22/7/14

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AK, MB

En la radio suena algo de Eltico. Eltico habla o murmura sobre despertar y desayunar lluvia y algo sobre figuras a lo lejos paradas a la espera de barcos. También añade que el mar es de oro y que al barco luego se lo traga el mar y el sol brilla, (o es el agua) o el agua brilla y el barco parece un sol. Todo suena extremadamente irreal. Luego bajamos, ya sin Eltico, y juntos pedimos cigarrillos. No hay apuro, parece que deseáramos caminar, mirar a través de los cristales, oír el rumor del agua que empieza a filtrar por el tumbado y, sobre todo, dejamos atrás al resto del grupo. Una de las esquinas, una junto a una puerta con barras de acero parece invitarnos; en realidad nos acomodamos junto al muro y dejamos que los dedos se impregnen y que los labios se oscurezcan. No pasa un minuto, (nos atropellamos brevemente con frases que caen desconectadas) y la figura se infla exacta: es ese cubo que ocupa la mitad del día desde que abro los ojos hasta cuando la teve hace estática y también ese ruido monocorde de filme mudo; delgada y larga y cadavérica aparece, como si acabara de salir o de bajar pegada al pasamanos y eso y todo eso sin que yo anticipe que luego ya estaría en mis hombros.
Odio cuando algo desborda, cuando uno de los fantasmas decide tomar una decisión o peor, aparecer, darse una vida en un momento inesperado.

Algo pensaba o me decía con el marlboro en la mano, me lo decía como si yo también acabara de salir de mis hombros; entonces exactamente ya estaba en las gradas, eso de ver que buscaba los escalones o como si bajara mirando sus pies o como si buscara sus manos: como si las perdiera; y también tomando la cintura de alguien, como si a cada paso se alejara o acercara, eso de ir adelante-atrás adelante -atrás.

Para el fin da lo mismo, dije, luego creí ver algo que me atravesaba; a ratos al frente, luego como si respirara junto o con mis pulmones.

En un tercer momento ambos como dóbermans, detrás, en las espaldas y también con el hocico en los muslos.
Por un momento somos tres.
Brevemente esperamos sobre nuestros seis pies y eso suena posible: que las barras de acero se doblen, o, quizás, solo deseamos no volver a la habitación. Nos resistimos tres, quizás treinta y seis veces.

No lo había notado pero cada uno de nosotros llevaba una cruz colgada o impresa en alguna parte de nuestros cuerpos o bordada por ejemplo sobre una blusa. La primera, dorada, realmente grande, un hierro extremadamente pesado y que colgaba de su cuello; pensé que podía ser algo que podía desaparecer o deshacerse en la manos, algo que sucedería al intentar colgarlo en un muro. La otra cruz estaba a nuestras espaldas: en realidad era el marco y las cuatro ventanas, una cruz oscura y a contraluz a las seis de la tarde, su larga sombra aplastándonos. La tercera estaba en mi mano izquierda, rayas y surcos profundos; supuse haber nacido con ellas y pronto estuve tocando mi rostro con fruición y tenía apuro por montar mi bicicleta, alguien dijo ahi vá una cleta haciendo ñinnnnnn. Miré un rato más y me pareció una cruz de líneas delgadas y con el patibulum doblado, con sus puntas formando algo parecido a unos cuernos.

El humo pasó de mano en mano y al darme cuenta me encontraba bajando y al darme cuenta estaba con los pies sobre los escalones rodando hacia la planta baja y entonces intenté regresar y observé que solo quedaba la imagen de un orificio en el centro de un muro; un orificio por el cual podía pasar un avión de un solo motor o hasta dos ascensores. Tenía muchas ganas de ser un ascensor y de subir un edificio de cien pisos con una velocidad superior a la de sonicyouth hasta lograr el desplazamiento absoluto, la desaparición horizontal primaria, el vértigo horizontal y la línea infinita que une los extremos de los rectángulos pasando por a y por b y por c y luego pensé que observaría desde un edificio cercano como la caja de acero rompía el muro o el tumbado hasta salir desprendido como si el edificio acabara de soplar aquella caja hacia las nubes, aunque yo sabría que la dirección que llevo o llevaría la caja es o debería ser el amarillo y gordo fatoldsun. Serían dije dos horas en un viaje ni tan breve ni tan parvo delante de aquella cortina negra o de aquel gas silencioso y oscuro quemando un poco de partículas y del vidrio eléctrico y todo eso como parpadeando sin orden frente a la gran cortina, eso, mientras la caja recorría el jugo oscuro como un globo empujado o halado; y al mismo tiempo eso de ser atraído: un objeto con voluntad de perder la voluntad. En eso estaba o creía estar al bajar los cuatro o nueve pisos y la sombra o fantasma también se inclinaba hacia un lado, y luego creo se metía entre los muros hasta cuando yo regresaba a mirar y también sentía que algo miraba desde mi cuello y entonces no había ruidos, y todo el edificio parecía deshabitado, y eso a pesar de que las luces acababan de ser encendidas, aunque alguien tenía el humo entre los dedos, y también porque ya estaban camino al salón o hacia una de las habitaciones donde miraríamos casos de personas y de ministros con problemas del habla y discursos por señal codificada o en el salón de vhs.
Luego observé que me llevaba tres o cuatro escalones de ventaja. Luego salté esos escalones intentando derribar su paso pero dos hombres subían en dirección contraria, quizás fueron ellos quienes evitaron que cayera de bruces, y que lastimara mis manos y sus cinturas al intentar tomar el pasamanos; supuse que otra vez respiraban junto a mi pulmón o que mi pulmón era un motor y todo era un gran patio con autos apagados y cercas tocadas por el moho.

Eso sería en la planta baja dije, y supongo nada de eso ocurrió.

Supuse que había visto mucha tevé y andaba con programas y series de aventuras y nadie cayó al piso.

Mira, dijo, tú eres de esas personas que se han acostumbrado a mentir. “Personas” pensé, y eso lo hice colocando unas comillas alrededor. Te he escuchado aunque parezca lo contrario... ... me has puesto a dudar. ¿Sabes qué?... Seguimos en primaria y sigues dibujando un hombrecito con los brazos abiertos y luego lo recortas...

...

...

Eres un mentiroso pero también un farsante porque no sabes qué nombre ponerle a tus hombrecitos recortados una vez que los has abierto.

...
Otra cosa, no intentes saber de ti, y... ¡no te metas con mis problemas !

...

...

¡Di cualquier cosa!

...

a ver, haber, repite: soy A. K, tú eres M. B

...
¡Dilo!

¡Dilo!

Deja de observarme como si no observaras...

