa o al cuidado de un entenado. Lo mejor de las revistas siempre ha sido el índice. También las publicidades con fotografías en blanco y negro. Tengo muchos familiares que optaron por trabajar vistiendo uniformes de bomberos, de guardaparques o profesores de secundaria. Michelle examina los autos de aquellos turistas al ingreso al volcán. Una vez encontró dinamita. El reporte indicaba que un loco tenía pensado volar el volcán. Él volcán me lo pidió había dicho el pobre chiflado. Yo estuve de acuerdo con volar cualquier cosa que no sea el volcán. El volcán es indestructible.
Siempre llevo un revista a la mano. Una vez me dio por llevar un edición antigua de la revista sueca. En clases todos creen conocer a todos de modo que abren y cierran maletas como en un supermercado. Antonio tenía la sueca en las manos. Reía como un crío, es decir, tenía los cachetes redondos y rojos como dos manzanas. El profesor de técnicas miraba como si las mujeres fueran un objeto al que se debe guardar dentro de una caja encargada vaya él a saber a que hijo o sobrino lejano. Quizás tenía razón en eso de guardarlas y más si tenían toda la carne dada vuelta. Por qué traes eso, tú no respetas a las compañeras dije mientras Elena gritaba deberías tener verguenza mientras el rumor de las demás se volvía el mar que toda fotografía pornográfica levanta. Subido en las tablas de mis compañeras sobreviví al tsunami. Tonto de Toño, me caía bien hasta que abrió mi maleta.
24/1/13
baarro
Hebert toca el piano durante toda la noche. Al despertar la noche ha llegado de nuevo. Los movimientos de Hebert se vuelven lentos y torpes, al girar la cuchara dentro de la porcelana el agua caliente cae al suelo y sobre sus pies descalzos. El ruido del negocio cercano llega hasta la puerta y puede oírse hasta la mitad de la sala, del otro lado los murmullos de muchas personas dan la idea que son cientos sentados en una mesa golpeando su superficie y hablando cada cierto tiempo más fuerte y de varios temas que duran unos segundos. Los pies de Hebert tocan los muslos de Raquel que sonríe haciendo una mueca en su boca mientras los dedos se pierden bajo una tela estampada.
Afuera hay personas conocidas y clientes que alquilan una unidad y pasan frente a ellas toda la noche intentando agendar salidas hacia sitios menos populares o algún salón de baile. El hombre del peluquín amarillo llega con un vaso enorme de café en la mano y antes de sentarse toma uno de los ceniceros de cristal tan grande como el vaso de café. Su cabello tiene vetas ocres y rojizas como manchadas por un repuesto mecánico y sus propinas son peleadas por los técnicos del centro. Cada una de las unidades tiene el espacio suficiente para una sola persona que además debe ingresar su código antes de iniciar una sesión. Tras los cristales junto a la vereda hay niños que colocan sus manos sobre la superficie y tras irse dejan las huellas que pronto es borrada por uno de los asistentes. La alfombra del centro ocupa las dos hectáreas del suelo y de lejos parece nueva pero al mirarla con atención son evidentes varios agujeros producto de zapatos con piquetas o por fuego de los tabacos que han sido apagados. En una de las esquinas un pequeño grupo está sentado sobre la alfombra con botellas reciclables en las manos, botellas transparentes llenas de un líquido rojo como el vino.
Las luces del sitio no llegan hasta debajo de las consolas. Junto al modular hay un congelador lleno de botellas de sidra de varias marcas y una caja con helado o con postres que necesitan refrigeración. El hombre del camión canjea algunos septos e indica la caja mientras dice que es un regalo para su hija a la que no ha visto hace un mes. Tras guardar la caja dentro del camión regresa hacia su unidad y coloca un par de auriculares en su cráneo. Estás muerto Aldagor grita mientras sus ojos miran las pequeñas figuras dentro de un bosque con árboles también pequeños, su sonrisa llena su rostro. Alganor quien está del otro lado del modular aprovecha para explicar que no estaba atento mientras cierra los ojos antes dejando a la vista un pequeño brillo entre los pliegues de los párpados y el rostro. Alganor levanta un vaso de coca cola y sorbe un trago largo mientras guarda la respiración.
