Mi intención es desobedecer todo reglamento, ley, estructura o manual de instrucciones. Mi primera desobediencia será ir en contra de la naturaleza humana. En este momento son las diez de la noche, hora indicada e ideal para colocarse la pijama, lavarse los dientes y dormir sin ser molestado. Sin embargo, y en vista de mi nueva actitud, voy a desobedecer todas estas reglas que me impiden mantenerme despierto durante las horas en que los demás duermen. En primer lugar seguiré llevando la ropa con la que anduve el día.
4/2/13
el jinete triple o El Triple Jinete
El auto amarillo sale de una de las paredes del restorant de la esquina. Al cruzar la calle lo hace siguiendo a un automóvil blanco y una velocidad menor a los 5 o 10 kms por hora. El automóvil blanco pronto pierde velocidad delante de él hay una fila de otros autos que avanzan muy despacio. La reja del parque apenas permite observar al auto amarillo, las calco-manías y los sellos de las puertas son cubiertos por la reja metálica y más adelante por algunos arbustos. Se escuchan los motores de otros autos que dan la vuelta al parque, por ejemplo jeeps, automóviles para dos personas, una motocicleta. Entre los arbustos se distinguen automóviles y también el techo y la ventana izquierda del auto amarillo. Luego aparece otra vez el auto blanco que parece salir de entre los arbustos seguido de un auto rojo que y de la nariz del auto amarillo. Luego el auto blanco avanza al entrar a la primera esquina del parque seguido rápidamente por el auto rojo y el amarillo. Del otro lado de la calle varios autos dan retro antes de entrar a la fila que da vuelta al parque. El auto blanco el rojo y el amarillo avanzan antes de que los otros autos ingresen a la fila, las luces traseras de los autos se encienden. El auto amarillo entra en la siguiente esquina del parque siendo ocultado otra vez por los arbustos que se levantan dentro del parque. El auto amarillo se mantiene quieto mientras en el otro carril los autos que vienen en la misma dirección continúan avanzando. El auto amarillo detrás de los arbustos apenas avanza unos metros. Dentro del auto amarillo hay una sola persona de la que se observa una silueta que sugiere que su conductor es un hombre. El auto amarillo avanza varios metros delante de los arbustos y de un poste de luz y también detrás de varios autos estacionados alrededor de ese lado del parque. El auto amarillo entra en la siguiente esquina del parque detrás del auto rojo y esta vez no demora en cruzar frente a la puerta de la iglesia y delante de varios autos estacionados alrededor del parque. El auto amarillo se detiene al llegar a la esquina del parque, delante del auto cruzan varios automóviles que han salido de la esquina donde funciona el restorant. El semáforo recién ha cambiado a rojo pues la fila de autos que salen del restorant avanza hasta llegar a la mitad del parque. Dentro del auto amarillo hay un hombre adulto. Allí el tráfico se vuelve pesado y los autos que salen del restorante pierden velocidad. El auto amarillo avanza con precaución y sin acelerar y demora antes de ingresar en la fila del tráfico pesado. Luego la fila avanza lentamente, el auto amarillo es cubierto en parte por un poste de electricidad. La fila parece detenida aunque en el otro carril los autos avanzan de manera fluida. El auto amarillo entra a la zona de los arbustos seguido de un auto negro. Entre los arbustos se observan las luces rojas traseras de varios autos. Luego las luces avanzan entre ellas las del auto amarillo entre los arbustos y otro poste de la iluminación interior del parque. Del otro lado de la calle los autos continúan avanzando, se escuchan los motores y a una o dos personas que usan el claxon. El auto amarillo intenta avanzar unos metros y luego parece detenerse bruscamente. En el otro carril el tráfico avanza de manera fluida. El auto amarillo avanza hasta llegar a la esquina del parque, allí el auto gira detrás de una camioneta blanca. Delante del auto amarillo hay un poste eléctrico y una banca de madera. El auto amarillo avanza del otro lado de la reja del parque, en el otro carril hay dos autos que intentan retroceder al mismo tiempo. El auto amarillo cruza la esquina del parque a la misma velocidad que los autos que vienen por la calle principal que también bordea un lado del parque.
Un hombre abre la capota de un auto amarillo. El hombre que abre la capota del auto amarillo lleva sobre sus hombros una tela de color rojo como si fuera un capa pequeña. Al abrir la capota del auto el hombre se queda parado mirando sobre su hombro derecho. El hombre de la capa roja levanta la mano para cubrir su rostro de los rayos del sol. El hombre de la capa roja tiene uno de los pies delante del otro y la cadera inclinada como formando entre sus piernas y su tronco un ángulo. Un hombre pequeño se acerca al auto llevando en sus manos dos cables de distinto color. El hombre de la capa roja camina hacia la puerta del auto y el hombre pequeño observa el motor. El hombre de la capa roja toma la capa y la tira dentro del auto. El hombre de la capa lleva una chaqueta marrón de cierre y bolsillos a los lados. El hombre se acerca al motor por la parte delantera del auto. El hombre pequeño regresa con un aparato que parece una pistola en sus manos. El hombre pequeño tomas los cables, el hombre de la capa roja se levanta y camina hacia la puerta. Dentro del auto el hombre de la capa roja habla al hombre pequeño luego de sentarse y colocando la cabeza entre el auto y la puerta abierta. El hombre pequeño contesta sin levantarse del motor intentando levantar la mano pero sin hacerlo totalmente.
El hombre de la capa roja camina frente a algunos almacenes lleva jean, botas y chaqueta marrón. El rostro del hombre de la capa avanza frente a los almacenes sin prestarles atención y mirando siempre hacia adelante mientras las sombras de otras personas que caminan sobre la vereda cubren por momentos el rostro del hombre de la capa. Al llegar a una calle el hombre se detiene y mira con cuidado a ambos lados de la calle. Luego cruza la calle mientras una fila de autos espera la luz verde. El hombre de la capa antes de llegar a la vereda del frente repara en algo dentro de su zapato que lo hace buscar con la mano derecha debajo de su piel. La fila de autos continúa detenida y al fondo se observan a dos personas caminar sobre la vereda. El hombre de la capa levanta su cabeza y continua caminando. Del otro lado de la calle los almacenes están uno junto al otro, dentro de ellos hay equipos electrónicos en venta, joyería hippie, películas piratas, ropa y zapatos deportivos. El rostro del hombre de la capa continua avanzando sin prestar atención a los almacenes, mirando adelante y sin prestar atención a las sombras y a las siluetas que se cruzan frente al hombre ni a los almacenes que tiene de su lado izquierdo.
Una mujer que lleva el cabello atado en una cola observa sobre su hombro izquierdo hacia la calle.
El hombre de la capa roja camina observando los autos de lado antes de detenerse para cruzar la calle. Su rostro observa la dirección que siguen los autos y la parada de autobus del otro lado de la calle.
En la parada de autobus hay una sola persona esperando la llegada del bus, esa persona es una mujer que mira sobre su hombro izquierdo. Del otro lado de la calle se observa al hombre de la capa roja esperando que los autos dejen de moverse para cruzar hacia la parada. Los autos avanzan entre la mujer y el hombre de la capa que se ha dado la vuelta para observar una de las vitrinas de uno de los almacenes. El hombre entra al almacén y dirige unas palabras al dependiente. El hombre de la capa sale del almacén mira antes de cruzar y se acerca hacia la parada del autobus.
Al llegar a la parada el hombre de la capa saluda a la mujer que espera el autobus al mismo tiempo que sonríe como si ambos se conocieran.
La mujer responde el saludo. El hombre de la capa pregunta si aquella es la parada para el autobus a Bellavista, ella responde que así es, el hombre sonríe a Francisca y luego ella pregunta si es la primera vez que vas a tomar el autobus. Él responde que no, solo que su auto ha entrado a la mecánica. Ella responde que esas cosas pasan a veces, lo sé porque mis amigas manejan autos. El hombre de la capa observa con atención a la mujer mientras ella busca algo en su bolso. Mientras ella busca algo en su bolso él observa sobre su hombro derecho ya que está parado casi de frente a la mujer. La mujer saca su teléfono celular. El hombre pregunta cuál es su nombre y ella responde Francisca. Él dice Francisca, no quiero llegar a casa todavía, te gustaría acompañarme a dar una vuelta por el centro, quiero entrar a una tienda que recién han abierto. Ella lo mira con poco interés, él añade con voz trémula, será una hora, máximo hasta las cuatro.
Un autobus avanza mientras ella habla con alguien en su celular. Ella explica algo sobre su familia a la persona que está del otro lado de la línea. La otra persona parece comprender, Francisca explica que va a reponer las horas prestadas.
El hombre y Francisca avanzan sobre la vereda uno alado del otro. Hay varios autos estacionados sobre ese lado de la calle y varias personas que caminan en dirección contraria a la de la pareja, y también personas que siguen la misma dirección.
Un almacén de películas está abierto en la vereda por la que caminan él y ella. El almacén tiene una ventana y una entrada. Él y Francisca se detienen frente al almacén de videos piratas que tiene varias pantallas que reproducen películas recién estrenadas. Él y ella observan hacia el interior del almacén a través de la ventana. El toma el rostro de ella para darle un beso en la boca. Él explica, mientras tu observas yo voy por un par de helados. Ella da media vuelta para ingresar al almacén. Cuando ya está dentro del almacén el la busca y la llama, le pide que regrese. Ella regresa desde el interior del almacén y vuelve a besar a Francisca. Ella ingresa nuevamamente y él cruza hacia la heladería, entra en ella, mira los sabores, luego camina hacia la puerta y se para en ella mirando hacia el almacén de películas. Francisca sigue adentro, él observa hacia el almacén durante algunos segundos antes de salir de la heladería y caminar en dirección contraria sin nada en las manos y alejándose del almacén sobre la vereda del frente mientras el semáforo cambia de color.
Él está sentado en el asiento de atrás de un taxi. El conductor enciende la radio o coloca un disco con música instrumental que parece ser un tema folk o blues o casi flamenco. El hombre de la capa roja mira hacia la ventana, junto al taxi hay una o dos personas que caminan en la misma dirección o sentido contrario sobre la vereda y también autos estacionados. El taxi avanza por sobre una calle de un solo sentido entre casas altas de más de dos pisos que cubren el ángulo de vision del lado izquierdo, y de casas más bajas con jardines en el frente del lado derecho. El taxi avanza entre esas casas hasta llegar a un cruce entre la calle y una avenida más grande. Del otro lado la calle se conecta con una avenida de dos carriles con casas bajas de un lado y una pared alta del otro lado. En la avenida mas grande hay autos esperando la luz del semáforo. El taxi avanza cerca de la pared y cruza frente a una puerta amarilla y luego sobre un puente que termina sobre un rompevelocidades
El taxi de detiene ante un semáforo mientras un carro avanza desde la otra calle. A los lados de la calle hay casas con jardines en el frente y un edificio grande con parqueaderos alrededor. El hombre observa hacia adelante como si el fuera quien manejara el auto dirigiendo el rostro hacia las irregularidades de la calle. El taxi avanza entre unas casas de uno o dos pisos y un edificio con forma triangular, también alrededor hay pequeños negocios con publicidades pegadas sobre las ventanas y sobre la pared. Sobre la calle hay autos estacionados, el taxi avanza sobre otro rompevelocidades y avanza varios metros casi sobre la mitad de la calle bajando un poco la velocidad antes de ingresar en una curva amplia donde las rocas de la calle se convierten en asfalto negro. El taxi avanza mas despacio ya que además la calle tiene una pequeña inclinación. Hay autos estacionados y las construcciones alrededor de esa calle son bajas y de cerramientos amplios. El auto avanza hasta otra esquina en la cual gira a mano derecha.
El taxi ingresa en una calle inclinada para luego detenerse en la mitad de la curva. El hombre de la capa roja paga la carrera y observa el lugar donde acaban de detenerse sin bajarse del auto y también espera el cambio que el taxista da en varias monedas. El taxi está estacionado en la mitad de la curva y de la cuesta. El hombre de la capa sale del auto por la puerta izquierda. El hombre cruza hacia la vereda del frente hasta llegar a la puerta de la casa de Andrea. El hombre se detiene frente a la puerta mientras el taxi avanza dejando atrás al hombre que sigue de pie frente a la puerta. El hombre se queda parado mirándola como esperando que alguien salga o como si mientras la mirara descubriera que dentro existe algo que él había hace mucho tiempo perdido, sin animarse a golpear. El hombre está parado frente a la casa de espaldas a la calle. El hombre levanta la mano para llamar con el timbre. El hombre le habla al intercomunicador, dice ser un amigo de andrea que vivió en la casa de alado. La persona del otro lado le pide repetir la información, él explica que fue amigo de andrea cuando eran jóvenes solían hacer muchas cosas juntos. Luego la puerta se abre y el hombre pasa al interior de la casa.
Adentro sobre una mesa están sentadas dos mujeres. La una está sentada o casi recostada sobre la silla, es una mujer bastante adulta, la otra es una mujer que se sienta luego de que el hombre de la capa toma asiento. El hombre coloca las manos sobre la mesa y mira a la mujer casi de lado. El hombre pregunta por Andrea y la mujer responde que no la ha visto desde hace mucho tiempo, yo solía pasar mucho tiempo con ella dice el hombre y la mujer responde ella dijo que iría al Guayas, desde entonces no ha llamado. El observa la habitación las cosas de la cocina, usted me recuerda pregunta él, la muejr dice no recordarlo, yo viví hace muchos años en la casa de alado yo si la recuerdo a usted dice él. Tras pensarlo y sin mirarlo a los ojos ella pregunta Qué quiere? él responde usted solía ir a casa por la noche para llevar a Andrea de regreso, debes terminar tus tareas le decía a Andrea. La señora asiente con la cabeza y solo emite expresiones de aprobación. La mujer del otro lado de la mesa observa a ambos con atención y moviendo la boca como si fuera a hablar. El pregunta si a Andrea todavía le gusta escalar, la mujer responde que le gustaba pasar los fines de semana en el Cotopaxi, la montaña era su mayor vicio. Él responde que varias veces fueron juntos para intentar alcanzar la cumbre y que Andrea tenía el mejor estado físico del mundo, casi siempre el clima estaba en contra pero planificaron hacer una expedición apenas llegara el verano.
