30/8/14

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Se vende informes al

Hoy encuentro muy borracha a gente que generalmente suele estar bien borracha pero no tanto como ahora, hoy están todos pasados. Incluso sucedió que al abrir la puerta la persona luego la dejó así sin cerrar y del pasillo se coló un gusto absolutamente conocido, y entonces dije: diablos, alguien acaba de bañarse en una deliciosa tina llena hasta el tope con azul, y apenas si ha traído una toalla pues el pasillo empieza a marear.
Creo que estuve a punto de inventar que debía salir a buscar algo, y eso fue, y miré en mi maleta pero no había cargado mi copa larga y tampoco el vaso de cartón que se dobla para parecer un portavasos o una libreta de periodista. También pensé que la ansiedad de ya tener el cuerpo sobre el colchón estaba haciendo que mi olfato inventara cosas, pero luego observé que alguien en el pasillo se tambaleaba y al mismo tiempo se paraba sobre la punta de los pies y luego colocaba la cabeza que era como una esponja absolutamente mojada y la colocaba sobre el vidrio de la puerta, y pensé que más bien yo ya tenía el deber de felicitarme.

Creo que nadie notó lo que ocurría en el pasillo pero todo fue hecho con brevedad de modo que luego el sitio quedó desierto. Pasó que alguien colocó una mano sobre el hombro de aquel tipo, y luego con algo de presión o por un empujón bastante inesperado las cosas no terminaron en pedidos ni en eso de usted caballero métase en sus asuntos. Al parecer aquel tallerista, es decir, ambos eran viejos o casi importantes (camaradas) compañeros de clase, intentaba persuadirlo, y el otro no lo reconocía o definitivamente había empezado eso de la desaparición. Llevaba una chaqueta, chaqueta de una o dos tallas más grandes y el otro llevaba una barba de varios días que lo hacía lucir como el hombre que viaja en el metrobusparadaelejido a las diez de la mañana, aquel homeless de gafas oscuras que carga los olores de todos los hombres que duermen en la estación, eso, despierto antes de que los autobuses sean lavados con espuma y los chorros a presión, y a veces ese hombre me miraba y yo no quería pero terminaba sintiéndome su espejo, y eso era en laalameda o en elejido y cerraba con fuerza los ojos pero el hombre viajaba dentro por lo menos hasta lacolón. Sentí que mi obligación era impedir que se lo llevaran pero también dije que era hora de repetir y memorizar y ya con la materia reproducida del enciclopédicoocéano y ya dentro los talleristas conectaban el equipo para las siguientes dos horas, empezaron con eso de estrategias de dirección en escuelas con recursos cerrados de cinco cifras y cómo atender a los representantes de un alumno que asiste a clase los días en que la escuela está cerrada y casos para una evaluación distrital. Talleres para distraer y talleres afines a las prácticas de vinculación con la comunidad, eso durante el último semestre. Luego todos olvidaron las cosas y al finalizar la clase parecía un día más de marzo.
Supongo que muchos queríamos un puesto dentro de una institución fiscal pero dada nuestra avanzada edad ya no pensábamos puestos directivos y menos en ser parte de los grupos de intervención y de organización académica, pensar en esto nos deprimía pero igual manteníamos nuestras reservas y acaso no dejábamos de actuar de modo violento o inaccesible. Muchos tenían familias grandes, las cuales eran como una máquina fuera de borda con los manuales e instructivos perdidos en cajas que nunca llegaron, como cuando se trae electrónica del norte y para aligerar el bulto se dejan ciertas cosas en el aeropuerto. Yo por ejemplo tenía dos hijos, y todos los días esperaban que les explicara las cosas que descubrían y me entraban ganas de ser isabellacatólica para mandarlos unos años al océano luego de empeñar las joyas. Había listas llenas de tareas, tareas tanto en el centro como las que nunca terminaban en el hogar, y casi que estaba por renegar de todo y sobre todo de haber regresado al centro luego de diez años, empezaba mi mantra y repetía como besuño: convencido de la ciencia y sus bondades, convencido de la ciencia y sus bondades.
Muchos hombres de corbata azul elevaban sus voces como si fueran grandes gallos franceses subidos al árbol del despertador del martes y lo hacían para subrayar la importancia de nuestra actividad, y muchos incluso tenían tiempo y anécdota para hacer pública su adherencia o su respaldo a muchos (no demasiados ni a quienes merecían, quizás por antipatía o por un examen previo, no aprobado, de conocimientos generales de historia general de la sociedad andina y los hábitos en el siglo ilustrado) de nuestros talleristas, un ejercicio para motivar en el campo de proyectos relacionados con el lenguaje, el uso y la producción de nuevos escenarios. Se hablaba (el favorito de los hombres de corbata azul) de que Paver formaría parte de la nueva escritura, aquella que se estaba produciendo tras horas de lectura crítica, (comercial o publicidad para la técnica de ideas comparadas) por jóvenes que compartían pasiones, aquellos que entronizaban a Hugo Mayo y a JoanneRowling, los mismos que no soportaban a Carrión por su supuesto aplanamiento metageográfico, aquellos que pensaban en significantes que podían y debían ser reinterpretados, discípulos de Baudrillard y de la hiperlotería. Otro hombre de corbata azul pensaba que debíamos especializarnos en dirección estratégica hacia mejora de recursos decía como si no quisiera contárnoslo que ya era muy común que la función pública escogiera a talleristas que apenas si egresaban, ellos, decía, con su fortaleza de los sin partido, alegoría de la transformación histórica y su correspondiente axiología, además el puesto requerirá de jóvenes que cumplan y critiquen los requisitos propios del trabajo colegiado: prestancia, competencia, sabotaje, capacidad directiva, rapidez, vigilancia, ludismo, reformas de autor, capacidad de réplica, SEO de redes temporales. No faltaba quien aprovechaba las lisonjas y ya guardaba el rostro en el regazo de alguna tallerista, y en realidad la tallerista no prestaba verdadera atención, y ya preocupada de algo empezaba con eso L es lo mejor o J será rector junto a U y yo les doy mi aplauso, y eso me dejaba enfermo y al verme de ese modo se acercaba y colocaba su mano tibia en mi estómago y luego yo deseaba cosas que no entendía cómo pedirlas.