Hazlo... ¡sorpréndeme!

...

Mientras decía estas cosas creo que de nuevo yo estaba caminando hacia la planta baja, o siendo levantado del suelo por los dos hombres, o quizás todo era producto del humo que salía por los muros y supongo tenía ganas de llorar y mientras, seguíamos de pie y los hombres caminaban con las bolsas blancas en las manos. Luego miraba mis pies, y creo que mis ojos ya estaban en el piso cinco o en el nueve y mis pies colgaban del tumbado del piso cuatro, y mi mano y un marlboro apenas habían llegado a un escalón frente al edificio, o sea, yo estaba del otro lado de la calle. Dos momentos o dos nueve parecían juntarse, y estaban pintados como con pintura roja, y varias personas con trajes azules o corbatas azules y zapatos brillantes caminaban o daban vueltas, parecía que entrábamos y salíamos y también alguien eres un mentiroso.

5/7/14

Empezamos tarde y eso era pasadas las doce pero los grupos andaban cerrados o sonriendo frente al brumbrum que hacía el flash y también se miraban entre ellos o se perdían en cosas que estaban a los costados. Yo levantaba las manos y hacía como si tomara sus luces y como si también las colocara en los pies y luego todos estaban en eso de girar y de paso las luces eran alfombra pero quizás nadie notaba el boicot y un par de tipos cruzaron en medio de todos llevando varias botellas oscuras. Tenía tantas fuerzas y era como tener sobre los huesos un gran músculo y estuve girando al ritmo de una salsa y la salsa sonaba como si los músicos llevaran siglos o décadas trepados junto al público, siglos y soplando trompetas y apedreando un piano y cerraba los ojos pero luego alguien me hacía girar y entre esos giros y la luz de los muros veía un rostro muy cercano y una forma desconocida que eran como un rostro y unos dientes y una boca que decía algo y yo sonreía pero en verdad era difícil entender alguna palabra.

En el subsuelo había una cancha de color anaranjado y quizás era una alfombra o un tapiz y quizás practicaban algo como tennis pero afuera junto al cartel de letras rojas BAR había otro cartel más chico y de letras azules que mostraba los horarios y otras cosas como el número de equipos.

Alguien hablaba y el ruido era espeso, y todos formábamos un círculo y en realidad escuchábamos historias sobre santiago y sobre el buen ojo o algo de los seleccionadores. Tener la talla indicada no es suficiente y eso también porque no existen tales requisitos pero tras decir esto uno de los guardias fue atacado por un hombre muy grande. Yo ya estaba en mitad de la calle y preguntaba que qué hacíamos allí y creí que cualquier cosa podía suceder pero el círculo estaba roto y ya no habían más historias de seleccionadores ni de santiago o de sus parillas a media noche pero algunos miraban con interés y también ellos parecían dispuestos a continuar la trifulca lanzando puntapies en cualquier dirección.

Luego llegaron dos hombres de uniforme y un poco sometieron al tipo; estos tipos eran altos pero él era más alto que ellos y un poco enredaron y algunos parecían con ánimos de saltar encima para formar algo como una pelota.

El brumbrum cegador de las luces de los autos nos hizo pasar hacia la vereda del frente y entonces seguíamos decidiendo. Mi teléfono estaba apagado. Busqué un sitio pero solo habían luces y carteles rojos y gente que buscaba a dónde ir o solo miraba a los autos chocando. Una mujer rompió un parabrisas y luego de terminar eso de dar marcha atrás, y ya horizontal a la calle hizo brom brom fuerte y el motor y luego las llantas eran como algo tibio o pegajoso.

En el taxi hablamos sobre regresar a la cancha anaranjada y luego el semáforo cambió en la entrada, cruzando Monjas.

1/6/14

Un día era jueves, pero un perro dijo pifpaf hangover y entonces la puerta hizo crum y eso era por dentro. Luego dormí y el sol había salido en mitad del suelo y luego mejor ladré que eran las cinco en punto y mejor porque ya era de apagar y estaba en eso pero timbraron y alguien dijo que ¿de dónde estaba?

En la calle estuve haciendo cosas y el bolsillo era una lengua y luego llamé varias veces y el timbre sonaba, (eso de los diez números) y mientras, me arrimé a la puerta de cristal y por la calle los autos también tenían cola y todos hacían luces y cada guau huau llegaba hasta el cristal y entonces me dieron ganas de entrar en una oficina y luego me dio ganas de orinar y luego de orinar mi rota hacía hizz hizz.

Con los sueltos me compré una camisa planchada y luego me guardé toda la camisa debajo del pantalón y luego me miré y dije: bueno muchacho y sin prisa tomé el autobus pero de tanto usar las uayfare ya tenía los ojos chuecos y una marca entre ellos. Mierda, tuve que abrir mucho los ojos y eso era raro, y luego un montón de luu luz entraba y aún era imposible leer y luego la profesora se dio vuelta y luego me fui a tomar un café pero el pasillo seguía en el mismo sitio pero los ojos ya no miraban bien y alguien dijo: qué fue y yo ya no estaba bien y dije ya regreso es el viernes.

En el bus cerraba la rota y cuando estaba azul me ponía a leer cosas en nadsat y algo sobre tolchoques realmente joroschós. La camiseta amarilla me quedaba realmente brillante y jimena estaba sentada en la última silla y eso que ya había bajado en gransnapud pero me miraba y yo a ella y dije: hasta el lunes es sábado. jimena es igual pero no cantaba pepépepé pero era igual y tenía algo que me hizo persignarme y al bajar luego de decir hasta el lunes es sábado, caminé de espaldas hasta que me dieron en lascasas.

Tenía pianitsos y colgaba antes de bajar. Y muchas líneas se va se queda.

Me dan ganas de entrar en el horno y mirar las cosas rojas hasta que todo se vuelva pas pas. La pas pas va debajo pero es como un dedo pero debes tener uás cortas y luego está eso de flotar y eso del calor que a uno lo pone globo.

Tengo la espalda llena de pequeños pitufos y esos tipos andan corriendo y sus pies son como agujas y las agujas sirven para entrar con la menor fuerza y luego dicen eso de las palabras azules y sí dura eso de una, dos horas y ahora mis manos intentan llegar hasta el quinto disco y eso es como en las revistas pero eso era con lo de la amenaza nuclear.

En el bus escucho nirvanaydearlybeloved. Un día meteré las cuerdas en el pioner dobleuve-08 pero ahora ando mesaboogie y n-300. Un día colocaré la madera delante y me saldrá eso de la oración y eso de cargar en el pecho. Putos chacales y efectos y esa foto con los auriculares y es como esa foto del trío basdrumopjh piojipiojipioji. En la tarde cambio perfil y luego uso 220 y luego hasta el domingo porque es lo bueno de andar y ya llegaba el bus.