El hombre camina sobre una vereda. Su rostro parece ser el de alguien que acaba de recibir una mala noticia, mientras camina detrás de él se observa luces o almacenes desenfocados y también sombras de personas que caminan cerca de él o en la vereda contraria. También hay autos estacionados y personas paradas en las puertas de los almacenes. El hombre camina siempre con la mirada echada hacia adelante es decir no se fija a los lados más que cuando debe cruzar de una calle hacia otra, una persona cruza junto a él de manera que él tiene que hacerse hacia un lado para evitar a esa persona, al hacerlo se detiene durante quizás dos segundo sin mirar del todo hacia la persona con la que casi choca antes de volver a mirar al frente y continuar su caminata.
El taxi atraviesa por una avenida con un parter en el medio donde están sembrados árboles y arbustos. Del otro lado de la avenida, en el otro sentido hay autos que se desplazan a bajas y medianas velocidades, por ejemplo camionetas y otros taxis. De lado derecho hay personas que caminan sobre la vereda, no muchas, una o dos, al pasar una esquina se observa una parada de colectivo con una persona sentada esperando el bus, el taxi avanza a una velocidad media por el carril de la derecha mientras sobre el parter los árboles y las palmeras avanzan hacia atrás y las casas bajas de no mas de dos pisos algunas con jardines y otras con almacenes avanzan hacia atrás por cada lado del taxi. También una construcción detrás de un cerramiento grande aparece detrás de unas puertas muy altas y también una casa de color ladrillo. Estas construcciones se encuentran de lado derecho de la calle. Por el otro lado de la avenida hay varios autos que avanzan a velocidades bajas y otros estacionados dentro de las casas en garajes alrededor de los cuales hay jardines y arbustos pequeños. Por el lado izquierdo se puede observar un espacio abierto en cuyo centro funciona una gasolinera, el taxi avanza despacio pues delante hay un trafico que le obliga a bajar la velocidad.
Un auto cruza de una calle transversal hacia la avenida principal. Detrás del auto avanza un auto gris y otro auto que parece ser rojo. Al cambiar el semáforo a verde el taxi hace un giro hacia la derecha, en la vereda hay personas que llevan bolsas blancas en las manos, detrás de ellos hay un supermercado de paredes altas y blancas y con techo rojo. Delante del almacén hay autos estacionados. El taxi avanza despacio ya que hay autos delante y además el camino o la vía tiene algunos baches. Delante del taxi hay una camioneta y en la mitad de la avenida hay un parter en el que están sembrados árboles y arbustos. Del otro lado del parter hay autos estacionados y personas que parecen estar a punto de subir o que acaban de bajar de sus autos. El taxi avanza despacio y a detrás de su parabrisas también se ve casas de uno o dos pisos que en su mayoría tienen algún tipo de negocio funcionando en sus locales, negocios con puertas grandes y con personas entrando y saliendo de ellos y con autos estacionados frente a sus puertas, de lado derecho del parabrisas del taxi. El taxi por momentos cae en pequeños baches que sacuden la carrocería del taxi. Hay personas que se cruzan delante del taxi aprovechando su baja velocidad aunque al llegar al cruce con otra calle el tráfico se vuelve más fluido. El taxi avanza sobre la calle que cruza la avenida, de lado izquierdo hay un cerramiento dentro del cual hay unas columnas altas con maderas apiladas una encima de otra. El taxi avanza y de su lado izquierdo en el parter los arbustos parecen hacerse cada vez más chicos así como las casas del lado izquierdo que son de un piso de altura y parecen algo antiguas y descuidadas.
El taxi gira hacia la izquierda, del otro sentido de la calle viene un auto a baja velocidad, del lado derecho hay un cerramiento y detrás de este parece haber un parque , hay árboles y juegos para niños del otro lado del cerramiento. Hay autos estacionados de un lado de la calle y de lado derecho hay un edificio grande color rosas detrás de un cerramiento de malla metálica. El taxi avanza entre ambas construcciones sin detenerse sobre el suelo de piedra que provoca una ligera vibración sobre el auto, de fondo suena una canción instrumental aunque luego un cantante dice: fue el oro de la manta, ahora todo es un correr, esperar es como creer que en el agua me podrás ver. oro, tú y yo fuimos oro, tú en mi pecho yo en tus pies.
Al llegar a la esquina el taxi se detiene para dejar que cruce otro auto en la intersección. Luego el taxi avanza recto, de su lado derecho hay un parque con algunas bancas dentro, de lado derecho hay unas casas bajas y un edificio de departamentos. La calle tiene una pequeña inclinación. Al final de la calle hay un semáforo y otra avenida que cruza de izquierda a derecha. Del lado derecho del parabrisas se puede observar un monumento o estatua de un hombre sobre un caballo. El auto se detiene en la punta de la cuesta ante el semáforo con intenciones de girar a la izquierda. Dos autos cruzan frente al taxi, uno avanza recto el otro ingresa a la calle de la que sale el taxi. El semáforo cambia y el taxi gira hacia al izquierda, delante hay un edificio que parece ser un coliseo y un tribuna pública.
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El taxi avanza junto a unos árboles sembrados en la mitad de un parter. De lado derecho hay varias casas de un solo piso con pequeños negocios que funcionan tras puertas muy pequeñas como de una sola hoja. El taxi avanza hasta cruzar sobre un puente ancho delante del cual hay casas antiguas. Frente al taxi la avenida otra vez se inclina permitiendo ver un horizonte al final de una cuesta muy cercana desde la que salen algunos autos que frenan para cruzar un rompevelocidades antes de cruzar en dirección contraria al taxi. El taxi avanza con fuerza pero no rápidamente más bien esperando que del otro lado de la avenida el flujo de autos disminuya. Al llegar a un cruce al taxi se coloca del lado izquierdo para girar hacia otra avenida que cruza antes de terminar la cuesta del lado izquierdo de la avenida principal.
El mira en la televisión una película donde
Un hombre abre la capota de un auto amarillo. El hombre que abre la capota del auto amarillo lleva sobre sus hombros una tela de color rojo como si fuera un capa pequeña. Al abrir la capota del auto el hombre se queda parado mirando sobre su hombro derecho. El hombre de la capa roja levanta la mano para cubrir su rostro de los rayos del sol. El hombre de la capa roja tiene uno de los pies delante del otro y la cadera inclinada como formando entre sus piernas y su tronco un ángulo. Un hombre pequeño se acerca al auto llevando en sus manos dos cables de distinto color. El hombre de la capa roja camina hacia la puerta del auto y el hombre pequeño observa el motor. El hombre de la capa roja toma la capa y la tira dentro del auto. El hombre de la capa lleva una chaqueta marrón de cierre y bolsillos a los lados. El hombre se acerca al motor por la parte delantera del auto. El hombre pequeño regresa con un aparato que parece una pistola en sus manos. El hombre pequeño tomas los cables, el hombre de la capa roja se levanta y camina hacia la puerta. Dentro del auto el hombre de la capa roja habla al hombre pequeño luego de sentarse y colocando la cabeza entre el auto y la puerta abierta. El hombre pequeño contesta sin levantarse del motor intentando levantar la mano pero sin hacerlo totalmente.
El hombre de la capa roja camina frente a algunos almacenes lleva jean, botas y chaqueta marrón. El rostro del hombre de la capa avanza frente a los almacenes sin prestarles atención y mirando siempre hacia adelante mientras las sombras de otras personas que caminan sobre la vereda cubren por momentos el rostro del hombre de la capa. Al llegar a una calle el hombre se detiene y mira con cuidado a ambos lados de la calle. Luego cruza la calle mientras una fila de autos espera la luz verde. El hombre de la capa antes de llegar a la vereda del frente repara en algo dentro de su zapato que lo hace buscar con la mano derecha debajo de su piel. La fila de autos continúa detenida y al fondo se observan a dos personas caminar sobre la vereda. El hombre de la capa levanta su cabeza y continua caminando. Del otro lado de la calle los almacenes están uno junto al otro, dentro de ellos hay equipos electrónicos en venta, joyería hippie, películas piratas, ropa y zapatos deportivos. El rostro del hombre de la capa continua avanzando sin prestar atención a los almacenes, mirando adelante y sin prestar atención a las sombras y a las siluetas que se cruzan frente al hombre ni a los almacenes que tiene de su lado izquierdo.
Una mujer que lleva el cabello atado en una cola observa sobre su hombro izquierdo hacia la calle.
El hombre de la capa roja camina observando los autos de lado antes de detenerse para cruzar la calle. Su rostro observa la dirección que siguen los autos y la parada de autobus del otro lado de la calle.
En la parada de autobus hay una sola persona esperando la llegada del bus, esa persona es una mujer que mira sobre su hombro izquierdo. Del otro lado de la calle se observa al hombre de la capa roja esperando que los autos dejen de moverse para cruzar hacia la parada. Los autos avanzan entre la mujer y el hombre de la capa que se ha dado la vuelta para observar una de las vitrinas de uno de los almacenes. El hombre entra al almacén y dirige unas palabras al dependiente. El hombre de la capa sale del almacén mira antes de cruzar y se acerca hacia la parada del autobus.
Al llegar a la parada el hombre de la capa saluda a la mujer que espera el autobus al mismo tiempo que sonríe como si ambos se conocieran.
La mujer responde el saludo. El hombre de la capa pregunta si aquella es la parada para el autobus a Bellavista, ella responde que así es, el hombre sonríe a Francisca y luego ella pregunta si es la primera vez que vas a tomar el autobus. Él responde que no, solo que su auto ha entrado a la mecánica. Ella responde que esas cosas pasan a veces, lo sé porque mis amigas manejan autos. El hombre de la capa observa con atención a la mujer mientras ella busca algo en su bolso. Mientras ella busca algo en su bolso él observa sobre su hombro derecho ya que está parado casi de frente a la mujer. La mujer saca su teléfono celular. El hombre pregunta cuál es su nombre y ella responde Francisca. Él dice Francisca, no quiero llegar a casa todavía, te gustaría acompañarme a dar una vuelta por el centro, quiero entrar a una tienda que recién han abierto. Ella lo mira con poco interés, él añade con voz trémula, será una hora, máximo hasta las cuatro.
Un autobus avanza mientras ella habla con alguien en su celular. Ella explica algo sobre su familia a la persona que está del otro lado de la línea. La otra persona parece comprender, Francisca explica que va a reponer las horas prestadas.
El hombre y Francisca avanzan sobre la vereda uno alado del otro. Hay varios autos estacionados sobre ese lado de la calle y varias personas que caminan en dirección contraria a la de la pareja, y también personas que siguen la misma dirección.
Un almacén de películas está abierto en la vereda por la que caminan él y ella. El almacén tiene una ventana y una entrada. Él y Francisca se detienen frente al almacén de videos piratas que tiene varias pantallas que reproducen películas recién estrenadas. Él y ella observan hacia el interior del almacén a través de la ventana. El toma el rostro de ella para darle un beso en la boca. Él explica, mientras tu observas yo voy por un par de helados. Ella da media vuelta para ingresar al almacén. Cuando ya está dentro del almacén el la busca y la llama, le pide que regrese. Ella regresa desde el interior del almacén y vuelve a besar a Francisca. Ella ingresa nuevamamente y él cruza hacia la heladería, entra en ella, mira los sabores, luego camina hacia la puerta y se para en ella mirando hacia el almacén de películas. Francisca sigue adentro, él observa hacia el almacén durante algunos segundos antes de salir de la heladería y caminar en dirección contraria sin nada en las manos y alejándose del almacén sobre la vereda del frente mientras el semáforo cambia de color.
Él está sentado en el asiento de atrás de un taxi. El conductor enciende la radio o coloca un disco con música instrumental que parece ser un tema folk o blues o casi flamenco. El hombre de la capa roja mira hacia la ventana, junto al taxi hay una o dos personas que caminan en la misma dirección o sentido contrario sobre la vereda y también autos estacionados. El taxi avanza por sobre una calle de un solo sentido entre casas altas de más de dos pisos que cubren el ángulo de vision del lado izquierdo, y de casas más bajas con jardines en el frente del lado derecho. El taxi avanza entre esas casas hasta llegar a un cruce entre la calle y una avenida más grande. Del otro lado la calle se conecta con una avenida de dos carriles con casas bajas de un lado y una pared alta del otro lado. En la avenida mas grande hay autos esperando la luz del semáforo. El taxi avanza cerca de la pared y cruza frente a una puerta amarilla y luego sobre un puente que termina sobre un rompevelocidades
El taxi de detiene ante un semáforo mientras un carro avanza desde la otra calle. A los lados de la calle hay casas con jardines en el frente y un edificio grande con parqueaderos alrededor. El hombre observa hacia adelante como si el fuera quien manejara el auto dirigiendo el rostro hacia las irregularidades de la calle. El taxi avanza entre unas casas de uno o dos pisos y un edificio con forma triangular, también alrededor hay pequeños negocios con publicidades pegadas sobre las ventanas y sobre la pared. Sobre la calle hay autos estacionados, el taxi avanza sobre otro rompevelocidades y avanza varios metros casi sobre la mitad de la calle bajando un poco la velocidad antes de ingresar en una curva amplia donde las rocas de la calle se convierten en asfalto negro. El taxi avanza mas despacio ya que además la calle tiene una pequeña inclinación. Hay autos estacionados y las construcciones alrededor de esa calle son bajas y de cerramientos amplios. El auto avanza hasta otra esquina en la cual gira a mano derecha.