Por los parlantes suena la voz de Derrick, como si se tratara de el nacimiento de una serie de paredes o rocas grandes como automóviles. Los usuarios del centro apenas respiran entre las letras que salen de la garganta de Derrick y bajo los pies del baterista. Sin embargo los rostros tienen una sonrisa enorme y sus dedos siguen el ritmo moviéndose sobre el piso. El techo del centro cae sobre las consolas produciendo explosiones rojas y azules. Las llamas encienden la madera y la alfombra. Los brazos y las manos en alto no dejan de aplaudir y seguir el ritmo de los platillos que parecen medallas húmedas. Las explosiones llegan hasta la pared blanca y las sombras de las llamas cubren las de los usuarios que bailan colgados del cuello o sobre los hombros de otros. El centro está lleno de personas con banderas amarillas y verdes que bailan con el fuego antes de convertirse en una llamarada que cae sobre la alfombra y los pies descalzos de los que siguen sentados. Al romper los cristales los hombres de capucha llegan al círculo donde empujan las espaldas de personas que saltan sobre un pie. El círculo de personas gira alrededor y dentro de todo el centro. El techo cae sobre los cuerpos desnudos de hombres y mujeres con cabello amarillo. Los cuerpos encendidos caen al suelo y abren los brazos hasta que la alfombra se enciende. Los brazos de Derrick están llenos de dibujos borroneados que parecen ser tatuajes.
Don caminaba alrededor de los círculos procurando no chocar ni ser empujado. Tras levantarse intenta encontrar un rostro al cual culpar por la caída, antes de levantarse toma aire y jura que no perderá el control, lo hace mordiéndose los labios y cerrando con fuerza los párpados. Alguien más grande y más fuerte que Don lo levanta del suelo tomándolo por las axilas y soltándolo en el círculo con un empujón. El círculo gira alrededor de una pantalla de cristal rota y cubierta por llamas verdes. Varias mujeres saltan sobre aquella llama con los pies descalzos mientras Don permanece de pie y quieto como si buscara algo quieto, algo que no se moviera. El techo cae sobre los cuerpos humeantes levantando una nube de polvo que obliga a caminar a ciegas. El centro está lleno de rocas y cuerpos y llamas dentro de los agujeros, mientras, Derrick emite gruñidos mezclados con palabras y frases rimadas. El ruido abre un orificio en el suelo desde el cual suenan explosiones no muy lejanas que parecen acercarse al centro. Al abrirse, el orificio ha tragado la habitación del baño y las tuberías dejan correr agua que golpea contra los muros. Varios cuerpos lucen como cartones o revistas carbonizadas. Varios hombres saltan sobre el orificio que cada vez se hace más grande, junto al orificio una montaña de sillas sirve como caída para los cuerpos que saltan desde lo que quedaba del techo. La luna y las nubes tienen colores púrpuras y la luz de un poste eléctrico es cubierta por un tejido de cables y cajas metálicas.
Arnold es el nombre de un tema que suena alto cubriendo al ruido del televisor. Como en una montaña rusa se escucha Arnold, luego una melodía y al bajar la voz, el relato de un periodista que habla claro y con extrema seriedad. Cuando la canción vuelve a subir la melodía queda en segundo plano y quien canta contiene la respiración antes de continuar su frases, lo que le da otro tiempo al tema, como si fueran cuatro quienes cantan Arnold, uno subido a una escalera y dos dentro de una caja de cartón. Ese pasaje compuesto dura casi un minuto durante el que la tv desaparece. La cortina es empujada por una ráfaga de viento y los pies golpean el suelo. Luego Don baja la cabeza para mirar sus pies y también acerca el rostro hacia los dedos doblándose hasta que todo su cuerpo queda bajo la mesa. Luego deja sus labios sobre su pie durante varios segundos mientras cuenta de atrás hacia adelante siete números. Durante el cambio de tema se produce un silencio que coincide con el paso de un comercial a otro. La luz entra por la ventana marcando la sombra de los parlantes y la cesta de fruta sobre la pared roja. En la mitad de la pared hay un póster pequeño de una película cuyo título está impreso en letras amarillas. La mujer del póster lleva un vestido negro y está recostada sobre su espalda en una cama de mantas azules o grises, parece que dentro de esa habitación hay un tv encendido por la sombra del cuerpo de la mujer sobre la cama. Su cuerpo es delgado, estilizado, sus pechos son pequeños y su rostro parece una figura geométrica con varias esquinas y un corte de cabello que recuerda un kabuto Faxicura. A mitad de canción Jésica se acerca hacia el estante para tomar un objeto al cual lleva entre sus manos y su pecho mientras Don la mira salir.
