Es la fascinación de ver un pie. Un pie compuesto por una suma de dedos. Un dedo, extensiones, un rostro sugerido entre los pliegues, las mantas, una protuberancia hecha de montones, de cargas, de sobrepesos. Hay una distancia, vía en un sentido, acomodo la extremidad, la superficie al contacto adhiere, quita, hay pasos, hay sobras y piel de árbol, sin controles el pasto se levanta, la voz de los insectos bajo una hoja café chocan, atraviesan, viajan en la planta de un zapato de suela negro, arrugado, de una piel llamada Bunky, Regard´s, Northlinestep. Surcos, grietas, veredas levantadas, reventadas, una epidermis poblada por estrías, contenido
Entonces pienso cómo pudo haber sido. Veo una habitación, leo una carta, frases cosidas, palabras que necesitan
Coloco las antenas en mis manos. Cierro la mano,
Todo se volvió aburrido. Una casa antigua, un piso falso, una fachada de principios de siglo, pasamanos, hierro entre los dedos, luminarias, dicróicas, rostro perforado, luz de escenario, clima controlado, espejos, cuerpo reflejado, multiplicado, varios pares de piernas, pulpo fuera del mar, pulpo procesado, levanto los tentáculos, los pies, el jean, la remera, abandono tierra firme, abandono el nivel del mar, me enrosco a través de una escalera con forma excéntrica, construida sobre el mármol, con una cerca de hierro, con los pisos y las dicróicas horizontales, como si mirara a través de teleobjetivos. Subo, una puerta mitad vidrio, mitad iglesia, sinagoga, Real audiencia de Córdova impide la entrada, como si del otro lado, como si al fin fuera mi turno.
Entro de lado, las filas aprietan, aprietan como párpados, me antojo ser el tipo Curtis, asiento el trasero, es mejor así, seguro faltan a diario, no puede ser tan distinto,
16/10/11
9/10/11
11. Dog10004
Describir el ejercicio, existir, anotar los movimientos, las posiciones, colocar tachas sobre el corcho, colgar de un hilo, sentado, cruzar una pierna sobre una rodilla, ver virarse al día, girar los ojos, las circunferencias, ser la punta del compás, activar una cuerda, usar las yemas, girar la mariposa, esperar la tensión, el máximo nivel, bajar los estímulos, atender los ruidos, colocar la caja, colocar un bloqueo, dejar lista la trampa, cerrado el cofre, bajo una piedra pintada de violeta, coronada por una bandera de franjas blancas, abrir la mandíbula, dejar escapar a todos los suspiros, descontrol, defcondos, ojos que giran en círculos, ojos disueltos en blanco, cortinas incendiadas, plumas, cuerpos de cobre, muslos de roble, brazos abrazados como pulpos, craken, flotilla sumergida, pasto malpodado, fondo sobre superficie, adentro, contenido.
La luz se pierde, Una nube cubre el espacio. Levantarse es un error, la nube cubre ambos cuerpos. Apenas alcanza para estirar las piernas. Una pierna actúa como cuello. El techo sigue en su lugar. Su lugar es sobre, es decir, cubriendo el suelo. El peso los empuja. No hay pliegues. Hay bolsas contenidas, húmedas, salpicadas, el brazo estirado, el músculo dentro de la aguja, el brazo estirado, primero una pulsión, segundo un desgarre, tercero el sueño.
La muerte del cuerpo. Visita no oficial. Describir agujeros, rapto, ciencia, escribir para el archivo, sujeto uno, mar sobre Haití, paredes desgastadas, sótanos rosados, esquinas llenando hoyos, rapto, ciencia, orden, memoria, signos, pulso, membrana, radiografía por yema, yema por vena, pliegue por arruga, por uña, por nudillo. Cuerpo vencido. Ojos y franjas. Golpe, pecho, golpe, sonido, eco, 30 segundos, primer track. Pene, labios, corriente, risa, Jehová, pastór, descarga, baño, rostro, miel, nube, techo, pierna como cuello, franja blanca.
La nube llega a nuestras narices. Despertamos. Al estirarme golpeo mi cráneo, levanto la mano, aíslo el dolor, lo pronuncio, fabrico una multinacional, mi voz es una impulsadora y el producto llega a todos los hogares. Él guarda sus manos en los bolsillos, no comete ningún error, trata pero yo ya estoy en la puerta, su estatua ya es de sal, una sal que me persigue por el resto de la semana, cuando él, recostado pronuncia nombres que ha inventado, cuando deja sobre la mesa con cuidado sus manos, mirándolas, deseando una bóveda, buscando entre sus contactos, girando el cuello, apretando cada botón, desenrollando puentes, terminales, aeropistas, respirando en dos tiempos, yendo de la cama al dorado.