El taxi ingresa en una calle inclinada para luego detenerse en la mitad de la curva. El hombre de la capa roja paga la carrera y observa el lugar donde acaban de detenerse sin bajarse del auto y también espera el cambio que el taxista da en varias monedas. El taxi está estacionado en la mitad de la curva y de la cuesta. El hombre de la capa sale del auto por la puerta izquierda. El hombre cruza hacia la vereda del frente hasta llegar a la puerta de la casa de Andrea. El hombre se detiene frente a la puerta mientras el taxi avanza dejando atrás al hombre que sigue de pie frente a la puerta. El hombre se queda parado mirándola como esperando que alguien salga o como si mientras la mirara descubriera que dentro existe algo que él había hace mucho tiempo perdido, sin animarse a golpear. El hombre está parado frente a la casa de espaldas a la calle. El hombre levanta la mano para llamar con el timbre. El hombre le habla al intercomunicador, dice ser un amigo de andrea que vivió en la casa de alado. La persona del otro lado le pide repetir la información, él explica que fue amigo de andrea cuando eran jóvenes solían hacer muchas cosas juntos. Luego la puerta se abre y el hombre pasa al interior de la casa.
Adentro sobre una mesa están sentadas dos mujeres. La una está sentada o casi recostada sobre la silla, es una mujer bastante adulta, la otra es una mujer que se sienta luego de que el hombre de la capa toma asiento. El hombre coloca las manos sobre la mesa y mira a la mujer casi de lado. El hombre pregunta por Andrea y la mujer responde que no la ha visto desde hace mucho tiempo, yo solía pasar mucho tiempo con ella dice el hombre y la mujer responde ella dijo que iría al Guayas, desde entonces no ha llamado. El observa la habitación las cosas de la cocina, usted me recuerda pregunta él, la muejr dice no recordarlo, yo viví hace muchos años en la casa de alado yo si la recuerdo a usted dice él. Tras pensarlo y sin mirarlo a los ojos ella pregunta Qué quiere? él responde usted solía ir a casa por la noche para llevar a Andrea de regreso, debes terminar tus tareas le decía a Andrea. La señora asiente con la cabeza y solo emite expresiones de aprobación. La mujer del otro lado de la mesa observa a ambos con atención y moviendo la boca como si fuera a hablar. El pregunta si a Andrea todavía le gusta escalar, la mujer responde que le gustaba pasar los fines de semana en el Cotopaxi, la montaña era su mayor vicio. Él responde que varias veces fueron juntos para intentar alcanzar la cumbre y que Andrea tenía el mejor estado físico del mundo, casi siempre el clima estaba en contra pero planificaron hacer una expedición apenas llegara el verano.
El hombre camina sobre una vereda. Su rostro parece ser el de alguien que acaba de recibir una mala noticia, mientras camina detrás de él se observa luces o almacenes desenfocados y también sombras de personas que caminan cerca de él o en la vereda contraria. También hay autos estacionados y personas paradas en las puertas de los almacenes. El hombre camina siempre con la mirada echada hacia adelante es decir no se fija a los lados más que cuando debe cruzar de una calle hacia otra, una persona cruza junto a él de manera que él tiene que hacerse hacia un lado para evitar a esa persona, al hacerlo se detiene durante quizás dos segundo sin mirar del todo hacia la persona con la que casi choca antes de volver a mirar al frente y continuar su caminata.
El taxi atraviesa por una avenida con un parter en el medio donde están sembrados árboles y arbustos. Del otro lado de la avenida, en el otro sentido hay autos que se desplazan a bajas y medianas velocidades, por ejemplo camionetas y otros taxis. De lado derecho hay personas que caminan sobre la vereda, no muchas, una o dos, al pasar una esquina se observa una parada de colectivo con una persona sentada esperando el bus, el taxi avanza a una velocidad media por el carril de la derecha mientras sobre el parter los árboles y las palmeras avanzan hacia atrás y las casas bajas de no mas de dos pisos algunas con jardines y otras con almacenes avanzan hacia atrás por cada lado del taxi. También una construcción detrás de un cerramiento grande aparece detrás de unas puertas muy altas y también una casa de color ladrillo. Estas construcciones se encuentran de lado derecho de la calle. Por el otro lado de la avenida hay varios autos que avanzan a velocidades bajas y otros estacionados dentro de las casas en garajes alrededor de los cuales hay jardines y arbustos pequeños. Por el lado izquierdo se puede observar un espacio abierto en cuyo centro funciona una gasolinera, el taxi avanza despacio pues delante hay un trafico que le obliga a bajar la velocidad.
Un auto cruza de una calle transversal hacia la avenida principal. Detrás del auto avanza un auto gris y otro auto que parece ser rojo. Al cambiar el semáforo a verde el taxi hace un giro hacia la derecha, en la vereda hay personas que llevan bolsas blancas en las manos, detrás de ellos hay un supermercado de paredes altas y blancas y con techo rojo. Delante del almacén hay autos estacionados. El taxi avanza despacio ya que hay autos delante y además el camino o la vía tiene algunos baches. Delante del taxi hay una camioneta y en la mitad de la avenida hay un parter en el que están sembrados árboles y arbustos. Del otro lado del parter hay autos estacionados y personas que parecen estar a punto de subir o que acaban de bajar de sus autos. El taxi avanza despacio y a detrás de su parabrisas también se ve casas de uno o dos pisos que en su mayoría tienen algún tipo de negocio funcionando en sus locales, negocios con puertas grandes y con personas entrando y saliendo de ellos y con autos estacionados frente a sus puertas, de lado derecho del parabrisas del taxi. El taxi por momentos cae en pequeños baches que sacuden la carrocería del taxi. Hay personas que se cruzan delante del taxi aprovechando su baja velocidad aunque al llegar al cruce con otra calle el tráfico se vuelve más fluido. El taxi avanza sobre la calle que cruza la avenida, de lado izquierdo hay un cerramiento dentro del cual hay unas columnas altas con maderas apiladas una encima de otra. El taxi avanza y de su lado izquierdo en el parter los arbustos parecen hacerse cada vez más chicos así como las casas del lado izquierdo que son de un piso de altura y parecen algo antiguas y descuidadas.
El taxi gira hacia la izquierda, del otro sentido de la calle viene un auto a baja velocidad, del lado derecho hay un cerramiento y detrás de este parece haber un parque , hay árboles y juegos para niños del otro lado del cerramiento. Hay autos estacionados de un lado de la calle y de lado derecho hay un edificio grande color rosas detrás de un cerramiento de malla metálica. El taxi avanza entre ambas construcciones sin detenerse sobre el suelo de piedra que provoca una ligera vibración sobre el auto, de fondo suena una canción instrumental aunque luego un cantante dice: fue el oro de la manta, ahora todo es un correr, esperar es como creer que en el agua me podrás ver. oro, tú y yo fuimos oro, tú en mi pecho yo en tus pies.
Al llegar a la esquina el taxi se detiene para dejar que cruce otro auto en la intersección. Luego el taxi avanza recto, de su lado derecho hay un parque con algunas bancas dentro, de lado derecho hay unas casas bajas y un edificio de departamentos. La calle tiene una pequeña inclinación. Al final de la calle hay un semáforo y otra avenida que cruza de izquierda a derecha. Del lado derecho del parabrisas se puede observar un monumento o estatua de un hombre sobre un caballo. El auto se detiene en la punta de la cuesta ante el semáforo con intenciones de girar a la izquierda. Dos autos cruzan frente al taxi, uno avanza recto el otro ingresa a la calle de la que sale el taxi. El semáforo cambia y el taxi gira hacia al izquierda, delante hay un edificio que parece ser un coliseo y un tribuna pública.
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El taxi avanza junto a unos árboles sembrados en la mitad de un parter. De lado derecho hay varias casas de un solo piso con pequeños negocios que funcionan tras puertas muy pequeñas como de una sola hoja. El taxi avanza hasta cruzar sobre un puente ancho delante del cual hay casas antiguas. Frente al taxi la avenida otra vez se inclina permitiendo ver un horizonte al final de una cuesta muy cercana desde la que salen algunos autos que frenan para cruzar un rompevelocidades antes de cruzar en dirección contraria al taxi. El taxi avanza con fuerza pero no rápidamente más bien esperando que del otro lado de la avenida el flujo de autos disminuya. Al llegar a un cruce al taxi se coloca del lado izquierdo para girar hacia otra avenida que cruza antes de terminar la cuesta del lado izquierdo de la avenida principal.
El mira en la televisión una película donde
31/1/13
La portada tiene una mujer con avena en el cuerpo. El color de las hojuelas de avena es amarillo. Uno podría imaginar que esa mujer debería estar dentro de un vaso de cristal, pienso en la mujer y sus quejidos al ser bañada por la leche guardada dentro de un refrigerador y las hojuelas flotando sobre su cabeza. Eso pienso, que esa mujer que está sentada sobre sus rodillas en un espacio infinitamente blanco y con unas hojuelas de avena en su trasero bien podría estar dentro de un vaso de cristal al que luego lo llenaría con alguna bebida helada. La mujer tiene en la portada de la revista una actitud de figura de porcelana, es decir, si uno recorta la imagen o si uno la reconstruyera a través de el barro hasta convertirla en un objeto cerámico tendría por resultado una figura para colocar debajo de un cilindro transparente con una luz por debajo. La imagen podría descansar en la mitad de una mesa o en el medio de un reunión motivando a la unión mística de todos los seres y empresas y marcas que buscan un símbolo bajo la cual rezar con las manos juntas. Porque supongo que todos adoran las cosas extrañas, fuera de lo común o perfectas como esta mujer que esta llena de líneas curvas. Nada en ella es lineal, o recto, por más que busco no hallo esa geometría, todo es irregular empezando por su cabello y terminando en las plantas de los pies, Sólo las líneas del código de barras logran romper la monotonía. Hasta ahí la revista vende, es decir cumple su cometido de perder al espectador entre los pliegues de las historias de todos los hombres, un símbolo dotado de la fuerza suficiente para girar los volantes y no regresar nunca más a los suelos conocidos. Pero es acaso la función de una revista polemizar tanto con los hábitos e ilusiones de los hombres que apenas puedan leer y escribir?
del otro lado hay dos fotografías con publicidades de productos distintos. Nunca aprecié la publicidad a excepción de las fotografías en blanco y negro donde casi nunca prestaba atención a lo publicitado sino a los contraste y sobretodo a las sombras. En este caso es distinto pues el color ocupa el fondo donde cuatro deportistas posan con los brazos estirados como si fueran volar o despegar, en realidad no se entienden muy bien la publicidades aunque intente desarmarlas y es por eso que uno insiste en su existencia inútil. La marca es Puma y los deportistas una vez más intentan ser un monumento a la energía. Bien por ellos y por la fotografía del frente donde una dama está sentada dentro de un vestido de princesa y rodeada de pastelillos cubierto por canela en polvo. Los deportistas puma y la princesa hansel y gretel juntos forman la historia de los cuatro enanitos y la blanquita encantada. Lo importante es que la publicidad no haga daño, y que los involucrados sean recibidos en la mesa de cualquier hogar. La imagen cumple con eficiencia el propósito pero yo cansado corro a la siguiente página.
Mujer de avena de pie junto al índice. Una vez más lo irregular frente al orden impuesto por las letras y los números que impresos en rosado indican la información y los temas que llenan aquel número. Pasando por colaboradores, música, renault, todo el conjunto en un equilibrio de tonos pasteles. Del otro lado, en la página siguiente los empleados de la revista con sus correos y sus direcciones más el nombre de la editorial. Por un momento pienso que la mujer de la avena ha pasado por los refrigeradores de todo ese personal pero luego pienso que esa es una idea muy socialista y que este medio impreso tiene todo para llegar a rascar las nubes y la panza de dios. El número de la revista es el 115 y en letras oscuras y negrillas explica que es una revista sola para adultos. Ni modo, niños, tendrán que conformarse con encender la tv para mirar a la reportera del cuatro con sus escotes entrevistando a hombres de pelo cano. Aunque para esa hora deberían estar en la escuela mirando los pelos del lunar de su profesora de castellano. Por cierto lunar es un sustantivo al igual que pelos.
Siguientes dos páginas, colaboradores con fotografías de sus rostros en blanco y negro muchos jóvenes a los que no confiaría ni la alfombra del perro. Ahí caigo en cuenta que esta edición trae dos colaboradores menos que las ediciones anteriores. Hoy intentaré vender la revista al mismo precio que compré a alguno de mis compañeros de salón. Total aun está nueva pues tiene una noche fuera de casa. Repito estos colaboradores me dan todo menos buena espina, y sus biografías lo confirman. Uno de ellos un cantante con mas de cuatro millones de seguidores en twitter, es decir, hombre de letras e ideas frescas que no ha logrado destruir la vida tal como la conocemos. Otro un cronista con la misma novela publicada desde hace diez años, eso ya da iras habiendo tanto fantasma en la web. El que me preocupa es un periodista recién graduado al que su abuelo acaba de dejar de llamarlo torbellino. De torbellino a tormenta queda un paso, pero entonces el otro mundo del que todos hablan es el resultado del paso del periodismo recién graduado sobre él.
En la siguiente página carta de lectores. Querida revista, excelente fotografía, me han abierto los ojos, formen una secta, vistan a todos de blanco y lancémonos al vacío a esperar el mes nuevo. Foto de la revista anterior con otros cuerpos irregulares pero en tamaño pequeño. Algo y nada para entender a la revista que no sea a través de lo visual.