Por los parlantes suena la voz de Derrick, como si se tratara de el nacimiento de una serie de paredes o rocas grandes como automóviles. Los usuarios del centro apenas respiran entre las letras que salen de la garganta de Derrick y bajo los pies del baterista. Sin embargo los rostros tienen una sonrisa enorme y sus dedos siguen el ritmo moviéndose sobre el piso. El techo del centro cae sobre las consolas produciendo explosiones rojas y azules. Las llamas encienden la madera y la alfombra. Los brazos y las manos en alto no dejan de aplaudir y seguir el ritmo de los platillos que parecen medallas húmedas. Las explosiones llegan hasta la pared blanca y las sombras de las llamas cubren las de los usuarios que bailan colgados del cuello o sobre los hombros de otros. El centro está lleno de personas con banderas amarillas y verdes que bailan con el fuego antes de convertirse en una llamarada que cae sobre la alfombra y los pies descalzos de los que siguen sentados. Al romper los cristales los hombres de capucha llegan al círculo donde empujan las espaldas de personas que saltan sobre un pie. El círculo de personas gira alrededor y dentro de todo el centro. El techo cae sobre los cuerpos desnudos de hombres y mujeres con cabello amarillo. Los cuerpos encendidos caen al suelo y abren los brazos hasta que la alfombra se enciende. Los brazos de Derrick están llenos de dibujos borroneados que parecen ser tatuajes.
Don caminaba alrededor de los círculos procurando no chocar ni ser empujado. Tras levantarse intenta encontrar un rostro al cual culpar por la caída, antes de levantarse toma aire y jura que no perderá el control, lo hace mordiéndose los labios y cerrando con fuerza los párpados. Alguien más grande y más fuerte que Don lo levanta del suelo tomándolo por las axilas y soltándolo en el círculo con un empujón. El círculo gira alrededor de una pantalla de cristal rota y cubierta por llamas verdes. Varias mujeres saltan sobre aquella llama con los pies descalzos mientras Don permanece de pie y quieto como si buscara algo quieto, algo que no se moviera. El techo cae sobre los cuerpos humeantes levantando una nube de polvo que obliga a caminar a ciegas. El centro está lleno de rocas y cuerpos y llamas dentro de los agujeros, mientras, Derrick emite gruñidos mezclados con palabras y frases rimadas. El ruido abre un orificio en el suelo desde el cual suenan explosiones no muy lejanas que parecen acercarse al centro. Al abrirse, el orificio ha tragado la habitación del baño y las tuberías dejan correr agua que golpea contra los muros. Varios cuerpos lucen como cartones o revistas carbonizadas. Varios hombres saltan sobre el orificio que cada vez se hace más grande, junto al orificio una montaña de sillas sirve como caída para los cuerpos que saltan desde lo que quedaba del techo. La luna y las nubes tienen colores púrpuras y la luz de un poste eléctrico es cubierta por un tejido de cables y cajas metálicas.
Arnold es el nombre de un tema que suena alto cubriendo al ruido del televisor. Como en una montaña rusa se escucha Arnold, luego una melodía y al bajar la voz, el relato de un periodista que habla claro y con extrema seriedad. Cuando la canción vuelve a subir la melodía queda en segundo plano y quien canta contiene la respiración antes de continuar su frases, lo que le da otro tiempo al tema, como si fueran cuatro quienes cantan Arnold, uno subido a una escalera y dos dentro de una caja de cartón. Ese pasaje compuesto dura casi un minuto durante el que la tv desaparece. La cortina es empujada por una ráfaga de viento y los pies golpean el suelo. Luego Don baja la cabeza para mirar sus pies y también acerca el rostro hacia los dedos doblándose hasta que todo su cuerpo queda bajo la mesa. Luego deja sus labios sobre su pie durante varios segundos mientras cuenta de atrás hacia adelante siete números. Durante el cambio de tema se produce un silencio que coincide con el paso de un comercial a otro. La luz entra por la ventana marcando la sombra de los parlantes y la cesta de fruta sobre la pared roja. En la mitad de la pared hay un póster pequeño de una película cuyo título está impreso en letras amarillas. La mujer del póster lleva un vestido negro y está recostada sobre su espalda en una cama de mantas azules o grises, parece que dentro de esa habitación hay un tv encendido por la sombra del cuerpo de la mujer sobre la cama. Su cuerpo es delgado, estilizado, sus pechos son pequeños y su rostro parece una figura geométrica con varias esquinas y un corte de cabello que recuerda un kabuto Faxicura. A mitad de canción Jésica se acerca hacia el estante para tomar un objeto al cual lleva entre sus manos y su pecho mientras Don la mira salir.