Un tipo pide que paremos pero ya todo está en otras manos y sigo en el libro y alguien duerme sobre mi hombro y tengo ganas de dormir parado y abro la ventana y todo empieza tras el hospital y en la noche gastaré 2,99 y las luces nos entran por las uás y van llevándose la carne carne pero me da ras ras eso de caminar desde el quinto piso. Ojalá aparezca mi padre el escritor.

Mi padre el escritor dice que vaya para ¡AH! y luego hacia NM y luego estoy con harto doop doop, y eso del fugg gg me mira desde donde estaba la marca, entre los ojos, y luego los ojos están como cherolev y es por la luu luz y la ventana pero sigo sin distinguir entre un quimbolito y un televisor y es el quinto piso.

25/4/14

y eso fue hace casi dos meses

Y bueno, así estaba, y también escribí como un gusano, y el orificio cruzó de un extremo a otro, y pronto algunos autos cayeron, y también algunas personas que no podían dormir por la noche, y mientras miraban los muros de aquel orificio, muros que los rodeaban como una burbuja, y mientras intentaban gritar más fuerte, a pesar de que el ruido y los sonidos desaparecían entre esos muros, yo seguía en eso de mostrar otra cara, en eso de convencer y sobre todo, en el intento de presentarme como una piedra transparente, una cosa en mitad del sitio que dejan las nubes si uno mira desde una ventanilla o compra mientras los brazos están fuera y el mar hace ushhhhhhh.

Recuerdo que guardaba muchos minutos, demasiados, muchos, más que veinte dedos, y eso era de pie frente a aquella puerta. Era eso de mirar la madera y eso de meterme hasta las comisuras, como entre los pliegues, y eso tomaba su tiempo; y eso era bastante extraño, y otros hacían lo mismo y ya éramos cientos y la puerta quizás era cuerpos, carne seca, carne petrificada, o pez, o algo mucho más antiguo y sagrado y quizás uno estaba frente por algo del olor, esas cosas que se le pegan a uno hasta cuando ya no diferencia ni quién ni dónde y eso era quizá por aquello de la ciencia, algo como eso de las atracciones naturales y primitivas.

Luego estuve llamando. Ya es costumbre; y nada hay ni hubo del otro lado pero sobraban o sobraron algos, cosas que parecían ramas.

Luego tiré la puerta y luego estuve deslizándome sobre yerba húmeda haciendo spushhh y la puerta era como un trineo y nada nos empujaba y nada nos arrastraba y pensé que sería ideal chocar con algo y estallar y pensé que cubriría mis ojos para que las astillas no hicieran mucho, no quería ugh ugh ni tampoco nada de bu ju ju.

Cada mañana era similar y era como empezar la noche pero cubierto por sol y las avionetas hacían eso de cortar las nubes y yo miraba mi cara en las nubes y la avioneta tenía una bandera amarilla y una cruz roja en la cola que era como una oreja o una nariz, y seguro debía llamarse avioneta baronesa mayonesa o también algo como la sexta avionesa. Luego imaginé que disparaba un fusil y el fusil hacía tacatacatá y la avioneta volaba alta y casi ignorante de lo que ocurría abajo y el viento cortado hacias uss ussss y baronesa daba media vuelta y yo creo que lo hacía para mirar hacia donde unas lucecillas intermitentes hacían ruidos como de viento cortado. Luego disparé a la pantalla de agua, una pequeña coch coch justo en mitad de la sexta y el fusil, látima pero luego ya no quedaba munición.

Luego pensé en saltar y algunos autos estacionados quitaron sus seguros haciendo hic hic y varias motos enderezaron hacia simónbolívar.

En el orificio encontré mucha arena y mucho lodo y sin darme cuenta ya tenía mis manos sobre mi frente como ese hombre desnudo que parece fatigado.

Y a veces pensaba que sería buena idea hacer nuevos orificios y túneles para darle un poco más de oportunidad a la oscuridad y también a eso, detrás del auto entre la acera y sin muchas latas pero bastante en la perrera. Al darme cuenta estaba ya cerca de Querétaro. En Querétaro hay dos iglesias y un bosque.


7/4/14

Now you should try this little gameJust close your eyes forget your nameForget the world forget the peopleAnd we'll erect a different steeple.

Ese día me di cuenta de algo muy personal y esas cosas no suelen ser bien vistas y luego estuve dándole muchas vueltas a la idea. Dar vueltas a la idea era más o menos eso de tomar algo y colocarlo en distintas situaciones y era también como ser un chimpancé con esos cubos de madera, cubos pesados y pintados a mano y también las pirámides y los círculos. Recuerdo que el cubo violeta era uno tan brillante y luego de mirar todos sus costados me lo puse dentro de la boca y luego intenté que ocupara el espacio donde estaba uno de mis ojos. 

Esa tarde tuve que dejar de jugar a las escaleras, y, también, deje que los compañeros hicieran sus círculos y luego estaba sobre el caballito y pude haber ido a casa sobre él pero creo que sonó un timbre muy fuerte, una de esas cosas que suenan como seguramente sonaría el color rojo pero era un poco más agudo y un poco vibratorio. Creo que pensé que el suelo se abriría.

Anduve con el cubo en el ojo hasta que S. dijo que tenía que hacérmelo chequear y luego estuvo subiendo al bus y quise decir algo pero todo iba a una velocidad extraña, como si todo fuera empujado. La persona de la tienda de abarrotes dijo que tenía unos buenos algodones y yo dije gracias pero la persona me miró, en realidad, observó con atención el cubo y mi ojo y creo que también supo que no pensaba en nada, es decir que andaba con la cabeza en blanco y por ello me pidió que saliera de su almacén. Supongo, bueno, eso pensé luego, que no me hacía cumplidos sino que un poco me ponía al tanto de lo que necesitaría para una futura infección.

Luego era martes y el cubo seguía brillando pero ahora sobre la mesa. Quise hacerme cosquillas y lo hice con tan poco cuidado que pasé en el suelo una media hora, creo que soñe con una caja de cartón y creo que adentro habían botellas amarillas de schullo. Antes de despertar intenté mover y dirigir mis sueños y en uno de ellos descubrí que schullo era bueno para cicatrizar y luego el schullo corría por mi cuello y la sensación era desagradable pero también imposible de definir y luego me daban ganas de sacarme la lengua o los labios y lamerme la cara.