3/10/11
10. Pompa
Llevo un levis ahorcándome la cintura. Kurt Russell luce más ancho que alto, culmina elevado sobre mi pecho que de a poco parece guardar movimientos tectónicos. Las medias se escurren dejando un rastro tibio sobre la madera, madera que en realidad es un piso falso. Llevo las marcas de calvin en el estómago, un cinturón rojo, rosado, morado, las variantes equivalen a la hora del día, en este momento por ser el mediodía soy ajustado por la cuerda roja. No grito, no trato de espantar a través del aliento, cobro vida a través del líquido que desinflama el volumen, que refresca con su labor y sus látigos. Corro la cortina, temo ser visto desde cada cerradura, las puertas han sido anteriormente tapiadas, lo que significa que Norman Bates debió jugar con sus manos. Busco, ubico cada agujero, este horror costará no menos de veinte terapias, entonces decido fabricarme un tratamiento, busco en los lugares más profundos, busco un reflejo en el espejo, desempaño el cristal, camino dentro de aquel perímetro, calculo la distancia para lograr, que desde cualquier agujero puedan observar, ya sin cortinas, el resto de mis agujeros. Entonces coloco el shampo, elevo melodías como cometas que rebotan en esta cabina ducha amplificador, el agua se lleva el cabello, los pellejos, los pasos de aquellos que se divierten tras la gratuidad de un espectáculo tan singular. No ocurre, más bien ocurre, como lo imagino, nadie aplaude, tampoco llega la queja, he actuado dentro de un teatro vacío, siempre hay alguien, alguien que mira, debo competir contra el cable y 118 canales que transmiten a diario, que hablan en lenguas, mi comedia no lo es, tampoco alcanza el drama, más bien es una crónica, una simulación de redes, lo sé al mirar el reflejo, creo encontrar diferencias, manchas, líneas, en realidad apenas me reconozco, entonces llevo hasta el fondo el cuerpo, dejo que el agua inunde la habitación, sucede lo esperado, es como vivir bajo un puente, busco un cerillo, tengo los pies azules, azules como la cabeza del fósforo, además me cuelga un pitufo entre las piernas, activo la bomba, fallo en el primer intento, tomo otro cerillo, los dedos parecen rábanos, el agua toma forma de cristales, las puertas se vuelven inútiles, el cerillo estalla, hace volar los litros de gas, entiendo la resurrección, el sol cae por primera vez sobre Alsina, revienta a Higgins, a Rioja, a Mitre, Russell desde la remera evita las esquirlas hasta caer sobre el piso húmedo como un trapeador improvisado, un filme de Robert Altman, una forma que vive bajo Alaska. Dejo el lugar como lo había encontrado, cada grifo bien cerrado, la llama del contador en la velocidad más baja, la escarcha dentro de cajas de triplex, alguien grita tiempo, no es Kurt, pero desearía que él tomara mi lugar.
Soy el primero, el conejillo, juego en contra de mí mismo, soy lo que luego recordarán como un voluntario. No está mal, no siento nada que no haya sentido antes, puede ser que haya vivido esto, es decir, no cuesta ningún trabajo, lo hago sin hacer esfuerzo, eso es bueno?, no tengo tiempo, llevo los ojos domados por el safari del fin del mundo, es como si de repente tuviera los poderes de Anne Hathaway, al pestañar logro demoler los hilos y las bisagras
2/10/11
9. Long distance
Ingreso. Alquilo uno de los artefactos. Hago una llamada luego de pulsar doce números. La diferencia es mínima, el rostro, la piel, las inflamaciones no se presentan, aún conservo la belleza del otro continente. Por dentro llevo contenidos uno o dos días de insomnio, de alimentos bajos en calorías, cero grasas, cero servilletas transparentes, húmedas, amarillentas, quizás al salir de la cabina, quizás me haga cliente, parroquiano de una fonda, de un café donde sirvan las 24 horas, pienso en arroz blanco, en platos compuestos por frutas cocidas y molidas y amasadas por manos de negras, altas, gigantes como un ataúd. La llamada continúa, oigo cada repique, cada eco, la ciudad se cubre de una nube gris, parece el espejo de plaza de mayo, plomo, cemento, piedra, hierro, un tono de bicho gótico, arriba, como techo, el mismo, abajo, como suelo, como esquina, como bar, como locutorio, dentro, en la cabina, puedo proyectar mi imagen, es como si filmara una escena de la cual soy parte como extra, un corto sin protagonistas, más bien como una postal, atrás describo el tercer día como ciudadano de el país gótico, de mi querida Gothmancity. Me incluyo en su decorado, de espaldas, de perfil, con los ojos dentro de las órbitas de una gárgola, de un jinete, en la garganta de una de las tantas aves de la plaza. La avenida me atraviesa horizontalmente antes de que la llamada culmine, es decir, soy un habitante a la fuerza, debo ahogarme, ser parte de la fundación, los detalles me someten, un simple poste municipal parece guardar todos