21/1/13
8/1/13
Carácter violento o irresponsable.
Ahora es cuando lo coqueto es lo correcto. No te conozco, no me odies.
Tocaste su guitarra, su canción, todas sus letras, esa era la manía, pensaste en olvidarlo, despojarlo, columpiarlo, hasta incluso hacerlo un mercenario. Esa era la manera, la razón de tus promesas, el misterio tu mayor secreto, la manera de privarlo, el ejercicio hecho a diario, la respuesta que buscaste antes.
Pediste ser alzado en brazos como niño, además eran tus fieles de antes. Llamaste entre primates, ya no eras el de antes, tu recuerdo es el de un militante. Volviste sin recuerdos reseteado y cancelado, tu programa ya memorizado, entregaste los compactos, los cigarros, el asfalto cuando adivinaste y todos eran prestados.
Saliste sin zapatos fue posible, quien se aterra, elegiste ser uno de aquellos tipos. Es tu arma es el polvo, es la suerte que te busca has bajado con tu piel demonio, otro encuentro aunque en sueños, he pensado en llamarte, es posible que en el trance repitamos lo mejor de todos, quien quita, quien descuida, quien olvida, un tumulto, el segundo lugar en el mundo.
Llegaste sin cuadernos sin tarea sin relato te seguimos como a un gigante, llamaste desde casa te tomaste hasta los vasos, nos dejaste con la puerta abierta.
Colgaste nuestras caras una piedra en tu cama la silueta como una terraza. Soñaste como un tipo repetido desde el rojo, tu recuerdo ha cicatrizado.
Cantaste como un ebrio en el filo del infierno, cosechaste sin usar las manos. Volviste de la calle concentrado en otro niño pegado a los filmes de antaño.
Recuerdo las bondades de no ver entre dientes los sonidos que han sido fingidos, recuerdo nuestros juegos una tarde en el cielo, tal vez tu sueñas lo mismo.
Desvalorizarte. Lamparosísimo. Un escenario acústico. La mecha, la pólvora y el fósforo. Una canción o una letra "Calimeño".
Una foto de un bigotudo tirando fuego. Humano, demasiado humano.
El motivo: el saludo.
La man con cuerpo de togro.
Perla: quisiera que te guste pantera tanto como a mí.
Páramo: de best part of the trip.
Mozart atrapado por la autoridad en la montaña.
Saludo por costumbre.
Montañas peladas. Las montañas vs. los ejércitos. El fuego de las palas. Sol punk. Sublime reemplaza a las palabras. Guerra entra páramo y afroditas.
Cielo extraterrestre, cielo pop, cielo helado, civlizar. presentir a la bestia. edades ciertas.
Preséntame a las grasitas. evitemos el rato. Rumiar al cangrejo. valor de la coma.
Las princesas en peligro. reyes y reinas.
Manos llenas de anillos.
Viaje express.
Camiones transportando ruinas.
Ciudad mudada.
Bájale la espuma a tu chocolate.
el wachiman.
Mancuernas del tamaño de un asiento.
Buses con las ventanas cerradas. Contando en reversa. La luz encendida a las dos de la tarde. Un circo en la cabeza. rascándose los circos.
Fisfitilla. Frutilla que busca trabajo.
Descender en un misil que en cada parada explota un poco.
plano cenital de quito.
Para ese cuelo esa cara.
Un bebé que escribe ensayos.
Mi alegría me alegra, me alegra mi alegría, dichoso de mí y mi alegre alegría.
