5/9/14

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Matrimonio Lot-Sal

es el nombre del
capítulo, ¡qué culpa?


Un día mirábamos imágenes de los primeros escritores modernistas en el ecuador. Sus rostros dibujados con la técnica de la plumilla, y en realidad no parecían muy jóvenes; creo que todos pensamos que ahora se envejece con menos prisa, frenado. Uno de ellos llevaba unas gafas muy grandes, tenía algo que lo distinguía. Supimos que su muerte no había quedado del todo clara, se supuso un suicidio pero, también parece que desde el punto de vista forense eso era bien complicado, aquello de sostener un arma sobre en un lugar de tal extraño-incómodo acceso.

Estuvimos recuperando algunos datos, de algún modo las principales ciudades estaban divididas; dos grupos, entre aquellas donde existía una o más gacetas y donde funcionaban las dependencias públicas. Luego pensamos que sería una gran idea invitar a un conocido o uno de los familiares, para que hablara un poco sobre la obra o compartiera alguna anécdota ligeramente escandalosa, en realidad queríamos embarrarnos en la miseria y quizás tragarla como buscando inspiración. Creo que deseamos que otros nos contaran las cosas, quizás era un hartazgo, hartos de buscar y no encontrar.
En otra ocasión mantuvimos a diez autores sobre el escenario del salón tres, con varias tandas o salidas y aunque ellos querían retirarse, nuestras intensas preguntas los obligaban. De ese modo entramos en sus cosas y un poco en las cosas de la poesía, ritmo y prosodia. Algunos llevaban pequeñas botellas de licor; eso nos pareció autodestructivo e indignados señalamos sintiéndonos también autoridad (e instamos al autor a que dejase esas cosas o en realidad deseábamos que diera algunos sorbos, bien visible sobre el escenario).
El autor empezaba con su lectura, la cuarta de la tanda tarde-noche, en el poema él saludaba a todos aquellos que lo invitaban frecuentemente a compartir una mesa; yo creía que otra vez era una navidad y alguien dijo que dejara que su voz estaba cada vez más ronca, para mí la pascua y los reyes continuaba, era como un sexto elemento; nosotros dejábamos de respirar, como si sus palabras nos quitaran aliento y electricidad.
A una autoras la felicitaron públicamente y ella parecía demasiado acostumbrada a recibir atenciones; apenas si movía la cabeza de un lado a otro, apenas si abría sus labios, una boca bastante simétrica, acaso un pez. De su cuello colgaba una bufanda roja, bien larga y a uno le entraban otras cuestiones, casi como pasarse la lengua por los dientes, morderla con las esquinas, pero su voz ya era la de un monstruo marino, profundo y firme como un martillo, supongo no hablaba palabras, era agua y yo me enamoré de su voz y la guardé por tres días.
Uno de los autores repitió aquello de la muerte y el olvido. Supongo que todos entramos en unas páginas grises capaces de sobrellevar desgastes y sangre; las páginas pasaron entre los asistentes, la miraban y luego la ponían con cuidado en otras manos, pensé en la cesta de las limosnas. Luego supe que aquel autor era servidor público; ahí se aprende un tipo de resistencia, uno piensa en personas secuestradas, rehenes, en celdas de caña eléctrica.
Intentábamos comer una manzana, X la pelaba, luego nos pasaba un cubo de manzana pero un guardia se acercó con prisa, al mismo tiempo venía hablándole a alguien. Pidió que dejáramos de hacerlo, yo recuerdo los ojos de V, lo miraba con odio o miedo o las dos cosas, creo que incluso le escupió la cáscara y el piso era alfombra. En el escenario los autores escuchaban con atención. Por un momento el salón sonaba y respiraba como si estuviera vacío, ecos, y como si estuviera repleto, como una caja de zapatos o una caja con bidones de sidra. 

