4/9/14

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Bon pregunta, Ron
responde y luego
parece conocerme
bien
tuve otro accidente


En algún momento mientras rodaba por los escalones, recordaba el viaje y lo que pasaba detrás, del otro lado de las ventanillas, en las aceras. Todo era almacénsony y todos almacenes rodeados por un cerramiento mínimo y al mismo tiempo monumental. El concreto era en realidad planchas o bloques que formaban grises, altos y largos muros, perfectos, como si cada bloque fabricado imitara a una hoja gigante de bond. Imaginé la transportación y las grandes plataformas antes de mirar una grúa, la pluma sobre gigantescos neumáticos; las placas formando un gran panel simétricos y uno cumpliendo el deseo de quedarse de pie mirando la coreografía y esos muros que rodeaban al almacénsony, uno quería quedarse en mitad de los muros como un gusano visto de una árbol para sacar una fotográfica y hacerse unos retratos con las líneas y las superficies tan regulares, y mejor si el cielo era azul, cosa que el corte y los bordes sobre el azul fueran perfectos, como clavarse desde un trampolín a una pileta azul en cámara lenta y con toda la velocidad ralentizada, dos días de caída, cayendo sin prisas y el splllaaassshhh.
También quería ser una especie de borde de muro, o ser las líneas recortadas sobre el cielo azul porque todo eso lucía fuera del mundo, una de esas cosas que uno espera encontrar en ciertos libros impresos en couché y, pensaba que era ya hace mucho que no miraba con atención o por más de diez segundos el mismo objeto, un mismo objeto.
Luego el tren o el vagón avanzaba pero era un autobús porque nos deteníamos a cada luz. Sentía recuerdos por mis paseos vespertinos en las alcantarillas y sobre todo por el calor y la gran ola que solía empujarnos por las escaleras hasta dejarnos mendigos en las calles. Uno de los talleristas tomaba el primer diario del puesto en váscones y lema, además buscábamos sitio para tomar un café aunque terminábamos la mayor parte de veces hablando solos y caminando en sentidos opuestos o yo, pienso, medito, más allá pues uno de ellos estaba retrasado unos barrios antes que el mío, y en el mío había mucho pochoclo y poco café,  y yo caminaba y el día era oscuro como los amaneceres en la playa cuando el agua está en todos lados y su ruido y la marea nueva, y entonces uno pesa más de lo normal, gravedad. Pero, ya de regreso pensaba de nuevo que caía por los escalones y quizás alguien debería levantarme, dije, pero, ya no estaba cerca, no más en ese día de mañana oscura y total como en la costa, ni en ese otro país lleno de calles y cables e iglesias hechas con concreto, altas como agujas, con gárgolas y ardillas, pero si estaba cayendo y nadie me levantaba y dije ¡que alivio o rabia que! mientras leía algo escrito en un muro, y por la velocidad y por eso de que iba cayendo no pude entender bien, y luego estuve en la planta baja junto al jardín de arena, varios hombres con cascos bajaban carretillas llenas con material y muros y varillas dobladas, todo lo amontonaban cerca de una puerta clausurada y ya era más de cuatro meses y ya debían terminar pero ya era navidad.