La lengua colgaba hacia arriba y la luna nos miraba y pienso que la luna podía caer como una hoz y rebanarnos o por lo menos dividirme en dos y luego ya miraba que mis manos estarían aplaudiendo por separado y era como si cada mano aplaudiera al aire. 

Un poco quise salir y por ello tomé lo primero que encontré. A veces no es que encuentre cosas sino que estoy parado sobre la montaña que contiene todo lo que uno ignora y todo lo que es evidente. Esa montaña tiene formas y las formas como si un día empezarás a levantarte a la hora del almuerzo y en vez de almorzar cepillaras los dientes y luego tomaras un vaso con avena. Ese día quise ducharme y puse el agua a calentar y luego con el agua tibia y sobre la cocina inicié con eso de quitarme las ligas y luego los encajes y me reía solo y corrí las cortinas para que la chica del décimo mirara mis cosas colgando pero el vapor empañó todo y Paquito me miraba y ahí sí me ruboricé. El agua se puso roja y luego me quedé dormido y cuando llego Z. la cocina olía como a sopas.

Me habría encantado salir a las diez pero mi horario era distinto y luego llegó toda la luz de frente y todo estaba demasiado claro que me morí y mientras estaba muerto me fuí a dormir un poco. La luz es como un rayo de cemento y cruza desde la garganta hasta el ano y es incómoda pues deja que el cemento atravieza siete puntos centrales, el primero: la frente. Ahí estaba ese sorbete largo y ahí estaba yo moviéndome y rompiéndolo todo, es decir, con el sorbete de cemento atravesado desde la mitad de la cabezal, por la frente empujando y tirando todas las cosas paradas sobre la mesa. Pensé que tomar un autobus en la tarde con eso saliendo sería mortal e incómodo para el resto de viajantes y tuve que ponerme de lado pero aún así sentí que la cosa crecía. 

Tener el primer punto como un agujero sirve para que las cosas se refresquen y eso es como tomarlo de la mejor manera y no encontré nada feliz que ponerme, en realidad había unos zapatos amarillos pero ellos dijeron que no lo intentara.

Aún era martes y aún eran las diez y yo estaba cruzando un semáforo y la prisa era algo similar a un puente y era como la lechuga en la mitad de dos panes y luego uno se cae y luego Z. andaba saltando de la lechuga hacia salcedo y en la mitad había otro puente y eran las diez y varios autos en mitad del patio me recordaban a las películas de mil novecientos y dos autos lloraban y uno tenía las llantas amarillas y nada nos topaba, yo miré eso y saqué la fotográfica y la fotográfica hizo varias flashes y el aire estaba lleno de cosas que flotaban y era las diez y luego los autos desaparecieron y eso era imposible y yo quise ir al río, porque sonaba como si el agua fluyera pero incluso el camino desapareció y arriba era abajo y la izquierda estaba arriba y cualquier cosa, cualquier cosa, pero un trailer hizo zooom, y luego eran las diez y dos.

K. dijo que no lo matase y luego sin esperar a ver qué pasa se echó a dormir. Dormía con la cabeza sobre los brazos y por su forma pensé que todos los K eran en realidad gallinas con cola. Gallinas gordas y vividas, o sea, gallinas con años de experiencia, en todo caso, perfectos sobrevivientes. Imaginé a K dentro de una olla con agua caliente pero cuando quise ducharme ya no supe dónde andaba. Afuera muchos perros aullaban pero si uno paraba la oreja podía darse cuenta de que era el mismo perro y eso me hizo viajar hacia su garganta y creo que luego me dejó a mitad de el patio y la luna. La luna era como un cascajo, nadie estaba cerca pero pensé que a alguien también la luna debía parecerle eso, una piedra pómez.

Luego recordé eso de la montaña, y eso de encender el diesel y luego ya nada servía para nada y luego el agua azul hizo algunas burbujas pero ya tenía la mitad de la cara echada hacia uno de los bidones, y la montaña me dijo que mejor me tomara tiempo para ir a dormir.

5/4/14

Talvez del otro lado.
El día que la cama dormía sobre un lavabo.

Cómo era? 
Luego estuve dando vueltas un poco, eso de querer meterse en otras cosas y sobre todo la cabeza dando suaves y leves e insignificantes golpes y luego el acero con el lado hacia adentro y eso de mirar de lejos todo el asunto, pasé mi mano sobre las latas y era doloroso, y era como saber que algo estaba por venir. De un modo la palma de mi mano no quiso regresar y luego pensé que quizás un día, hace algunas decádas quizas yo habría sido algo así como el chófer de una ambulancia o quizás como una de esas enfermeras de tacos almidonados. No quise volver a mirar el asunto y luego estaba caminando en medio de la calle empedrada y varios estudiantes hacían lo mismo pero nadie hacía lo mismo y D. iba unos metros adelante y tampoco volteaba a mirarme.

Luego metí la cabeza en las latas de otro auto y entonces D. me sarandeó y con una risa a medias, como si se esforzara por no perder algo o por no sacar algo, dijo que dejara de portarme de modo atorrante. Era curioso pues yo quería que alguien cayera de uno de los pisos y tenía todas las ganas de ser un colchón o una boya inflable que reventara al contacto.

D. habrá soportado de esas cientas y sin embargo ahora estamos en la misma ciudad  sin embargo nadie ha buscado, y quizás ahora pensamos o creemos en eso de las coincidencias. Esa tarde apenas eran las dos de la tarde y yo tenía planes de tirarme en la cama o de usar algo, cualquier cosa de un modo que nadie lo hubiera hecho. D. sabía como ser amenazante y algo dijo al verme darle de puntapies a la puerta de un jeep. Supongo que bien podría haber llegado sin su ayuda pero quizás me sentía animado con su presencia y quizás solo llamaba su atención, aunque no creo, habían muchos nombres en cada puntapie y quizás ni siquiera habíamos bebido, quizás probábamos eso de hacer lo que otros no hacían.

D. podía guardar mucho tiempo a mi lado pero creo que tenía la cabeza metida en la facultad y ahora que lo pienso él tenía una cabeza. Recuerdo que tras conocer a una mujer de la ciudad de Bremen, y luego, tras eso de hablar y de pronunciar mi nombre, con cuidado, para que no suceda eso de la media noche en medio de un gota de agua azul, soñé o creí ver al jinete sin cabeza. Torpe, sí, eso de llegar a cierto sitio sin saber a dónde se estaba llegando. Eso que F. pintó en uno de los muros de casa de una de sus amigas, eso de Principiante. Luego pensé que bien podría alargar la racha a punta de regresar a mirar a otro lado o de dejar de escuchar cuando las cosas se ponen delante, quizás un poco con eso de esquivar y de caminar con la cabeza en la patria, en un agujero. D. usaba las cosas que aprendía y un día desapareció y luego lo encontramos haciendo llamadas hacia San Martín. 