Creo que pasaron varias horas, pocos talleristas dejaron el sitio. Nadie pretendía regresar a las habitaciones. Algunas talleristas fumaban en la parte de los jardines mármol, vi que algunos hombres de corbata azul salían con prisa, como intentando tomar algo de aire y como nadando entre los larks y los lucky de planta baja; creo que una sola persona tenía el encendedor y ese encendedor flotaba como los dedos un tramoyista.
Sobre el escenario un autor extremadamente delgado recitaba, su cadencia era incómoda, más bien leería algo guardado, recuperado de una libreta que surgía remota. La musicalidad entrecortada, como un ascensor con temperamento propio, como que debíamos girar las antenas buscando señal. Regresamos a mirar a los asistentes, alguien empezó con unas arengas y las risas le dieron un brío nuevo, un respiro a los autores sentados junto a él. El hombre delgado concluyó, y los aplausos parecían emotivos, interesados.
Al terminar pregunté a K si recordaba el título del poema pero él ya andaba escribiendo sus impresiones; creo que era algo importante porque luego balbuceó algo en voz baja. 

No sé cuántas horas habrían pasado pero fueron algunas más tras las fotografías y tras el homenaje informal. La gente se acercaba, era extraño pensar que a aquellos autores se les debía la literatura del siglo pasado; quien sabe, si sobrevivían al actual serían fantasmas del porvenir.
En el salón se servían unas copas largas llenas con agua roja, habían pinturas colgadas de las paredes; parecían paisajes y cosas así, motivos de colores saturados, un poco se perdía el sentido entre lo que estaba delante y lo que estaba en segundo y tercer plano.
Tampoco se trataba de ese arte que intencionalmente lo complica todo. Los cuadros en los muros, vistos desde un determinado ángulo parecían ser guardias, vigilantes, o soldados a cargo de cuidar, ¿qué? el salón quizás, la cadencia quizás. Varias personas formaban círculos y otras repartían copas largas. Tres talleristas llevaban vestidos muy cortos; una de ellas sonreía, le gustaba K, K estaba en la puerta, X, y D, y V seguían en las butacas. Muchos se despedían. Creo que el clima nos quemaba. Luego saltábamos dentro de las copas.

Una tallerista dijo la cereza del pastel. Luego otra pintaba sus labios, de espaldas y frente a un cuadro donde una manzana oscurecía a una ciruela.
Dos autores sostenían rebanadas de tarta en las manos; la tarta tenía una cubierta crujiente. También había pequeñas cajas con lazos azules sobre una barra, detrás de la barra un hombre parecía un maniquí.

Tuvimos que realizar un resumen de todo lo que había ocurrido, muchos detalles los inventamos. Cambiaron nombres de autores, levemente. Ya no eran donoso, castillo, raúlpuma, ni orquera. Tampoco araujopérez, orellanodíaz, vásquezroh, no menacho. Hubo un grandalema, un margulisrillo; hubo un autor o autora de nombre franciscaslavo, un autor hualcavásconez, un queirolorojas, uno extranjero gil o gilgilbert, otro de apellido pasquelsalcedo, manosalvas o manobanda, una autora alemana o sueca, y un poco el informe decidía por sí sobre la pertinencia o vigencia de la poesía del siglo XX, la literatura en los centros de investigación. Un poco dimos pie a la necesidad urgente del instituto para la difusión; un departamento que se encargaría de publicar y un poco de la legislación, el uso de las imprentas y el mantenimiento de textos, aunque era tema para consejo.
Mover el piso de algún hombre de corbata roja.

En un informe añadieron el título de una ¿unas? ¿novela/s?

Cam Pam,  Was milk for the mandrágora, Edith y Mamluk, El llano ace cincuenta arres.

Luego estuvieron las fotos. Las personas sonreían a cámara aunque otros se escondían detrás de un cuadro, un artista lo dibujó durante el breve primer receso.
El cuadro debía medir 2,2 por 1,8.