Yo me imaginaba, mientras todos esperaban que la clase diera inicio y antes de correr las cortinas, que quizás sería un buen mérito terminar con el centro y luego dedicarme a una especie de periodismo de investigación y divulgación, o eso de la crítica artística y la publicación de estudios basados en la teoría andina. No entendía muy bien eso de investigar pero creí que podría componer cosas a partir de hechos irrelevantes, y eso al mismo tiempo podría servirme o servir para encender un poco las ideas y esas cosas que últimamente parecían provenir del mismo sitio. Pensaba, debería divulgar cosas como las que guardan las alfombras entre sus pliegues, (lo que no llega a ser adecentado) y dije que sería genial hablar del polvo o de las partículas que estarían flotando alrededor de nosotros llenando la habitación, cosas que a veces solo se observaba bajo determinadas luces o sobre líneas que en realidad eran testimonios y reflejos que no eran fieles al objeto. Pero bien pronto me desanimé porque pensé que en estas revistas y en estos diarios donde trabajaban algunos artistas y académicos y también funcionarios, últimamente todo estaba entregado al comercio de datos y de información y sobre todo al recuento de tablas y cifras y la verificación de ecuaciones o de proyecciones, eso de la economía comparada y público desmotivado, las butacas vacías para las cosas del estómago.
Además, que medio y ya estaría en unos meses dispuesto a publicar acerca de un cable que cuelga de un poste, y sobre una pared en ruinas que se puede comer sin que mamá nos vea, o la nota sobre escombros de ascensores pero sobre todo me motivaba el título escogido para un primer texto Pared ed eed o El llano hace 500 arres.

Luego sentí pánico y el pánico es un punto en un lugar entre el corazón y la entrepierna.