El fotocopista y su cara de hoja en blanco.
the son fo bruce lee
el avance de la tele es ya no hacer imagenes de niños pobres
autos chocones.
pared de adobe
paesturizado
matar a traves de la vanidad
de la paciencia
del vicio
del arrepentimiento
de pecados
la gula
el desorden
la venganza
ni siquiera regresa a ver
rodajas
la luz me vuelve invisible
hasta la ficción es real
racimos de carne. r. darío. las malas ideas se quedan donde nacenj.
el día corre peligro. la tele te sigue.
giri: deber u obligación
ninjo: sentimientos o deseos personales.
Las películas nacen vencidas.
Ahora es cuando lo coqueto es lo correcto. No te conozco, no me odies.
Tocaste su guitarra, su canción, todas sus letras, esa era la manía, pensaste en olvidarlo, despojarlo, columpiarlo, hasta incluso hacerlo un mercenario. Esa era la manera, la razón de tus promesas, el misterio tu mayor secreto, la manera de privarlo, el ejercicio hecho a diario, la respuesta que buscaste antes.
Pediste ser alzado en brazos como niño, además eran tus fieles de antes. Llamaste entre primates, ya no eras el de antes, tu recuerdo es el de un militante. Volviste sin recuerdos reseteado y cancelado, tu programa ya memorizado, entregaste los compactos, los cigarros, el asfalto cuando adivinaste y todos eran prestados.
Saliste sin zapatos fue posible, quien se aterra, elegiste ser uno de aquellos tipos. Es tu arma es el polvo, es la suerte que te busca has bajado con tu piel demonio, otro encuentro aunque en sueños, he pensado en llamarte, es posible que en el trance repitamos lo mejor de todos, quien quita, quien descuida, quien olvida, un tumulto, el segundo lugar en el mundo.
Llegaste sin cuadernos sin tarea sin relato te seguimos como a un gigante, llamaste desde casa te tomaste hasta los vasos, nos dejaste con la puerta abierta.
Colgaste nuestras caras una piedra en tu cama la silueta como una terraza. Soñaste como un tipo repetido desde el rojo, tu recuerdo ha cicatrizado.
Cantaste como un ebrio en el filo del infierno, cosechaste sin usar las manos. Volviste de la calle concentrado en otro niño pegado a los filmes de antaño.
Recuerdo las bondades de no ver entre dientes los sonidos que han sido fingidos, recuerdo nuestros juegos una tarde en el cielo, tal vez tu sueñas lo mismo.
Desvalorizarte. Lamparosísimo. Un escenario acústico. La mecha, la pólvora y el fósforo. Una canción o una letra "Calimeño".
Una foto de un bigotudo tirando fuego. Humano, demasiado humano.
El motivo: el saludo.
La man con cuerpo de togro.
Perla: quisiera que te guste pantera tanto como a mí.
Páramo: de best part of the trip.
Mozart atrapado por la autoridad en la montaña.
Saludo por costumbre.
Montañas peladas. Las montañas vs. los ejércitos. El fuego de las palas. Sol punk. Sublime reemplaza a las palabras. Guerra entra páramo y afroditas.
Cielo extraterrestre, cielo pop, cielo helado, civlizar. presentir a la bestia. edades ciertas.
Preséntame a las grasitas. evitemos el rato. Rumiar al cangrejo. valor de la coma.
Las princesas en peligro. reyes y reinas.
Manos llenas de anillos.
Viaje express.
Camiones transportando ruinas.
Ciudad mudada.
Bájale la espuma a tu chocolate.
el wachiman.
Mancuernas del tamaño de un asiento.
Buses con las ventanas cerradas. Contando en reversa. La luz encendida a las dos de la tarde. Un circo en la cabeza. rascándose los circos.
Fisfitilla. Frutilla que busca trabajo.
Descender en un misil que en cada parada explota un poco.
plano cenital de quito.
Para ese cuelo esa cara.
Un bebé que escribe ensayos.
Mi alegría me alegra, me alegra mi alegría, dichoso de mí y mi alegre alegría.
El fotocopista y su cara de hoja en blanco.
the son fo bruce lee
el avance de la tele es ya no hacer imagenes de niños pobres
autos chocones.
pared de adobe
paesturizado
matar a traves de la vanidad
de la paciencia
del vicio
del arrepentimiento
de pecados
la gula
el desorden
la venganza
ni siquiera regresa a ver
rodajas
la luz me vuelve invisible
hasta la ficción es real
racimos de carne. r. darío. las malas ideas se quedan donde nacenj.
el día corre peligro. la tele te sigue.
giri: deber u obligación
ninjo: sentimientos o deseos personales.
