20/1/11

Vulmiddel

Lucika baila con los ojos cerrados. Lucika prefiere las películas con Bruce Willis antes que esas películas en las que sale Leo Dicaprio. Lucika lleva una falda jean, un buzo blanco deportivo. Lucika pone a un lado las ojotas y sin abrir los ojos me hace girar sobre mis propios pasos. Lucika baila mejor al twist que su hermana Lorett.
Lorett baila con los ojos abiertos. Las gafas no impiden ver sus ojos que hurgan, como lo haría un espía o un agente encubierto. Lorett tiene ojos azules, de esos que cambian el tono según la luz o el ánimo de su dueño. Lorett siempre usa gafas, esta noche lleva un par de anteojos a lo Jean Pierre Melville. Lorett definitivamente es más guapa que su hermana Lucika.

Por la mañana bebemos. No sé quién me ha despertado, pero se lo agradezco ya que así puedo pasar más tiempo con Lucika y con Lorett. Michele toma fotografías de Alexa sentada sobre una silla de plástico con un malboro en la mano. No veo a Lorett. Alexa toma el encendedor y con su llama juega a encender la basura que encuentra sobre la mesa. Michele quiere obsequiarnos fotos a todos antes de volver a Flandes, o eso intenta decir con aspavientos. Paulo y Andrés juegan a tirarse del trampolín sin importarles que al hacerlo sus cuerpos levanten una ola de espuma que termina sobre nuestros cuerpos y nuestros rostros que a esta hora del día intentan lucir compuestos o como si no pasara nada repite Lorett, que acaba de sentarse sobre sus lentes obsequio de Kim Novak. Paulo juega a bucear mientras Andrés flota con la cara mirando hacia el sol. Quizás no te gustan nuestras caras por que las gafas no te dejan verlas dice Alexa que acompaña su frase con una bocanada que no parece de cigarro. Desde mi posición puedo ver que Alexa sonríe como un niño que intenta esconder una travesura. Sonrío también. Lorett bajo esta luz tiene los ojos celestes. De un bolso saca un par de anteojos que en el rostro de Alexa surte un efecto de dibujo animado, quizás de una Betty Marble. Michele suspira un Laagheid y que al escucharlo provoca una carcajada en Lorett. Alexa quiere quitarse las gafas pero Lorett se lo impide llamándola Kurt, por favor Kurt, por favor.


13/1/11

Helldorado


Su exactitud era la de un sniper. Al darme vuelta, vi que el rostro de mi hermano, como la de un anciano, había estado desde siempre y lo que era peor, esa cara sería testiga de mi muerte. Ingberg, quien prefería no ser parte de nuestras discusiones, me miró de reojo, o de frente?, quizás hasta dijo algo, sus pómulos rosados de por sí, habían enrojecido y por la manera en que se mantenía de pie daba la sensación de que estaba a punto de correr o de estar a la mitad de un baile en un salón nocturno de una ciudad turística a la que habíamos llegado por un camino borrado o por la ausencia de un mapa, mapa que por lo pronto buscaba en mis ojos, con la furia de un animal golpeado, con la boca desencajada y una mueca, mueca que pretendía ser una risa. Ingberg tomó parte del asunto; pronunció Nazi y ante esa nueva posibilidad descubrí que me impresionaba más el carácter de Ingberg, chica a quien creí conocer mientras la describía en mis cuentos. Palurdo creí escuchar antes de mirar a mi hermano abandonar la habitación.

Al día siguiente bajamos temprano al desayuno. En casa se podían escuchar los ladridos de Leo, quien por supuesto era el primero en desayunar, desayuno que se alargaba hasta casi el medio día y que consistía en las sobras del día anterior. Ingberg parecía hambrienta, tomó jugo, comió pan, miel, queso y jamón. Leo a pesar de ser un schnauzer ladra como si antes hubiera sido un labrador al que le cambiaron de cuerpo o al que con el paso del tiempo el cuerpo se le achicó. Yo hago un esfuerzo para tomarme el jugo. Afuera hay sol

5/1/11

Sus manos se han llenado de callos por ambos lados y eso para ella es un

Al cerrarse la puerta ellos quedan excluídos

La puerta se cierra, en realidad, Camilo es el último en entrar

Desde la pared las fotos los observan, como si posaran para una foto

Desde esa posicion el mundo parecía estar al alcanze de

Primero había soñado con un hombre degollado. Luego el mismo hombre degollado se transformaría en un travesti castrado, con las manos atadas por la correa de una perdida cartera. Luego, el travesti de las manos atadas caería de espaldas sobre una carretera

Su mayor temor era convertirse en un enemigo de sí mismo y bajo esta cautela, su propósito era vivir lo más retirado posible, negándose, evitando reafirmarse o desconociendo sus actos.
Detrás del volante de un camión al que había aprendido a domar con la paciencia de quienes castran, la ciudad y por consecuencia sus calles se le desplegaban como el terreno de un feudal que acaba de

6/12/10

El amigo Igor

Nada era importante, osea, a todo le decía que sí.