Luego pensé que los chicos en las clases simuladas intentaban que yo diera media vuelta para luego ellos mirar la cancha por la ventana. Luego encontré que varios pares de ojos me recorrían como si yo fuera un pedazo de tarta de manzana brillante o como si fuera un sorbete que gira en la mitad de un jarro con miel y eso sobre una dorada y crujiente piel acompañado de fruit, o metido dentro de un vaso de gaseosa fruit roja.

Luego pensé que yo era una manzana y luego me comí a mí mismo, y luego tiré las cáscaras a las que apenas había chupado y los labios tenían un dejo de azúcar y alguien había dejado un pedazo de hoja en el sillón junto, y yo lo doblé para darle la forma de un pequeño basurero rectangular y allí puse la piel roja de la manzana, y un hombre molesto dijo que ese no era lugar para masticar y menos cuando está por empezar Carmen, laópera, fue un jueves, cerca de abril y como parte de los actos de aniversario, y luego dijo que dejáramos de hacerlo y volteé para mirarlo, y en verdad estaba molesto y más bien tomé lo que quedaba de piel y la puse en el pequeño basurero de papel, y se la pasé a la tallerista que tenía junto y dije toma, usa el basurero y callé pero mostrando rabia, y esperé que el hombre la levantara del cabello, pero estábamos en un salón rojo del centro y esas cosas ya no pasan, y el hombre se fue o ya estaba tras las cortinas, y todos parecíamos tenerle ganas, o era que se nos daba por ser cáscara de manzana.

Luego quise tomar un poco de leche y bajé rodando los trecientos cinco escalones, y luego fui dando saltos largos como ardilla o como liebre hacia el interior del galpón y en el galpón las puertas estaban cerradas, así que tuve que ir hacia una ferretería. Recuerdo que junto a la ferretería FerreteríaGatito había un letrero de sevende el negocio y también un almacén de calzado ofrecía varios pares a mitad de precio, pero en la ferretería me dijeron que no les quedaba ni leche entera, ni leche descremada ni leche sin lactosa ni la rica leche tibia de soya, y me dio ganas de llorar porque cómo iba a calentar mi garganta de ecuatoriano obrero ecuatoriano a las seis de la mañana en la mitad de laOfelia, y quizás era porque estaba por la diez de agosto.

¿Quéhacer?
Ya el vendedor atendía a una mujer y la mujer pedía un kilo de riñón y además media libra de clavos con punta de acero para colgar cuadros en los muros y esos clavos eran buenos porque entraban sin romper el enlucido.

Entonces dije que por favor me diera dos tarros de pintura blanca y al caminar alguien dijo que no debía beber eso pues eso era para pintar los muros, y además había un hombre al que acababan de conocer y del que se decían cosas y esas cosas había que escribirlas en los muros, y yo ya estaba con mi moneda de veinticinco y miraba la foto de una mujer en el tarro, y en la foto la mujer lavaba un pantalón, y estaba de espaldas, y el sol pegaba de lleno en su espalda y su espalda era como un pedazo de nube o como si nunca hubiera jugado baloncesto en el colegio, y era también de piel similar al papel bond pero eso no había en el tarro, solo lo imaginé, y ya en casa tomé un jarro de porcelana y coloqué la pintura y luego coloqué colacao y con la chocolatada en la mano me fui a ver una película sobre Stomp442 y luego me dormí y junto a mí estaba la mujer de la espalda, y su espalda era como papel bond y también dije que dejara de salir en los tarros de pintura, y ella dijo que yo era un imbécil.

También recuerdo que eresunmentiroso dijo que yo me había vuelto un mentiroso y que dejara de mirar las espaldas de mujeres porque en los tarros solo habían indicaciones de uso o en caso de ingerir hacer que