Siguiente página un editorial que trata el tema del sexo con fútbol y tenis de por medio. En la página del frente la foto de dos autos deportivos y de color rojo sobre una pista de karting con unos pinos o cipreses al fondo. La marca ya puede ser especulada, es el ferrari japonés. En la página anterior el sexólogo invita a su paciente a aceptar la contrapropuesta de una tenista, dejarse meter el mango de la raqueta por el orificio del culo. Yo he jugado tenis y puedo recordar que el mango de la spalding con la que jugaba era hexagonal, o quizás octagonal y algo recto debería entrar en lugares igualmente geométricos. Quien sabe que esas venas que tenemos atrás estiradas no sean más que un tejido geométrico que resulta acoplarse a cualquier figura regular. De todos modos recuerdo el mango de la spalding y a una rubia danesa mirando a través de un orificio hacia el otro lado de una puerta. Ahora, hay límites dentro del disfrute, lo que sale debe volver a entrar.
En la página siguiente Gaby Diaz con su carota anunciando el horario de uno de sus programas concursos. Una vez estuve loca por la Díaz pero otro día la conocí en persona y aún no le he dado una segunda oportunidad tras haberle gritado a uno de mis compañeros de piso. Resulta que ella con su cuerpote era tan apta para las noticias como para gritarle a los más débiles, débiles físicos y mentales, aunque al abrir los ojos una vez más pensé en de qué hablas Andrés, es la tv. Se mantiene fresca la Gaby aunque sus vestidos la hagan parecer una mujer casada y arrepentida viajada de la década de los cincuenta de uno de esos países yanquies. Es decir, me dan ganas de regresar a su casa que imagino con jardín y perro allá en los buenos países yanquies y decirle algo que sé que deberé inventar en cada nueva frase, es decir, la Gaby sabrá dudar de mi y por ellos deberé relatar mi historia del viaje en el tiempo y de sus vestidos con lentejuelas doradas que me recuerdan a un época donde el cine mexicano estaba lleno de estrellas de novelas y revistas para adultos. Se me viene a la cabeza la imagen de la misma suca pelo teñido con labios carnosos dentro de un restorante en medio de una carretera entre una ciudad azul y un cactus verde. Pero la Gaby sonríe mientras mi compañero la filma y entre ellos hay la música de un teléfono celular de fondo.
Del otro lado un mujer de nombre Mara Roldán sostiene sus traje de baño como si lo subiera o como si lo fuera a bajar. El traje es negro y el fondo azul y negro, un azul casi eléctrico pero eléctrico de compañía o fábrica a punto de estallar. Ella es rubia y según la información colombiana. Edición 115 dice en letras blancas sobre el muslo de la Roldan y pienso en ciclistas o lugares de reparación donde Roldán ocuparía una de las paredes no con honores sino con el fin de dar algo a los clientes que no sea el caucho y la grasa de las esquinas, algo que demuestre que el deporte es capaz de lograr que una mujer se aleje de las camisas y los trajes y sea capaz de utilizar ropas mínimas con orgullo pero sin sexualidad de por medio, porque el deporte es ante todo perfección como una bicicleta recién armada o reparada o pintada.
Las siguientes páginas tienen fotografías de ropa masculina, a dos páginas juntas, zapatos, casimires, camisas y corbatas para lucir fresco y joven para siempre, a lo james bond según explica el título de la publinota. El terno casimir es de color café con líneas de un café más claro que lo cruzan verticalmente. A simple vista se lo ve ligero y apto para estas ciudades donde el sol es el enemigo a combatir evitándolo bajo uno de estos trajes ligeros, casi como capa de superhéroe. Los zapatos ofertados son de lo más vulgares y recuerdan a unos que sin haberlos usado han envejecido hasta ser irreconocibles, quizás por la falta de luz solar o la mano de grasa necesaria cada tanto. La nota incluye precio al ojo intuyo que por 300 dólares uno puede buscar nuevos empleos o sorprender al inspector del mes que sabe que debe bajar de peso aunque eso no le quite el sueño.
del otro lado hay dos fotografías con publicidades de productos distintos. Nunca aprecié la publicidad a excepción de las fotografías en blanco y negro donde casi nunca prestaba atención a lo publicitado sino a los contraste y sobretodo a las sombras. En este caso es distinto pues el color ocupa el fondo donde cuatro deportistas posan con los brazos estirados como si fueran volar o despegar, en realidad no se entienden muy bien la publicidades aunque intente desarmarlas y es por eso que uno insiste en su existencia inútil. La marca es Puma y los deportistas una vez más intentan ser un monumento a la energía. Bien por ellos y por la fotografía del frente donde una dama está sentada dentro de un vestido de princesa y rodeada de pastelillos cubierto por canela en polvo. Los deportistas puma y la princesa hansel y gretel juntos forman la historia de los cuatro enanitos y la blanquita encantada. Lo importante es que la publicidad no haga daño, y que los involucrados sean recibidos en la mesa de cualquier hogar. La imagen cumple con eficiencia el propósito pero yo cansado corro a la siguiente página.
Mujer de avena de pie junto al índice. Una vez más lo irregular frente al orden impuesto por las letras y los números que impresos en rosado indican la información y los temas que llenan aquel número. Pasando por colaboradores, música, renault, todo el conjunto en un equilibrio de tonos pasteles. Del otro lado, en la página siguiente los empleados de la revista con sus correos y sus direcciones más el nombre de la editorial. Por un momento pienso que la mujer de la avena ha pasado por los refrigeradores de todo ese personal pero luego pienso que esa es una idea muy socialista y que este medio impreso tiene todo para llegar a rascar las nubes y la panza de dios. El número de la revista es el 115 y en letras oscuras y negrillas explica que es una revista sola para adultos. Ni modo, niños, tendrán que conformarse con encender la tv para mirar a la reportera del cuatro con sus escotes entrevistando a hombres de pelo cano. Aunque para esa hora deberían estar en la escuela mirando los pelos del lunar de su profesora de castellano. Por cierto lunar es un sustantivo al igual que pelos.
Siguientes dos páginas, colaboradores con fotografías de sus rostros en blanco y negro muchos jóvenes a los que no confiaría ni la alfombra del perro. Ahí caigo en cuenta que esta edición trae dos colaboradores menos que las ediciones anteriores. Hoy intentaré vender la revista al mismo precio que compré a alguno de mis compañeros de salón. Total aun está nueva pues tiene una noche fuera de casa. Repito estos colaboradores me dan todo menos buena espina, y sus biografías lo confirman. Uno de ellos un cantante con mas de cuatro millones de seguidores en twitter, es decir, hombre de letras e ideas frescas que no ha logrado destruir la vida tal como la conocemos. Otro un cronista con la misma novela publicada desde hace diez años, eso ya da iras habiendo tanto fantasma en la web. El que me preocupa es un periodista recién graduado al que su abuelo acaba de dejar de llamarlo torbellino. De torbellino a tormenta queda un paso, pero entonces el otro mundo del que todos hablan es el resultado del paso del periodismo recién graduado sobre él.
En la siguiente página carta de lectores. Querida revista, excelente fotografía, me han abierto los ojos, formen una secta, vistan a todos de blanco y lancémonos al vacío a esperar el mes nuevo. Foto de la revista anterior con otros cuerpos irregulares pero en tamaño pequeño. Algo y nada para entender a la revista que no sea a través de lo visual.
Siguiente página un editorial que trata el tema del sexo con fútbol y tenis de por medio. En la página del frente la foto de dos autos deportivos y de color rojo sobre una pista de karting con unos pinos o cipreses al fondo. La marca ya puede ser especulada, es el ferrari japonés. En la página anterior el sexólogo invita a su paciente a aceptar la contrapropuesta de una tenista, dejarse meter el mango de la raqueta por el orificio del culo. Yo he jugado tenis y puedo recordar que el mango de la spalding con la que jugaba era hexagonal, o quizás octagonal y algo recto debería entrar en lugares igualmente geométricos. Quien sabe que esas venas que tenemos atrás estiradas no sean más que un tejido geométrico que resulta acoplarse a cualquier figura regular. De todos modos recuerdo el mango de la spalding y a una rubia danesa mirando a través de un orificio hacia el otro lado de una puerta. Ahora, hay límites dentro del disfrute, lo que sale debe volver a entrar.
En la página siguiente Gaby Diaz con su carota anunciando el horario de uno de sus programas concursos. Una vez estuve loca por la Díaz pero otro día la conocí en persona y aún no le he dado una segunda oportunidad tras haberle gritado a uno de mis compañeros de piso. Resulta que ella con su cuerpote era tan apta para las noticias como para gritarle a los más débiles, débiles físicos y mentales, aunque al abrir los ojos una vez más pensé en de qué hablas Andrés, es la tv. Se mantiene fresca la Gaby aunque sus vestidos la hagan parecer una mujer casada y arrepentida viajada de la década de los cincuenta de uno de esos países yanquies. Es decir, me dan ganas de regresar a su casa que imagino con jardín y perro allá en los buenos países yanquies y decirle algo que sé que deberé inventar en cada nueva frase, es decir, la Gaby sabrá dudar de mi y por ellos deberé relatar mi historia del viaje en el tiempo y de sus vestidos con lentejuelas doradas que me recuerdan a un época donde el cine mexicano estaba lleno de estrellas de novelas y revistas para adultos. Se me viene a la cabeza la imagen de la misma suca pelo teñido con labios carnosos dentro de un restorante en medio de una carretera entre una ciudad azul y un cactus verde. Pero la Gaby sonríe mientras mi compañero la filma y entre ellos hay la música de un teléfono celular de fondo.
Del otro lado un mujer de nombre Mara Roldán sostiene sus traje de baño como si lo subiera o como si lo fuera a bajar. El traje es negro y el fondo azul y negro, un azul casi eléctrico pero eléctrico de compañía o fábrica a punto de estallar. Ella es rubia y según la información colombiana. Edición 115 dice en letras blancas sobre el muslo de la Roldan y pienso en ciclistas o lugares de reparación donde Roldán ocuparía una de las paredes no con honores sino con el fin de dar algo a los clientes que no sea el caucho y la grasa de las esquinas, algo que demuestre que el deporte es capaz de lograr que una mujer se aleje de las camisas y los trajes y sea capaz de utilizar ropas mínimas con orgullo pero sin sexualidad de por medio, porque el deporte es ante todo perfección como una bicicleta recién armada o reparada o pintada.
Las siguientes páginas tienen fotografías de ropa masculina, a dos páginas juntas, zapatos, casimires, camisas y corbatas para lucir fresco y joven para siempre, a lo james bond según explica el título de la publinota. El terno casimir es de color café con líneas de un café más claro que lo cruzan verticalmente. A simple vista se lo ve ligero y apto para estas ciudades donde el sol es el enemigo a combatir evitándolo bajo uno de estos trajes ligeros, casi como capa de superhéroe. Los zapatos ofertados son de lo más vulgares y recuerdan a unos que sin haberlos usado han envejecido hasta ser irreconocibles, quizás por la falta de luz solar o la mano de grasa necesaria cada tanto. La nota incluye precio al ojo intuyo que por 300 dólares uno puede buscar nuevos empleos o sorprender al inspector del mes que sabe que debe bajar de peso aunque eso no le quite el sueño.
30/1/13
Velocidades sospechosas
Sobre la mesa quedaban los restos de un cena de cartón. Amo las cenas de cartón y mucho más cuando llegan dentro de bolsas largas de papel. Guardo las bolsas de todas mis cenas de cartón en el mueble, debajo del aparato de reproducción. Hoy la cena consistió en pan de centeno, dos rodajas de queso amarillo, una cucharada de mantequilla y pollo a la plancha. La bebida negra combina con cualquier carne. a esta hora mi cuerpo está sentado junto a una estrella a la que no he preguntado su nombre. También la música ha sido como un colchón, aún sostiene mis respiraciones mientras las cuerdas señalan la entrada de los invitados menores, es decir, cada tanto las cuerdas más pequeñas se turnan para llevar mis exhalaciones hacia un lugar parecido al actual aunque con sus ligeras variaciones. Miro la bolsa de cartón y pienso en dibujos. Sin embargo mis dedos pulsan sin orden como ejercitándose el teclado de la máquina. Hay una diferencia entre dibujar y ordenar palabras, me resulta más sencillo doblar la bolsa y guardarla hasta olvidarme de ella.
Una vez más pienso en el contenido de los cajones, hay tanta memoria que necesito un nuevo procesador a fin de que nunca llegue el día en que haya perdido una sola experiencia. De otro habré vivido con la historia viva esperando a que la siente junto al sol. Al mirar la cantidad de datos siento una alegría que me supera y entonces el resto es electricidad. No de esa que suena en las radios, sino, el origen de lo oscuro. Lo oculto convive entre los pliegues de los edificios. La mirada llega hasta esos lugares matemáticos que multiplicados resultan en un tablero cúbico. La mirada cansada de ecuaciones evita el lente.
Debajo de la mesa las cajas llenas de películas cada vez parecen enredarse un poco más hasta perder sus primeras alturas. Habría que lanzar una moneda para decidir entre el cine y un programa en vivo y sin libreto. También hay un jarro de porcelana prestado por una mujer de carne y hueso y quizás hecho con polvo de fémur. Es una taza con líneas marrones. Sobre la mesa la mujer de la revista me mira y al mismo tiempo me invita. Yo no quiero recibir invitaciones nunca más pues cada vez tengo menos tiempo. Una vez que uno pierde el control de tiempo debe hacerse de inmediato una limpia con sangre y estómago cortado de burro. Yo estuve cerca de beber una infusión en el oriente pero cinco minutos antes de medianoche pedí me regresaran a casa. Aún duermo en la misma cama.