Ya era tarde, las luces del sitio quemaban nuestros trajes; algunos abrimos las sombrillas y luego subimos al octavo piso. Volvimos a guardar las sombrillas y respondimos una lista, era para los informes mensuales de asistencia, presté mi bolígrafo. Luego miramos diapositivas y allí los rostros de los primeros autores de la modernidad. Esos rostros estaban dibujados con la técnica de la plumilla y sus rostros eran ya viejos y eran jóvenes, apenas si tendrían algo así como veinte años, quizá menos.
Una vez, mi padre el escritor dijo que antes los jóvenes se veían adultos más pronto.

En casa estuve revisando mi correo y rechacé todas las invitaciones. Luego recibí propuestas de editorial conejo una tanda literaria, escrituras a cuatro manos, contesté que estaba mal porque jamás había tenido cuatro manos. Empecé a escribir una carta para quejarme con bonil pero noté a alguien detrás de mí; eso me puso nervioso y en vez de dormir intenté relacionar a todos mis conocidos. No llegué muy lejos, pero si pude solucionar varios líos familiares, genealógicos.
Luego me sentí responsable de todo lo que ocurría con mis hermanos, con mis padres, con los socios dequero, con tres desconocidos del estacionamiento. Acordé que estaba cansado, que no veía a A.A desde el mayo, y supuse que por evitarlos tenía problemas. Pensé, la solución sería buscar un empleo cercano; luego dije que la solución estaba en volver a vivir en casa de mi hermano S, para eso debería llevarle un sobrino. Luego se me ocurrió que la solución era iniciar una empresa: entonces compré un auto para llevar reclusos de quito a saquisilí.
Dije que se trataba de solo volverme un tipo más amable; luego pensé que debía sincerarme.
Decidí que era momento para morir, entonces mejor me muero; así estuve muriéndome de palabra hasta el día siguiente.
Luego mamá llamó para hablarme de las travesuras del gato, dijo que la casa estaba llena de pelos; parecía que una de las bolas con pelos salía por su garganta porque su voz era roñosa.
Creo que siempre tenía pelusas, su almohada estaba llena de estas.
Luego dijo algo del trabajo de mi padre, mi padre el escritor; entendí que estaba a punto de sacar un nuevo libro y pedí que me cambiara de dirección postal. Seguro yo estaría en mitad de una página, seguro coleccionando cosas bien estrambóticas.
Antes de colgar escuché que mamá también decía algo sobre ir a cuenquita.

Luego estuve en el octavo piso; subí con mucho cuidado porque todo andaba inundado. Luego conseguí un casco amarillo y un ingeniero gritó que por qué no estaba trabajando, inmundo animal. Le apagué un marlboro en el cuello y dije que no debía gritar porque lo escuchaba perfectamente. Pero creo que eso lo había visto la noche anterior en un filme español, algo sobre unos ecuatorianos albañiles en madrid, así que mejor lancé un golpe que zis zas lanzó al ingeniero sobre una varilla y allí quedó clavado como un camarón. Yo me asusté, caminé hacia el ingeniero pero en realidad eso también lo vi en ese filme así que mejor caminaba sobre los charcos de cemento con cuidado, y con mi casco amarillo.
Si regresaba a mirar al tumbado observaba una gran mancha, era como si el tumbado hubiera reventado. Las gotas de agua rebotaban en los charcos y hacía mucho, bastante frío.

Luego leí en un muro la frase eresun  mentiroso. La había pintado con aerosol y con una plantilla; no entendí cómo lo había hecho, si apenas pasaron diez minutos.
Recuerdo, de mi padre el escritor algo sobre lo insólito, aunque de eso luego encontré subrayados en la bibliaazul.

La sorpresa es no ser la sorpresa.
 
Luego dijo eresun mentiroso.

