20/1/11

Boiling Death Request a Body to Rest Its Head On.

Un día desperté sobre una cama de sospechas sintiéndome observado, estudiado. Con el fin de escuchar algún ruido extraño contengo la respiración. Nada me aleja del acto de especular. En sordina se suceden los ladridos de caniches, de ambulancias azules, de teléfonos en salas de casas vecinas, de flautas o clarinetes de un tono dulce, bucólico. Al volver a respirar con un ímpetu desconocido hasta para mí, dudo por un instante de mi cuerpo y de mi presencia corpórea en ese espacio. Entonces, con un aplauso de mis dos manos, mando a apagar la luz de la habitación que a esa hora de la tarde brilla como un semáforo, en medio de una autopista donde aterrizan elefantes que se encienden como brazas.

Ya con aire en los pulmones vuelvo a contener la respiración: un feedback atraviesa mi cabeza en un sentido transversal ingresando por el oído izquierdo. Ese ruido blanco, como un eco va inflamando mi frente, la coronilla, incluso hasta cuello o ese lugar en donde descansa la materia gris. Algo pesado, en todo caso una nube, pero tan densa como para llamarla smog. Puedo sentir que desea decantarse a través del cuello, como si el cuerpo, o el sistema nervioso fuera su último propósito. Entonces con terror logró sacudirme y siento como el sonido como pasado por un embudo sale a través del oído derecho.

Para entonces la respiración se me antoja lenta, como derrotada, como un suspiro o como lo que llaman los poetas el último aliento.

Al abrir los ojos la luz entra con una violencia o quizás soy yo, el que entra a la luz.

Al tercer intento creo escuchar la frase Veridis Quo, aunque más exacto sería decir la voz puso esas palabras en mis oídos o la voz se ha apoderado de mis pensamientos y mis acciones o la voz es la prueba de una locura que no alcanzo a entender pero que parece reconocerme y entenderme mucho mejor de lo que yo me conozco a mí.

Afuera ningún sonido capta mi atención o es que lo que para algunos representa una idea en mí no pasa de ser un ruido. Ahora pienso que hay ruidos que asustan, Amalfitano, pero también se me antoja que un ruido es mejor que estar aburrido.

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