15/2/11

El páramo

Apenas le estaba cogiendo el gusto. Andrea me gusta, eso lo saben todos, la que no lo sabe es Andrea. Con Lorraine hablamos de ella, en realidad el que habla soy yo, le hablo del nuevo peinado y de los zapatos con moño que en Andrea lucen como en una modelo. Lorraine es guapa, quizás por eso ha salido en tapas de revistas de moda, de salud, de cosméticos, quizás por eso es que Lorraine me dice tranquilo chico, Andrea te quiere, solo debes saber escuchar.
Miro los labio de Lorraine, estudio la manera en que pronuncia ciertas palabras. Tranquilo chico, me dice, como si supiera lo que estoy pensando, mejor acompañame a la tienda del Sam.

Sam es un gringo veterano, vive en la ciudad desde hace 20 años, en temas de moda es una celebridad. Le gusta Alan Parsons y por ahí nos movemos. Las chicas que llegan al local parecen chicas que trabajan sobre pasarelas, yo aprovecho tomando fotos para sacarle pica a mis amigos. Sam puede ser mi amigo, también podría ser mi padre, también podría ser Alan Parson, de hecho pueda que sea Alan Parson, un Alan Parson viviendo de incógnito. Mi padre fue incógnito, mi padre es Alan Parson? Tantas preguntas me abren el apetito. Sam me obliga a comer una shawarma que el mismo ha preparado. La shawarma no me gusta, se lo digo a Sam, Sam debe pesar 200 kilos.

En la radio suena Jorge Luis del Hierro, recuerdo su nombre, un día lo ví en el centro comercial. Su voz no me parece la de una cría de mono. Su voz se acerca más a la voz del cantante de 30 seconds to Mars, aunque, a él poco o nada debe preocuparle el que su voz se parezca a la de un cantante de pop, que para colmo canta en español. 30 seconds to mars quiere sonar como rock duro pero a mí me deja serias dudas. Sam diría que son como los remakes del planeta de los simios, pura foto, cero decadencia. Escucho de nuevo a Jorge Luis, me parece como si Tim Burton jugara a ser Bruce Wayne.

Al fin salimos. Lorraine mira su celular, ok le digo, acá te dejo, Lorraine me mira con odio, esta bien digo, tu pide que yo obedezco. Eso yo ya lo debería saber. Compramos helados, ella pide vainilla, yo me inclino por dejar que sea ella quien me lo eliga. Piensa bien, le digo. Como dos helados nos derretimos en la boca del otro. Esa frase le va a gustar dice Lorraine mientras escribe algo en su celular. Qué escribes le pregunto, hago como que me acerco para mirar en su pantalla, en realidad busco que me mire, en realidad no tengo a donde ir, en casa me espera una fila de libros por leer, eres un incomunicado sabe decir Jules, adivina, hay un invento llamado mesanger. Lorraine no me responde pero me invita a su casa, en realidad dice mi mamá te invita a cenar. Si quieres quédate a dormir, eso lo dijo tu mamá pregunto, ella escribe en su teléfono, en realidad, eso no lo ví venir.

Llevo la foto de Andrea en la billetera. Un día que estaba muy lejos me sentí solo le dije, entonces ella en vez de decirme algo solo sonrió. Eso me alcanza para un solo viaje dije y ella volvió a sonreir. Ahora llevo varias fotos, ahora creo recordar sus formas, ahora es cuando ella es más fuerte; su foto sale de la billetera y los míos miran y felicitan. Yo pienso en lo que ella pensaba. Entonces no me parece nada gracioso. Me parece que Andrea está dormida. Quiero una de tus fotos digo, para llevarla en la billetera y mirarla cuando esté lejos, cuando me sienta solo, así de algun modo estaremos juntos digo, Andrea se ha ido, la veo de espaldas junto a la cocina.

Eso es triste dice Lorraine. A Lorraine no le gusta lo que escribo. Escribir mata, digo, el martir soy yo. Lorraine sonríe. Que bestia digo, quiero volver una y otra vez, Lorraine deja de sonreir; tres tristes trigres tragan sus colas en un trigal. Lorraine se pone seria, para volver una y otra vez digo, sobre todo otra vez. A Lorraine no la veo hasta fin de mes.