Luego caminaba junto y preguntaba cosas y pensé claro, como si no me conociera, soy AK, creo que eso era cierto, cada vez me acercaba bien y ponía su mano sobre su hombro; yo pensaba que sería ideal iniciar una especie de relación con algo más que nuestro enérgico dominio de temas y tópicos, y eso de all about the quinta dead, local héroes and their guns, the fabulous four sábado en calderón quizás algo que pase por te doy un quiño, devuélveme una patata, Ramiro cobra a quienes se rían en naútica y eso era nuevo, un invento, lo que al parecer respondían.
En realidad preguntaba cosas sobre mi vida y no pude sino sentirme extraño, pues la última vez que alguien me había hecho preguntas personales, y sobre esas cosas ocurrió, pensé, como hace diez años, en casa de natysanisidora. Entonces, quise creer que aún había personas para intentar conservar, mantener cerca para hablar cuando la memoria empezara a irse de cosas al parecer sin importancia. Eso me motivó durante los siguientes diez años, y, la verdad, cada mañana despertaba pensando cuándo fue que me preguntaron.
Luego sumarían veinte años y algo dentro se inflamaba y luego ya estaba yo pegado al techo, y desde allí disparaba algo que no era necesariamente una flecha recta, pero sí algo capaz de hacerme creer que todo iba a durar para siempre, sobre todo viviré por siempre en tricentenarios y eso también de al fin jeanpinmortal.
Entonces estaba junto y decía eso de mi vida y lo que recordaba de ella cuando era un efebo; y yo hablaba, y estaba en mis palabras y en lo que hacía en ella o de ella cuando era un efebo: vi que su cabeza se inclinaba como diciéndome que entendía todo, sentí ganas de que nunca llegáramos y luego desaparecimos del mapa y de roma, luego los autos hicieron chu-chú chu-chú o era que calentaban los motores o que llenaron el tanque con diésel de 95, u octanos menores a los ochenta y noventa y llegaban con minutos a su favor y por la calidad del aire comprimido. Todas las talleristas entraban en una fila corta, un hombre entregaba recibos con el nombre de la cooperativa que auspiciaba el uso de los transportes de color azul, muchos iban por la mitad de la acera con niños en la mano o con una o dos bolsas blancas de las que salían los tallos de un planta larga y blanca que remataba en algo verde y carnoso; algunas atadas por una banda de goma ancha de color rojo, y los semáforos, y nosotros y luego la calle inclinada, y nosotros levantando las manos antes de cruzar.

Yo no quería estar en ningún sitio y sin embargo estaba ya en mitad de cientos de personas que llevaban sus cochecitos de supermercadolafavorita y miraban como si dos cuerpos pintados con acrílico o vestidos con lonas de yute fueran pies descalzos o dos sobrinos del presidente parra, pero también éramos dos cuerpos y dos limones del tamaño de una pelota inflable y la cabeza saliendo entre la arena, o también dos gotas de agua que suspendidas en el aire parecían despreocupadas por caer o estallar, despreocupadas o ignaras.
Dos compositores, uno de NIN y otro de OQOTSA dijeron otra vez inmortal y saludé y la fila respondía inmortales y todo el galpón llenándose de líquido pues todos estallaron, y nosotros cerramos los ojos, AK y MB saben de las cosas que se deben evitar, y la boca y los dientes pero fue divertido, pues eran muchos gustos y uno cree que algo así solo puede tener gusto a un plato de electricidad pero también fue rápido, pasillos baldeados para las muestras de azúcar, pasillos para fórmulas de detergente, para almohadas y ortopedia, para pan, no punk, para legumbres, y todos, antes de mirarnos suspendidos solo que no lo notábamos.

Yo esperaba, y eso duró muchos días, luego alguien dijo que mejor me fuera a casa pues ya empezaba a ser muy raro que yo continuara tantos días dormido en mitad de aquel sitio, y estaba feo o hinchado o ambas. Esos días llegarían muchas personas durante muchos martes y era ilógico y bien seguro que yo los haría estallar como gotas de agua; refresco en mayo.