Igor era seriamente parecido al personaje que Andrés había formado en su cabeza. La imagen que él había elaborado a base de películas y personajes de la televisión era la de un hombre adulto, 30, quizas 40, algo en su rostro apenas sugería un promedio, de contextura gruesa, osea, un cuerpo gordo, entre atlético y pasado de libras, como el de un boxeador que ha dejado de entrenar pero que no ha perdido la contextura, o los años de levantar pesas y golpear sacos. Este Igor que Andrés había imaginado además de grueso era también alto como un mandril, con los brazos colgados a cada lado del cuerpo columpiándolos como si llevara una soga en sus manos como balanceando el cuerpo, como si el caminar y mover toda esa grasa fuera un trabajo arduo, al que se ha ido acoplando o quizás también resignando, algo en sus continuos descansos, entre levantar una caja y tomar gaseosa de naranja deja entreveer un frecuente cansancio.
Este Igor que había imaginado Andrés Cronm se parecía demasiado a la imagen del hombre gordo, lento y calvo que había visto en algun programa de televisión. Era exacto, un tipo gordo, alto, de cabeza rapada pero alejado a cualquier determinación o prejuicio, es decir, era un prototipo de hombre. Su hilo de voz no se acomodaba al tamaño desproporcionado de hombre que vagaba a través de la fábrica con un balde de trapear en la mano, su hilo de voz antes de grave y determinado, es decir, antes de procurar regalar seguridad, o en todo caso incomodar al oyente, tenía más bien una graduación que antes que incomodar resultaba inofensiva, es decir pasaba por desapercibido. Igor, en todo caso, prefería mantenerse callado, es decir, cuando habían charlas con los jefes o con los más viejos de la fábrica, aquellos que habían entrado limpiando pisos como nosotros, era un tipo silencioso, lo que no es lo mismo que tranquilo. En una ocasión en que Andrés tuvo que doblar el turno, mientras fumaba un cigarro, cigarro que le provocaba un placer cercano al de dormirse fugazmente en un baño turco, observó con simpatía como Igor descargaba una serie de jabs contra un pobre saco de aserrín que se veía notoriamente no aguantaría colgado un minuto más. Ese Igor, de voz aguda como pasada por un hilo de teléfono a través de una emisora de amplitud modulada, de cuerpo grueso y movimientos lentos con la cabeza rapada, quizás por medicación o tratamiento capilar, parecido en todo caso al Igor de las series de televisión donde Igor es un extranjero tonto al que todos usan como chivo o al que cruelmente todos usan de broma cuando la tarde parece una esponja salada y grasosa, ese Igor es ahora a quien Andrés estrecha la mano porque en realidad es el único en la fábrica que soporta de alguna manera, con un eco fino salido de una zapatería rancia de provincia los errores de Andrés.
De regreso el camino se hace más corto, al ipod se le termina la batería y el pasaje alcanza hasta el seminario, de ser cura me habría acostado

El sonido parece excesivamente alto. En otros medios de transporte, aéreo por ejemplo, esto no habría pasado desapercibido. La persona sentada a mi lado, en un tono de voz interesado me habría dicho: cuide sus oídos, mientras reabría su periódico y una azafata vestida de rojo y medias negras cruza una mirada culposa que miro, retengo pero no devuelvo. La misma persona, habría dicho en un tono de voz grave