29/8/14

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Cam pan

El orificio nos miraba como si nosotros fuéramos los encargados o como si nosotros lleváramos la gran caja. La gran caja, pensamos, debía ser una cosa grande y pesada como un elefante y de un color similar pero brillante, suponíamos gris como el acero. Luego recordé los paseos en el galpón y en la sección herramientas para el hogar y entonces venía la imagen brillante de bols y de grandes cucharas como para servir la sopa y también los juegos de cuchillos y las sierras y otros con puntas redondas, y todo colgaba de unos paneles que simulaban los muros de una cocina de verdad. Alguien comentaba que ya debía traer a su familia para darles un paseo a través de los siete u ocho pisos del sitio, y creo que en realidad no lo dijo, solo lo pensaba, y creí que eso era fundamental, quedaba bien un paseo pues la guardería que abrieron cerca de los talleres dejaba un par de horas antes de volver a casa. Varias veces solíamos ir hacia los cursos básicos y eso para molestar a los talleristas que vestían su ropa para deportes. En el segundo piso y al ver un grupo numeroso de talleristas preguntábamos ¿a qué hora regreso por el niño? y yo llevaba colgado del brazo un paraguas y luego lo mostraba como diciendo es un demonio pero en el fondo buen muchacho y añadía que necesita lo entretengan pues los padres debían rendir examen de semántica, y luego un caballero, muy buen mozo, nos invitaba a salir pero mi esposito y yo corríamos a la mitad del salón y esposito, sí esposita, llovió, sí, llovió y sobre el piso nos movíamos y retorcíamos como gusanos y el paraguas hacía como un bebé, bebés los tres con zapatos limpios y camisas lavadas con mimosín y el babero Larousse porque ya sabíamos que eso sucedería, y entonces nos miraban con enormes ojos hasta que se volvían como enormes luces y decíamos juguete, hambre, teta, cama, juyo, medos, naahhh, mama, mamm, mama.

Era muy divertido llorar, y luego nos cargaban sobre sus piernas y parecíamos dibujos animados, y nuestros ojos eran pequeños como dos cortes, como dos rajitas o como dos botones de muñeco de felpa y sus brazos eran enormes y llenos de pelos, y en realidad parecía que descansábamos sobre una gran cama pero además se percibía en el aire una cosa dulce, una mezcla de aceite tibio con algo de coco y detergente ambiental de pino, y no podíamos desear más porque el día en el taller era agotador, pero bajar bajábamos a los cursos básicos, y a veces no había espacio y estaban llenos con hombres de corbata azul que enseñaban los asuntos de dirigir un salón para niños o efebos, y eso de las discusiones sobre sus padres y sobre aquellos que mientras terminaban la escuela.
Conclusión: no discutir con padres de familia. De ser necesario hacerlo a través de un comité.

Ser dibujo animado tenía sus ventajas, como por ejemplo estaba eso de la inmortalidad, y eso de tener muchos amigos y muchas amigas y muchos autos para viajar porque los dibujos animados casi no ocupan espacio, y siempre hay gente viajando sola hacia la ciudad en autos con los tanques llenos y con música moderna, y nosotros también teníamos tiempo para dormir en los brazos afrodaysimouse que vestía con ropa deportiva antes de subirnos en la parte de atrás de un auto rojo para pasar el fin de semana tomando el sol y eso ocurría en treinta minutos.

El orificio seguía ahí y cada tanto alguien se acercaba a olfatearlo o a conocerlo mejor y luego comprendí o quise creer que solo se trataba de dos orificios en la mitad del sitio, eso de juntar los nueve pisos; y luego me pareció que estaba hablando o examinaba las paredes de una nariz. El interior tenía una textura irregular a diferencia de los suelos ya tratados y que simulaban el paño de una mesa de billar. Se podía ver largos surcos o largas costuras que subiendo de la planta baja como si en el orificio las dos mitades del sitio resultaran de juntarlas o pegarlas como dos pedazos de cartón, como dos cajas alargadas, pegadas pero al apuro, el empate no resultaba perfecto o limpio. Además, ¿Qué era una figura de cartón totalmente recta o regular? ¿La continuación del galpón? Pensé que sería buena idea mover una de la mitades pero luego la gente empezó con eso de abrir las ventanas para salvarse en vuelos largos, salvación acompañada de un alarido como ah ah ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, y ¡diosnomuere!, o cosas semejantes, entonces dejé de mover las mitades pero era inútil y abajo los pequeños cuerpos se sacudían en el suelo con sus pequeños brazos adoloridos, brazos como pies de tandacuchi, y los miramos por la ventana pero también parecían grupos animados o gente que resume las cosas que han visto esos días en un círculo y usando un lenguaje gestual, como disfrutando del tiempo y del aire que frena la caída, pero en realidad observaban y pensaban cómo prestar ayuda, en las buenas y sobre todo en las malas y esas cosas son harto imposibles de hacerlas a la vez porque son cosas que uno debe venirlas repitiendo hasta que un día solo salen, nada de uno las piensa o qué sucede y cómo actuar si de repente un tallerista cae en la mitad del patio y a dos metros de tus pies. En realidad iba a ser lluvia de ¿Quién sos?
Luego mejor dejé de mover y sacudir el edificio y luego pensé que era mucho dibujo animado de seis de la mañana y supongo que nada pasó, o yo estaba obsesionado con eso de las fallas tectónicas o los versos y los encabalgamientos que no coincidían del todo con el motivo principal sobre todo entre lo parnasiano y el texto colectivo.

