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AK, MB
En la radio suena algo de Eltico. Eltico habla o murmura sobre despertar y desayunar lluvia y algo sobre figuras a lo lejos paradas a la espera de barcos. También añade que el mar es de oro y que al barco luego se lo traga el mar y el sol brilla, (o es el agua) o el agua brilla y el barco parece un sol. Todo suena extremadamente irreal. Luego bajamos, ya sin Eltico, y juntos pedimos cigarrillos. No hay apuro, parece que deseáramos caminar, mirar a través de los cristales, oír el rumor del agua que empieza a filtrar por el tumbado y, sobre todo, dejamos atrás al resto del grupo. Una de las esquinas, una junto a una puerta con barras de acero parece invitarnos; en realidad nos acomodamos junto al muro y dejamos que los dedos se impregnen y que los labios se oscurezcan. No pasa un minuto, (nos atropellamos brevemente con frases que caen desconectadas) y la figura se infla exacta: es ese cubo que ocupa la mitad del día desde que abro los ojos hasta cuando la teve hace estática y también ese ruido monocorde de filme mudo; delgada y larga y cadavérica aparece, como si acabara de salir o de bajar pegada al pasamanos y eso y todo eso sin que yo anticipe que luego ya estaría en mis hombros.
En la radio suena algo de Eltico. Eltico habla o murmura sobre despertar y desayunar lluvia y algo sobre figuras a lo lejos paradas a la espera de barcos. También añade que el mar es de oro y que al barco luego se lo traga el mar y el sol brilla, (o es el agua) o el agua brilla y el barco parece un sol. Todo suena extremadamente irreal. Luego bajamos, ya sin Eltico, y juntos pedimos cigarrillos. No hay apuro, parece que deseáramos caminar, mirar a través de los cristales, oír el rumor del agua que empieza a filtrar por el tumbado y, sobre todo, dejamos atrás al resto del grupo. Una de las esquinas, una junto a una puerta con barras de acero parece invitarnos; en realidad nos acomodamos junto al muro y dejamos que los dedos se impregnen y que los labios se oscurezcan. No pasa un minuto, (nos atropellamos brevemente con frases que caen desconectadas) y la figura se infla exacta: es ese cubo que ocupa la mitad del día desde que abro los ojos hasta cuando la teve hace estática y también ese ruido monocorde de filme mudo; delgada y larga y cadavérica aparece, como si acabara de salir o de bajar pegada al pasamanos y eso y todo eso sin que yo anticipe que luego ya estaría en mis hombros.
Odio cuando algo
desborda, cuando uno de los fantasmas decide tomar una
decisión o
peor, aparecer, darse una vida en un momento inesperado.
Algo pensaba o me decía
con el marlboro en la mano, me lo decía como si yo
también acabara
de salir de mis hombros; entonces exactamente ya estaba en
las
gradas, eso de ver que buscaba los escalones o como si bajara
mirando sus pies o como si buscara sus manos: como si las
perdiera;
y también tomando la cintura de alguien, como si a cada paso se
alejara o
acercara, eso de ir adelante-atrás adelante -atrás.
Para el fin da lo mismo,
dije,
luego creí ver algo que me atravesaba; a ratos al frente,
luego como si respirara junto o con mis pulmones.
En un tercer momento
ambos como dóbermans, detrás, en las espaldas y también con el
hocico en los muslos.
Por un momento somos
tres.
Brevemente esperamos
sobre nuestros seis pies
y eso suena posible: que las barras de
acero se doblen, o, quizás, solo
deseamos no volver a la
habitación. Nos resistimos tres, quizás treinta y seis veces.
No lo había notado pero
cada uno de nosotros llevaba una cruz colgada o
impresa en alguna
parte de nuestros cuerpos o bordada por ejemplo sobre una blusa. La
primera,
dorada, realmente grande, un hierro extremadamente pesado y
que colgaba de su cuello;
pensé que podía ser algo que podía
desaparecer o deshacerse en la manos, algo que sucedería al intentar
colgarlo en un muro. La otra cruz estaba a nuestras espaldas: en
realidad era el marco y las cuatro ventanas, una cruz oscura y a
contraluz a las seis de la tarde, su larga sombra aplastándonos. La
tercera estaba en
mi mano izquierda, rayas y surcos profundos;
supuse haber nacido con ellas y pronto estuve tocando mi rostro con
fruición y tenía apuro por montar mi bicicleta, alguien dijo ahi vá
una cleta haciendo ñinnnnnn. Miré un rato más y me pareció
una cruz de líneas delgadas y con el
patibulum doblado, con sus
puntas formando algo parecido a unos cuernos.