Sam no está. En su puesto está un uruguayo pinta de rasta. Que hubo digo, y le alcanzo un disco de Merciful Fate, el Evil live con la portada del infierno by Dante. El rasta lo mira como inspeccionandolo, luego, lo veo cabezeando en los coros. Andrea debería haber llegado. Mientras me dedico a hojear revistas de literatura pornográfica, fanzines fotocopiados, el diseño es bueno, en las críticas encuentro un disco de Gleen Rose. Nada mal digo interiormente, pero en realidad solo paso el tiempo. Imagino a los editores de todas las revistas del mundo comiendo pizza, la pizza debe ser lo único que une al mundo. La pornografía también es universal me repito. Andrea tampoco llega, me repito, Merciful Fate ya no suena en los parlantes. Un editor edita? un editor es un filtro, dejaría que me filtren, una palabra puede ser varias frases, una frase debe ser como un bosque. Andrea no llega, la llamo, tiene el celular apagado.

13/2/11

Habíamos tenido suficiente. Alexa salía conmigo desde los doce años. Decir salir conmigo puede sonar muy general, en realidad deberìa decir

11/2/11

Férnandez

Como son las cosas. A Juan Férnandez Rosas lo conocí un 19 de enero, día conocido como de la bandera nacional. Nuestras diferencias se borraron con brevedad en el intercambio de aficiones. Al igual que a mí, a Férnandez le gustaba coleccionar a manera de experto las revistas deportivas Ases, que salían quincenalmente. En la guerra, las revistas Ases descansarían sobre una mesa en el salón de los oficiales, mientras los soldados de menor rango derribaban helicópteros enemigos.
A Férnandez le parecía que la Morsa Cisneros podía derribar a un caballo. Para mí Cisneros era buen boxeador pero sentía más afinidad por El cura Cantos. La Morsa era el tipo de boxeador conocido en la profesión como punch boxer, boxeador dotado de aguante más que de fuerza.
Una vez más me había equivocado, más por una fe ciega, o por un velado desinterés. Luego del conteo respectivo, Férnandez y yo fuimos a un bar antes de pasar la noche juntos.
En la tropa, Fernandez era bastante estimado, no pocas veces era invitado a cenas en los altos círculos, cenas que no eran frecuentes pero tampoco bajaban de una por semana. Esa facilidad que tenía para desenvolverse con los altos mandos nunca fue un impedimento para que nuestra relación no se profundizara. Cuando hablábamos de la importancia de mantener nuestras inclinaciones en secreto, lo hacíamos comprendiendo que más fáciles de alcanzar serían nuestros objetivos manteniendo, como lo hacíamos por ya tres años, nuestra relación en ese bajo perfil.
Como decía en la tropa muchos estimaban a Férnandez, a mí tal vez no, pero he aprendido a convivir con personas parecidas, a las cuales al igual que yo, les llueven más las denuncias que los piropos. Férnandez era un pan para la tropa menos para Grandes. Lorenzo Grandes tenía una antiguedad superior a la nuestra, además de un olfato para saltar los problemas por el que lo llamaban Zorro. Algún negocio ilícito tuvo ya que era constante verlo acosado por civiles y sus familias. En fin a Grandes tuvimos que matarlo. Lo hicimos los dos, en la misma cama pero sin menores, Grandes gritaba zancudos!, yo montando su espalda, zancudos!, justo antes de que Férnandez le abriera el pecho.
En la residencia la vida suele ser diáfana pero como cubierta por una cortina de sudor, como si uno estuviera vomitando y al mismo tiempo rezando. Por las noches, en medio de una oscuridad como dentro de una maleta de lona, lo más común, de frente, de cabeza, el horror. No solo soldados, todos, abrazados, hablando solos, familias, padres, disculpas: La culpa, el oro católico, expresado por un conjunto de hombres, por sus reflejos, por sus reflejos.