Las películas nacen vencidas.
7/1/13
Anedonia
La música gira sobre los brazos y los dedos toman los ruidos hasta volverlos roca. Las uñas clavadas sobre la madera y las patas estiradas, largas atravesando los pisos, el clavo, el mármol. Los pies quietos, descansados sobre una base de goma con el algodón en el medio, las manos acercándose hasta que el polvo cubre los surcos y las arrugas. La mesa desordenada con cables enredados y libros con hojas dobladas, la cuchara envuelta con el piolín de un sobre de hierbas sobre una envoltura naranja que hace de portavasos. Afuera los ruidos de la tele cubiertos por la cortina bajando desde las ventanas de los alquileres nocturnos, las voces, el impulso, la trágica hora donde las cosas se ponen a prueba, pero también sucede el paso de un móvil, el claxon, y los estornudos de aquellas que miran con control en mano. La ventana es portal para los parlantes y la neblina que bajará cuando las luces sean menos intensas. Los dedos bajo la mesa doblando a sus hermanos hasta hacerlos quebrar ya fuera de la piel, lejos de la goma, la madera, el polvo, las migas bajo la planta húmeda o fría.
El gato debajo de la cama y también tras la cortina, mirando al otro lado del cristal. La cama, la montaña, el nido de cepillos y frascos rosados donde no cabe otro cuerpo, quizás uno de los cables de la mesa. El silencio no habitual de las diez de la noche, los dedos dirigidos sobre las letras blancas, las sonrisas empedernidas cada cinco segundos y las alfombras cubiertas de pares impares de tacos. La luz cubriendo los últimos sitios pintados de amarillo y las mantas estiradas antes de la media noche. Los perros ladrando y empujando a cada sombra hacia los rincones donde habitan los últimos ciudadanos que antes de mirar sus dientes han colocando llaves a sus autos de combustible y llantas nuevas. Como en la tele, antes de los comerciales, la historia luce sus galas planchadas, esta vez, la cortina impide mirar las veredas.
4/1/13
Ellos se besan, sus rostros están tan cerca que por un momento dejan de serlo, parecen algo con vida por los movimientos, aunque también podrían pasar por una pared, un anuncio de papel, los bordes o las esquinas de un par de autos que cruzan un semáforo. Algo distinto ocurre cuando ella cierra los ojos y abre los labios, el fondo quizás blanco recorta su silueta, su nariz, las pestañas que suben y bajan al igual que los labios. Parece que ella tiene el cuerpo dentro de una pecera. Las manos de ambos aprietan todos los lugares que alcanzan, a veces se pierden bajo la tela o bajo los muslos.
Ambos parecen observar la ciudad que sugiere sus contornos redondos cubiertos por una leve pero extensa nube que parece querer desaparecerla, unas sombras altas e imprecisas caminan frente a ellos, una sombra corre de adelante hacia atrás, lleva algo ancho como un sombrero sobre la cabeza.
Ambos se han recostado sobre la banca y la luz parece haberse convertido en una densa cortina de agua. Sus rostros van desapareciendo mientras ellos no realizan gestos como si estuvieran muertos justo antes que ella los cubra con una tela o un pañuelo.
Él mira hacia el frente. Luego retrocede par de pasos. Luego vuelve a avanzar hacia adelante. El fondo tiene una coloración roja. Retrocede varios pasos y gira de espaldas hacia la izquierda y da vueltas dentro de la habitación.
Sobre la pared hay unos globos rosados y azules pegados con cinta adhesiva. La almohada blanca descansa sobre la parte superior de la cama. Uno de sus postes apunta hacia uno de los globos. Ella cruza frente a la cama con una caja sobre la cabeza, luego vuelve a cruzar con un globo azul y luego regresa para sentarse en el filo de la cama. Otra mujer se levanta de la cama y sale de la habitación. La primera mujer se levanta también y se escucha que abre unos cajones. Luego ella coloca una manta sobre la cama. Luego enciende una vela y la coloca sobre el piso. Luego vuelve a recostarse. Luego la segunda mujer regresa con un chico y ambos se recuestan sobre la cama.