En las paredes se había escrito frases torpes como Anna amaa Miguel deUnammuno y no digan que ser y no ser es nacer porque yo elijo que no es un dilema pero desde hoy es mi lema o Miguel deberá tomarse las cosas con mucha más calma. También se repetían exe exe exe una debajo de otra y alineadas como número y para ser sumadas y entonces quedaba añadir un signo más y una línea y el resultado daba otras tres palabras exe, exe, exe que luego volvía a sumar y resultaba otras tres exe exe exe que separadas por la línea de resultado daba otras tres exe exe exe y frente a ese muro esperaba la entrada al salón principal donde se presentaba cada quince días programas para entender el arte y su relación con la historia y varios cuadros de sueños y simetrías que colgaban como verdaderas piezas o joyas y eso era por la iluminación de las dicroicas y generalmente los organizadores del evento llevaban trajes oscuros y las talleristas vestían con vestidos tan oscuros y tan cortos que uno pensaba que fue buena elección eso de tomar talleres, y luego también uno guardaba silencio y esperaba sin prisas que la exposición terminara, y una tallerista gritaba, en realidad levantaba una ceja indicando que quedaba una sola cereza de pastel y ella mismo llevaba una charola vacía en la mano y al despertar por suerte solo quedaban escritores y huelepedos, todos tomando de largas copas, y entre ellos siempre mi padre, el escritor, pero yo me ponía la capucha pero con la capucha me veía como el demente de LastActionHero pero ya era bien tarde, y mi hacha cortaba el aire y abría troncha y las cortinas ya no eran suaves, y luego decían esunimbécil pero yo estaba lejos y ya nada de volver.

Luego estuve buscando una de esas cabinas, y luego estuve dentro de mi maleta contando cuánta moneda quedaba y no había talleristas, había cinco filas y cinco hombres de uniforme blanco pero yo era muy torpe, y no podía manejar tantas cosas al mismo tiempo, en una mano sostenía el auricular y con la otra intentaba marcar el número, y con una tercera mano que no sabía si era mía o de algún guardia o del dibujo de las trece horas antes de veinteycuatro horas, la mano del reemplazo de tictocthompson para la función benéfica, contaba las rupias azules pero supongo que era uno de los hombres de corbata azul, y yo dije gracias y la mano hizo una señal afirmativa y ese lenguaje me pareció haberlo en el cine y la mano se asustaba y desaparecía como quien ha sido cachado infraganti y alcancé a decir mano tráeme un café y la mano hizo otra señal como si preguntara si lo quería cortado o expreso y yo dije que no importaba pero eso no ocurrió, pues, una cortina nos separaba. 

Varias veces escuché el sonido de interconexión pero nadie levantó el auricular del otro lado. 

Luego quedaba eso de escuchar eresunmentiroso y luego dije sí, A.K es un mentiroso pero no sabía cómo me llamaba y balbucí cosas como akate o ka dos o dosdeoese y eso era como mirar la cara de un hombre arrugado y también como escuchar una música para bailar bien pegadito y como desmayarse con una gran sonrisa frente al canal cuatro. Una teoría sobre el uso de términos para separar las cosas de los objetos ideales vino hacia mí pero yo no quería parecer inteligente y menos serlo solo para dejar de pensar eresunmentiroso.