En realidad ya estaba fuera del galpón pero de todos modos seguí mirando y buscando entre los pasillos y debajo de las bolsas de fab total y de las cajas con arena, y un poco dije era de esperar porque cada vez que nos separábamos terminábamos separados y alejados y cerca en medio de la multitud. También le pedí a una de las personas que por favor me guardara el puesto y esa persona era mermarciano dijo no hay problema pero pensé que debía de ser un pepinillo o un rábano que acaba de perder su empleo y busca y se hace el fresco; los mermarcianos suelen ser más bajos y su barriga redonda y este señor era señora, y no la recordaba de los días en que el ocho estaba en el siete aunque acá siempre ha estado en el cuatro, eso es lo que dicen incluso al trepar a un auto amarillo lléveme al cuatro, antes doble y no me obligue, doble, en arcos y triunfo.
Luego estuvo la historia de la búsqueda, una suerte de lucha entre lo que está bien y aquello que se ha vuelto nocivo; ambos nos ahorcábamos y luego estuvimos tirados, el suelo frío como los muros de los almacenessony pero en el suelo uno ya no podía contrastarlos con un fondo azul así que ayúdame a girar el suelo para que quede frente al cielo azul como en el almacén sony, o sea, entre el cielo azul y nosotros de pie y luego las personas cayeron como en los filmes franceses decadalso, como hombrecillos azules y sin cabello o como soldaditos a los que se los ha desnudado y que al caer preguntan por sus fusiles y sus ropas y luego ya no nos ahorcábamos, mirábamos los ingredientes de las cosas que llevábamos puesto.

Un hombre preguntó si alguien quería que le preparasen o le enseñasen la receta del pan con canela; la gente tenía en sus manos unos tickets y en letras rojas se señalaba que era su turno. Yo miraba el gorro o boina del hombre, y sus manos llenas de huesos y dedos y las luces fuertes; muchas personas salían con bolsas blancas.

Un hombre manejaba los autos y los autos tenían detrás del volante a otros hombres y era raro porque siempre anunciaban en los noticieros eso de los robots ahora, los robots ayer y dije me parece que ya lo habrán anunciado ayer, pero no me animé y luego el hombre manejaba otros autos, demasiados en realidad, y giraban y se detenían con talleristas dentro porque ya era tarde.  Ese director me saludó y al hacerlo los autos dejaron de moverse; al bajar la mano los autos volvieron a eso de que estaban siendo manejados por control remoto. Luego el hombre o yo me estuvo o me estuve manejando hasta dejarme sentado en un escalón.

Ambos estuvimos pegados; luego el hombre de los autos nos separó y las espaldas se estiraban como esas máscaras en las películas de joaquínbond o creo que era una de las misión sunmag, la que dirigió bartolomépalma.
Luego estaba en el escalón y ya no vi para dónde o tomó.

Dijo eres un mentiroso. Y dijo otras cosas que parecía conocer muy bien.

Las espaldas se estiraban como las máscaras de goma en la película de los triple lima

1996
110 min.
PAÍS

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Macdeep
y también viceversa
y tuve otro accidente

Eso de ser inmortal ya no me estaba gustando, nielflaco, pues intentaba caer y romperme algo pero solo lograba la inconsciencia momentánea y además pasaba noches enteras y triples girando en mitad de la cama.
Una de esas noches descubrí que quería dormir dentro del colchón, quizá entre los resortes templados o no lo sé, quizá con los brazos y las piernas abiertas y los anillos alrededor como el hombre de Vitrub así que hice eso de la equis sobre la cama, pero no fue suficiente así que sería buena idea llamar a Leonardo, para que me fabricase un cuchillo o un destornillador o un cuchinillador, cualquier cosa para abrir el colchón por la mitad como dos rebanadas de pan. De todas maneras quedaban horas para descansar suficiente pues ya eran varias las semanas en que poco a poco todos nos habíamos contagiado del insomnioazul, solo unos intuyendo corrieron del sitio apenas sintieron esa maldita presencia ya inevitable, ya total.
Recuerdo una tallerista, a quien le faltaban dos créditos para terminar con investigación, la cual sin decir mevoyalahouse dio vuelta y bajó los escalones cuando el sitio aullaba a la madrugada; al mirarla y tras llamar la unión entre el vaho y ella como una hoja atravesándonos, voces en mitad de un bosqueazul y eso fue como empujarla o como cubrirla por otro bosque o por un mar lleno de ídolos ciegos. De todas maneras no era la primera en salir del sitio, pero nosotros sí que estábamos siendo dominados a diario por la larga enfermedad y el tiempo era una burbuja. La enfermedad se presenta con síntomas de cansancio y brazos estirados y quizás se torna y se propaga en actitudes amenazantes que no pasan de ser juegos, empujones que parecen bromas y que definitivamente son más amenazantes que reales.
Lo extraño, la eficacia de la enfermedad radica en su duración; alguna vez escuché decir que las personas de cierto pueblo catalán sobrevivieron tres años sin dormir. Yo creía saber por contagio que la vida en los pueblos era algo similar a un retrato, un perfil oscuro matizado de días que carecen de un valor que no sea el de mantener a salvo el orgullo.
Sin saberlo íbamos por un camino similar, y varias veces nos encontrábamos unos encima de otros tomados de los hombros o intentando ahorcar a la otra persona usando su bufanda, una cola peluda y amarilla, usando las piernas como tijeras aceitadas y eficaces. Recuerdo varias veces en que al mirar al tumbado esperaba que no cayera nada, solo aquellas aguas largas y frías y filtradas pues no tenía otra energía ni siquiera la necesaria para defenderme o cubrirme, era un mamífero ciego y helado.
Sin embargo, siempre encontrábamos a talleristas inconscientes en medio de la mesa aunque, quizás otros se fabricaban técnicas para engañar a la enfermedad, aunque esto también era pensar con delirios o casi dormidos; buscar la diferencia entre dormir y delirar.