los misterios, el misterio de qué, qué buscamos, qué resulta de aquel escape, tras el naufragio la orilla, cuál orilla, el mar se vuelve en todos los sentidos, el rostro, pronto se producen los surcos, pronto llevaré los canales y las cimas y las quebradas en mis mejillas, en mi piel, entre las uñas de los dedos, volveré a esta cabina, pero en otra calle, junto a otro puesto de revistas, gastaré no dólares, no billies, no cassens, haré una ruta instintiva, dirigida por el olfato de lo desconocido, apenas reconoceré los primeros hedores. Guardo códigos, cifras, direcciones, los primeros hiatos y las primeras traducciones, procuro hacerme amigo de los términos y las frases populares, no para aprenderlos, no para usarlos, intuyo que este viaje, esta identidad, solo servirán de descanso, de terapia, de observación, borraran el pasado y a las palabras que un día pronuncié. Al colgar, el aparato me devuelve las monedas. Las cuento, desconfío, guardo los pennies, deseo volver a entrar, volver a la cabina, volver a marcar, volver a hablar, cuento de nuevo las monedas, todo esta bien, la ciudad tiene buen clima, he dado con un hogar, es decir, tengo el techo resuelto, además empiezo el curso el lunes, además aún no ceno, quizás pruebe un croissant, saludos a Beth, saludos a Jules, pronto conoceré a Jiles, aún no sé de Chabrol, es domingo, aquí y en el páramo reinan desde arriba los cielos, el telón, el domo, cuento de nuevo las monedas, encuentro dos o tres rupias, cuelgo, muro gris, calles en un sentido, mañana comentarán el como me encuentro. Mañana será tarde, aún el rostro luce sano, mañana culparé a la diferencia horaria.
8. Alsina
Tercer logro. Uso una pluma obsequiada. Dibujo la primera letra, me empeño, es una consonante, tiene varios espirales, cola, incluso lleva un peinado antiguo, recuerdo de un tiempo barroco. Cierro todas las ventanas, procuro dejar una hoja nueva, temo llenarla hasta los bordes, levanto la vista, dibujo círculos como insectos que buscan un espacio, lo hallo, descubro un encierro dentro de 6 paredes las cuales están hechas del material más usado por la alquimia, muerdo, ¿acaso he masticado al bosque? llevo migajas en el pecho, uñas pegajosas, un olor dulzón, digamos que llevo un tigretón colgado entre las piernas. No hay rebotes, esta vez nada se estira, ni se prolonga ni estalla, más bien es una suspensión, es levitar bajo un grado mínimo de gravedad, en un centro, cercano y lejano equidistantemente de las seis paredes. Corro la cortina, al parecer en el hotel cercano sucede el mismo fenómeno, como un caramelo ácido flotamos desnudos y sentados sobre una almohada en el centro exacto de una habitación contenida entre seis muros delgados como el futuro hogar de Hansel. Corro la cortina, vuelvo al ombligo, estiro las extremidades e intento tocar las ocho esquinas inútilmente, comprendo que el verdadero valor equivale a dejar que la habitación se cierre sobre mí.
Alguien escupe, en realidad es Dios quien aclara su garganta, quien lleva entre los pulmones una pesada congestión, con gravedad succiona la cuadra, las alcantarillas que lleva por fosas nasales se destapan a medias luego de la exhalación y ya, concebido en la frente, es decir, como un cartucho gatillado desde el portal de los ojos, cae sobre Once, sobre la tienda Higgins, sobre el teatro Marzano, la vejez del buen Dios.
El clima es el apropiado, nada hay que lo transforme, el cielo va intensificando su lucha, es posible perder la capacidad de observación, detrás del hotel un telón arde, quizás todo sea un reflejo del neón. Desde la ventana observo a la vez que filtro, los ojos queman, el pelo se chamusca, es decir, estoy envuelto en llamas mínimas, cubierto por pequeños e insignificantes fogones. Enorme, al parecer llevo binoculares por pupilas y tentáculos por dedos, tentáculos monstruosos e invisibles que lo tocan todo, el agua de los retretes, la espuma de las duchas, el plumón de las camas, tentáculos que entran en sus cavidades, que son capaces de oscurecerlo hasta el sueño. Entonces tomo distancia, la imagen se vuelve geométrica, es horizontal a la vez que desafiada por intermitentes verticalidades. Los ruidos, los jadeos, el paso, vivo una navidad los 365 días del año, una celebración de trastienda, de bodega, de ecos y fulgores, un juego de papeles usados de regalo. El clima es el apropiado, muy pronto habrán tocado a mi puerta, será un llamado, colocaré medias sobre mis extensiones, al caminar no habrán pulsaciones ni taquicardias, no existen las ciudades planas y sin embargo esta extensión parece dar la vuelta al globo. Miro, la cabeza de cabeza, musgo, desagües, como un tornillo dejo de perforar el edificio, Dios duerme, lo imagino sobre una silla muy cómoda, viejo, canoso, cubierto por una manta, cabreado, puteándome por ser su vecino.