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Pore se ha vuelto
hacia afuera y antisana
en la frente 

* gruñir
* Terraza, beneficio del masaje 

Esa tarde había decidido hacer eso del uno-dos uno-dos. Al tomar mi aparato celular pude ver que ya tenía más de treinta años, y que varias de las teclas para oprimir y llamar a otro perdían el color y la impresión del número que les correspondía. Entonces al llamar, alguien que sí tenía gas y otras dos personas hablaron sobre temas domésticos, y algo sobre el arreglo, “el arreglo que terminó volviéndose obra”. La verdad nunca antes había escuchado sobre estas cosas y me pareció casi imprescindible u obligatorio mantenerme un rato al teléfono, de pie y atento, aunque, luego dije queda poco tiempo y luego pensé que a ese paso sería imposible llegar al otro siglo, a menos claro que desarrollara mi máquina sónica, en todo caso dije por favor, no terminen ni vayan a colgar hasta mi vuelta y un silencio parecía enredarlos. Alguien gritaba pegado o pegada a un muro, se escuchaban palabras arrastrándose sobre el borde antes de llegar al parlante oscuro, luego pensé que mejor bajaba y tomaba uno de esos bloques que funcionan con dos monedas, era uno antiguo de marca wurlitzer.
Del otro lado las cosas estaban apretadas, lo que quiere decir que tocaba intentar y rogar, quien sabía, por unos minutos o varios años. Ya andaba medio desesperado con eso de dejar las cosas para luego y la verdad empezaba a creer que tenían razón y que un día alguien se encargará de desaparecerme en mitad de la noche, dentro, entre los discos de 45 y varias ayoras amarillas, aunque, o específicamente tipo tres o cuatro de la mañana.

No sabía la inteligencia que había adquirido pero ya era algo supranatural y pronto me di cuenta de la importancia de ser peterparker. Eso de ser especial acarreaba una infinidad de posibilidades y las muertes llegaron para regresar luego atadas a los cuerpos pálidos; luego los hombres hablando sobre las cosas que empezaban a desaparecer o a formarse entre los ladridos de los perros y eso era paralizante, ocurría entre las cero horas y tenía un punto alto a las cuatro y treinta; varias veces vi lo que miraban ellos, sus ojos se aferraban a la imagen de la luna redonda y perfecta, una luna brillante pero que al mismo tiempo era difusa.
Me parece sobre todo por una cuestión del mal tiempo, el clima, eso de las nubes delgadas corriendo por voluntad de Manwe, además el perro no dejaba de caminar, sus pasos parecían precisas y seguras y firmes pisadas de antiguo cazador, como habrá sido tiempo atrás, yo caminaba en él y miraba la luna a través de él.
Eso de los hombres pálidos era ya una característica. Con un poco de suerte pude salir aunque no del todo ileso. Algunos estamos ahora, o al regresar, combatiendo al virus a través de sustancias o antibióticos y vitamina B6, y nos vemos en la necesidad de elaborar nosotros mismos el compuesto que apenas si alcanza una semana, pero si la cosa aprieta entonces para par de días. Ahí es cuando todo se vuelve lento, y seguimos dentro de uno de los perros que pasean como olfateando las sombras en mitad de la calle, la calle sobre la terraza. Recuerdo que sobre la terraza de techo amarillo era imposible encontrar animales pero eso mientras pasábamos o nos reuníamos. Presumo que las cosas deben ser distintas en fechas, febrero o marzo, y luego creo que es bueno mirar a las nubes a ver si resulta una nueva imagen, una que despierta y evoca y aterra el nervio del animal; química hecha de luz y gas. Bueno, eso de la inteligencia estaría ligado a la transposición y eso de intervenir de la electrónica nocturna. Mirar a través de los animales; con el tiempo deseé que todo tipo de especies caminaran cerca de mi sitio, ojalá antes de dormir. Ya no buscaba en la noche sus ojos o sus párpados cerrados, los abría, los apuntaba.
A veces encontraba pasajes extensos a los que cubría en pocos segundos, como si un gran tubo me aspirara para volver hacia lo que tenían delante: desconocidos que intentaban eso de saltar una milla, luego dos, seis millas en saltos enormes, imposibles, en paisajes llanos y de tonos marrones.
Creo que empecé a tomar y guardar varias cosas de esas visitas. Luego creo que decidí abrir unos pequeños espacios, unos como cortes para futuras presencias, válvulas de descompresión. Luego, al entrar y verlos amontonados golpeaba sus narices y era delicioso sentir la roja salpicando, y no, no nos estremecíamos, de hecho éramos varias personas dentro y al mismo tiempo, eso de las cuatro am y por poco empezábamos una reunión; faltaba nada para estirar nuestras colas de pez y apretar un cigarro entre los dientes.
Dábamos vueltas en la terraza y alargábamos el cuello, y sobre nosotros un foco redondo y gris, brillante, combustible, y las nubes eran gases que viajaban empujadas por un viento de Ur que llenaba también los muros, y la ciudad era plana como un disco, y nosotros le hablábamos, aullábamos, y arriba el brillo redondo era gas intervenido.