Yo no esperaba otra cosa y pasamos dos días en aquel sitio. Era un valle cerca de Guano y todo estaba a la vuelta de casa y quizás fueron tres días y la mitad de los días la pasamos encerrados y la mitad de esos días algunos no salieron de esa casa. El plan básico y eso de poner música y eso de reírnos y no parar y reíamos y era extraño, ahora pienso que debimos hacer algo más, debimos amarrarnos a las camas o no despertar, volvernos mantas. El agua llegaba hasta el patio y quizás la aprovechamos y creo estuvimos unos minutos deseando que algo regresara y quizás eso se estaba yendo hacia los baldes de algunas mujeres que aprovechaban el chorro para lavar. A veces creo que siendo tan pequeños como somos ya debimos habernos bebido, ya habitamos inside.

La casa era tan antigua y esas casas parecen indestrutibles y habían varios tomos de revistas y todas escritas en inglés y un par de libros en algo que debía ser alemán. El idioma más incomprensible y una mujer, la foto de la autora asomaba en la parte de atrás y la mujer debía tener cuarenta y vestía como en los ochenta y llevaba el cabello ondulado y parecía una mujer muy primitiva. Los libros estaban cubiertos de polvo y el estante daba a un balcón o quizás a una puerta trasera, o sea, a un patio, uno de esos sitios rodeados de ladrillos y de cascajos o pómez, rocas enmohecidas. Cada libro se quedó en su sitio y luego salimos hacia el chorro, y entonces pasó lo de las lavanderas.

En la calle la luz era blanca y también azul y no había mucha gente pero parecían moverse como si no necesitaran los ojos y estuvimos caminando poco tiempo y luego escuchamos a algunos músicos y creo que no tocaban temas conocidos. Yo no sé qué buscaba pero ya tenía agua azul en las manos y quizás pensaba que tras acabar despertaría con un tipo de iluminación, eso que sucede tras perder la voluntad o el dominio de lo que se hará. Recuerdo que esa noche compramos collares y cosas para colgarse las narices y de los labios y yo usé un gran collar y alguien dijo que yo era igual a un chamán y eso me agradó y luego miré mi apariencia y era cierto, yo debía ser un chamán pero eso días solo era un tipo que buscaba iluminarse tras destruir o ni eso, y quizás era que me escondía.

Esa noche fue la mejor, eso ocurre cuando la madrugada se vuelve día. En el trásnsito descubres los hábitos, algunos duemen de lado y otros hablan de cosas que siempre tienen solución. A veces la solución parecía ser que yo durmiera. A veces todos dormíamos al mismo tiempo. Creo que cantamos algo de la colabaca, nos gustaba, nos entusiasmaba gritar.

1/4/14

No tenía muchas ganas de decir nada y sin embargo tomé asiento y luego estuve con el teléfono y todo eso de marcar y buscar en la agenda. Me pareció tan extraño tener tantos nombres que empezaran por la misma letra, más que extraño me pareció escandaloso y estuve cerca de ponerme a llorar porque tampoco me resultaba sencillo explicar cómo o cuándo había ocurrido aquello y eso era frustrante, como haber sido otra persona durante mucho tiempo. Luego apareció el nombre con el que la había grabado y no era su nombre verdadero pero era como un juego de sílabas y de hecho resultaba un nombre inusual y casi artístico, me amé por ello, por haber pensado en algo tan inusual siendo que poseo poco talento para inventar o reordenar. Luego apreté fuerte la tecla verde que ya andaba necesitando que la revisaran y la misma que poco a poco empezaba a partirse por la mitad. De todos modos permanecí sentado y la habitación era distinta y era que llevaba encima la hora de retraso que nadie había tenido la amabilidad de avisar. Como la cosa empezó por un retraso y una posible ausencia no notificada yo sabía o intuía que la llamada sería inútil. Y no me equivoqué y ya estaba buscando el número con este peso encima y aunque ese rato no lo pude ver fue quizás lo que más me alteraba, era como haber perdido una semana.

No conté el número de timbres o el número de silencios entre un timbre y otro. En el fondo yo tenía tanto temor de hablarle, en el fondo yo sabía que algo no funcionaba. Tras un breve tiempo la contestadora avisó que era imposible comunicarme ese momento y si quería podía dejar un mensaje. A veces he creído que puedo ser mejor persona dejando cosas en buzones, como una especie de ladrón que aguarda hasta que nadie lo mira, pero un ladrón diferente que deja algo o que se lo lleva y también quizás como si intercambiara una cosa menos física... colgué pero luego de pensarlo volví a marcar.

Qué se puede hacer si la persona a la que llamas debía estar en tu casa hace casi una hora?
Supongo que se puede ser un completo animal y eso tiene que ver con abrir la boca como si fuera un enorme hocico a punto de masticar las paredes y la escuela donde ella trabaja.

La contestadora pidió que esperara la señal y entonces fue para mi casi como escuchar que estaban a punto de disparar al aire para dar comienzo a la carrera. Y entonces creo que un botón rojo encendió algo dentro y eso podía verse incluso del otro lado, si alguien miraba mis ojos. Luego sonó el bip y entonces comencé, mas bien tomé impulso pero eso fue en realidad tomar mucho aire, el estómago se contrajo y el pecho hizo algo como de pájaro, luego largué cosas y palabras y más cosas que eran como vasos que salían a través de mi garganta. Pensé que quería mandar todo hacia un agujero que aún busco pero para hacerlo de un modo menos evidente imité a un animal, no se a cual pero seguro se trataba de una especie de mamífero grande, rugí, y luego hice sonidos de piano, es decir, sonidos o acordes mal tocados, y luego volví a rugir y casi pude verme levantando la cara al techo y el cuello largo y lleno de venas y el aire saliendo haciendo bolas en la piel. Sí, eso grabé en el mensaje y continué diciendo algo como si imitara a un fantasma pero entonces la contestadora me dijo que revisara pues no podía entender lo que yo estaba diciendo. Claro, eso era todo, cómo, una contestadora puede entender un gruñido... sería como pretender que un dinosaurio comprenda una novela de tellado.

Luego fumé un marlboro o quizás eso lo hice antes y luego me tiré sobre unas cobijas o un sillón antiguo y tenía ganas de hablar con alguien pero en realidad pude ver o notar que en realidad nunca necesito hablar con alguien sino, que más bien parece que disfruto de dominar o someter a las personas, mis interlocutores, cómo? diciendo cosas sin sentido y esperando que ellos se diviertan como si yo fuera un mono al que tras encender un hula hula y bailar con ella en el cuello se lo debiera aplaudir.