Las revistas han sido un sitio seguro. Entre sus páginas es posible olvidar que uno respira. Hay todo tipo de artículos, desde los de autos que nunca me gustaron hasta los de trabajos insólitos. Insólitos para gente que aún vive en casa de sus padres, o con su esposa o al cuidado de un entenado. Lo mejor de las revistas siempre ha sido el índice. También las publicidades con fotografías en blanco y negro. Tengo muchos familiares que optaron por trabajar vistiendo uniformes de bomberos, de guardaparques o profesores de secundaria. Michelle examina los autos de aquellos turistas al ingreso al volcán. Una vez encontró dinamita. El reporte indicaba que un loco tenía pensado volar el volcán. Él volcán me lo pidió había dicho el pobre chiflado. Yo estuve de acuerdo con volar cualquier cosa que no sea el volcán. El volcán es indestructible.
Siempre llevo un revista a la mano. Una vez me dio por llevar un edición antigua de la revista sueca. En clases todos creen conocer a todos de modo que abren y cierran maletas como en un supermercado. Antonio tenía la sueca en las manos. Reía como un crío, es decir, tenía los cachetes redondos y rojos como dos manzanas. El profesor de técnicas miraba como si las mujeres fueran un objeto al que se debe guardar dentro de una caja encargada vaya él a saber a que hijo o sobrino lejano. Quizás tenía razón en eso de guardarlas y más si tenían toda la carne dada vuelta. Por qué traes eso, tú no respetas a las compañeras dije mientras Elena gritaba deberías tener verguenza mientras el rumor de las demás se volvía el mar que toda fotografía pornográfica levanta. Subido en las tablas de mis compañeras sobreviví al tsunami. Tonto de Toño, me caía bien hasta que abrió mi maleta.
24/1/13
baarro
Hebert toca el piano durante toda la noche. Al despertar la noche ha llegado de nuevo. Los movimientos de Hebert se vuelven lentos y torpes, al girar la cuchara dentro de la porcelana el agua caliente cae al suelo y sobre sus pies descalzos. El ruido del negocio cercano llega hasta la puerta y puede oírse hasta la mitad de la sala, del otro lado los murmullos de muchas personas dan la idea que son cientos sentados en una mesa golpeando su superficie y hablando cada cierto tiempo más fuerte y de varios temas que duran unos segundos. Los pies de Hebert tocan los muslos de Raquel que sonríe haciendo una mueca en su boca mientras los dedos se pierden bajo una tela estampada.
Afuera hay personas conocidas y clientes que alquilan una unidad y pasan frente a ellas toda la noche intentando agendar salidas hacia sitios menos populares o algún salón de baile. El hombre del peluquín amarillo llega con un vaso enorme de café en la mano y antes de sentarse toma uno de los ceniceros de cristal tan grande como el vaso de café. Su cabello tiene vetas ocres y rojizas como manchadas por un repuesto mecánico y sus propinas son peleadas por los técnicos del centro. Cada una de las unidades tiene el espacio suficiente para una sola persona que además debe ingresar su código antes de iniciar una sesión. Tras los cristales junto a la vereda hay niños que colocan sus manos sobre la superficie y tras irse dejan las huellas que pronto es borrada por uno de los asistentes. La alfombra del centro ocupa las dos hectáreas del suelo y de lejos parece nueva pero al mirarla con atención son evidentes varios agujeros producto de zapatos con piquetas o por fuego de los tabacos que han sido apagados. En una de las esquinas un pequeño grupo está sentado sobre la alfombra con botellas reciclables en las manos, botellas transparentes llenas de un líquido rojo como el vino.
Las luces del sitio no llegan hasta debajo de las consolas. Junto al modular hay un congelador lleno de botellas de sidra de varias marcas y una caja con helado o con postres que necesitan refrigeración. El hombre del camión canjea algunos septos e indica la caja mientras dice que es un regalo para su hija a la que no ha visto hace un mes. Tras guardar la caja dentro del camión regresa hacia su unidad y coloca un par de auriculares en su cráneo. Estás muerto Aldagor grita mientras sus ojos miran las pequeñas figuras dentro de un bosque con árboles también pequeños, su sonrisa llena su rostro. Alganor quien está del otro lado del modular aprovecha para explicar que no estaba atento mientras cierra los ojos antes dejando a la vista un pequeño brillo entre los pliegues de los párpados y el rostro. Alganor levanta un vaso de coca cola y sorbe un trago largo mientras guarda la respiración.
Por los parlantes suena la voz de Derrick, como si se tratara de el nacimiento de una serie de paredes o rocas grandes como automóviles. Los usuarios del centro apenas respiran entre las letras que salen de la garganta de Derrick y bajo los pies del baterista. Sin embargo los rostros tienen una sonrisa enorme y sus dedos siguen el ritmo moviéndose sobre el piso. El techo del centro cae sobre las consolas produciendo explosiones rojas y azules. Las llamas encienden la madera y la alfombra. Los brazos y las manos en alto no dejan de aplaudir y seguir el ritmo de los platillos que parecen medallas húmedas. Las explosiones llegan hasta la pared blanca y las sombras de las llamas cubren las de los usuarios que bailan colgados del cuello o sobre los hombros de otros. El centro está lleno de personas con banderas amarillas y verdes que bailan con el fuego antes de convertirse en una llamarada que cae sobre la alfombra y los pies descalzos de los que siguen sentados. Al romper los cristales los hombres de capucha llegan al círculo donde empujan las espaldas de personas que saltan sobre un pie. El círculo de personas gira alrededor y dentro de todo el centro. El techo cae sobre los cuerpos desnudos de hombres y mujeres con cabello amarillo. Los cuerpos encendidos caen al suelo y abren los brazos hasta que la alfombra se enciende. Los brazos de Derrick están llenos de dibujos borroneados que parecen ser tatuajes.
Don caminaba alrededor de los círculos procurando no chocar ni ser empujado. Tras levantarse intenta encontrar un rostro al cual culpar por la caída, antes de levantarse toma aire y jura que no perderá el control, lo hace mordiéndose los labios y cerrando con fuerza los párpados. Alguien más grande y más fuerte que Don lo levanta del suelo tomándolo por las axilas y soltándolo en el círculo con un empujón. El círculo gira alrededor de una pantalla de cristal rota y cubierta por llamas verdes. Varias mujeres saltan sobre aquella llama con los pies descalzos mientras Don permanece de pie y quieto como si buscara algo quieto, algo que no se moviera. El techo cae sobre los cuerpos humeantes levantando una nube de polvo que obliga a caminar a ciegas. El centro está lleno de rocas y cuerpos y llamas dentro de los agujeros, mientras, Derrick emite gruñidos mezclados con palabras y frases rimadas. El ruido abre un orificio en el suelo desde el cual suenan explosiones no muy lejanas que parecen acercarse al centro. Al abrirse, el orificio ha tragado la habitación del baño y las tuberías dejan correr agua que golpea contra los muros. Varios cuerpos lucen como cartones o revistas carbonizadas. Varios hombres saltan sobre el orificio que cada vez se hace más grande, junto al orificio una montaña de sillas sirve como caída para los cuerpos que saltan desde lo que quedaba del techo. La luna y las nubes tienen colores púrpuras y la luz de un poste eléctrico es cubierta por un tejido de cables y cajas metálicas.
Arnold es el nombre de un tema que suena alto cubriendo al ruido del televisor. Como en una montaña rusa se escucha Arnold, luego una melodía y al bajar la voz, el relato de un periodista que habla claro y con extrema seriedad. Cuando la canción vuelve a subir la melodía queda en segundo plano y quien canta contiene la respiración antes de continuar su frases, lo que le da otro tiempo al tema, como si fueran cuatro quienes cantan Arnold, uno subido a una escalera y dos dentro de una caja de cartón. Ese pasaje compuesto dura casi un minuto durante el que la tv desaparece. La cortina es empujada por una ráfaga de viento y los pies golpean el suelo. Luego Don baja la cabeza para mirar sus pies y también acerca el rostro hacia los dedos doblándose hasta que todo su cuerpo queda bajo la mesa. Luego deja sus labios sobre su pie durante varios segundos mientras cuenta de atrás hacia adelante siete números. Durante el cambio de tema se produce un silencio que coincide con el paso de un comercial a otro. La luz entra por la ventana marcando la sombra de los parlantes y la cesta de fruta sobre la pared roja. En la mitad de la pared hay un póster pequeño de una película cuyo título está impreso en letras amarillas. La mujer del póster lleva un vestido negro y está recostada sobre su espalda en una cama de mantas azules o grises, parece que dentro de esa habitación hay un tv encendido por la sombra del cuerpo de la mujer sobre la cama. Su cuerpo es delgado, estilizado, sus pechos son pequeños y su rostro parece una figura geométrica con varias esquinas y un corte de cabello que recuerda un kabuto Faxicura. A mitad de canción Jésica se acerca hacia el estante para tomar un objeto al cual lleva entre sus manos y su pecho mientras Don la mira salir.
Por los parlantes suena la voz de Derrick, como si se tratara de el nacimiento de una serie de paredes o rocas grandes como automóviles. Los usuarios del centro apenas respiran entre las letras que salen de la garganta de Derrick y bajo los pies del baterista. Sin embargo los rostros tienen una sonrisa enorme y sus dedos siguen el ritmo moviéndose sobre el piso. El techo del centro cae sobre las consolas produciendo explosiones rojas y azules. Las llamas encienden la madera y la alfombra. Los brazos y las manos en alto no dejan de aplaudir y seguir el ritmo de los platillos que parecen medallas húmedas. Las explosiones llegan hasta la pared blanca y las sombras de las llamas cubren las de los usuarios que bailan colgados del cuello o sobre los hombros de otros. El centro está lleno de personas con banderas amarillas y verdes que bailan con el fuego antes de convertirse en una llamarada que cae sobre la alfombra y los pies descalzos de los que siguen sentados. Al romper los cristales los hombres de capucha llegan al círculo donde empujan las espaldas de personas que saltan sobre un pie. El círculo de personas gira alrededor y dentro de todo el centro. El techo cae sobre los cuerpos desnudos de hombres y mujeres con cabello amarillo. Los cuerpos encendidos caen al suelo y abren los brazos hasta que la alfombra se enciende. Los brazos de Derrick están llenos de dibujos borroneados que parecen ser tatuajes.
Don caminaba alrededor de los círculos procurando no chocar ni ser empujado. Tras levantarse intenta encontrar un rostro al cual culpar por la caída, antes de levantarse toma aire y jura que no perderá el control, lo hace mordiéndose los labios y cerrando con fuerza los párpados. Alguien más grande y más fuerte que Don lo levanta del suelo tomándolo por las axilas y soltándolo en el círculo con un empujón. El círculo gira alrededor de una pantalla de cristal rota y cubierta por llamas verdes. Varias mujeres saltan sobre aquella llama con los pies descalzos mientras Don permanece de pie y quieto como si buscara algo quieto, algo que no se moviera. El techo cae sobre los cuerpos humeantes levantando una nube de polvo que obliga a caminar a ciegas. El centro está lleno de rocas y cuerpos y llamas dentro de los agujeros, mientras, Derrick emite gruñidos mezclados con palabras y frases rimadas. El ruido abre un orificio en el suelo desde el cual suenan explosiones no muy lejanas que parecen acercarse al centro. Al abrirse, el orificio ha tragado la habitación del baño y las tuberías dejan correr agua que golpea contra los muros. Varios cuerpos lucen como cartones o revistas carbonizadas. Varios hombres saltan sobre el orificio que cada vez se hace más grande, junto al orificio una montaña de sillas sirve como caída para los cuerpos que saltan desde lo que quedaba del techo. La luna y las nubes tienen colores púrpuras y la luz de un poste eléctrico es cubierta por un tejido de cables y cajas metálicas.
Arnold es el nombre de un tema que suena alto cubriendo al ruido del televisor. Como en una montaña rusa se escucha Arnold, luego una melodía y al bajar la voz, el relato de un periodista que habla claro y con extrema seriedad. Cuando la canción vuelve a subir la melodía queda en segundo plano y quien canta contiene la respiración antes de continuar su frases, lo que le da otro tiempo al tema, como si fueran cuatro quienes cantan Arnold, uno subido a una escalera y dos dentro de una caja de cartón. Ese pasaje compuesto dura casi un minuto durante el que la tv desaparece. La cortina es empujada por una ráfaga de viento y los pies golpean el suelo. Luego Don baja la cabeza para mirar sus pies y también acerca el rostro hacia los dedos doblándose hasta que todo su cuerpo queda bajo la mesa. Luego deja sus labios sobre su pie durante varios segundos mientras cuenta de atrás hacia adelante siete números. Durante el cambio de tema se produce un silencio que coincide con el paso de un comercial a otro. La luz entra por la ventana marcando la sombra de los parlantes y la cesta de fruta sobre la pared roja. En la mitad de la pared hay un póster pequeño de una película cuyo título está impreso en letras amarillas. La mujer del póster lleva un vestido negro y está recostada sobre su espalda en una cama de mantas azules o grises, parece que dentro de esa habitación hay un tv encendido por la sombra del cuerpo de la mujer sobre la cama. Su cuerpo es delgado, estilizado, sus pechos son pequeños y su rostro parece una figura geométrica con varias esquinas y un corte de cabello que recuerda un kabuto Faxicura. A mitad de canción Jésica se acerca hacia el estante para tomar un objeto al cual lleva entre sus manos y su pecho mientras Don la mira salir.
21/1/13
8/1/13
Carácter violento o irresponsable.
Ahora es cuando lo coqueto es lo correcto. No te conozco, no me odies.
Tocaste su guitarra, su canción, todas sus letras, esa era la manía, pensaste en olvidarlo, despojarlo, columpiarlo, hasta incluso hacerlo un mercenario. Esa era la manera, la razón de tus promesas, el misterio tu mayor secreto, la manera de privarlo, el ejercicio hecho a diario, la respuesta que buscaste antes.