La hoja no se derrama, toma un color amarillo, escribo sobre las paredes, Hansel también va a putearme. Ya no importa, esta casa tiene siglos de vida, nuestras generaciones no alcanzarían a poblarla, imagino a Hansel con el estómago hinchado, también lo observo abrazado a una puerta, seducido por los picaportes, usando un vidrio como bandeja, repartiendo tejas y grifos en una fiesta o un cóctel o al llegar el día del fútbol. Ana nos invita un mate. Ana y los otros. Habla de todos menos de Hansel. Una de las paredes desaparece, sucede lo mismo cada semana. Llevo el insomnio de Corrientes. Abro en una página, al azar, hay varias líneas subrayadas, resaltadas, bajo ciertas circunstancias uno está endeudado, o condenado, o, le debe su calma a otros, entro en el sueño, acomodo y dispongo para ser el primero en dormir y el primero en despertar. En el sueño ellos escriben sobre el libro, Ana, quien después me hablará de Lucas, quien después me despertará a media noche, quien apenas comprende horarios, quien sabe que no es hora del sueño, quien pondrá reglas, ya que, en las ciudades planas el sueño es vertical, como la sonrisa, Ana no tiene la sonrisa, más bien su risa es horizontal, más bien Lucas lleva en el vientre los labios abiertos de Ana, Lucas debe ser masculino, como Ana, a pesar de no mostrar su sonrisa vertical es un ser femenino, juntos son una alga, por las tardes beben mate, Hansel mastica galletas de sal, yo busco la sonrisa vertical. Tomo un pedazo de pared para masticarla. Tiene sabor, agrada, como lo esperaba. Por la tarde ha desaparecido una estación de servicio. Tomo un tren. Por la noche desaparecen dos vagones que iban hacia Mitre. Mi peso es el ideal, aunque cada día parezco más pequeño. Tomo fotos, uso bulb, la zippo, vivo en el cuarto oscuro. Prohibido comer las paredes del cuarto oscuro. El revelado es óptimo, hay una dominancia de tungsteno.
29/9/11
7. Alsina
Negocio por deporte. Finjo desinterés; él coloca su mano sobre su brazo, tras sus gruesos lentes hay dos pupilas que han perdido la órbita. Gabriela, no, vámonos.
Ella mira dentro de mí. Lo acepto, ¿por ella? oponerme jamás, esta vez no importa, esta vez finjo no fingir, lo subrayo, demuestro que allí no sucede es nada, mantengo la vista, uno aprende al mirar despacio, pronto intuyo un futuro, demasiado pronto, de manera intermitente, el placer alcanza para entrar en su boca, entre sus labios apretados, golpeamos a Andrés hasta cansarnos, lo hacemos durante todas nuestras vidas, incluso ahora, después del cambio de religión, Andrés tras de sus lentes alargados de marco negro, invento de David Lynch, extra con chaqueta a lo vaseline, quemamos al padre, yes son, i want to kill u, reímos, durante cada sesión, sentados con las piernas cruzadas, con las manos sobre un tenedor, atrapando líquidos con gas dentro de cristales, de plásticos, de botellas reutilizables, leemos sus éxitos en voz alta, en presencia de desconocidos, entonces movemos los muebles, entonces robamos máquinas de la escuela, escogemos las menos usadas, las empolvadas, nuestra favorita es una polaroid 5SG, aprobamos, creamos un claroscuro, guardamos bajo llave y nos enviamos los negativos a una dirección alquilada, con remitentes falsos y ciudades a donde creemos sería bueno volver. El resto de contactos pasan a ser propiedad de la academia, reciben su merecido, calificaciones que no bajan de la excelencia, nada de números rojos, solo rostros redondos y felices, rostros divididos por círculos, curvas y esquinas. Ya sin Andrés, Gabriela, yo y Santiago levantamos los puños, juramos amor, en el nombre de Betty Blue, del tamaño de Pablo Mármol, reímos, no paramos, somos felices, es el fin del mundo.
Invocamos su nombre, tomamos vacaciones, transpiramos, es el fin del medioevo.
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