5/2/11

Pacheco

Yo te he visto en algún lado. Te gusta el cine?. Seré más preciso, no eso puede ofenderte. Prefiero no ser héroe. Jamás he salvado. No creo ser raro. Me gustan las estrellas, me dedico a contarlas todas las noches, cada día desaparece una, les he puesto un nombre. Tú me recuerdas a alguien. Tu nombre empieza con Y, la Y es la penúltima letra romana, eso lo sé lo que no sé es tu nombre, creo que es mejor ser rico que ser miserable. Tu rostro me es conocido. Sales? Si te encontrara en la noche te invitaría unos tragos. No me gustan los hombres, sabes, son demasiado inseguros. Tengo un perro, un loro y un gato que jamás ha intentado comerse a ese loro. Si fuera gato me comería ese loro. Creo que tú y yo estamos verdes. Sé un extraño. No me importa tu nombre, puedes llamarme Jor El, como el padre de Kal El, son las 2, te presento, ella es Lana, somos viejos amigos, un día ustedes dos también serán viejos, ellos vienen atrás, recuerdo tu rostro, nuestro vehículo, después de ti, antes, durante y sobre todo mientras, conozco a tus padres, son Lark y Allan Poe, todo ha cambiado, no es común amistarse en un baño, pienso de la misma manera y es más, estoy de acuerdo contigo. Espero no te importe. Qué hacemos aquí?, no me importa que mientas, solo te pido que lo hagas bien.

4/2/11

III

Alex tomó el aerosol. escribió una I, una D y una A. Sobre la pared no había nada escrito. El resultado fue desigual. UN era diferente de IDA. UN, compuesto de una vocal y una consonante no coincidían con IDA, formados por las vocales I y A y la consonante D. Andrés quiso decir algo pero prefirió guardar silencio. Alex soltó una risa. UN de lejos parecía estar escrita con Ar Berkley, un tipo de letra muy común de los videojuegos; IDA de cerca o de lejos luce más como una Gungush, una antigua font usada en las pastas de libretas pequeñas de bolsillo, ideales para tomar apuntes, esa misma font aparece en los créditos de Alan Wake, exactamente al minuto y 44 segundos. Entre el UN de videogame y el IDA de libreta de cuero, forman la palabra UNIDA, nombre de una banda de jazz del sur de Seattle, que no tiene el impacto por esa polaridad en la escritura pero que cumple su propósito, anunciar la llegada de UNIDA a la ciudad.

Mike Cansino heredó el bajo de Ricky Gelb. Ricky Gelb antes se llamaba Richard Gropped, nombre apropiado para alguien que viaja sentado diría Pak Bender de un modo inocente. Gropedd tomaría un papel, y sentado junto a Mischa, no notarían la llegada ni la despedida del día. Tras una exitosa carrera detrás de los teclados, concluye la nota Richard E. Gropped se aleja de la música hasta nuevo aviso. Mike, amigo de John García, tiene por encargo alimentar a Mischa. Richard Gropped hace alpinismo, toma anfetaminas y entre gastar algunos miles escribe canciones. El regreso de Gropped anunciaba nuevo material, pero, también incluye sorpresas. Esa es la sorpresa. Quiero que Richard Gropped muera sobre el escenario. Richard Gropped murió en la cima, que es el mejor lugar para morir. El fin del acid jazz, dirían los medios. Música para pasarelas diría con ganas Pak Bender. Mike Cansino estaba entre el público. Mike Cansino firmó autógrafos. En la práctica heredó de Ricky Gelb, el bajo con el que Richard Gropped difunto, grabó el Beautiful Witches. Era un 21 de diciembre de 1987. Ricky Gelb practica firmas sobre una hoja blanca de papel.

Spyro fue mi último nombre artístico. Pude haberme llamado John Bryan Grey o Richard King. No tomes fotos. Nunca supe a que atenerme, parecía no importarles. Sí, hay algo que no soporto, no soporto esperar. Spyro fue mi último nombre, pero nombres hay muchos, tantos como gatos.


Mike Cansino escribe Ricky R. Spyro en los agradecimientos. Una banda de jazz está de gira siempre. Una banda de rock también puede ser una banda de jazz.

3/2/11

El revólver no me asusta. Es verdad que una vez cargado, más bien, una vez disparado cumpliría con una de sus funciones, claro, si quien dispara lo hace con puntería. Más que miedo, lo que me produce es risa y es que este revólver no luce como una arma eficaz a la hora de asesinar. Este revólver, que es lo que quiso ser que imponen respeto, aquellos que tienen el cuerpo cromado, yo se, que si me encontrara caminando por Entre Ríos, a eso de las 3 de la tarde, y dos tipos, con pintas de músico y guerrillero me encararan con este revolver, colocaran en mi cara esto que llamo apéndice oxidado de villa coraje, intentaran robar lo que ya antes han intentado, todas mis prendas, pues, diría algo así como, matreme, con eso, o algo como, no deberias aceitarlo o mandarle a cambiar la empuñadura antes??.
Las máquinas se apagan cada cinco minutos. Una máquina apagada durante ese tiempo es insignificante, quedan 24 máquinas en pie. 10 máquinas apagadas al mismo tiempo representan poner en sobreaviso al técnico que tardaría por lo menos dos horas en llegar, además de la mañana o un día y medio para revisar el programa o la red. 25 máquinas apagadas, lo que está sucediendo, a más de malo para el bolsillo, puede resultar


Lima es amarilla.