Pediste ser alzado en brazos como niño, además eran tus fieles de antes. Llamaste entre primates, ya no eras el de antes, tu recuerdo es el de un militante. Volviste sin recuerdos reseteado y cancelado, tu programa ya memorizado, entregaste los compactos, los cigarros, el asfalto cuando adivinaste y todos eran prestados.
Saliste sin zapatos fue posible, quien se aterra, elegiste ser uno de aquellos tipos. Es tu arma es el polvo, es la suerte que te busca has bajado con tu piel demonio, otro encuentro aunque en sueños, he pensado en llamarte, es posible que en el trance repitamos lo mejor de todos, quien quita, quien descuida, quien olvida, un tumulto, el segundo lugar en el mundo.
Llegaste sin cuadernos sin tarea sin relato te seguimos como a un gigante, llamaste desde casa te tomaste hasta los vasos, nos dejaste con la puerta abierta.
Colgaste nuestras caras una piedra en tu cama la silueta como una terraza. Soñaste como un tipo repetido desde el rojo, tu recuerdo ha cicatrizado.
Cantaste como un ebrio en el filo del infierno, cosechaste sin usar las manos. Volviste de la calle concentrado en otro niño pegado a los filmes de antaño.
Recuerdo las bondades de no ver entre dientes los sonidos que han sido fingidos, recuerdo nuestros juegos una tarde en el cielo, tal vez tu sueñas lo mismo.
Desvalorizarte. Lamparosísimo. Un escenario acústico. La mecha, la pólvora y el fósforo. Una canción o una letra "Calimeño".
Una foto de un bigotudo tirando fuego. Humano, demasiado humano.
El motivo: el saludo.
La man con cuerpo de togro.
Perla: quisiera que te guste pantera tanto como a mí.
Páramo: de best part of the trip.
Mozart atrapado por la autoridad en la montaña.
Saludo por costumbre.
Montañas peladas. Las montañas vs. los ejércitos. El fuego de las palas. Sol punk. Sublime reemplaza a las palabras. Guerra entra páramo y afroditas.
Cielo extraterrestre, cielo pop, cielo helado, civlizar. presentir a la bestia. edades ciertas.
Preséntame a las grasitas. evitemos el rato. Rumiar al cangrejo. valor de la coma.
Las princesas en peligro. reyes y reinas.
Manos llenas de anillos.
Viaje express.
Camiones transportando ruinas.
Ciudad mudada.
Bájale la espuma a tu chocolate.
el wachiman.
Mancuernas del tamaño de un asiento.
Buses con las ventanas cerradas. Contando en reversa. La luz encendida a las dos de la tarde. Un circo en la cabeza. rascándose los circos.
Fisfitilla. Frutilla que busca trabajo.
Descender en un misil que en cada parada explota un poco.
plano cenital de quito.
Para ese cuelo esa cara.
Un bebé que escribe ensayos.
Mi alegría me alegra, me alegra mi alegría, dichoso de mí y mi alegre alegría.
El fotocopista y su cara de hoja en blanco.
the son fo bruce lee
el avance de la tele es ya no hacer imagenes de niños pobres
autos chocones.
pared de adobe
paesturizado
matar a traves de la vanidad
de la paciencia
del vicio
del arrepentimiento
de pecados
la gula
el desorden
la venganza
ni siquiera regresa a ver
rodajas
la luz me vuelve invisible
hasta la ficción es real
racimos de carne. r. darío. las malas ideas se quedan donde nacenj.
el día corre peligro. la tele te sigue.
giri: deber u obligación
ninjo: sentimientos o deseos personales.
Las películas nacen vencidas.
Ahora es cuando lo coqueto es lo correcto. No te conozco, no me odies.
Tocaste su guitarra, su canción, todas sus letras, esa era la manía, pensaste en olvidarlo, despojarlo, columpiarlo, hasta incluso hacerlo un mercenario. Esa era la manera, la razón de tus promesas, el misterio tu mayor secreto, la manera de privarlo, el ejercicio hecho a diario, la respuesta que buscaste antes.
Pediste ser alzado en brazos como niño, además eran tus fieles de antes. Llamaste entre primates, ya no eras el de antes, tu recuerdo es el de un militante. Volviste sin recuerdos reseteado y cancelado, tu programa ya memorizado, entregaste los compactos, los cigarros, el asfalto cuando adivinaste y todos eran prestados.
Saliste sin zapatos fue posible, quien se aterra, elegiste ser uno de aquellos tipos. Es tu arma es el polvo, es la suerte que te busca has bajado con tu piel demonio, otro encuentro aunque en sueños, he pensado en llamarte, es posible que en el trance repitamos lo mejor de todos, quien quita, quien descuida, quien olvida, un tumulto, el segundo lugar en el mundo.
Llegaste sin cuadernos sin tarea sin relato te seguimos como a un gigante, llamaste desde casa te tomaste hasta los vasos, nos dejaste con la puerta abierta.
Colgaste nuestras caras una piedra en tu cama la silueta como una terraza. Soñaste como un tipo repetido desde el rojo, tu recuerdo ha cicatrizado.
Cantaste como un ebrio en el filo del infierno, cosechaste sin usar las manos. Volviste de la calle concentrado en otro niño pegado a los filmes de antaño.
Recuerdo las bondades de no ver entre dientes los sonidos que han sido fingidos, recuerdo nuestros juegos una tarde en el cielo, tal vez tu sueñas lo mismo.
Desvalorizarte. Lamparosísimo. Un escenario acústico. La mecha, la pólvora y el fósforo. Una canción o una letra "Calimeño".
Una foto de un bigotudo tirando fuego. Humano, demasiado humano.
El motivo: el saludo.
La man con cuerpo de togro.
Perla: quisiera que te guste pantera tanto como a mí.
Páramo: de best part of the trip.
Mozart atrapado por la autoridad en la montaña.
Saludo por costumbre.
Montañas peladas. Las montañas vs. los ejércitos. El fuego de las palas. Sol punk. Sublime reemplaza a las palabras. Guerra entra páramo y afroditas.
Cielo extraterrestre, cielo pop, cielo helado, civlizar. presentir a la bestia. edades ciertas.
Preséntame a las grasitas. evitemos el rato. Rumiar al cangrejo. valor de la coma.
Las princesas en peligro. reyes y reinas.
Manos llenas de anillos.
Viaje express.
Camiones transportando ruinas.
Ciudad mudada.
Bájale la espuma a tu chocolate.
el wachiman.
Mancuernas del tamaño de un asiento.
Buses con las ventanas cerradas. Contando en reversa. La luz encendida a las dos de la tarde. Un circo en la cabeza. rascándose los circos.
Fisfitilla. Frutilla que busca trabajo.
Descender en un misil que en cada parada explota un poco.
plano cenital de quito.
Para ese cuelo esa cara.
Un bebé que escribe ensayos.
Mi alegría me alegra, me alegra mi alegría, dichoso de mí y mi alegre alegría.
El fotocopista y su cara de hoja en blanco.
the son fo bruce lee
el avance de la tele es ya no hacer imagenes de niños pobres
autos chocones.
pared de adobe
paesturizado
matar a traves de la vanidad
de la paciencia
del vicio
del arrepentimiento
de pecados
la gula
el desorden
la venganza
ni siquiera regresa a ver
rodajas
la luz me vuelve invisible
hasta la ficción es real
racimos de carne. r. darío. las malas ideas se quedan donde nacenj.
el día corre peligro. la tele te sigue.
giri: deber u obligación
ninjo: sentimientos o deseos personales.
Las películas nacen vencidas.
7/1/13
Anedonia
La música gira sobre los brazos y los dedos toman los ruidos hasta volverlos roca. Las uñas clavadas sobre la madera y las patas estiradas, largas atravesando los pisos, el clavo, el mármol. Los pies quietos, descansados sobre una base de goma con el algodón en el medio, las manos acercándose hasta que el polvo cubre los surcos y las arrugas. La mesa desordenada con cables enredados y libros con hojas dobladas, la cuchara envuelta con el piolín de un sobre de hierbas sobre una envoltura naranja que hace de portavasos. Afuera los ruidos de la tele cubiertos por la cortina bajando desde las ventanas de los alquileres nocturnos, las voces, el impulso, la trágica hora donde las cosas se ponen a prueba, pero también sucede el paso de un móvil, el claxon, y los estornudos de aquellas que miran con control en mano. La ventana es portal para los parlantes y la neblina que bajará cuando las luces sean menos intensas. Los dedos bajo la mesa doblando a sus hermanos hasta hacerlos quebrar ya fuera de la piel, lejos de la goma, la madera, el polvo, las migas bajo la planta húmeda o fría.
El gato debajo de la cama y también tras la cortina, mirando al otro lado del cristal. La cama, la montaña, el nido de cepillos y frascos rosados donde no cabe otro cuerpo, quizás uno de los cables de la mesa. El silencio no habitual de las diez de la noche, los dedos dirigidos sobre las letras blancas, las sonrisas empedernidas cada cinco segundos y las alfombras cubiertas de pares impares de tacos. La luz cubriendo los últimos sitios pintados de amarillo y las mantas estiradas antes de la media noche. Los perros ladrando y empujando a cada sombra hacia los rincones donde habitan los últimos ciudadanos que antes de mirar sus dientes han colocando llaves a sus autos de combustible y llantas nuevas. Como en la tele, antes de los comerciales, la historia luce sus galas planchadas, esta vez, la cortina impide mirar las veredas.
4/1/13
Ellos se besan, sus rostros están tan cerca que por un momento dejan de serlo, parecen algo con vida por los movimientos, aunque también podrían pasar por una pared, un anuncio de papel, los bordes o las esquinas de un par de autos que cruzan un semáforo. Algo distinto ocurre cuando ella cierra los ojos y abre los labios, el fondo quizás blanco recorta su silueta, su nariz, las pestañas que suben y bajan al igual que los labios. Parece que ella tiene el cuerpo dentro de una pecera. Las manos de ambos aprietan todos los lugares que alcanzan, a veces se pierden bajo la tela o bajo los muslos.
Ambos parecen observar la ciudad que sugiere sus contornos redondos cubiertos por una leve pero extensa nube que parece querer desaparecerla, unas sombras altas e imprecisas caminan frente a ellos, una sombra corre de adelante hacia atrás, lleva algo ancho como un sombrero sobre la cabeza.
Ambos se han recostado sobre la banca y la luz parece haberse convertido en una densa cortina de agua. Sus rostros van desapareciendo mientras ellos no realizan gestos como si estuvieran muertos justo antes que ella los cubra con una tela o un pañuelo.
Él mira hacia el frente. Luego retrocede par de pasos. Luego vuelve a avanzar hacia adelante. El fondo tiene una coloración roja. Retrocede varios pasos y gira de espaldas hacia la izquierda y da vueltas dentro de la habitación.
Sobre la pared hay unos globos rosados y azules pegados con cinta adhesiva. La almohada blanca descansa sobre la parte superior de la cama. Uno de sus postes apunta hacia uno de los globos. Ella cruza frente a la cama con una caja sobre la cabeza, luego vuelve a cruzar con un globo azul y luego regresa para sentarse en el filo de la cama. Otra mujer se levanta de la cama y sale de la habitación. La primera mujer se levanta también y se escucha que abre unos cajones. Luego ella coloca una manta sobre la cama. Luego enciende una vela y la coloca sobre el piso. Luego vuelve a recostarse. Luego la segunda mujer regresa con un chico y ambos se recuestan sobre la cama.
El escribe sobre un pizarrón. Tras él hay tres persona sentadas. Uno tiene la cabeza sobre el cuaderno, parece estar dormido. Él escribe varias palabras, luego el viento mueve la cortina junto a la ventana. Uno de los chicos toma sus cosas y sale del aula. Él no se percata del muchacho o solo sigue escribiendo. Luego el otro chico también coge sus cosas y sale del aula. Luego el termina de escribir y se sienta en el escritorio. Luego el primer muchacho regresa para dejar un marcador junto al pizarrón. Las palabras escritas son casi invisibles.
Él conversa con una mujer sentados en una banca, en la pared tras de ellos hay frases y dibujos escritos con varios colores así como afiches y volantes pegados. Ellos están muy cerca, él no deja de hablar.
Dos hombres con las ropas destrozadas posan frente a una cancha de fútbol.
Hombre 1: (abrazando al hombre dos) yo a vos te amo ve
Hombre 2: (sonriendo como apenado) levantando la mano para saludar alguien
Hombre 1: (atrapando a una mujer que camina cerca): este hombre te va a regalar su vida (acerca a la mujer hacia el hombre 2)
Hombre 2: para servirte hasta que tu madre nos separe
Hombre 1: (buscando a otra chica, hablándole al oído, la chica parece indecisa, el hombre la empuja, luego ella regresa con otra amiga y se paran a un lado del hombre, pero este le sugiere a una que se ponga del otro lado, así quedan una y otra de ambos lados.)
Él toca el bajo frente sobre un escenario tras el cual hay una tela arrugada que cuelga. Tras él hay una pedestal para micrófono. Luego, un ayudante le entrega otro bajo, él se quita el primero y lo cambia por el nuevo.
Dos hombres están sentados mirando hacia adelante al mismo tiempo. Ambos llevan una media nylon en la cabeza que los une como siameses hasta la frente. Tras de ellos hay un tercer hombre que se levanta con una media que también se une a la cabeza de los otros dos hombres, este tercer tiene cubierto el rostro por la media negra.
Djon abre violentamente la puerta de una habitación. Grita: oye muchacho, oye muchacho, ven aquí. La persona dentro de la habitación apenas se mueve, permanece acostada. Dentro de la habitación se escucha a Djon caminar con pasos fuertes y golpear unas cajas o tirar alguna silla que suena fuertemente. Mientras camina y se aleja continúa gritando ven aquí. Luego Djon regresa y se sienta en el suelo junto a la puerta. Desde allí grita por qué no viniste cuando te llamé?