21/11/10

Avenida de los Libertadores

Cuando papá se enoja levanta la voz y aunque evite utilizar palabras fuertes su tono suele ser anormal, mi padre usa un tono de desprecio. Esto lo comprende mamá y eso es fácil de entender ya que ellos llevan casados cincuenta años.
Papá dijo que si yo le hubiera hecho caso ahora no tendría los problemas que tengo además de los que vendrán. Hace diez años yo cursaba el último año de bachillerato en el colegio salesiano. Mis notas no eran muy buenas por lo que esperaba luego de la graduación vagar durante algunos meses antes de iniciar la universidad, la cual no me atraía de ningún modo. Después de la graduación, a la cual asistí impecablemente trajeado, mis compañeros y sus padres organizaron reventones que duraron varios días. Andrés, que era mi único amigo del colegio, me sacó de una de esas madrizas en hombros y semidesnudo. Al parecer luego del baile organizado por el Toño Ricaurte, las cosas habían ido cuesta abajo, lo que me involucraba en dos peleas, una sala incendiada, pérdida de documentos e incluso el enfrentamiento con un uniformado. Al uniformado, un tipo grueso, con antebrazos de boxeador, luego de un frenazo le había hecho notar que en una esquina donde no existe señalización, se da por entendido que la preferencia la tiene el automóvil que se desplaza en el sentido norte-sur, cosa que él no practicaba, razón por la cual, frenamos dramáticamente, con el resultado de asientos mojados y botellas rotas. Sin soluciones a la vista, observé como el uniformado intercambiaba comentarios con un tipo extraño que lo acompañaba en el asiento del copiloto. El tipo extraño, visiblemente nervioso parecía pedir que lo saquen de allí, tapándose el rostro, pues el sol era recalcitrante. Casi sin pensarlo, me atreví a decir que por las dudas le preguntemos a un oficial que acababa de ver, oficial que por cierto no existía, la calle estaba vacía, al igual que los locales, pienso era la hora del almuerzo. Al parecer esto intimidó al militar que prefirió pagar, invitándonos cervezas verde y una botella de tequila Los salvajes. También le hicimos comprar varias cajetillas de Philip Morris.
Antes de irnos, quise saber el nombre de aquel militar que no había querido enfrentarse a un grupo de mocosos que a simple vista habían estado bebiendo y que para más referencias no cargaban documentos. Gallegos, dijo el militar, Gregorio Gallegos, al tiempo que extendía la mano como un amigo, o como un socio con el que acabamos de intimar.
El cristal hizo un ruido seco, seguido de un eco, como cuando un corcho se desprende con velocidad de una botella de champagne. El uniforme se tiñó de un rojo oscuro y parecía más una franela húmeda, un pedazo mojado de terciopelo. Los muchachos me escondieron durante varios días, mañana, quizás me dé una vuelta o me matricule en una universidad.

18/11/10

Nadar con los ojos abiertos

Lo primero, siempre lo primero. Él toma una carpeta, busca un esfero, sobre la mesa, sobre la carpeta. Piensa en un tema, el desarrollo del tema, motivos, razones, pruebas. Antes incluso, ahora, cierra paréntesis. Los abre, carpeta, posición, muchas bajas. Plaga, diagnóstico, basado en. Él estornuda, millones como lenguas, sobre la mesa la carpeta, sobre la mesa él, razones, polémica. Él estornuda, él se cubre, el se escucha, él una manga, otra manga, todo el saco.

Mientras decide de que escribir, él, hace un repaso. Autores bondadosos, autores desertores, la bondad es desertar. Piensa en Fernández, lo pronuncia sin tildar, piensa en Escobedo, la rima está fuera de lugar, piensa en Murakami, trabando, trabado, tragando, piensa en Archimboldi. Naturalmente fuera hay un tratado picoteado por polillas.
La lluvia afuera cae con fuerza, lo que motiva a cambiar de radio: la ciudad moderna que un día quiso ser capital. En su mayoría mansiones, el siglo es comúnmente confundido. Se confunden, mitad de cemento, mitad de vidrio. Insomnes, mitad de luna, mitad de tungsteno. Observar desde casa, bolsa blanca, escoba, muerte, elección. Vivir de memoria. Envejecer, en el fondo, junto a cada pez.
Antropos descansa, debajo un árbol. Es probable, nos vemos en quinientos años. Estatuas, palomas cagadas cagando piojos; la rama y el olivo, semáforo, cono, un submarino hundido al que le pueblan algas el cabaret de los peces. Bajo la premisa Llosa fotocopiado, cientos, adictos, carne de Houellebecq, quimio para Viterbo, agujas bajo el brazo, bajo la consigna de desconfiar, como barcos, mar oscuro, sobreviven todos, en el fondo hacen boom. Sobre lomos el nobel, veinticinco nobeles de fuerza, los libros a flote, la profundidad, Bolaño, la ciénega, el zumbido; el pueblo de los hombres gordos, su destino, convertirse en abismo. Abajo, bajo señales de sendero turístico, perderse, sera posible perderse, serán más las dudas, abajo, a lo lejos, en apariencia extranjero.

Aléjate, en pantalla, en degradé. La habitación también taller. Bultos como viaje. Afuera la lluvia, ya nada.

Él describe secuestros. Bloqueado, un rostro. Sin ojos, de perfil otros ojos, recuerda dice ella, un hombre y una mujer que no recuerdan sus nombres. Escribe, tiene manos, buen culo, tiende cada cama. Ojos, piernas, cama, culos. Nombres, en cuaresma, bajo el código de la culpa, con permiso, otra vez de culo.
En el relato y en la vida real él se sienta frente a ella en una mesa vestida con un mantel rojo. Ella y él también visten de rojo por que lo que parece que se han cubierto con el mantel. Sobre la mesa hay café, panes de yema de huevo, arrope de mora y un queso amarillo del tamaño de un plato. Eso en el relato. En la vida real ambos toman chocolate mezclado con unas gotas de ron.