El escribe sobre un pizarrón. Tras él hay tres persona sentadas. Uno tiene la cabeza sobre el cuaderno, parece estar dormido. Él escribe varias palabras, luego el viento mueve la cortina junto a la ventana. Uno de los chicos toma sus cosas y sale del aula. Él no se percata del muchacho o solo sigue escribiendo. Luego el otro chico también coge sus cosas y sale del aula. Luego el termina de escribir y se sienta en el escritorio. Luego el primer muchacho regresa para dejar un marcador junto al pizarrón. Las palabras escritas son casi invisibles.
Él conversa con una mujer sentados en una banca, en la pared tras de ellos hay frases y dibujos escritos con varios colores así como afiches y volantes pegados. Ellos están muy cerca, él no deja de hablar.
Dos hombres con las ropas destrozadas posan frente a una cancha de fútbol.
Hombre 1: (abrazando al hombre dos) yo a vos te amo ve
Hombre 2: (sonriendo como apenado) levantando la mano para saludar alguien
Hombre 1: (atrapando a una mujer que camina cerca): este hombre te va a regalar su vida (acerca a la mujer hacia el hombre 2)
Hombre 2: para servirte hasta que tu madre nos separe
Hombre 1: (buscando a otra chica, hablándole al oído, la chica parece indecisa, el hombre la empuja, luego ella regresa con otra amiga y se paran a un lado del hombre, pero este le sugiere a una que se ponga del otro lado, así quedan una y otra de ambos lados.)
Él toca el bajo frente sobre un escenario tras el cual hay una tela arrugada que cuelga. Tras él hay una pedestal para micrófono. Luego, un ayudante le entrega otro bajo, él se quita el primero y lo cambia por el nuevo.
Dos hombres están sentados mirando hacia adelante al mismo tiempo. Ambos llevan una media nylon en la cabeza que los une como siameses hasta la frente. Tras de ellos hay un tercer hombre que se levanta con una media que también se une a la cabeza de los otros dos hombres, este tercer tiene cubierto el rostro por la media negra.
Djon abre violentamente la puerta de una habitación. Grita: oye muchacho, oye muchacho, ven aquí. La persona dentro de la habitación apenas se mueve, permanece acostada. Dentro de la habitación se escucha a Djon caminar con pasos fuertes y golpear unas cajas o tirar alguna silla que suena fuertemente. Mientras camina y se aleja continúa gritando ven aquí. Luego Djon regresa y se sienta en el suelo junto a la puerta. Desde allí grita por qué no viniste cuando te llamé?
El chico mira a Djon de pie con uno de sus puños levantado. Djon mira la pared fijamente. Luego Djon se levanta de una manera extraña del suelo, apoyándose sobre su espalda y con los brazos echados hacia adelante. Djon da unos pazos hacia un lado sosteniendo con ambas manos la paerte inferior de su espalda como si tratara de enderezarla. Gime y resopla como si tuviera tapada la nariz. Te voy a llevar dice Djon, cierra la puerta y sígueme. Djon se alje hacia un lado de la casa y el chico cambia de posición como para encarar a Djon aunque este sigue caminando. El chico se queda parado.
Oye muchacho, te dije que vengas conmigo grita Djon.
Djon se acerca al muchacho de nuevo. El chico se golpea la pantorrilla y el muslo y baila aprisa. Djon se mueve alrededor de el chico pero este sin dejar de bailar lo encara todo el tiempo.
Ambos parecen observar la ciudad que sugiere sus contornos redondos cubiertos por una leve pero extensa nube que parece querer desaparecerla, unas sombras altas e imprecisas caminan frente a ellos, una sombra corre de adelante hacia atrás, lleva algo ancho como un sombrero sobre la cabeza.
Ambos se han recostado sobre la banca y la luz parece haberse convertido en una densa cortina de agua. Sus rostros van desapareciendo mientras ellos no realizan gestos como si estuvieran muertos justo antes que ella los cubra con una tela o un pañuelo.
Él mira hacia el frente. Luego retrocede par de pasos. Luego vuelve a avanzar hacia adelante. El fondo tiene una coloración roja. Retrocede varios pasos y gira de espaldas hacia la izquierda y da vueltas dentro de la habitación.