El chico mira a Djon de pie con uno de sus puños levantado. Djon mira la pared fijamente. Luego Djon se levanta de una manera extraña del suelo, apoyándose sobre su espalda y con los brazos echados hacia adelante. Djon da unos pazos hacia un lado sosteniendo con ambas manos la paerte inferior de su espalda como si tratara de enderezarla. Gime y resopla como si tuviera tapada la nariz. Te voy a llevar dice Djon, cierra la puerta y sígueme. Djon se alje hacia un lado de la casa y el chico cambia de posición como para encarar a Djon aunque este sigue caminando. El chico se queda parado.
Oye muchacho, te dije que vengas conmigo grita Djon.
Djon se acerca al muchacho de nuevo. El chico se golpea la pantorrilla y el muslo y baila aprisa. Djon se mueve alrededor de el chico pero este sin dejar de bailar lo encara todo el tiempo.
Ambos parecen observar la ciudad que sugiere sus contornos redondos cubiertos por una leve pero extensa nube que parece querer desaparecerla, unas sombras altas e imprecisas caminan frente a ellos, una sombra corre de adelante hacia atrás, lleva algo ancho como un sombrero sobre la cabeza.
Ambos se han recostado sobre la banca y la luz parece haberse convertido en una densa cortina de agua. Sus rostros van desapareciendo mientras ellos no realizan gestos como si estuvieran muertos justo antes que ella los cubra con una tela o un pañuelo.
Él mira hacia el frente. Luego retrocede par de pasos. Luego vuelve a avanzar hacia adelante. El fondo tiene una coloración roja. Retrocede varios pasos y gira de espaldas hacia la izquierda y da vueltas dentro de la habitación.
Sobre la pared hay unos globos rosados y azules pegados con cinta adhesiva. La almohada blanca descansa sobre la parte superior de la cama. Uno de sus postes apunta hacia uno de los globos. Ella cruza frente a la cama con una caja sobre la cabeza, luego vuelve a cruzar con un globo azul y luego regresa para sentarse en el filo de la cama. Otra mujer se levanta de la cama y sale de la habitación. La primera mujer se levanta también y se escucha que abre unos cajones. Luego ella coloca una manta sobre la cama. Luego enciende una vela y la coloca sobre el piso. Luego vuelve a recostarse. Luego la segunda mujer regresa con un chico y ambos se recuestan sobre la cama.
El escribe sobre un pizarrón. Tras él hay tres persona sentadas. Uno tiene la cabeza sobre el cuaderno, parece estar dormido. Él escribe varias palabras, luego el viento mueve la cortina junto a la ventana. Uno de los chicos toma sus cosas y sale del aula. Él no se percata del muchacho o solo sigue escribiendo. Luego el otro chico también coge sus cosas y sale del aula. Luego el termina de escribir y se sienta en el escritorio. Luego el primer muchacho regresa para dejar un marcador junto al pizarrón. Las palabras escritas son casi invisibles.
Él conversa con una mujer sentados en una banca, en la pared tras de ellos hay frases y dibujos escritos con varios colores así como afiches y volantes pegados. Ellos están muy cerca, él no deja de hablar.
Dos hombres con las ropas destrozadas posan frente a una cancha de fútbol.
Hombre 1: (abrazando al hombre dos) yo a vos te amo ve
Hombre 2: (sonriendo como apenado) levantando la mano para saludar alguien
Hombre 1: (atrapando a una mujer que camina cerca): este hombre te va a regalar su vida (acerca a la mujer hacia el hombre 2)
Hombre 2: para servirte hasta que tu madre nos separe
Hombre 1: (buscando a otra chica, hablándole al oído, la chica parece indecisa, el hombre la empuja, luego ella regresa con otra amiga y se paran a un lado del hombre, pero este le sugiere a una que se ponga del otro lado, así quedan una y otra de ambos lados.)
Él toca el bajo frente sobre un escenario tras el cual hay una tela arrugada que cuelga. Tras él hay una pedestal para micrófono. Luego, un ayudante le entrega otro bajo, él se quita el primero y lo cambia por el nuevo.
Un hombre se retuerce debajo de una
alfombra o una cobija azul, levanta la mano e intenta levantar el cuerpo.
Dos hombres están sentados mirando hacia adelante al mismo tiempo. Ambos llevan una media nylon en la cabeza que los une como siameses hasta la frente. Tras de ellos hay un tercer hombre que se levanta con una media que también se une a la cabeza de los otros dos hombres, este tercer tiene cubierto el rostro por la media negra.
Djon abre violentamente la puerta de una habitación. Grita: oye muchacho, oye muchacho, ven aquí. La persona dentro de la habitación apenas se mueve, permanece acostada. Dentro de la habitación se escucha a Djon caminar con pasos fuertes y golpear unas cajas o tirar alguna silla que suena fuertemente. Mientras camina y se aleja continúa gritando ven aquí. Luego Djon regresa y se sienta en el suelo junto a la puerta. Desde allí grita por qué no viniste cuando te llamé?
El chico mira a Djon de pie con uno de sus puños levantado. Djon mira la pared fijamente. Luego Djon se levanta de una manera extraña del suelo, apoyándose sobre su espalda y con los brazos echados hacia adelante. Djon da unos pazos hacia un lado sosteniendo con ambas manos la paerte inferior de su espalda como si tratara de enderezarla. Gime y resopla como si tuviera tapada la nariz. Te voy a llevar dice Djon, cierra la puerta y sígueme. Djon se alje hacia un lado de la casa y el chico cambia de posición como para encarar a Djon aunque este sigue caminando. El chico se queda parado.
Oye muchacho, te dije que vengas conmigo grita Djon.
Djon se acerca al muchacho de nuevo. El chico se golpea la pantorrilla y el muslo y baila aprisa. Djon se mueve alrededor de el chico pero este sin dejar de bailar lo encara todo el tiempo.
19/11/12
La puerta bajo el agua.
Los
ojos descansaron sobre varios sitios. Primero, arrinconaron al grupo de la
pared derecha. En la mitad de aquellos jóvenes resaltaba la figura de un hombre
corpulento. Los dientes del hombre sentado en medio de los jóvenes se acercaron
hacia la puerta, dejaron por cortos segundos su boca. La puerta tenía dos
cristales verdes y tratados de manera que parecieran una cortina hecha con
agua. A mi lado izquierdo el sol entraba como si fuera previamente filtrado por
una coladera, varios rayos dividían aquella mitad de la habitación. Un
escritorio sostenía a una silla colocada sobre su superficie. Era la primera
vez que observaba una silla plástica de formas tan humanas. Junto a la puerta
de salida al balcón trabajaba otro grupo de cinco personas. Mi presencia junto
a la puerta parecía inesperada de modo que procuré volver a estacionar la
vista. Dentro de aquel grupo las cosas parecían destinadas a tener que
repetirse. El trabajo consistía en relacionarse con los equipos. Uno de los
jóvenes manipulaba un trípode al cual se lo podía direccionar hacia distintas
posiciones. Una de las jóvenes parecía estar encargada de mantener los cables
separados, andaba agachada cerca del trípode con los cables en sus manos. Otra
de las jóvenes parecía estar dispuesta a dar la vida por su equipo, su mirada
llegaba hacia un sitio mucho más lejano tras aquellas paredes blancas. Incluso,
a pesar de ser corta de estatura lograba salir de aquellos muros altos como las
habitaciones de los hospitales. Desde abajo pude ver que ella era ya una
estatua, uno de aquellos antiguos mitos. Uno de los jóvenes llamaba su
atención. El joven vestido con zapatos azules, tomaba su brazo derecho y lo
lanzaba hacia la vista de la estatua. Varias veces el brazo cayó en la mano del
muchacho. Uno de los jóvenes me miró bajo la puerta pero en realidad parecía
que era yo quien miraba pues reconocí gestos que luego reproduje como propios,
la inexpresividad y la curiosidad por ejemplo. La joven de los cables parecía
atada a un hombre siniestro al cual pregunté su dirección. Su respuesta fue
extraña, pues habló de un sitio al cual yo nunca debería volver. El hombre
siniestro parecía tener atrapada del cuello a la joven de los cables a través de
un cable invisible pero al que pude ver luego de un corto intento de la joven
por cortarlo. El hombre más antiguo del
sitio dio la mano a mi guía y juró que mi cuerpo iba a estar seguro entre los
demás. Al rato giré dos veces sobre mis pies intentado encontrar el sitio que
me permitiría estar lejos del hombre viejo. Pero, en cada giro encontré a otros
jóvenes que parecían haber dejado de girar. Incluso hallé estatuas más chicas,
figuras hechas con bronce y varios bustos de roca con pequeñas piernas, delgadas
pero rápidas. Uno de los jóvenes abrazó mi cuerpo mientras el hombre viejo dejaba
caer su mano sobre su muslo. Mis brazos envolvieron su espalda antes de iniciar
mi relación con el equipo. Mis manos tomaron las manillas mientras el resto de
jóvenes señalaban los sitios hacia donde debía apuntar. Cuando quise apretar el
botón rojo, el joven, aquel que lanzaba el brazo sugirió que era mejor hacerlo
el próximo día. Miré la construcción de aquel armatoste y quedé sorprendido por
las ruedas que permitían girarlo en cualquier dirección. Pronto estuve girando
otra vez mientras los jóvenes parecían estar preparados para salir a través de
la puerta con las cortinas de agua. Creí que ese era el final de la jornada la
cual parecía alargarse hasta llevarnos hacia la planta baja. El hombre corpulento hablaba sobre cosas únicas mientras las estatuas caminaban dejando
sus rastros sobre la madera recién pulida. Los pasos y su sonido parecían
concentrarse en una nube que siempre mantenía la misma temperatura y la misma dimensión. Al regresar a mirar a la
habitación noté que junto a la puerta había una pequeña pared transversal y
junto a ella otra puerta con vidrio amarillo. El sol rebotaba sobre aquella
puerta y el efecto era el de una llama. Las estatuas continuaron bajando la
grada mientras opinaban sobre la actividad del día próximo. El hombre viejo
caminaba tras la puerta de vidrio amarillo. Junto a él caminaban dos o tres
jóvenes uno de ellos extremadamente alto.
Las habitaciones habían sido rediseñadas, los pisos eran nuevos, la iluminación extremadamente moderna, habían extensos sitios donde los claroscuros permitían pensar que aquel sitio no era solo una institución de educación, sino, que en realidad uno estaba dentro de un museo. Además, mientras los chicos gritaban en el subsuelo y dentro de la sala audiovisual, el piso de arriba era cubierto por una música muy ligera. Los parlantes habían sido colocados dentro de la pared de modo que era imposible saber la procedencia de la música, incluso puede ser que aquellas canciones hayan salido del techo. Las canciones que se reproducían y llenaban los pasillos eran viejos temas instrumentales que parecían ser la banda sonora de alguna película de la United Artists. Un ligero juego de cuerdas era seguido de metales sobre el ritmo embriagado de una persecución. Cruzar el pasillo principal permitía arrastrar la música hasta las escaleras donde el ruido era el de una máquina o un generador. Entonces era posible sentir un choque de corrientes de aire. Por un lado la corriente del pasillo y la madera que rodeaba las paredes. Por otro lado el del mármol y la roca verde que servían como escalones, escalones que cubrían los motores o la planta de energía que producía un rumor como de nave. En aquel pasillo era posible encontrar fotografías enmarcadas de estrellas del cine, la televisión y el teatro. Por ejemplo, en un antiguo escenario dos actores discutían sobre la verdad en el cine inglés de postguerra. Tras sus sillas se levantaba el logo de la empresa que patrocinaba su encuentro didáctico. El logo patrocinador constaba de un pedazo de película ondeado como si cayera desde el techo. Dos letras H se intercalaban una sobre la otra y entre ellas un círculo enmarcaba a la película. En la fotografía, los hombres se miraban a los ojos como si se trataran de dos gemelos, dos hermanos que trabajan para la misma persona. La pared donde colgaban las fotografías estaba pintada de un rojo puro, un rojo sólido. Los extintores que colgaba de los vértices de algunas paredes hacían juego con los marcos de las ventanas, ventanas bajas por donde podían salir los muchachos. Mientras nosotros bajábamos, y mientras cruzábamos el pasillo, el resto de los alumnos recibían clases dentro de las habitaciones rediseñadas. Todas tenían colocado un rótulo que indicaba el número del aula en un recuadro blanco de letras negras. Las habitaciones del primer piso tenían todas números impares. Los números estaban escritos en ruso. Junto al mapa de la escuela colgaba una tabla de equivalencias entre el ruso, el español, el alemán y muchos otros idiomas. Un letra parecida a un T, representaba al número nueve. Por lo menos diez traducciones tenían los números y ciertas frases elementales así como el nombre de las instituciones de la ciudad, y de los números telefónicos de emergencia. Las luces principales incluso parecían calentar el aire. Pero el aire sólo llegaba hasta las gradas. En aquel lugar, las fotografías ya no eran de personajes ficticios o de filmes antiguos. Las gradas, que tenían forma de espiral mostraban imágenes de producciones hechas dentro de la institución. Cada fotografía estaba enmarcada dentro de unos arabescos oscuros de bronce o de hierro, los cuales daban o tenían la apariencia de ser muy antiguos. En cada de una de las fotografías aparecía el sello institucional, en un sitio estratégico de la fotografía. Si la imagen era horizontal, el sello ocupaba el centro de la imagen. Si la foto era vertical, el sello ocupaba el costado izquierdo. Los arabescos parecían haber representar el descongelamiento del hielo o el vapor de una taza de café. Debían existir por lo menos ochocientas fotografías y todas producidas por gente distinta, los nombres parecían no repetirse. Las imágenes menos divertidas eran aquellas donde la fotografía había sido al parecer intencionalmente desenfocada. Esas imágenes parecían fotografías tomadas con un lente macro pues la piel y sobre todo los músculos parecían inflamados. Entre esas imágenes había mandíbulas abiertas, brazos extendidos, balones o pelotas de tenis, por ejemplo la pelota fotografiada parecía dirigirse directamente a la cámara mientras al fondo, como en una sombra se podía advertir el movimiento de una raqueta. Uno de los jóvenes miraba las fotografías al igual que yo. Entonces él me pregunto que qué pensaba de aquellos sellos repetidos en cada imagen. Tras responder, el resto de jóvenes estaban de regreso.