Nadie podía engañar a la enfermedad pero quizás lo más parecido fuera adelantarse a ella, esconderse en ella. Parece que la primera enferma fue una tallerista de los barrios cercanos aAmaguaña a quien le quedaban pocas materias. Otros dijeron que ella tuvo un pendiente en una institución de créditos donde realizó una investigación y eso matizado con despidos y cosas del archivo abiertas sin informe previo; algo respecto a porcentajes o balances, en todo caso algo no autorizado y quizás algo menos importante, algo tomado como pretexto, ocurre con practicantes que retrasan labores o la firma de registros, impuntualidad, sin embargo se la miraba llegar a deshoras, largaba con explicaciones que nadie había pedido pero también eran evidentes las faltas; semanas enteras y los hombres de corbata azul preguntaban como si no lo hubiera hecho ya antes, como si no fuera ya regla.
Llegamos a suponer que estaba por emprender una inversión de riesgo en machala, y que esa era su verdadera profesión-vocación, un poco manejar cosas y multiplicar cosas por aquí, un poco vender y revender chulco a mediana escala cerca de laarboleda y lascasas.
Varias tardes salimos a comer junto a talleristas de séptimo, pero era más lo que callaba y por un impulso, nuestra memoria romana, quizás decidimos que lo mejor era tratar de entenderla, entrar en eso que evitaba. Con el tiempo las cosas fueron menos esclarecedoras, o sea, poco había al parecer que descubrir, y dos años después su aspecto era siniestro y en verdad asistíamos a un deterioro: ella y nosotros y la gran habitación, quizás eso queríamos y lo que ella quería para sí y entenderlo fue hacer viceversa.

Tal vez coincidimos todos en varios asuntos al mismo tiempo, y quizás estuviéramos aferrados a otros sitios y esos sitios no podían salir de nuestra habitación porque eran la habitación.
La habitación fue adecuada para brindar los mejores servicios y apenas empezábamos a acostumbrarnos llegaban las cosas inaceptables y las desapariciones. Primero las cortinas que ya no nos protegían de los soles de mayo en 2012, lona verde y bien pesada que nadie explica aún, el pretexto fue cómo lavar y quizá se incendiaron bajo la plancha, consuelo. Luego el cambio de asientos, de lo individual a lo grupal; entonces tuvimos que realizar trabajos aunque casi siempre, esas sillas azules dobles lo permitieron, trabajaba quien ocupaba el lado derecho, y el otro, bien junto, realizaba un ejercicio de aplicación, una tesis, el primero comprobaba y el otro daba la vuelta a la página y también cientos de preguntas y tocaba un trabajo grupal, dos o tres parejas, dos personas podían aprobar mejor que una y al enfrentar las sillas la izquierda se volvía derecha y también vicerversa.