31/1/11

Briges-Lima

Al mirar por la ventanilla, una línea recta de orificios, Andrés pensó en su casa. Volvió a mirar, esta vez entrecerrando los ojos, y solo vio nubes. De la casa nada. Aquella construcción de ladrillos e higos, Andrés estaba seguro, no viajaba colgada de una cuerda a la cola del avión.
Una escala se sucedería en tres horas.
Antes de dormir Andrés miró nuevamente la ventanilla. Como en un comercial, musicalizado y animado, las nubes cobraron protagonismo dentro de ese cuadro o pantalla falsa de televisión. Como en la televisión, la ventanilla transmitía spots, o comerciales publicitarios donde el producto estrella eran las nubes. Desayune con nubes, Con Maía Dana Nube, panelista invitado el experto en nubes, Hanz Greger Nubes. Tema de la mañana: El impacto actual de las nubes. En tevenube, canal aliado de nuevenubes, nubes para la diabetes, nubes para los huesos, nubes para la impotencia, nubes para la anemia, nubes para controlar el peso, nubes para mejorar la postura, nubes a precio de nubes anunciaba un publireportaje con testimonios reales de personas que sufren de mal de nubes o de insuficienca de nubes, de desnubificación, de vhnube, de cáncer a las nubes, de nube graso, de postnube y nubismo. El nubismo nublaba la memoria. Jabón de nubes, Nubes todos los nubes, Bugs Nubes, Nubes, solo en cines, municipio de nubes, el avance de nubes, la nube, dejaban el paso a otras nubes menos producidas o de mayor duración. Andrés dormido soñó con nubes; nubes que ya no eran nubes, nubes resentidas, nubes como hilos, nubes renegadas, nubes traidoras, nubes cansadas de ser nubes, nubes que gritaban a otras nubes, nubes en guerra con las mismas nubes. El sueño dura lo que la lluvia.



29/1/11

Flandes, 1950

Él gritaba. Ingraid, con las manos sobre el teclado pedía un descanso. Ella quería estar a solas, abajo del escenario, quizás afuera del teatro. Luego de varios intentos, a la habitación, que además era un estudio para actores, la inundaba el sol que no terminaba de irse.

Él recuerda el teatro. Se observa a sí mismo mirando los movimientos con atención. Además de los cuerpos, el del coreógrafo y las bailarinas, sobre el escenario existe un personaje que nadie considera, que está en la escena solo de ornamento. Es un niño vestido de árbol. Ingraid se ha parado junto a la ventana.

Ella intenta no pensar. olvida nombres propios. Corre a cada imagen, ella es más rápida que todos sus recuerdos juntos. Piensa en un semáforo, piensa en una almohada, entonces piensa que está dormida, pero los sueños no son tan definidos, y entonces mejor piensa de nuevo en el semáforo.

Ingraid ha encendido un cigarro. Pronuncia un breve insulto, nadie la escucha pero lo hace con la seguridad de quien está entre amigos. Tiene dentro de su boca palabras trabadas, Orco, puentes, gitanes, verga. Pronuncia Orco Gitano, Coro Gitano y se ríe sin pronunciar la siguiente posibilidad. Luego piensa en puentes, y en ríos bajos esos puentes. Repite verga mientras mastica su cigarro. Se retira de la ventana. Un automóvil deja una cola de polvo. Ingraid piensa en viajes, está cansada, al fin llegó a un límite.

20/1/11

Boiling Death Request a Body to Rest Its Head On.

Un día desperté sobre una cama de sospechas sintiéndome observado, estudiado. Con el fin de escuchar algún ruido extraño contengo la respiración. Nada me aleja del acto de especular. En sordina se suceden los ladridos de caniches, de ambulancias azules, de teléfonos en salas de casas vecinas, de flautas o clarinetes de un tono dulce, bucólico. Al volver a respirar con un ímpetu desconocido hasta para mí, dudo por un instante de mi cuerpo y de mi presencia corpórea en ese espacio. Entonces, con un aplauso de mis dos manos, mando a apagar la luz de la habitación que a esa hora de la tarde brilla como un semáforo, en medio de una autopista donde aterrizan elefantes que se encienden como brazas.