Sobre la pared hay unos globos rosados y azules pegados con cinta adhesiva. La almohada blanca descansa sobre la parte superior de la cama. Uno de sus postes apunta hacia uno de los globos. Ella cruza frente a la cama con una caja sobre la cabeza, luego vuelve a cruzar con un globo azul y luego regresa para sentarse en el filo de la cama. Otra mujer se levanta de la cama y sale de la habitación. La primera mujer se levanta también y se escucha que abre unos cajones. Luego ella coloca una manta sobre la cama. Luego enciende una vela y la coloca sobre el piso. Luego vuelve a recostarse. Luego la segunda mujer regresa con un chico y ambos se recuestan sobre la cama.
El escribe sobre un pizarrón. Tras él hay tres persona sentadas. Uno tiene la cabeza sobre el cuaderno, parece estar dormido. Él escribe varias palabras, luego el viento mueve la cortina junto a la ventana. Uno de los chicos toma sus cosas y sale del aula. Él no se percata del muchacho o solo sigue escribiendo. Luego el otro chico también coge sus cosas y sale del aula. Luego el termina de escribir y se sienta en el escritorio. Luego el primer muchacho regresa para dejar un marcador junto al pizarrón. Las palabras escritas son casi invisibles.
Él conversa con una mujer sentados en una banca, en la pared tras de ellos hay frases y dibujos escritos con varios colores así como afiches y volantes pegados. Ellos están muy cerca, él no deja de hablar.
Dos hombres con las ropas destrozadas posan frente a una cancha de fútbol.
Hombre 1: (abrazando al hombre dos) yo a vos te amo ve
Hombre 2: (sonriendo como apenado) levantando la mano para saludar alguien
Hombre 1: (atrapando a una mujer que camina cerca): este hombre te va a regalar su vida (acerca a la mujer hacia el hombre 2)
Hombre 2: para servirte hasta que tu madre nos separe
Hombre 1: (buscando a otra chica, hablándole al oído, la chica parece indecisa, el hombre la empuja, luego ella regresa con otra amiga y se paran a un lado del hombre, pero este le sugiere a una que se ponga del otro lado, así quedan una y otra de ambos lados.)
Él toca el bajo frente sobre un escenario tras el cual hay una tela arrugada que cuelga. Tras él hay una pedestal para micrófono. Luego, un ayudante le entrega otro bajo, él se quita el primero y lo cambia por el nuevo.
Un hombre se retuerce debajo de una
alfombra o una cobija azul, levanta la mano e intenta levantar el cuerpo.
Dos hombres están sentados mirando hacia adelante al mismo tiempo. Ambos llevan una media nylon en la cabeza que los une como siameses hasta la frente. Tras de ellos hay un tercer hombre que se levanta con una media que también se une a la cabeza de los otros dos hombres, este tercer tiene cubierto el rostro por la media negra.
Djon abre violentamente la puerta de una habitación. Grita: oye muchacho, oye muchacho, ven aquí. La persona dentro de la habitación apenas se mueve, permanece acostada. Dentro de la habitación se escucha a Djon caminar con pasos fuertes y golpear unas cajas o tirar alguna silla que suena fuertemente. Mientras camina y se aleja continúa gritando ven aquí. Luego Djon regresa y se sienta en el suelo junto a la puerta. Desde allí grita por qué no viniste cuando te llamé?
El chico mira a Djon de pie con uno de sus puños levantado. Djon mira la pared fijamente. Luego Djon se levanta de una manera extraña del suelo, apoyándose sobre su espalda y con los brazos echados hacia adelante. Djon da unos pazos hacia un lado sosteniendo con ambas manos la paerte inferior de su espalda como si tratara de enderezarla. Gime y resopla como si tuviera tapada la nariz. Te voy a llevar dice Djon, cierra la puerta y sígueme. Djon se alje hacia un lado de la casa y el chico cambia de posición como para encarar a Djon aunque este sigue caminando. El chico se queda parado.
Oye muchacho, te dije que vengas conmigo grita Djon.
Djon se acerca al muchacho de nuevo. El chico se golpea la pantorrilla y el muslo y baila aprisa. Djon se mueve alrededor de el chico pero este sin dejar de bailar lo encara todo el tiempo.
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