En algún punto, ambos, repetimos la materia.
Los hay quienes tienen el pulso refinado; cómo es eso, pues refinado como la azúcar refinada, brillante como una gillete, redondo como la lluvia negra en diciembre o precioso como el único ojo de Sauron. Cada alumno, de los 11 que eran, que son y aun están en exámenes, que ocupaban sus once sillas en ese espacio, casi penthouse del emsamblador bolsillo universitario, tenía una, personal, e intransferible, polla en mano.
Obviamente, este semestre me rehusé a dar clases.
Adriana y Nabela fueron las primeras en entregar. Cómo fue? limpio, sin vueltos, siga no más, pasaje a la mano... de repente recordé absolutamente todas las indicaciones de mi profesora de lenguaje, mejor dicho, es un hecho que a esas niñas las perdí para siempre, aunque, ojo al piojo, aun queda un segundo y último examen.
Lo que me resultó sumamente sencillo de hacer, ya que no costaba mas que poner cara de palo era el levantar la cabeza para observarlos muy de vez en cuando. Faltaba, o faltó, un fusil ak47, un sombrero en forma de cuerpo musculoso y un concejal al cual tirarle alguna vaina. Cada vez que levantaba el rostro, mis ojos se cruzaban con los ojos, no miradas, de alumnos en suspenso.
Es un poco complicado transcribir los gestos que nos hacíamos con esos alumnos. El primer paréntesis es mío y el segundo el pensamiento del alumno.
(Animiiiiiiismo, pendejo!)
(profe, no sea malo. Fresco, verá que yo sé que usted no sabe)
(a otros con ese tema)
(profe, no se haga, usted es un maestro...)
Belano no quita sus ojos del examen. Parece mirarme pero en realidad no me mira, me pide autorización. Solo entonces parece levantarse, parece entregar su examen, pero regresa con la hoja a su asiento, juro que lo vi venir...
Cuando yo copiaba, las manos jamás me temblaron. En cuanto terminaba el examen, esperaba mientras otros entregaban calladitos, o preguntando casi sin molestar; pero si yo había estudiado, corría, no, las manos temblorosas, el papel lleno por las cuatro caras, a dos exhalaciones del llanto. Entonces sí que con gusto corría a hundír al resto de los examinados con mi examen primerito sobre el escritorio.
Los profesores jamás hacían caras de oh que bien, felicitaciones, eres el mejor Andrés, resultado: eso hice hoy: gracias. Ponlo sobre el escritorio. Sal nomás. Por favor, que los demás aun estan pensando. y también: Bien Darwin, no tardaste nada en copiar. Muy bien Miguel, si no encuentras jabón, pídele alcohol a Kristina, no vale que andes con palabras en las manos. Perfecto Darwin junior, alias Darwin 2 o chiquilín, el terror de los dentistas, pensé que te estaba incomodando tu ortodoncia, luego noté que era otra cosa; pésima suerte la nuestra, justo el escritorio junto al alumno y justo yo y mi mirada inquisidora... (el pobre Darwin sudada tanto que se puso blanco, de ese blanco verdoso, pálido, podrido, de ojos blanco amarillentos, de estómago revuelto y la cabeza cayendo, cabezeando hacia arriba, ahh, tanto gusto da beberse un botella de ron con col) por eso mejor decidí levantarme, para dejarte nomás que copies un rato, que llenes tu hojita, chugcha, que no tengas cero maldita sea cabrón.
Pasarían dos horas, como pasan cuando no has estudiado nada, putrefactas: Riobamba, 15 de febrero de 1999 tenga profe, no estudié nada!Qur orgullo. Con sonrisa de maremoto el ingenioso Marcelo Luna dibujaba un cero con forma de huevo + un rabo de la buena suerte sin patas como dividido por un uno lánguido como un poste, la única iluminación de la tarde. En mi caso aun no he querido calificar esos exámenes, y de nuevo el Ingenioso Luna y todo su balance recordando cada cara y cada sudor-estupor de nosotros, 1ero de zootecnia resolviendo esos putos cálculos, palabras del ingenioso Luna, mientras vos vas yo ya vengo, de cada rasgo nervioso y apurado de aquellos o aquellas como Adriana y Nabela que al contrario presentaban una caligrafía perfecta, precisa, límpida, gustosa como para hacerlas asistentas o tenerlas cerca, enemies close, hasta entender la calidad de su sistema nervioso; muy a diferencia de aquellos que presentaron una caligrafía distinta en cada respuesta, una mas apurada de copiar que otra, otras como dictadas de memoria, letras de no creer, tránfugos, apócrifos, hologramas, y así mismo era yo, y así mismo capáz que el profesor nos dejaba copiar, infamemente; que zarta de mentirosos y cobardes.
Prometo, con la mano en el pecho, cantando entre flores que la próxima los atraparé, los atraparé pequeños pitufos, asi sea lo último que haga, lo último que haga...
la próxima anulo el examen.
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