29/1/11

Flandes, 1950

Él gritaba. Ingraid, con las manos sobre el teclado pedía un descanso. Ella quería estar a solas, abajo del escenario, quizás afuera del teatro. Luego de varios intentos, a la habitación, que además era un estudio para actores, la inundaba el sol que no terminaba de irse.

Él recuerda el teatro. Se observa a sí mismo mirando los movimientos con atención. Además de los cuerpos, el del coreógrafo y las bailarinas, sobre el escenario existe un personaje que nadie considera, que está en la escena solo de ornamento. Es un niño vestido de árbol. Ingraid se ha parado junto a la ventana.

Ella intenta no pensar. olvida nombres propios. Corre a cada imagen, ella es más rápida que todos sus recuerdos juntos. Piensa en un semáforo, piensa en una almohada, entonces piensa que está dormida, pero los sueños no son tan definidos, y entonces mejor piensa de nuevo en el semáforo.

Ingraid ha encendido un cigarro. Pronuncia un breve insulto, nadie la escucha pero lo hace con la seguridad de quien está entre amigos. Tiene dentro de su boca palabras trabadas, Orco, puentes, gitanes, verga. Pronuncia Orco Gitano, Coro Gitano y se ríe sin pronunciar la siguiente posibilidad. Luego piensa en puentes, y en ríos bajos esos puentes. Repite verga mientras mastica su cigarro. Se retira de la ventana. Un automóvil deja una cola de polvo. Ingraid piensa en viajes, está cansada, al fin llegó a un límite.

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