Quise suponer y creer que eresunmentiroso debía volverse el pan de cada día, y nada mejor que probar el pan durante algunas horas todas seguidas. Cuando llegó, le tomó algo así como quince minutos a eresunmentiroso para demostrar que esos minutos equivalían a dos horas, eso de lo que no quiere irse. Con cuanta furia odiaba yo eso de aquí suceden cosas y esas cosas me motivaban una serie de direcciones y planos y lugares y me rompía las bolas y las uñas y los libros de la colección alianzacien pensando en las entradas y las salidas de esos campos contenidos dentro de otros campos, eso servía para olvidar y para andar como una bicicleta desarmada. Yo quise que eresunmentiroso fuera un propósito y una prueba para entender mejor si yo ya era un hombre capaz de dirigir clases en la educación formal, o acaso eso nunca sucedería, pero la acción de eresun era mucho más fuerte, sobre todo experimental. Apenas tuve tiempo para no ser atraído por su acción o eso campo capaz de volverme luz, o, hasta que llegara la desaparición del pulso y la putrefacción. De modo que luego fuimos encontrándonos como dos materiales nuevos, eres un y AK. Creo que fue mucho más eficiente, entendiendo la acción y la velocidad del movimiento de estos campos sometiendo el significado de eresunmentiroso y asociándolo con un olvido voluntario, corriendo entre la acción, el nacimiento y el choque. Otros intentaban expandir el perímetro resultante del choque, volverlo tres campos, y otros intentaban producir un campo negativo, resultado de colocar uno frente a otro pero en sentido opuesto, pero yo seguía en la histeria, una cuestión lingüística y budista, y pensaba debesserelmentiroso, y me refería a algo inmaculado y santo.

Pero, era un mentiroso porque eresunmentiroso decía que yo era un mentiroso.

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Permanente

Los escalones parecían hechos de otros pequeños escalones, y con mi inesperada pequeña dimensión o volumen apenas si estaba en la quinta grada de la cuarta grada. Tenía un ánimo del diablo, es decir, quería hacer cualquier torpeza para que mis manos se agarraran a sus hombros, y desde allí, manos y hombros viajáramos, camináramos, cualquier cosa con tal de no estar quietos; esa manía de querer ser parte de algo y la vez de creer que el mejor sitio para mirar las cosas es estando subido o trepadote, como escuché decir, sobre los hombros de una persona que baja sin detenerse a mirar ni a leer afiches o frases escritas en los muros. Para mí, eso de viajar en los hombros representa y equivale a ser una cabeza; por lo general dos cabezas no pasan desapercibidas, normalmente pienso por dos y siempre hay desmayados.

También esperaba que bajase. Estiré el cuello (una tortuga) para observar alto, altísimo y creo que eso ocurrió, y entonces spidermanIII dijo ¡do it marica! and I said ¡yeah peterpunk! y luego creo que golpeé mi frente, y luego creo que mis dientes rotos, los tendría dibujados en la frente, se doblaban de la risa sobre el suelo, y muchos de esos dientes no tenían ojos y yo pensaba por qué no me avisaron que estaba por tropezar y sus pequeñas bocas llenas de pequeños dientes estaban abiertas como cuevas, dentro, uno de los pequeños dientes, uno que no reía miraba a los otros como preocupado, ajeno a la juerga, eso hasta que entre todos pidieron que lo olvidara, el miércoles lo llevaremos a primera hora. El diente se mantuvo lejano, en sus cavilaciones, dentro de la boca pero lejos, en un sitio remoto, como si nada lo convenciera, mirando y también me miró a mí.

