3/11/09

Charly John

Al hacer foco, al enfocar,

John John retozaba de felicidad porque hoy sería su segundo día en el centro comercial. Sus carnes gordas y mofas también retozaban o mejor dicho parecían tener apuro en llegar a la ciudad comercial: se colgaban por entre la camiseta y entre la correa que ya no podía sostener tanta vehemencia; John John contenía la respiración o sea se chupaba el estómago mientras su cara, gorda y rosada de por sí, se hinchaba tanto que parecía un bebe manga japonés.

Como nada es más divertido que maldecir, los hijosdeputa de los choferes hermetizaban totalmente sus azules unidades mientras, los hijosdeputa de los universitarios gozaban de inmunidad así que lanzaban balances, estadísticas y uno que otro fotocopiado ensayo. Como los hijosdeputa de los chapas no son tan hijosdeputa como se piensa, caían despatarrados sobre el hijodeputa adoquín porque el hijodeputa del alcalde, como todo pingüino que hiberna, había mandado a agujerear, a apolillar el asfaltado de la Benjamín y Carrión. En un cartel enorme se podía leer “Quito, Orgullosamente te camino” Metroquito 2015, mientras el quiteño libre, negro y volcado, explotaba soltando en ráfagas a sus ángeles ocres de la gasolina.

Charly tenía oído absoluto, osea podía escuchar hasta los pensamientos más profundos de otros perros. Charly había desarrollado un método que además de clasificar le permitía presenciar, en primerísimo primer plano, el ortográfico nacimiento de todo pensamiento y como padre putativo andaba reconociendo vástagos por todo el mundo, osea era una especie bastarda de gran danés, y John John lo supo apenas lo escuchó ladrar. Ladraba por que hacía frió, porque llovía, porque la luna salía, porque se quedaba solo, porque estaba acompañado, a todo le ladraba sin hacer asco ni excepción.

Los ojos de John John comenzaron a lagrimear.

-Qué sucede Charly?

Un fotocopiado ensayo que más parecía piedra cruzó la calle. Los tanques y los locales de basquin robbins se apagaron y en su lugar estrellas miraba el hijo rosado de dragon ball. Cuando despertó, medio mudo y despeinado, el metro de Quito funcionaba como una arteria ósea conectando glóbulos rojos con blancos. Apenas pudo, John John pidió que lo llevaran al centro comercial.

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