Luego estaban las desapariciones de los aparatos inalámbricos, portátiles, cables ópticos, cedes de arranque y lentes carlzeiss de proyección. Enumerado esto y de esta manera se constituye en documento infamemente histórico pero, visto como lo haría un tallerista en ese momento, resulta en otra lectura, resulta en burla. Los talleristas apenas nos estábamos acostumbrando a la idea de progreso, quizás si apenas habíamos añadido información, todos alumnos nuevos deslumbrados por las bondades del centro y, sin aviso un día todo roto y los cables colgando, una alegoría de quienes corren y quienes lo hacen en otra dirección. La única dirección, ¿alguna duda? El centro, nos habían advertido al inscribirnos, sería sitio para el esclarecimiento de premisas y para la práctica de diseños que podían no ser anticipados. Entonces nació la pregunta, y en ella, a veces, para alejar el insomnio nos concentrábamos, eldios había caminado un día junto a nosotros, había que recordarlo, eso tendría sus motivos.

La pregunta era sí acaso el gran sabotaje era una orden central.
Luego todos éramos posibles culpables y sospechosos, y pasábamos de ser saboteadores a ordenados delincuentes, y también de empleados públicos a traidores, como saltar de a a c y de b hacia cualquier lado y eso fue bien desgastante. De todos modos pensamos que las desapariciones podían ser resueltas a través del circuito cerrado de teve central, pero, eso de comprobar que algunos eran o éramos funcionarios encubiertos, necesitaba otra lógica.
Sin embargo en los pasillos siempre los talleristas hablando de medios y preguntando sobre trabajos a mitad del día, saldos por caducar o dineros o préstamos de una o dos horas de talleres, c-des para presentaciones orales, listas firmada y números del trabajo social, y si uno se ponía a sospechar infería motivos y varios modos de ser íntegro, real, sin serlo realmente.
Con el tiempo aprendí a decir que no trabajaba en nada y que tenía unos ahorros de los cinco años que viví en la embajada, Montevideo. Luego añadía, de modo atropellado, que si era posible nunca trabajaría en nada, y que me iba a dedicar a criar animales y a sembrar mi comida, con algo de tiempo para la producción artística y la toral contemplación.
De todos modos en ese tiempo ya cargábamos la enfermedad y nada quedaba en la memoria; era como vivir en medio de una nube que salía o la cual era el producto de la combustión en nuestros cráneos.

Es decir, quemar, y la nube y la enfermedad, es decir, este momento.

Mientras más preguntábamos más cosas inexplicables aparecían, pero, ahí éramos, y varios coincidíamos con los orígenes y con que algo había que hacer de las cosas. Luego un día intentamos contactar a la tallerista que alcanzó a abandonar, pero fue inútil y eso que todos manejaban bases extensas y bastante detalladas de datos nacionales; yo también había diseñado una sistema de datos, pero evidentemente ya llevaba otro nombre, y otro avatar; esas cosas impiden una comunicación fluida pero mi intención es aún la de salvaguardarme del insomnio, aunque, ya todo seguirá un circuito circular.
La tallerista podía darnos alguna luz, aunque, era probable que el no tenerla motivara su escape.
Luego estaba parado frente al gran orificio pensando cómo será eso de sentir los huesos rotos, ¿será como dormir? y en eso de mantener los ojos abiertos durante algunos minutos y luego, eso de la pérdida de la luz o también los años de vivir el orificio sin que nadie lo sepa ni nadie lo pregunte.
A un lado del gran orificio había paneles con botones push que no servían y que al apretarlos hacían un ruido como de resorte starrio. Muchos caminaban sin prisa pero tampoco con demasiada emoción pues yo estaba casi dentro del orificio, su sitio, con una pierna estirada como si fuera a probar por mí mismo qué tienen dentro los orificios de los sitios que unen los nueve pisos de izquierda a derecha; no hubo ten cuidado que puedes perder el equilibrio ni tampoco acércate, eso, un poco más y entonces me decía o me dije quien mejor que yo para hacerme perder el equilibrio pero ni caía ni me volvía hacia atrás, simplemente seguí en un centro o en equilibrio, como un paracaidista redondo.
Creo que apretaba los botones y nada ocurría y luego colocaba los dos pies en el suelo, entonces miraba a los escalones, y gritaba, y al primero en aparecer que si estaba de bajada, usara la vía rápida y mi mano le señalaba el orificio, ojalá decía, y yo tomar el agujero para tomar el tiempo como gaseosa y un poco para hacer algo distinto, últimamente todo es similar, el galón, la electricidad de las copias, las ventanas y el polvo, el insomnio que durará un año más, mínimo, cosas a las que estábamos o estaríamos volviendo, ya acostumbrados, y a las que vivíamos o viviríamos con cierto temor y cierta irresponsabilidad. Ya varias habitaciones semivacías era el resultado.