Ya era inteligente, y esa era la cosa que me hacía pensar y me ponía a asociar la noche con los perros en medio de la autopista; pero eso también me estaba volviendo un hombre tonto.
Creo que en algún momento del día alguien había sacado huesos de mi cráneo, y luego de hallar una fuente de agua mineral empezaron con eso del mito, eso de poner comerciales y vallas y pronto éramos marca líder. Luego cambiaron los envases por botellas de cuello alargado y de cristal, a veces de un cristal azul o uno verde, yo me sentía muy a la moda y pensé que podría iniciar una carrera en eso de enseñar cómo hacer la diferencia en un mundo de fuentes minerales a las cuales falta derramarlas, eso. Luego todo era agradecer o agradecerme cada día, con algo similar al acto ciego. Sin embargo, tenía aún que solucionar las cosas pendientes y eso estaba denso, pues, cada vez la fuente se alejaba un poco más, y a alguien brillante se le ocurría la idea de altura, de poner un refugio permanente, luego ya un sitio obligado. Muchos decían que en efecto es... fascinante y otros que lo verán cuando alguien lo ponga en un calendario que quepa en el bolsillo de un levis. Yo quería un pantalón lee y que no pisen mucho al entrar al refugio que estaba en mitad de mi frente, como abertura para instalar un grifo, también un par de clases de francés para sorprender a la profesora Amalfitano, aunque, sabía que eso duraría menos de un día y luego miraba a la profesora pero yo ya estaba dormido, esas cosas le hacen a uno querer ser parte del mundo, eso activado siempre desde los botones de un control de dos o tres botones.
Luego vi que estaba apretando el lugar en donde se colocaban las baterías, acto ruin y extraño, el pequeño espacio estaba cubierto por una tapa plástica, la que a su vez estaba ajustada por un tornillo y no tenía más que un poco de uñas y mejor no me arriesgaba, mejor la dejaba al hallar un cuchillo para pan, pero los botones estaban bien, creo que estaban hechos de if y luego puse el disco de las altas esferas o altas esperanzas o altas emergencias, y aunque odiaba todo ese sonido no quedaba sino acostarse para que la ventisca dejara otras camas y otros glaciares en la manta.
Aunque, quizás no era viento, quizás nadie estaba en el hielo pero me han dicho que uno debe creer en eso de los sentidos. Claro, tiene su lógica. 

La tarde caía y el sonido era un círculo del infierno que giraba y sonaba como si estuviera por estallar. En las noticias hablaban de la tecnología y además debíamos escoger un alcalde. En la teve sugerían que nos íbamos a quemar como el petróleo demadrid y nada era totalmente claro. Disparaban, varios mig hacían piruetas y térmica. En el canal ocho bailaban con antorchas en la arena y todo muy hawai. No sabía cómo sería dormir en mitad de un autopista, luego estaba con una toalla blanca para manos dándole a los bichos, contra la pared, pero los bichos se perdían porque la pared también era blanca, dije esta noche tocará meter la cabeza enlatacunga y en hotel y ya me sentía perdiendo la respiración, dije mierda, debo tomar más agüitaimperial pero dormir dentro del colchón era buena idea de Leonardo. Pensé recibir todos esos datos como el hombre de vitr y me cambié de nombre.
Ya estaba asistiendo a varias jornadas de uno-dos uno-dos; luego el refrigerador y uno sabe que mejor con agua antisana.