El humo pasó de mano en
mano y al darme cuenta me encontraba bajando y al
darme cuenta
estaba con los pies sobre los escalones rodando hacia la planta
baja
y entonces intenté regresar y observé que solo quedaba la imagen de
un
orificio en el centro de un muro; un orificio por el cual podía
pasar un avión de
un solo motor o hasta dos ascensores. Tenía
muchas ganas de ser un
ascensor y de subir un edificio de cien pisos
con una velocidad superior a la de
sonicyouth hasta lograr el
desplazamiento absoluto, la desaparición horizontal
primaria, el
vértigo horizontal y la línea infinita que une los extremos de los
rectángulos pasando por a y por b y por c y luego
pensé que
observaría desde un edificio cercano como la caja de acero rompía
el muro o el tumbado hasta salir desprendido como si el edificio
acabara de
soplar aquella caja hacia las nubes, aunque yo sabría
que la dirección que llevo
o llevaría la caja es o debería ser el
amarillo y gordo fatoldsun. Serían dije dos horas en
un viaje ni tan breve ni
tan parvo delante de aquella cortina negra
o de aquel gas silencioso y oscuro quemando un poco de
partículas y
del vidrio eléctrico y todo eso como parpadeando sin orden frente a
la gran cortina, eso, mientras la caja recorría el jugo oscuro como
un globo empujado o halado; y al mismo tiempo eso de ser atraído: un
objeto con voluntad de perder la voluntad. En eso
estaba o creía
estar al bajar los cuatro o nueve pisos y la sombra o
fantasma
también se inclinaba hacia un lado, y luego
creo se metía entre
los muros hasta cuando yo regresaba a mirar y también sentía que
algo miraba desde mi cuello y entonces no había ruidos, y todo el
edificio
parecía deshabitado, y eso a pesar de que las luces
acababan de ser
encendidas, aunque alguien tenía el humo entre los
dedos, y también porque ya estaban camino al
salón o hacia una de
las habitaciones donde miraríamos casos de
personas y de ministros
con problemas del habla y discursos por señal codificada o en el
salón de vhs.
Luego observé que me
llevaba tres o cuatro escalones de ventaja. Luego salté
esos
escalones intentando derribar su paso pero dos hombres subían en
dirección contraria, quizás fueron ellos quienes
evitaron que
cayera de bruces, y que lastimara mis manos y sus cinturas al
intentar tomar el pasamanos; supuse que otra vez respiraban junto a
mi pulmón o que mi pulmón era un motor y todo era un gran patio con
autos apagados y cercas tocadas por el moho.
Eso sería en la planta
baja dije, y supongo nada de eso ocurrió.
Supuse que había visto
mucha tevé y andaba con programas y series de
aventuras y nadie
cayó al piso.
Mira, dijo, tú eres de
esas personas que se han acostumbrado a mentir.
“Personas”
pensé, y eso lo hice colocando unas comillas alrededor. Te he
escuchado aunque parezca lo contrario... ... me has puesto a dudar.
¿Sabes qué?... Seguimos en primaria
y sigues dibujando un
hombrecito con los brazos abiertos y luego lo
recortas...
...
...
Eres un mentiroso pero
también un farsante porque no sabes qué
nombre ponerle a tus
hombrecitos recortados una vez que los has abierto.
...
Otra cosa, no intentes
saber de ti, y... ¡no te metas con mis problemas
!
...
...
¡Di cualquier cosa!
...
a ver, haber, repite: soy
A. K, tú eres M. B
...
¡Dilo!
¡Dilo!
Deja de observarme como
si no observaras...
Hazlo... ¡sorpréndeme!
...
Mientras decía estas
cosas creo que de nuevo yo estaba caminando hacia la
planta baja, o
siendo levantado del suelo por los dos hombres, o quizás todo
era
producto del humo que salía por los muros y supongo tenía ganas de
llorar
y mientras, seguíamos de pie y los hombres caminaban con las
bolsas blancas en
las manos. Luego miraba mis pies, y creo que mis
ojos ya estaban en el piso
cinco o en el nueve y mis pies colgaban
del tumbado del piso cuatro, y mi mano
y un marlboro apenas habían
llegado a un escalón frente al edificio, o sea, yo
estaba del otro
lado de la calle. Dos momentos o dos nueve parecían juntarse,
y
estaban pintados como con pintura roja, y varias personas con trajes
azules o
corbatas azules y zapatos brillantes caminaban o daban
vueltas, parecía que
entrábamos y salíamos y también alguien
eres un mentiroso.