Eres un mentiroso durante algunas horas pero quizás fueron dos o diez minutos, pero también ningún sonido podía ni debía extenderse por tanto tiempo; eso de la acústica pero quizás debíamos estudiar algo con respecto a lo cuántico, doctorcastañeda, y, eso de las posibilidades de juntar trayectorias.
Eres unmentiroso y luego estaba en un escalón y luego eres unmentiroso y estaba con un marlboro, no sabía encenderlo y eres unmentiroso y pensaba en amaguaña y una caja con una galleta roja impresa en un cartón de trigo; quise comprar una chaqueta en llamas, y luego una piedra también en llamas.

Eres un mentiroso y viceversa y tuve otro accidente

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De a a c sin pasar por
b o como saltar y no
bajar sin que alguien
diga carajo aquí nadie
se mueve, pero pensé
que era salva y
onomatopeya

Luego di varias vueltas y hacerlo se parecía un poco a conducir un auto por la mitad de una autopista en línea recta, sin variaciones de velocidad y con las manos tomando con fuerza el volante, pero en línea recta, y eso quería decir que las vueltas o el circuito de la pista que era extremadamente amplio como para cuatro autos, no dejaba sentir el cambio de dirección o ligera inclinación al entrar en la curva, por demás y visto de adentro seguía siendo un circuito recto; ya no lo era y quizá el volante por momentos giraba, pesado. Entre todas esas vueltas, en mitad de ese gran circuito encontré muchos anuncios y semáforos recostados y todos encendían una luz amarilla y los carteles con los anuncios para la próxima venta en un edificio que apenas si levantaban, una escuela que llevaba un nombre como Kepler o konhs, algo alemán de hace mucho tiempo como Pzifer-erhart y en la publicidad un niño con una peluca de cabellos grises y bigote también gris, y el niño miraba hacia la cámara y sacaba la lengua, un lema acompañaba la foto y uno no estaba muy seguro de si esa era la forma de relacionar futuro con pasado, la ciencia con la dicha cultivada con triunfos, como si acaso pronto los niños fueran a clausurar la escuela por anticuada, ya el conocimiento una cosa inalámbrica para ser tomada y adherida a los hábitos racionales como en los capítulos del dibujito de renhook y quizás los niños sacarían la lengua como para subrayarnos las cosas que se nos escapaban, algo como Somos niños, cuando regreses te daremos tu cocol.
Por cierto que mientras daba giros encontré a muchos adictos al cocol y muchos autos en mitad y a un lado de la autopista, y parecían esperar que un camión abriera sus puertas, como era navidad ¿ya era? bueno, quizá en el camión, pronto para semana santa, seguro lleno con bolsas blancas con cocol, cocol en polvo, cocol en barra, cocol para beber, cocol para disolver con mulgatol y fruta picada, y cocol de alto rendimiento pero esas cosas debían hacerse en sitios alejados, frente a santodomingo pero ahí estaban y hacían fila y había orden presto a desbordarse hasta la E35, pero no esperé, el auto seguía derecho sobre los invisibles giros de la ruta, luego observé más carteles unos panorámicos de color verde, las letras plateadas que señalaban chimborazo, amaguaña, guayasamín, pifo y también impresos y brillantes los tiempos que podría tomar salir desde aquel punto hacia el sur, y uno tenía ganas de conocer todos esos sitios y uno estaba tras de un volante y las agujas marcaban el punto más alto, o sea cien o ciento diez y los árboles pasando por los cristales, rápidos, masas o sombras o como cortinas o como árboles arrancados al monte y como gigantes o molinos. Luego pensé y miré el mapa y el mapa decía usted está aquí en este momento y del otro lado si usted estuviera aquí en este momento ya habría llegado y debería pensar en quedarse.
