16/11/09

El pollo hacia abajo, lento, pequeño, flácido como si el cuerpo fuere una gelatina, plano, chato, avergonzado y lo que a la larga sería mucho peor, con una sensación letal de sobredosis, como si toda la cabeza fuera una boca que se la hubiera pasado el día entero tragando azuzar.

En el balcón Leonardo Novara dejaba de ser Leonardo Novara, mejor dicho, caminaba con cierta prisa al igual que Trota lo hacía sobre la terraza y de vez en cuando ambos echaban un ladrido. Era muy posible que desde las casas contiguas, los vecinos, tuvieren algun televisor encendido, cosa que Leonardo solucionaba saliendo en playera y echándose horas como iguana. De lejos solo se notaba el acabado perfecto que a dios le habría costado un ojo de la cara o la proeza de tener 400 millones de Cristos en tamaño de bolsillo. De haber sabido el precioPretendía que así sería y que nadie por despistado que fuere notaría su desnudez, sobre todo sin unos segundos de charla, sobre todo porque para Leonardo el mundo era su amigo, así como era su amigo quien timbraba en la puerta de entrada, así como Trota que apoyaba las patas sobre el borde o como cualquier comentario en su blog, en su correo, en su redacción. Digamos que Novara lo que mas necesitaba era sentarse a escribir y no intentar probarse a si mismo, porque nadie mas cachaba que Novara intentaba refundirse entre las sábans

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