Recuerdo, si es que pasó, que sus hombros no eran tan firmes como lo esperaba. O quizás fue demasiado peso. Apenas estuve quince, quizás diez segundos y fue como los malabares sobre un alambre o sobre una rama, y recordé que en mi vida de pájaro solía picotear la mitad más oscura de los capulíes y luego los vecinos, unos chiquillos y unos efebos hacían lo mismo y también dejaban medios masticados los granos oscuros, y eso fue al volver de la escuela, y estaba en mi habitación jugando con mis fichas y los legos, y entonces una señora que llenaba unos pantalones azules entraba en mi habitación gritando, y se la veía molesta o asustada y empezaba con eso de que en el árbol colgaban unos locos desadaptados y efebos, canallas trepadotes que no mastican todo el grano, y me asomaba por la ventana y era como ver las primeras escenas de odiseadelespacio, todo brazos y gritos y ramas golpeándose y arqueándose en todas las direcciones, y ponía cara de quién soy yo y la mujer me miraba decepcionada, y sin decirlo decía usted debe cuidar el mundo, no es hijo del aire, o es que no llama AK, y todo eso me pareció exagerado, y yo seguía pensando en los monitos y los huesos para golpear y luego miré de nuevo por la ventana y al fin vi sus rostros, y eran deformes y llenos de granos, y masticaban y sus muecas eran de satisfacción, metían grandes puñados en la boca y parecían peligrosos, y luego de hincharse, por eso del trabajo bien hecho y eso de al final está la recompensa, quizá porque el árbol era bien alto, respiraban felices y también sus ojos ya estaban en otra parte; escupían las pepas sobre el jardín y sobre el rosal, y saltaban y uno ya no sabía hacia dónde mirar, quizás sus ojos perdidos ya estaban sobre mis primas, y sus amigas, y lo agradecí puesto que entonces aún no tenía familia, éramos SA y AK, luego vino VF y LN, y lo malo fue que el jardín terminó lleno de semillas y nadie las tragaba, y dentro de la semilla hay pistacho, y también lleno de fruta media masticada.

Bueno, algo así era lo que venía a mi mente cada vez que pensaba en árboles. Y al subir en sus hombros algo así ocurrió, pero no deseé ser más ágil o menos pesado, como el efebo, no, solo dije esto va a estar bien duro como la vez que tuve que romper Tilipulo golpeándolo como mil veces con la cabeza. Dentro de Tilipulo había una roca brillante y muy oscura, pero luego pasé varios días sobre la cama de un centro de salud, y las medicinas aún no eran gratuitas y los doctores me levantaban la camisa para auscultarme y eso era frío y olía a mulgatol. En el centro conocí las bondades de la química casera que luego entraba en mí a través de una jeringa. Luego leía algo, o antes de, por lo general era AnaCostas y luego alguien me retiraba la revista que se me había pegado al rostro, y luego yo estaba en medio de un salón oscuro, y varias, varias pantallas me mostraban los rostros de los otros internos y eran elefantes, y unas piscinas con agua rosa. Esto no sucedía en el taller y sin embargo teníamos una gran pantalla de un cristal blanco y a veces alguien escribía con un rotulador permanente, esos que no se pueden quitar, y luego alguien debía ir a buscar algodón y alcohol pero no mirábamos nuestros rostros en el pizarrón, y quizás eso era lo que nos faltaba.
Tilipulo hoy es un hotel y una galería de arte. 

Cada vez que el hombre de corbata azul hacía una pregunta nos preocupábamos por nuestras maletas, y luego entrábamos en ellas y no salíamos hasta el fin de la jornada y eso era también dentro de la ecovía. Poco a poco, pienso, algunos nos fuimos adecuando a ese interior y luego ya no quisimos más las luces ni el calor de las bombillas ahorradoras porque en cada maleta había paneles con botones que sí encendían, y a veces, sobre todo a las talleristas del valle, se les ocurría por llevar un termo especial que dotaba de calor al interior y uno estaba de regreso en el útero. En realidad prefería mi maleta pero varias veces estuve visitando las maletas y los interiores y los bolsillos y el polvo de otros, y en una ocasión tuve un romance con una peluca, sí, no extensiones. Sucedió en mayo, en la oscuridad del cuero y el forro de poliéster, se había perdido un panel con botones que sí encendían, y mientras lo buscaban yo también formaba parte de uno de los equipos de rescate, y me encontré con una peluca oscura que me preguntó si me gustaba su colonia; aproveché para tomarla y me hice fotos y luego me respondieron desantiago y la peluca tenía abundante pelo oscuro.
Ese día supe que me gustaba enredarme y tomarme fotos.
Lo gracioso fue que durante dos semanas fui de piso en piso, y de maleta en maleta y mis pies y eso, y ya anotaba todo en la libreta, y me daba por usar el flexómetro pero luego se perdió el flexómetro, y lo buscamos abriendo las maletas.