La tarde caía y yo estaba metido de cabeza y la cabeza era un cráter y además pronto estaría escribe y repite. Las teclas empezaban a marcar a otros lugares y al caminar y tomar los escalones la cosa empezó a ir al revés.
Luego yo estaba en el escalón 4 del escalón 76, una razón para motivarse, pensaba que pronto sería un gran hombre rodeado de mapas, en situaciones del tipo bienvenido-pase, usted... ¿usted-es-usted verdad? sobre todo de lugares con un par de sillas azules reservadas y con trajes grises porque gris es el nuevo rojo. Quise ser director de un instituto que realiza textos para cubrir la demanda en el sector parvulario, pero solo alcancé 900 puntos y eso alcanzaba para algo en el área de actualización. Miré mis manos, la cara anterior y dije se cagó todo porque antes tenía más años, ahora la cosa está echada, mañana tendré 25. Por si acaso igual me felicité, un poco temiendo que nunca más tendría oportunidad y pensé de qué sirve tener refugios cada vez que entraba en los ojos y paseaba por la azotea.
El perro aulló y vi con sus ojos una nube; eso era nuevo, lo mejor de la historia nocturna que esperaba alguien conociera.
Capaz de suceder, porque, ya lo había dicho, alguien miraba el canal diez en mi electrónica. 

Luego caí, y mientras, miraba.
Vi que eran muchos escalones, luego vi muchas ventanas y todas estaban hechas con arena y con pies.
Alguien dijo eres unmentiroso; la cosa se puso en los pantalones, luego estuve mordiendo la cosa, luego se quedó un poco entre los dientes. La saliva era espesa.
Luego alguien dijo eres unmentiroso; yo dije ¿qué decir? pero lo dije sin querer y fue peor, salió o salí como empujado. Luego eres unmentiroso.

4/9/14

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Bon pregunta, Ron
responde y luego
parece conocerme
bien
tuve otro accidente


En algún momento mientras rodaba por los escalones, recordaba el viaje y lo que pasaba detrás, del otro lado de las ventanillas, en las aceras. Todo era almacénsony y todos almacenes rodeados por un cerramiento mínimo y al mismo tiempo monumental. El concreto era en realidad planchas o bloques que formaban grises, altos y largos muros, perfectos, como si cada bloque fabricado imitara a una hoja gigante de bond. Imaginé la transportación y las grandes plataformas antes de mirar una grúa, la pluma sobre gigantescos neumáticos; las placas formando un gran panel simétricos y uno cumpliendo el deseo de quedarse de pie mirando la coreografía y esos muros que rodeaban al almacénsony, uno quería quedarse en mitad de los muros como un gusano visto de una árbol para sacar una fotográfica y hacerse unos retratos con las líneas y las superficies tan regulares, y mejor si el cielo era azul, cosa que el corte y los bordes sobre el azul fueran perfectos, como clavarse desde un trampolín a una pileta azul en cámara lenta y con toda la velocidad ralentizada, dos días de caída, cayendo sin prisas y el splllaaassshhh.
También quería ser una especie de borde de muro, o ser las líneas recortadas sobre el cielo azul porque todo eso lucía fuera del mundo, una de esas cosas que uno espera encontrar en ciertos libros impresos en couché y, pensaba que era ya hace mucho que no miraba con atención o por más de diez segundos el mismo objeto, un mismo objeto.
Luego el tren o el vagón avanzaba pero era un autobús porque nos deteníamos a cada luz. Sentía recuerdos por mis paseos vespertinos en las alcantarillas y sobre todo por el calor y la gran ola que solía empujarnos por las escaleras hasta dejarnos mendigos en las calles. Uno de los talleristas tomaba el primer diario del puesto en váscones y lema, además buscábamos sitio para tomar un café aunque terminábamos la mayor parte de veces hablando solos y caminando en sentidos opuestos o yo, pienso, medito, más allá pues uno de ellos estaba retrasado unos barrios antes que el mío, y en el mío había mucho pochoclo y poco café,  y yo caminaba y el día era oscuro como los amaneceres en la playa cuando el agua está en todos lados y su ruido y la marea nueva, y entonces uno pesa más de lo normal, gravedad. Pero, ya de regreso pensaba de nuevo que caía por los escalones y quizás alguien debería levantarme, dije, pero, ya no estaba cerca, no más en ese día de mañana oscura y total como en la costa, ni en ese otro país lleno de calles y cables e iglesias hechas con concreto, altas como agujas, con gárgolas y ardillas, pero si estaba cayendo y nadie me levantaba y dije ¡que alivio o rabia que! mientras leía algo escrito en un muro, y por la velocidad y por eso de que iba cayendo no pude entender bien, y luego estuve en la planta baja junto al jardín de arena, varios hombres con cascos bajaban carretillas llenas con material y muros y varillas dobladas, todo lo amontonaban cerca de una puerta clausurada y ya era más de cuatro meses y ya debían terminar pero ya era navidad.