Luego seguí derecho y pegado al parter en mitad de la pista, la línea amarilla me impedía y me avisaba en caso de desear el paso al carril contrario; esa línea era un bordillo de concreto pintado con un color acrílico y amarillo y era imposible que yo intentara tomar los otros carriles. Además venían autos en sentido contrario y no podía arriesgarme a romper la suspensión. Un auto bajo, la serie SX de los SJ.
En realidad giraba en el séptimo piso. Los carteles que encontraba eran rostros movidos o fotocopiados de otros talleristas que mostraban direcciones de futuros negocios y de pesadas inversiones; un poco caí en cuenta de que muchos se convirtían en pequeños empresarios de medio día, existían planes para levantar edificios, es decir alquilarlos, o para funcionar o fundar otras habitaciones, unas sillas y luego una pizarra blanca para eso de digan sus nombres, sus direcciones, sus planes, experiencias, sus vacíos, lagunas, queremos sentirnos bien y desarrollar un sistema de empatía, no duden en preguntar y en la visión ellos parecían estar de acuerdo y yo dije que alivio pero otras visiones más cortas me prevenían de riesgos pero quizás estaba en el insomnio. En el piso cuatro otro cartel mostraba un tiempo mejor, como en el evangelio donde la tierra produce cosas y las cosas cosechándose a sí mismas como si ellas se bajaran de las ramas para luego subir a las mesas y de allí a la porcelana, y así hasta llegar al sol; solo faltaba un anuncio de árboles de salchicha, sería tierno y cómico, un niño sembrando una salchicha descongelada, luego el niño en la misma viñeta arrodillado u orando en voz baja señor que por favor hayan más árboles salchicha para acabar con hambre mundial.
Un tallerista miraba todo el despropósito y no puede sino preguntar qué cosas no le parecían. Hablar o escucharlo fue un poco como asistir a una clase con uno de los hombres de corbata azul, en realidad como si él ya mereciera llevar una corbata azul; pero su posición era firme, trataba de demostrarlo sometiendo muchas veces sus propias ideas a otros criterios, también dijo que todo daba igual y no creo que su contradicción fuera imperdonable.
Nada da lo mismo y hay cosas con fines determinados y el fin es el propósito mismo. La moral empieza a los dieciocho años cuando se es ecuatoriano y los amigos lo someten gritando el nombre de uno, antes es gusano y espacio; recordé que debía lavar los platos, llevaban amontonados varios días. Quizás soñé con santiagodechile, recuerdo que alguien hablaba de gimnasios ambulantes, para volver a dormir me dije sin saberlo muchos son un gimnasio ambulante y luego estuve con las caras de los conocidos en santiagodechile, una especie de reunión de hombres con miradas largas como si estuvieran pegados al filo de la autopista contando autos, como si dentro fueran una línea: el horizonte plano y dibujado e inalcanzable; por lo demás bien normales, nada de vestidos estrambóticos y ellos y los talleristas que eran el mimso hablaban de ser necesarios, que los centros siempre dependerían de enseñar eso de la aptitud y eso de tener las cosas claras y contadas. Nuestra presencia en las habitaciones era celebración muda y durante tres años varios talleristas tomaron sus cosas, yo soñaba o estaba con eso de dormirme de repente, y sin un hasta nunca federicolacroixe se borraban. Al día siguiente nadie lo notaba pero en el receso nos conmovía un rumor.
Vocaciones difiere de vacaciones pero son horas de voacacionar. Tendríamos 23, 25; a veces creíamos meter justo cuando las papas quemaban. Creo que esa era la forma de aceitarnos, teníamos 23 o 25 y de espaldas lucíamos fuertes. Luego M.B desaparecía en medio de dos hombres de corbata azul, su cabello era una plancha; pero ya estábamos rogando que nos llevasen. Éramos los gimnasios y al salir deambularíamos como un reto. Procurábamos que de sus manos dependiera. Nuestras pesas parecían rodar, uno se entretenía y ya reíamos sin saber muy bien de qué. Buenas actividades, entretenidas, lúdicas.
Todo podía caber dentro de un vaso con tapa de cartón a dos push de dar lección.