El sillón era cómodo y casi quise dormir pero apenas era la una de la tarde. La tranquilidad fue mirar por la ventana los autos y un poco eso fue como estar en otro sitio, pero también era como mirar por la ventana esperando que algo afuera cambiara las cosas y entonces sentí que de un modo inusual no era o nunca fui dueño de nada, ni de las cosas que dije o estaría por decir.

Afuera estaba yo y adentro tras la ventana también y creo que el uno buscaba al otro o el uno dejaba la ciudad y el otro esperaba que uno llegara y tocara la puerta de casa.

Pero era la una de la tarde y luego me di cuenta de que llevaba una hora de retraso. Al día siguiente serían veinte y cinco horas después.

6/2/14

Luego en tres



Pensaba que deseaba conocer a una tallerista que se llamase Carmen Destruge. Luego pensé que sería ideal anotar la fecha en la que tenía aquellos pensamientos: noviembre, dosmildiez. Luego pensé que sería ideal pensar sobre mí y en el sitio en el que estuve hace exactos diez años: recordé vivir junto al Chimborazo, y también que pasábamos varias noches arrastrándonos hacia nuestras camas; uno era francopolo, otro era cristobalmiguel y en mitad del nevado o volcán y de nuestras camas se extendía un campo gigantesco, llano, seco, hasta el punto de pensar que uno caminaba sobre un talco amarillo, un talco rojizo que se pegaba a los zapatos y las vastas y a uno le quedaban ganas de parar en medio y esperar que cualquier cosa ocurriera. Quizás por esos años aún teníamos la gracia de ser algo así como juguetes de un dios dorado, quizás esos días estaban hechos para intentar y sobre todo para vivir la desconocida consciencia, aquella que sueña sobre o con lo inesperado, creo, nunca estuvimos más de acuerdo en estirar nuestros límites, incluso, si de eso dependía la furia de otros, eso, estirar nuestras delgadas voluntades. Una noche tras una fiesta en el centro de investigación zona centro, yo, intenté persuadir al resto de quedarnos a dormir sobre los terrenos, un sitio sembrado con variedades de lechuga. Creo que después de aquel incidente nada fue igual. Recuerdo y ese día o noche recordaba, que yo era grande, más que ahora, y recuerdo además que francopolo y cristobalmiguel que eran altos pero no muy fuertes, tras derribarme, dieron con un cable o quizás lo arrancaron, y luego yo veía las luces de la reunión: una gran fogata, una llama que parecía alejarse mientras ellos me arrastraban, me esperaba la casa. Quiero decir que eso no es una prueba para determinar algo, pero, sí había bebido con ganas. Ahora, ya sobrio, las cosas me parece fueron, menos, nada peligrosas, aunque a veces me divierte llamar por teléfono a medianoche a una de las talleristas, chicachaleconelson para decir cosas como hola, me gusta tu chaleco Nelson, pero luego ella ha levantado una demanda o denuncia, no lo sé, y ahora tengo prohibido acercarme a ella y parece que llevo arena amarilla en los zapatos y eso era necesario, cruzamos un fango seco a medianoche. Un poco me preocupa que las autoridades del centro de investigación zona centro se lleguen a enterar de estas calamidades y luego aplazen o desaprueben en cuanto al proyecto, por ello mejor me estoy portando con bastante cuidado. De todas maneras me gustaría que alguien declarase por mí o que dijera por lo menos que soy un poco raro pero que eso no significa nada, que en realidad no soy peligroso, de todas maneras para evitarme ambiguedades ando escribiendo un poco las cosas que nos han ocurrido durante algunos años. Y por ello creo no estar demasiado chiflado, recordar para no chiflar.

A francopolo y a cristobalmiguel no los he visto desde hace ya muchos años y quiero suponer que ellos tampoco necesitan saber de mí, o hablar conmigo, y la verdad deben saber bastante pues este país es extremadamente diminuto y de hecho toda latinoamérica es una cosa para conocer en máximo dos años, lo que equivale a oír qué han hecho todas las personas con quienes jugué al fútbol o a tirar silbadores. Yo era arquero pero también jugaba de defensa, de delantero era una mierda pero en la universidad me volví un excelente volante.

En el Chimborazo hacían unos soles majestuosos y esto quiere decir que el sol estiraba sus brazos como en una pileta y ahora que lo pienso en el Chimborazo sucedía que el sol podía hacer algo muy singular y que al mismo tiempo parecía relajarlo: el sol nadaba, el sol daba braceadas deliciosas sobre Baltasar, sobre el hielo que venía a ser la pileta del sol. Ahora que recuerdo una gran estatua de Neptuno servía de centro y miraba a todos en uno de esos parques con iglesia y cine alrededor y ahora entiendo que era ese loco, con su tridente en mano, mirando si las cosas andaban bien y por eso el sol, por más neblina nunca dejaba de quemar o bucear.

Ahora diez años después la vida dentro del gran laberinto es divertida y uno anda perdiéndose todos los días y a todas horas. El sol anda en todos lados pero también hay reinos oscuros y allí, en ellos el frío quema los huesos. Quizás de eso se trata esta mente que llevamos entre los huesos, un poco aquí, un poco regresando desde kitumbe, un poco con k un poco con q, un poco como en todos lados y por supuesto corriendo o borroneando todo rastro.

Luego de diez años o ya eran trece, andaba cayendo por los escalones y no recordaba anteriores vidas o centro de investigación, ni siquiera si el sol salía o braceaba de pecho o nadaba de espaldas bajo la mirada de Neptuno y ni siquiera me importaba ya nadie porque empecé a creer que iba a sobrevivir a todas las personas que sabían de mí, y eso era extraño y muy perturbador porque ya lo empecé a ver como un destino y eso de un día va a pasar y te va a pasar a ti. Entonces bajaba los escalones o los rodaba pero sí pensaba en sus hombros, y en como subirme quedarme trepar en ellos, pero pensé que necesitaría un cuerpo de pollo y unas alas rojas, y de ahí para dar un salto y de ahí para quedarme donde quería con ese cuerpo ligero de pollo y sin hacer mucho ruido, como un gran militar o francotirador o esos especialistas que esperan y esperan y beben poco agua y comen una manzana o una lata de atún y a veces cuentan su ritmo cardiaco y el momento indicado, cuando todo es dibujo animado como en los filmes de las reinas panameñas y el dictador panameño, el tipo quita el seguro levanta la tapa y mirando el corazón detrás de una corbata azul y dentro de la limosina hace un cachhh y luego adentro ellos escuchan guuummmm o gummmm gummm gumm y luego el auto un poco quiere parar o seguir pero todo es confuso, y todos son culpables así que pasan unos minutos antes de entender qué decir, pero ya el tipo ha desarmado el M22 y ya lleva su vida hacia su habitación, y camina tras sus gafas, tras un abrigo gris y su vida es quitar la vida de otros pero su vida bien puede no seguir, y lleva una maceta y una planta al parque a tomar sol.