El café se evaporaba dentro de los vasos blancos. Los jóvenes llevaban en sus manos pequeñas piezas de pan, otros acompañaban la bebida con un cigarrillo, yo jugaba con mi vaso lleno de chocolate y giraba sobre mis pasos buscando un sitio seguro. De ese modo conocí a los personajes que habían pasado por aquel lugar, por ejemplo se decía que Bjork se había inspirado en las salamandras de la sala principal para escribir su tema Sacrifice. Me parecieron verdaderas deidades aquellas salamandras que brillaban en el centro de la sala, al acercarme pude sentir el fuego que guardaban en su estómago. También alguna joven hablo de la importancia de aquellas mesas hechas con la madera de la casa de un poeta excéntrico de la era industrial. En un país como este un poeta sólo podía provenir de la aristocracia, y eso se notaba en las mesas que parecían estar pegadas al suelo de aquel sitio. Intenté grabar mi nombre pero no quedaba espacio, escribir era innecesario pues todo estaba escrito. Sin embargo besé las patas de aquella mesa con el fin de convertirla. Otra joven que venía desde la luz del sótano dijo que acababa de pelear con Orson. El muy canalla, dijo ella. La luz del sótano parecía salir de una garganta, también se escuchaban unos gritos en un idioma parecido al inglés, abajo las cosas se quebraban, cristales, sillas, yo imaginé una gran llamarada donde sobresalía una pintura, un retrato enmarcado en un marco plástico. Alguien me confundió con uno de aquellos personajes de la televisión humorística, igual firmé un autógrafo, besé la cabeza de un bebé vestido todo de negro que hizo una mueca tan perfecta como sus zapatos negros. Los llamados alumnos del nivel inmediato hablaron en voz alta, tanto que una de las salamandras palideció. Entre las peticiones había la de aquel que quería a Buñuel de regreso, otro que juraba haber tocado con Alice in chains, otro que mientras fumaba uno de sus cigarrillos camel, sonreía mientras explicaba que ellos eran Alice in chains. No cabía duda, pues el tema que tocaban era uno llamado The seat, yo lo llevaba tarareando desde que salí de Lima. Aquellas vueltas me llevaron a tomar asiento junto a Helen Sandferd quien leía un periódico del año 1981. Le pregunté por las noticias de la mañana pero ella explicó que las noticias no estaban escritas. Miré el periódico y los titulares referían a fórmulas químicas, quizás, o a algún tipo de receta para preparar un platillo exótico. En una de las hojas interiores estaba impresa la fotografía de un plato lleno de carne, tomates, un huevo frito. Los ojos de Helen eran azules como el hielo, es decir, brillantes, y como si dentro hubiera encerrado un pedazo de caramelo. Al terminar mi chocolate la salamandras agitaban sus puertas hasta cuando un joven obeso las cerró usando una llave antigua. El joven caminaba sin mirarnos, como si supiera el camino de memoria, incluso parecía que al cerrar a las salamandras no usó sus manos. Creo que miré por debajo de la mesa y pude ver que el joven obeso no tenía pies, Al salir de la sala la mitad de los jóvenes había desaparecido, quedaban las sillas sobre el suelo que empezaban a ponerse de pie por sí solas. Al salir de la sala miré en busca de algún director de teatro famoso, pensaba que podría llevar mi guión a los escenarios pues acaba de terminarlo gracias a la imagen y los cristales rotos dentro del sótano. Junto a mí cruzó Peter Mayhew pero su lengua parecía sufrir algún tipo de transtorno ya que lo que dijo era un insulto a cualquier madre de familia. Lo seguí con la mirada pero los extintores de la pared lo ocultaron. Luego se acercó Violeta para recomendarme la nueva sala de visualización. La seguí mientras las puertas se abrían como en una de esas películas de la trilogía Air y en la sala encontré a varios jóvenes que como yo tenían unos segundos extras. Los jóvenes apuntaban datos sobre pequeñas libretas mientras las imágenes en las pequeñas pantallas se movían con demasiada rapidez. Donde antes estaba un rostro luego sin demora se abría y cerraba una mano. También las imágenes pasaban del color al negativo y de un iris a la pata delgada de un insecto. Violeta al igual que yo miraba pero a diferencia de mí parecía sorprendida. Cuando habló, las imágenes dejaron de vivir, es decir, dos líneas grises e irregulares las cruzaban como en una mueca, la segunda del día. Entonces yo miré mis manos y noté que empezaban a desaparecer. Sonreí profundamente.
Las habitaciones habían sido rediseñadas, los pisos eran nuevos, la iluminación extremadamente moderna, habían extensos sitios donde los claroscuros permitían pensar que aquel sitio no era solo una institución de educación, sino, que en realidad uno estaba dentro de un museo. Además, mientras los chicos gritaban en el subsuelo y dentro de la sala audiovisual, el piso de arriba era cubierto por una música muy ligera. Los parlantes habían sido colocados dentro de la pared de modo que era imposible saber la procedencia de la música, incluso puede ser que aquellas canciones hayan salido del techo. Las canciones que se reproducían y llenaban los pasillos eran viejos temas instrumentales que parecían ser la banda sonora de alguna película de la United Artists. Un ligero juego de cuerdas era seguido de metales sobre el ritmo embriagado de una persecución. Cruzar el pasillo principal permitía arrastrar la música hasta las escaleras donde el ruido era el de una máquina o un generador. Entonces era posible sentir un choque de corrientes de aire. Por un lado la corriente del pasillo y la madera que rodeaba las paredes. Por otro lado el del mármol y la roca verde que servían como escalones, escalones que cubrían los motores o la planta de energía que producía un rumor como de nave. En aquel pasillo era posible encontrar fotografías enmarcadas de estrellas del cine, la televisión y el teatro. Por ejemplo, en un antiguo escenario dos actores discutían sobre la verdad en el cine inglés de postguerra. Tras sus sillas se levantaba el logo de la empresa que patrocinaba su encuentro didáctico. El logo patrocinador constaba de un pedazo de película ondeado como si cayera desde el techo. Dos letras H se intercalaban una sobre la otra y entre ellas un círculo enmarcaba a la película. En la fotografía, los hombres se miraban a los ojos como si se trataran de dos gemelos, dos hermanos que trabajan para la misma persona. La pared donde colgaban las fotografías estaba pintada de un rojo puro, un rojo sólido. Los extintores que colgaba de los vértices de algunas paredes hacían juego con los marcos de las ventanas, ventanas bajas por donde podían salir los muchachos. Mientras nosotros bajábamos, y mientras cruzábamos el pasillo, el resto de los alumnos recibían clases dentro de las habitaciones rediseñadas. Todas tenían colocado un rótulo que indicaba el número del aula en un recuadro blanco de letras negras. Las habitaciones del primer piso tenían todas números impares. Los números estaban escritos en ruso. Junto al mapa de la escuela colgaba una tabla de equivalencias entre el ruso, el español, el alemán y muchos otros idiomas. Un letra parecida a un T, representaba al número nueve. Por lo menos diez traducciones tenían los números y ciertas frases elementales así como el nombre de las instituciones de la ciudad, y de los números telefónicos de emergencia. Las luces principales incluso parecían calentar el aire. Pero el aire sólo llegaba hasta las gradas. En aquel lugar, las fotografías ya no eran de personajes ficticios o de filmes antiguos. Las gradas, que tenían forma de espiral mostraban imágenes de producciones hechas dentro de la institución. Cada fotografía estaba enmarcada dentro de unos arabescos oscuros de bronce o de hierro, los cuales daban o tenían la apariencia de ser muy antiguos. En cada de una de las fotografías aparecía el sello institucional, en un sitio estratégico de la fotografía. Si la imagen era horizontal, el sello ocupaba el centro de la imagen. Si la foto era vertical, el sello ocupaba el costado izquierdo. Los arabescos parecían haber representar el descongelamiento del hielo o el vapor de una taza de café. Debían existir por lo menos ochocientas fotografías y todas producidas por gente distinta, los nombres parecían no repetirse. Las imágenes menos divertidas eran aquellas donde la fotografía había sido al parecer intencionalmente desenfocada. Esas imágenes parecían fotografías tomadas con un lente macro pues la piel y sobre todo los músculos parecían inflamados. Entre esas imágenes había mandíbulas abiertas, brazos extendidos, balones o pelotas de tenis, por ejemplo la pelota fotografiada parecía dirigirse directamente a la cámara mientras al fondo, como en una sombra se podía advertir el movimiento de una raqueta. Uno de los jóvenes miraba las fotografías al igual que yo. Entonces él me pregunto que qué pensaba de aquellos sellos repetidos en cada imagen. Tras responder, el resto de jóvenes estaban de regreso.
El café se evaporaba dentro de los vasos blancos. Los jóvenes llevaban en sus manos pequeñas piezas de pan, otros acompañaban la bebida con un cigarrillo, yo jugaba con mi vaso lleno de chocolate y giraba sobre mis pasos buscando un sitio seguro. De ese modo conocí a los personajes que habían pasado por aquel lugar, por ejemplo se decía que Bjork se había inspirado en las salamandras de la sala principal para escribir su tema Sacrifice. Me parecieron verdaderas deidades aquellas salamandras que brillaban en el centro de la sala, al acercarme pude sentir el fuego que guardaban en su estómago. También alguna joven hablo de la importancia de aquellas mesas hechas con la madera de la casa de un poeta excéntrico de la era industrial. En un país como este un poeta sólo podía provenir de la aristocracia, y eso se notaba en las mesas que parecían estar pegadas al suelo de aquel sitio. Intenté grabar mi nombre pero no quedaba espacio, escribir era innecesario pues todo estaba escrito. Sin embargo besé las patas de aquella mesa con el fin de convertirla. Otra joven que venía desde la luz del sótano dijo que acababa de pelear con Orson. El muy canalla, dijo ella. La luz del sótano parecía salir de una garganta, también se escuchaban unos gritos en un idioma parecido al inglés, abajo las cosas se quebraban, cristales, sillas, yo imaginé una gran llamarada donde sobresalía una pintura, un retrato enmarcado en un marco plástico. Alguien me confundió con uno de aquellos personajes de la televisión humorística, igual firmé un autógrafo, besé la cabeza de un bebé vestido todo de negro que hizo una mueca tan perfecta como sus zapatos negros. Los llamados alumnos del nivel inmediato hablaron en voz alta, tanto que una de las salamandras palideció. Entre las peticiones había la de aquel que quería a Buñuel de regreso, otro que juraba haber tocado con Alice in chains, otro que mientras fumaba uno de sus cigarrillos camel, sonreía mientras explicaba que ellos eran Alice in chains. No cabía duda, pues el tema que tocaban era uno llamado The seat, yo lo llevaba tarareando desde que salí de Lima. Aquellas vueltas me llevaron a tomar asiento junto a Helen Sandferd quien leía un periódico del año 1981. Le pregunté por las noticias de la mañana pero ella explicó que las noticias no estaban escritas. Miré el periódico y los titulares referían a fórmulas químicas, quizás, o a algún tipo de receta para preparar un platillo exótico. En una de las hojas interiores estaba impresa la fotografía de un plato lleno de carne, tomates, un huevo frito. Los ojos de Helen eran azules como el hielo, es decir, brillantes, y como si dentro hubiera encerrado un pedazo de caramelo. Al terminar mi chocolate la salamandras agitaban sus puertas hasta cuando un joven obeso las cerró usando una llave antigua. El joven caminaba sin mirarnos, como si supiera el camino de memoria, incluso parecía que al cerrar a las salamandras no usó sus manos. Creo que miré por debajo de la mesa y pude ver que el joven obeso no tenía pies, Al salir de la sala la mitad de los jóvenes había desaparecido, quedaban las sillas sobre el suelo que empezaban a ponerse de pie por sí solas. Al salir de la sala miré en busca de algún director de teatro famoso, pensaba que podría llevar mi guión a los escenarios pues acaba de terminarlo gracias a la imagen y los cristales rotos dentro del sótano. Junto a mí cruzó Peter Mayhew pero su lengua parecía sufrir algún tipo de transtorno ya que lo que dijo era un insulto a cualquier madre de familia. Lo seguí con la mirada pero los extintores de la pared lo ocultaron. Luego se acercó Violeta para recomendarme la nueva sala de visualización. La seguí mientras las puertas se abrían como en una de esas películas de la trilogía Air y en la sala encontré a varios jóvenes que como yo tenían unos segundos extras. Los jóvenes apuntaban datos sobre pequeñas libretas mientras las imágenes en las pequeñas pantallas se movían con demasiada rapidez. Donde antes estaba un rostro luego sin demora se abría y cerraba una mano. También las imágenes pasaban del color al negativo y de un iris a la pata delgada de un insecto. Violeta al igual que yo miraba pero a diferencia de mí parecía sorprendida. Cuando habló, las imágenes dejaron de vivir, es decir, dos líneas grises e irregulares las cruzaban como en una mueca, la segunda del día. Entonces yo miré mis manos y noté que empezaban a desaparecer. Sonreí profundamente.
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