Luego rodé muchísimo, al caer ya estaba sobre una de las sillas azules y la habitación olía a kfc; muchos huesos y una caja con manchas de aceite; y creo que se trataba de un cortejo y dieron una vuelta por la habitación, dije profesor hay huesos caminado en el suelo.
El profesor se enjugó una lágrima hoy están y mañana no se sabe, no lo olviden M I S E R A B L E S y luego dijo lo que se espera del centro y del diálogo público: actualizaciones que no llegaban; solo miraba a los huesos que seguían su marcha recta hasta la puerta y hacia el pasillo, y la gente hablaba de cosas únicas e imposibles como el diccionario dosmiltrece jijiji y los huesos y un rayo cayó en mis manos: van hacia el gran orificio. Hablaron de los deberes y las obligaciones como futuros hombres de corbata azul, y las leyes ancestrales y los boyscouts no quieren militares.
Estuve por correr pero una tallerista dijo que le gustaban los militares, y como esa tallerista era la madre de mis hijos le hablé, fue como con toda la habitación si no querías mirar pues dentro estan mis balas y una haría un par que nos llamaran mamáB y papáK también para envejecer y tomar sus sopas de acelga con monobom. No era M.B, y seguro en la noche puso aviso y yo era ese tipo: viste camiseta con la etiqueta hacia afuera como en perdidos en tokio, si desaparezco o me tomara horas conciliar el sueño es él.
Me dieron ganas de ser militar pero también pensé que ya lo era, revisé mis documentos pero ahí solo decía que era delatacunga, profesión: hace películas largas y aburridas, y recordé que hace tiempo debía pasar por unas retencione; dije que sería bueno ir a disparar en el desierto deriobamba a los cactus o a las rocas, luego llegar a casa y también quise pensar más cosas pero alguien con eso que debíamos meterle con todo al cuestionario. Estaban más de setecientas preguntas, la prueba en dos semanas, para mí esas dos semanas estaban en 2002, me dispuse a pasar de a a c sin pasar por b, luego faltaban dos horas para el examen y no había estudiado mucho. Mientras salí por un marlboro: que sería genial rodar mientras estudio y rodé unos escalones, creo caí sobre los hombros de alguien, estudiaba latín y prefijos y personajes históricos; también miraba el borde de una acera o quizás una calzada, colgado de cabeza pero faltaban dos cinco minutos para el examen de setecientas preguntas. Si uno piensa que dos semanas no son suficiente eso ocurre y quizá en menos, solo que uno hace el salto de fe y ya no importa quedar suspendido o como flotando, como tirado por una cuerda.

eresun mentiroso le daba condumio a los cuatro meses que faltaban antes de responder recostado en mitad de la autopista; eso ocurría en la pregunta trecientos, al entrar en la parte curva donde aún parecía un circuito recto. Pero eso, creo, fue época de bolsas blancas: un hombre con uniforme si queríamos que fueran a nuestra casa a hornear pan con canela. También había árboles plásticos sembrados frente al estacionamiento, en el monte. Pero luego eresun mentiroso.