Entonces pensaba en eso y cuando di el salto pude ver al resto de los talleristas reunidos buscando a alguien a quien quitar dinero para comprar algo con qué celebrar el fin de semana y muchos tenían los huesos al aire y muchos deseaban linchar a alguien y por eso desde sus hombros dije no quiero que vayamos donde están tus compañeros porque tus compañeros me dan la sensación de querer que me baje de los hombros y de que van a decir que vaya a traer algo que no sea azul ni combustible pero con lo cual podamos hacerte dormir, A.K, pero también dije que no quería ir porque no tenía ganas de explicar nada a nadie y si estaba rodando los escalones era para caer en tus hombros y tú deberías saber que no quiero ir para allá y que quiero parecer una capa, y luego intenté que voláramos como flash, si flash usara la capa de clarkent y yo seguía rodando los escalones y luego miré unas líneas largas y bastante definidas, algo un poco gris o blanco sobre un fondo oscuro, sobre negro y pensé que me había caído y que la capa era una mierda y volar con los pies por delante era una mierda, y los pies caminaban, es decir, lograban que las líneas y la calle siguieran, pasaran, porque eso era, estaba de cabeza, mirando los pasos y la acera y así estuve hasta cruzar frente a unas personas vestidas con trajes de extraños colores, y estas personas querían que probáramos algo traído de monteserrín y así de cabeza pude ver que eran perros calientes, y me gustaría comer mostaza dije pero luego seguimos con prisa y en realidad intentamos levantarme y creo que estaba un poco harto de mí y por eso dejé una parte en algún sitio que hasta ahora no lo encuentro, y mientras iba de cabeza o sobre sus hombros o sería sobre sus tobillos, yo, mi otra parte regresó hacia la puerta del centro y empezó a realizar llamadas y nadie contestaba pero igual habían muchos usuarios reseñando la tarde, y reseñando lo que pudo haber sido un gran proyecto; hablaban de idiomas, hablaban de turismo ecológico, y para sentirme útil di un par de opiniones y luego sentí que la otra parte me llamaba pero dije que no quería ir y que debía ser sólido y di opiniones como de la pluriculturalidad y la escisión vista desde Thompson y luego olvidé quién era y allí se perdió un poco mi otra parte. Qué iras!

Luego estuvimos en el gran galpón y me dio por buscar en las bolsas blancas de las personas que llevaban unas camisas pical, y con sus cuellos largos y duros como cuchillos, y pensaba que quienmierda les planchaba esas camisas? pero no encontré a mi otra parte aunque esto sucedió otro día porque creo que no estaba muy seguro de haberme perdido, o de haber perdido la otra parte, y mientras el galpón respiraba y tenía ese aire de fundas para los tachos, de envoltura para bombones, de aceite de aceituna, de cera líquida caliente; además las luces eran tan blancas que uno empezaba a sentirse azul y luego transparente y las bombillas debían ser de cinco mil watts.
Me dije watt? 
Luego me dieron ganas de dormir en la fila.

Luego dijo eres un mentiroso, luego me dividí otra vez, o sea que estaba hecho de tres partes, y ya se jodió si es así, porque seguro se fue la parte que atendía o aprendía cuando se trataba de talleres y luego repitió que eres un mentiroso y yo pensaba que las espaldas se habían pegado y luego dije, mejor topamos, pero dije mejor topesno, o dije mejor topastos y dije también ya se hizo mierda o lo que es lo mismo, cariñad.

Luego eres un mentiroso y yo en tres pero en cuáles tres

5/2/14

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Todos hablábamos al mismo tiempo. En realidad las palabras iban y venían pero sobre todo si uno escuchaba, sin verlos, podía hacerse a la idea de que quienes hablaban, al mismo tiempo, también se estaban encaramando, uno encima de otro, que en realidad ya habían formado algo similar a una de esas olas altas, montañas de varios metros de altura y agua y algas; y en la parte del frente, donde estaba el hombre de corbata azul, la ola posiblemente lo abarcaría todo, lo cubriría, y eso éramos en esos momentos, brazos, gritos, quejas y rostros gibosos.

Nadie quería tomar su turno y sin embargo todos actuaban como si ya las cosas estuvieran hechas, me recordaba mucho a todo eso, aquel filme en donde un grupo de personas queda atrapada o retenida en un aeropuerto extranjero, en un país con alfabeto cirílico o algo similar. Recuerdo que la gente al principio y haciendo fila se ve a la gente que reclama, gente que se ve agotada pues acaba de bajar de un vuelo de decenas de horas. Quizás lucen insignificantes y pero a medida que la historia avanza, ellos se toman la sala del aereropuerto donde los han acinado. Luego como los pescados ellos se multiplican y también los ánimos se vuelven inestables, y poco a poco la situación pasa de ser pasiva y algo cómica a una de improvisación, de riesgo e inestabilidad. A veces pienso que la gente en el filme, que se supone retenida en el aeropuerto solo por ser sudaca, o latina, o sospechosa de terrorismo, muestra un poco, algo de eso de la autoestima nacional. Sin embargo, en las habitaciones, aquí en el sitio, los talleristas entablábamos, levantábamos bunkers, o trincheras para luchar contra un enemigo, la gran electricidad invisible, el peor, el que está en todos lados y al mismo tiempo, y cuando él quiere . Ese loco o loca nos tenía molestos y era suficiente un movimiento, una silueta extraña para que los fusiles descargasen, y entonces también estábamos más unidos que nunca.