Por cierto, el hombre de corbata azul solía prestarnos la sala de reuniones y esos días llevábamos café instantáneo y la máquina de café era alta y brillante y aún tenía los sellos del almacén sukasa. Era una casa sobre una colina y detrás había otras colinas y muchos cerramientos de mil metros y hombres levantando columnas o remojando un pan en un vaso de cocacola. Yo la verdad desde hace mucho tiempo creo que había perdido el juicio claro o sensato e intentaba estar quieto y evité decir muchas estupideces puesto que empezaban a notar mi trastorno y mi proceder irresponsable de recién graduado. Por eso, quizás alguien se aventuró a hablar de la sociedad juliette y supe que eso también era estar dentro.
Yo sentía que no estaba muy conectado con los centros, y me refiero a nociones taxológicas y nemotécnicas pero tampoco es que las cosas fueran demasiado complejas. Sin embargo y tras varios años noté que apenas y lograba despuntar en alguna materia, y luego pensé que debía intentar especializarme, cosas como historia y desarrollo o análisis de estructuras comparadas. En algunos sitios empezaban a requerir ese tipo de profesionales, eso dijo el hombre de corbata azul, lo dijo sentado mientras nosotros transcribíamos unos epígrafes y eran ya demasiadas sus arengas, y alguien hizo un nudo con la corbata y luego quedaba mirar la viga, y esperar, o inclinarnos hacia cualquier lado. Luego observé un mapa de la ciudad, uno grande como una bandera y que ocupaba todo el muro. Decía Ciudad de la Línea. En otro muro colgaban retratos de hombres de corbata azul y debajo la fecha era de 1979-1983. Luego me inventé una historia sobre los orígenes de la corbata que llevaba los hombres del centro, todos, en todos los centros y sin excepción. Supuse, con algo de rabia, que nosotros jamás debíamos aspirar a ese tipo de compromiso. En otra foto muchos hombres y mujeres de corbata azul miraban a la cámara, lo hacían con grandes sonrisas y detrás de ellos otros hombres bailaban con otras mujeres y se veía mitades de rostros y rostros apoyados sobre los hombros de hombres, uno o dos tenían los ojos cerrados como embriagados o como buscando elevarse del suelo con el baile y la pareja. En mi historia contaba como centro o lugar de enunciación el año de 1983, y los antecedentes eran la cámara de representantes dividida en tres bloques. Terminaba con mi arenga personal: ¡Compañeros, al gobierno!
En el fondo me sentía como alguien que había hecho todo, pero en realidad todo era al revés.

Luego al bajar esperaba no encontrarme para no tener que recordar lo que ahora ya recordé y uno de los botones en ese orificio dónde colgaba un panel que no encendía tenía grabada la palabra Push. Los muros temblaban, y yo calculaba la posibilidad de lanzarme a los escalones, eso, y luego pensé que al rodar terminaría en la planta baja. Eso pudo o no suceder, pero también tomé el hombro de alguien, y lo hice porque alcancé, entre las vueltas y los montones sobre las carretillas, a reconocer un perfil, uno familiar y recortado como una hoja o como una sombra sobre un muro; y luego estuvimos mirando a los grupos y yo pedí alejarnos y era la excusa para no volver a los talleres y para evitar que nos reconocieran, y lo dije antes de que empezáramos a dirigirnos a cualquier lado y porque en realidad ya ellos nos vieron y acercarnos sin planes era como medio suicida, quedarnos o acercarnos era buscar más problemas, además del problema mayor que representaba escucharnos.

Luego rodé por los escalones como una pelota hacia el noveno piso y allí terminé dentro de un arco de fútbol cinco y en la camiseta alguien me había escrito eres un mentiroso.