Luego caminaba junto y preguntaba cosas y pensé claro, como si no me conociera, soy AK, creo que eso era cierto, cada vez me acercaba bien y ponía su mano sobre su hombro; yo pensaba que sería ideal iniciar una especie de relación con algo más que nuestro enérgico dominio de temas y tópicos, y eso de all about the quinta dead, local héroes and their guns, the fabulous four sábado en calderón quizás algo que pase por te doy un quiño, devuélveme una patata, Ramiro cobra a quienes se rían en naútica y eso era nuevo, un invento, lo que al parecer respondían.
En realidad preguntaba cosas sobre mi vida y no pude sino sentirme extraño, pues la última vez que alguien me había hecho preguntas personales, y sobre esas cosas ocurrió, pensé, como hace diez años, en casa de natysanisidora. Entonces, quise creer que aún había personas para intentar conservar, mantener cerca para hablar cuando la memoria empezara a irse de cosas al parecer sin importancia. Eso me motivó durante los siguientes diez años, y, la verdad, cada mañana despertaba pensando cuándo fue que me preguntaron.
Luego sumarían veinte años y algo dentro se inflamaba y luego ya estaba yo pegado al techo, y desde allí disparaba algo que no era necesariamente una flecha recta, pero sí algo capaz de hacerme creer que todo iba a durar para siempre, sobre todo viviré por siempre en tricentenarios y eso también de al fin jeanpinmortal.
Entonces estaba junto y decía eso de mi vida y lo que recordaba de ella cuando era un efebo; y yo hablaba, y estaba en mis palabras y en lo que hacía en ella o de ella cuando era un efebo: vi que su cabeza se inclinaba como diciéndome que entendía todo, sentí ganas de que nunca llegáramos y luego desaparecimos del mapa y de roma, luego los autos hicieron chu-chú chu-chú o era que calentaban los motores o que llenaron el tanque con diésel de 95, u octanos menores a los ochenta y noventa y llegaban con minutos a su favor y por la calidad del aire comprimido. Todas las talleristas entraban en una fila corta, un hombre entregaba recibos con el nombre de la cooperativa que auspiciaba el uso de los transportes de color azul, muchos iban por la mitad de la acera con niños en la mano o con una o dos bolsas blancas de las que salían los tallos de un planta larga y blanca que remataba en algo verde y carnoso; algunas atadas por una banda de goma ancha de color rojo, y los semáforos, y nosotros y luego la calle inclinada, y nosotros levantando las manos antes de cruzar.