Muy bueno el café dice él después de servirse tres tazas. Ella, que va por la primera, deja la taza humeante de café, y se levanta de la mesa. En la vida real ha comido un pan, en el relato, ella lo llama Gay.

Gay, ven a ver, Gay, tienes algo que ver.

En sus manos Lautaro, voy, tu trae sal. Choco hace miau. Lautaro hace miaur. Andrés es a Gay, lo que Anna es a, fuera, pijamas, Él hace miau, ella dice ya nada, tanta casa para nada, ella lanza sus medias, en la vida, en el relato, Lautaro hace miaur, voy dice, y se fue a volver.

La función

Ella apura la subida al vagón. Él, antes de sentarse la mira de reojo, y con un gesto la invita a acercarse. Ella dobla su abrigo, lo coloca sobre sus piernas y en silencio apoya su cabeza sobre el hombro de él. El metro parte y en teoría el viaje no debería tardar más de quince minutos. Él enchufa un auricular en el oído derecho de ella mientras conecta el auricular más corto en su oído derecho también. El vagón antiguo y hecho de madera se agita a cada lado en intensas sacudidas sobre todo cuando el metro a alcanzado una cierta velocidad, cuando ha llegado al climax permitido entre una y otra estación. Ni ella, ni él se mueven aunque él de vez en cuando es observado fijamente por una mujer adulta, quizás de unos sesenta años. La estación en la que el metro se detiene se llama Piedras, un letrero hecho de porcelana indica las escaleras de salida.

La siguiente estación en teoría es Lima, pero al no haber conexión el metro no se detiene lo que le da una cierto impulso e incluso deja notar el buen estado de la máquina. Él consulta su reloj y no puede dejar de sentir una cierta culpa, e imagina la fila, los asientos, el silencio y la primera escena. Como si ella lo estuviera escuchando dice nos queda la función de las cinco y media y él piensa en la librería y el dinero que no puede gastar. El metro se detiene en la estación Rivadavia donde se baja la mujer adulta de sesenta años. Entonces compraremos los boletos dice él.
Las estaciones Gardel y Abasto se suceden casi inmediatamente, como en un sueño, y en segundos ellos se encuentran afuera, quemados por la fuerza del viento. Ella desdobla su abrigo mientras él coloca el paraguas bajo su brazo. Él, la ayuda a colocarse el abrigo y ella se toma medio minuto hasta sacar la bufanda de la mochila. Está noche habrá tormenta repite un periodista y a él, ese hombre de la televisión le parece una cara conocida. De pie sobre la escalera eléctrica, él recibe un aviso como un flash en la sien, duro como una broca invisible en lapsos rápidos y repetitivos y otros pesados como un martillo.
Mientras ella le hace preguntas, y él intenta recobrar el sentido, sobre un plato transparente, un postre de tres leches es decorado con caramelo.

4/11/10

Estábamos en medio de un teatro?
Cuando Draco Rosa sacó aquel disco con ese absurdo nombre pensé que Draco había perdido para siempre ese sentido artístico o lo que es lo mismo el buen gusto para adentrarse en temas menos importantes o lo que es lo mismo bastante más populares. Su disco El teatro del absurdo me pareció un disco de pocas luces y sobre de todo de un titúlo por demas ridículo. Robi Draco Rosa ha grabado éxitos impresionantes como... en realidad sus temas los coreo cada vez que los escucho y sin embargo me es imposible recordar los títulos, acaso es una

Sus luces eran muchas, ella podía sonreir con la misma facilidad

Ella estaba llena de ventajas, la mayoría envidiables pero sobre incomprensibles

Ella poseía ventajas que la hacían

Sus ventajas

Martín era un tipo despreciable. Nada había en su rostro que lo delatase, de hecho, quienes apenas lo conocían sentían por él la misma simpatía que se siente por aquellos animales que han sido abandonados a su suerte, por aquellos seres a los que se les permite dormir

Hay acaso algo más despreciables que saberser

El tipo era despreciable. En eso estábamos todos de acuerdo,

Ambos pedimos fanta. Ella pidió una fanta, dijo que siempre había sido su favorita. A mí la fanta me gusta con vodka dije, ella medio hizo una mueca, medio quiso sonreir. Sentados de frente al mar tomamos nuestras bebidas, mientras ella sonreía sin motivo alguno, quizás sonreía porque