Esto de ser uno solo me recuerda a los momentos en que todos decíamos cosas al mismo tiempo, y puede ser que quiera relacionarlo con la idea de una sola cabeza diciendo todas las cosas, o una misma boca con muchas lenguas, o muchas bocas o muchas cabezas o lo que sea, pero siempre combinado por un mismo patrón, en una misma raíz, nuestra naturaleza era pretender decir algo hacia la izquierda porque en la derecha ya estaba otro, decir algo hacia arriba porque hacia abajo estaban otros dos, de ese modo estábamos unidos por las espaldas, quizás por las médulas como dos siameses, y era imposible seguir sin que alguien intentara detenerse. Supongo que esa era la furia escondida de algunos hombres de traje azul, que esperaban a que nuestros múltiples tentáculos poco a poco fueran calmándose, diría, durmiéndose, aunque a veces algunos hombres daban sus contenidos de modo que uno terminaba dormido, ellos girando como hélices, y eso era casi lo ideal, porque aquellos lucían como hipnotizados, las hélices de sus cuerpos dando giros, y quizás ese hipnotismo era intencionado, y tener a ciertos talleristas en ese estado permitía que los contenidos se prolongaran, se transmitieran con menos dificultades, como en una escuela, como a través de un programa de teve. Hablar y quejarse al mismo tiempo era un espectáculo conmovedor, cuando no desgarrador, como si fuera uno quien coloca toda la carne y la roja en copas largas, usando la boca y los muñones brillantes, como explicar algo que nadie conoce, como dar un paseo en el sistema nervioso y esas cosas, y era harto difícil aceptar que amábamos el incendio y al mismo tiempo queríamos apagarlo y al soplarlo tomábamos más aires y lo amarillo se volvía rojo. Puede ser que todo esto resulte un poco exagerado, quizás sucedía en otros centros y después de todo, que se puede esperar de tallleristas que son encerrados en habitaciones durante cuatro o cinco horas, abriendo la boca para morder una férula plástica, escuchando como desaparecían palabras enteras, dejando cifras para las conclusiones, los resultados, estadísticas. Creo que nos volvíamos obsoletos en tiempos record, o sea, daba para pensar que seríamos y elaboraríamos no solo el material contantemente, sino, a nosotros mismos, como si no fuera ya suficiente con tener que ser talleristas, y lavadores de autos de medio tiempo, o cuidadores de autos, o profesores de cuatro o cinco materias semanales, o fotógrafos y correctores de estilo y estibadores, y además de eso investigadores sin wifi, con tres deadlines diarios. Un día terminaríamos todos, todos los talleristas en mitad de la habitación, cuando no ocupándola toda como una gran masa rosada, de múltiples ojos y múltiples miembros, como un gran y rosado e informe javadehut, con la lengua o las lenguas colgadas en punta, y tocando y lamiendo el suelo y su propio cuerpo. Creo que un día pude ver lo que miraba uno de los perros de la terraza cercana al edificio, edificio en el que conseguí un armario de segunda mano, y ese perro observaba con demasiado cuidado una luna, una luna fascinante y dorada un poco cubierta por unas nubes y eso, pude entender, era para el perro como una madre y era como si aquel pastor deseara el regreso o la entrada al vientre; creo que yo soñé por todos en la habitación, y todos deseábamos que la luna nos convirtiera en una de sus rocas, para que alguien, con una bandera y botas ortopédicas, caminara sobre nuestras espaldas. Eso creí, éramos pedazos de luna, fragmentos dirigiéndose hacia todas partes.

Uno de los talleristas dijo algo sobre la importancia de tener a Claudio Willer entre nosotros, para que, en la charla encuentro en el salón principal, dijera por los parlantes ustedes no entendieron nada y al mismo tiempo y luego de señalar al auditorio con un dedo gigante, uno de esos dedos de goma, dedo de el equipo es el número uno añadiera eso es lo que aún pretendo. Las investigaciones apuntaban hacia el siglo XX y ese tiempo nos pareció el más traicionero de todos los siglos. Creímos, dijo otro tallerista, encontrar los orígenes de la niebla, entonces hablaron de filmes experimentales pero sobre todo intentaron comparar aquel fenómeno con el humo de granadas y hogueras en los filmes sobre el holocausto. Últimamente encontramos títulos en los almacenes que empezaban a florecer por toda la ciudad, y uno ya no tenía que realizar búsquedas en archivos detallados, y personas con nula experiencia ponían a disposición la historia del universo en formatos para reproducir en cualquier equipo. Pudimos discutir noche y niebla, un documental de f. fassbinder, algo de A. resnais, algo con pozos y grandes orificios como campos o canchas de baloncesto lleno de cuerpo cubiertos por cal. Eso me hizo pensar en la luna y un perro sobre la terraza de una casa. También observamos un documental sobre militares que incitaban discursos, y esos miles de hombres, levantaban las manos al mismo tiempo como manecillas de reloj, para saludar al paso de las autoridades, y esa música, y ese sonido eran estimulantes, pero también le hacía pensar a uno en tener una casa con una esposa, y luego uno sobre ella deciendo mejor tengamos hijos y mejor no hagamos mucho ruido o mejor no digamos nada y cosas así, como las de los osos en las cuevas. A uno le entraban las ganas de apagar la teve, y el devedé, pero aún nos faltaban conclusiones. Recuerdo que en esos casos los talleristas buscaban información en la red, y quizás los informes eran entregados con información sin previo cotejo. Esperábamos que el hombre de corbata azul nos direccionara, y eso ocurría, y luego era cuestión de completar y ampliar. De todos modos era imposible fechar el origen, y tampoco decidir si un solo sitio era el responsable total; en realidad nuestra búsqueda, nuestro tema, ya se había ido de las manos, por eso mirábamos y leíamos acerca de conquistas, desapariciones, magnicidios, alguien dijo que de no encontrar un el inicio, deberíamos sistematizar, por lo menos, una bitácora, un mapa de las ruinas, de los rastros. Claudio Willer leí, en una de las hojas de mi cuaderno y junto a su nombre dibujé una raya y luego una flecha, y al otro lado de la hoja escribí de nuevo la palabra “niebla”.

Luego Patrick Marber, Antonia Van Drimmelen, John Calley y Cary Brokaw dijeron que dos personas del reparto artístico habían sido nominadas como goldenglobes. Junto a la fotografía de los dos actores, se levantaba una pequeña estatuilla dorada, que era como un prisma en cuyo vértice superior descansaba, como en equilibrio, una esfera, que supongo sería la tierra; pero el aviso era muy pequeño como para observar a guyana o uruguay. El filme se titulaba “An adapted winning stage play” y su autor era Patrick Marber, quien además había escrito el guión para el filme que según los diarios era una historia de amor para adultos.

En la parte de atrás habían especificaciones técnicas: 

Languaje english 5.1 
(dolby digital)
english dts, eres un mentiroso, french (dolby surround)
 Subtitles english, eres un mentiroso, french

1.85:1 anamorphic widescreen
Approx. 104 minutos
Mastered in high definition
eres un mentiroso
COLOR

Luego Patrick Marber, Antonia Van Drimmelen, John Calley y Cary Brokaw dijeron eres un mentiroso.

Luego me quedé hasta la doce observando el filme, y pensando cual de todos los personajes tenía cosas en común con uno de mis compañeros talleristas; y luego pensé lo que le diría al encontrarlo al día siguiente.