Yo no quería estar en ningún sitio y sin embargo estaba ya en mitad de cientos de personas que llevaban sus cochecitos de supermercadolafavorita y miraban como si dos cuerpos pintados con acrílico o vestidos con lonas de yute fueran pies descalzos o dos sobrinos del presidente parra, pero también éramos dos cuerpos y dos limones del tamaño de una pelota inflable y la cabeza saliendo entre la arena, o también dos gotas de agua que suspendidas en el aire parecían despreocupadas por caer o estallar, despreocupadas o ignaras.
Dos compositores, uno de NIN y otro de OQOTSA dijeron otra vez inmortal y saludé y la fila respondía inmortales y todo el galpón llenándose de líquido pues todos estallaron, y nosotros cerramos los ojos, AK y MB saben de las cosas que se deben evitar, y la boca y los dientes pero fue divertido, pues eran muchos gustos y uno cree que algo así solo puede tener gusto a un plato de electricidad pero también fue rápido, pasillos baldeados para las muestras de azúcar, pasillos para fórmulas de detergente, para almohadas y ortopedia, para pan, no punk, para legumbres, y todos, antes de mirarnos suspendidos solo que no lo notábamos.

Yo esperaba, y eso duró muchos días, luego alguien dijo que mejor me fuera a casa pues ya empezaba a ser muy raro que yo continuara tantos días dormido en mitad de aquel sitio, y estaba feo o hinchado o ambas. Esos días llegarían muchas personas durante muchos martes y era ilógico y bien seguro que yo los haría estallar como gotas de agua; refresco en mayo.

En realidad ya estaba fuera del galpón pero de todos modos seguí mirando y buscando entre los pasillos y debajo de las bolsas de fab total y de las cajas con arena, y un poco dije era de esperar porque cada vez que nos separábamos terminábamos separados y alejados y cerca en medio de la multitud. También le pedí a una de las personas que por favor me guardara el puesto y esa persona era mermarciano dijo no hay problema pero pensé que debía de ser un pepinillo o un rábano que acaba de perder su empleo y busca y se hace el fresco; los mermarcianos suelen ser más bajos y su barriga redonda y este señor era señora, y no la recordaba de los días en que el ocho estaba en el siete aunque acá siempre ha estado en el cuatro, eso es lo que dicen incluso al trepar a un auto amarillo lléveme al cuatro, antes doble y no me obligue, doble, en arcos y triunfo.
Luego estuvo la historia de la búsqueda, una suerte de lucha entre lo que está bien y aquello que se ha vuelto nocivo; ambos nos ahorcábamos y luego estuvimos tirados, el suelo frío como los muros de los almacenessony pero en el suelo uno ya no podía contrastarlos con un fondo azul así que ayúdame a girar el suelo para que quede frente al cielo azul como en el almacén sony, o sea, entre el cielo azul y nosotros de pie y luego las personas cayeron como en los filmes franceses decadalso, como hombrecillos azules y sin cabello o como soldaditos a los que se los ha desnudado y que al caer preguntan por sus fusiles y sus ropas y luego ya no nos ahorcábamos, mirábamos los ingredientes de las cosas que llevábamos puesto.

Un hombre preguntó si alguien quería que le preparasen o le enseñasen la receta del pan con canela; la gente tenía en sus manos unos tickets y en letras rojas se señalaba que era su turno. Yo miraba el gorro o boina del hombre, y sus manos llenas de huesos y dedos y las luces fuertes; muchas personas salían con bolsas blancas.

Un hombre manejaba los autos y los autos tenían detrás del volante a otros hombres y era raro porque siempre anunciaban en los noticieros eso de los robots ahora, los robots ayer y dije me parece que ya lo habrán anunciado ayer, pero no me animé y luego el hombre manejaba otros autos, demasiados en realidad, y giraban y se detenían con talleristas dentro porque ya era tarde.  Ese director me saludó y al hacerlo los autos dejaron de moverse; al bajar la mano los autos volvieron a eso de que estaban siendo manejados por control remoto. Luego el hombre o yo me estuvo o me estuve manejando hasta dejarme sentado en un escalón.

Ambos estuvimos pegados; luego el hombre de los autos nos separó y las espaldas se estiraban como esas máscaras en las películas de joaquínbond o creo que era una de las misión sunmag, la que dirigió bartolomépalma.
Luego estaba en el escalón y ya no vi para dónde o tomó.

Dijo eres un mentiroso. Y dijo otras cosas que parecía conocer muy bien.

Las espaldas se estiraban como las máscaras de goma en la película de los triple lima

1996
110 min.
PAÍS