Ya con aire en los pulmones vuelvo a contener la respiración: un feedback atraviesa mi cabeza en un sentido transversal ingresando por el oído izquierdo. Ese ruido blanco, como un eco va inflamando mi frente, la coronilla, incluso hasta cuello o ese lugar en donde descansa la materia gris. Algo pesado, en todo caso una nube, pero tan densa como para llamarla smog. Puedo sentir que desea decantarse a través del cuello, como si el cuerpo, o el sistema nervioso fuera su último propósito. Entonces con terror logró sacudirme y siento como el sonido como pasado por un embudo sale a través del oído derecho.

Para entonces la respiración se me antoja lenta, como derrotada, como un suspiro o como lo que llaman los poetas el último aliento.

Al abrir los ojos la luz entra con una violencia o quizás soy yo, el que entra a la luz.

Al tercer intento creo escuchar la frase Veridis Quo, aunque más exacto sería decir la voz puso esas palabras en mis oídos o la voz se ha apoderado de mis pensamientos y mis acciones o la voz es la prueba de una locura que no alcanzo a entender pero que parece reconocerme y entenderme mucho mejor de lo que yo me conozco a mí.

Afuera ningún sonido capta mi atención o es que lo que para algunos representa una idea en mí no pasa de ser un ruido. Ahora pienso que hay ruidos que asustan, Amalfitano, pero también se me antoja que un ruido es mejor que estar aburrido.

Gekkenhuis

Lucika baila con los ojos cerrados. Lucika prefiere las películas con Bruce Willis. Lucika lleva una falda jean, el cabello mojado. Lucika mueve el culo, a mover el coolo.

Lucika pone a un lado las ojotas y sin abrir los ojos me hace girar sobre mis propios pasos. Lucika baila mejor al twist, mejor incluso que Loretta. Loretta baila con los ojos abiertos. Las gafas no impiden ver sus ojos que hurgan, como espía, como agente. Los ojos descubiertos. Loretta tiene ojos azules, de esos que cambian el tono según la luz o según el ánimo del dueño. Loretta siempre usa gafas; esta noche lleva un par de anteojos a lo Jean Pierre Melville. Loretta trae un bolso ceñido a su cuerpo. Loretta es cara, Lucika es cuerpo.

Por la mañana bebemos. No sé quién me ha despertado, gracias, así las veo más tiempo. Michele toma fotografías de Alexa sentada sobre una silla de plástico. No veo a Loretta. Alexa toma el encendedor, Alexa juega a encender la basura que encuentra sobre la mesa. Alexa quiere conocer al bombero. Alexa enciende un marlboro. Sobre la mesa hay marihuana y una caja roja de zapatos. A Michele le urge obsequiarnos fotos de todos antes de volver a Flandes, ¿Michele como Gondry?, o ¿Michelle my Michelle? De todos intenta decir no sin aspavientos. Paulo y Andrés nos saludan mientras juegan a tirarse del trampolín, entonces uno, dos, tres y levantan la espuma, la espuma y los cuerpos, la quilmes y el rostro, rostro que a esta hora del día intenta lucir compuesto o como esta todo bien repite Loretta, de perfil, Loretta que acaba de sentarse sobre sus lentes obsequio de Kim Novak. Paulo juega a sumergirse mientras Andrés flota con la cara pegada al sol. Deberías mirar sin gafas dice Alexa, Alexa la experta, acompañada de una bocanada. Pienso en Kito; el humo se hace humo. Desde mi posición puedo ver que Alexa sonríe, Alexa es como un niño. Loretta hace muecas. Alexa me guiña el ojo. Sonrío también. Loretta, sus ojos y también Loretta, bajo esta luz tienen un color celeste, casi blanco. De un bolso sus manos sacan un par de anteojos que en el rostro de Alexa surte un efecto de dibujo animado, quizás de una Betty Marble. Michele suspira un ácido Laagheid que al escucharlo provoca celebrarlo, Alexa, Alexa Marble. Alexa quiere quitarse las gafas, Loretta la llama Kurt, por favor Kurt, por favor.