3/8/10

El decorado*

La decoración consistía en toda clase de artilugios relacionados con la mente y el juego que la hace producir un yo distinto pero gemelo. En tamaño natural una estatua de cera de un hombre vestido de soldado, sostenía en sus brazos a otra estatua, idéntica a él pero que con las manos juntas suplicaba quizás que le quiten la vida. Al frente en una pantalla sobre el escritorio de la mujer que hacía de recepcionista se repetían las imágenes de una película de fantasmas que habitaban los salones del antiguo museo. Las imágenes eran reproducidas en un aparato de blue ray que además amplificaba los sonidos hasta la habitación de alado.

Para hacer más inquietante la escena y quizás por recomendación de algún otro médico, se había decidido colgar un cuadro visiblemente gótico de Don Quijote de la Mancha. En el cuadro, el artista, dejaba ver la locura en la que se había sumergido el señor de la mancha, a través de caballeros y molinos que intentaban hacer daño al caballero de la mancha. La pintura había sido pintada al óleo, y no dejaba ninguna clase de posibilidad a otra interpretación que la que acabamos de leer. Don Quijote había sido vencido por su locura, y ni siquiera Sancho, se asomaba para calmarlo.

El doctor me pedía le explicase esa escena, pero a mí, en particular me atraía estar afuera, con amigos, tomándome una cerveza o quemándome la espalda al sol. Al explicarle de esto al doctor, de mis ganas de irme de vacaciones, el doctor soltó una risa, y en su voz y en su frente se dibujaron ciertos rasgos de asombro, ternura y resignación. Tú, dijo, tú Mateo, no puedes ir ni siquiera solo al baño.

Por cierto, en esta habitación también existía una figura a escala de Jack, el protagonista de pesadilla antes de navidad. Tim Burton también dirigió Beetlejuice y una donde los monos eran los dueños del mundo, donde bailaban alrededor de una ojiva o cabeza nuclear.

La cruz que Judas regaló a Magdalena*

En el hospital las cosas estaban ordenadas, ascépticas, en horario y bajo control. Nadie me vió llegar, nadie me vió bajar de la ambulancia, nadie supo cual era mi nombre hasta cuando una mujercita, delgada, la vedette de la muerte pensé, preguntó mi nombre y la razón de mi visita.

Una hora antes dormía de lo más cómodo en la cama más alta de mi litera. Cómodo producto de la charla y el desorden de la noche pasada o de que en la habitacíon, dispuesta para 3 personas más, no se encontraba otro que no era yo mismo y el colchón. De repente y sin aviso la oscuridad que reinaba el cuarto como una telearaña se desprendío y dejó entrever a contraluz la figura de un joven que más parecia un ángel o un enviado de la providencia.

El tipo, vestido con una camiseta roja me dió órdenes de abandonar la habitación para que lo acompañase, ya que en su departamento tenía algo que yo debía ver. Entre dormido y extrañado pensé que estaba loco si pensaba que yo lo iba acompañar así que respondí que no tenía tiempo. El cerró la puerta con cuidado y la telearaña bajó de nuevo dejándonos en presencia de nuestros ruidos. Las maderas del piso crujían mientras él se acercaba y casi al oído, al borde de lo onírico él dijo, hay alguien que te quiere ver. Vistiéndome delante de él, decidí acompañarlo al departamento, que alguna vez también fue mi departamento.

El lugar no había cambiado en absoluto. Sin embargo los posters de Kafka y Warhol que yo había pegado en la sala ya no existían y en su lugar colgaba un gráfico de unas latas mal iluminadas de cerveza. Las mismas aberraciones de siempre pensé y al darme la vuelta para observar dentro de la cocina me encontré con un rostro que me estudiaba con cuidado.

Ella procuraba no llorar ni espantarse ante mi presencia. Quizás pensaba que todo lo que le habían dicho de mí era mentira y que en el fondo quizás yo no estaba loco. La saludé con un beso de confianza que en mi interior iba acompañado por un estoy bien, despreocúpate, mientras en su rostro que permitió me acercase, se dibujaba una pequeña sonrisa que me permitió respirar recién el aire de ese día que no se parecía a ninguno.

Después de una breves palabras en la sala de mi amigo Judas, me subieron a la ambulancia, no sin antes prevenirme que era por mi bien. Sobre la camilla y con ella, que no se había separado ni un instante de mi, al fin entré al psiquiátrico bajo los cargos de ezquizofrenia y desorden público. Los enfermeros me abandonaron a la entrada del hospital, la recepcionista al igual que mi esposa procuraron hablar solo lo necesario. Por supuesto yo fui capaz de pronunciar sin ayuda mis dos nombres.

Charles versus Keaton

La clase de historia estaba llegando a su fin. El profesor había sacado las cintas del reproductor de video, había apagado el televisor, la luz seguía en off y una cierta modorra se mantenía en los pupitres de todos los que se mantenían con la cabeza agachada, al borde, casi del sueño. Al encender las luces, el profesor, visiblemente nervioso también encendió un cigarro y pidió que por favor alguien le trajera un café de la máquina. La clase había tratado el tema de la modernidad en el cine del género mudo y las imágenes de películas como Metrópolis y Tiempos modernos más que impresionar, a diferencia de la película de Buñuel y el ojo mutilado, había generado una crítica tonta y bastante olvidable.

El profesor, un hombre corpulento pero joven aun, mecía el azucar de su vaso de plástico con una palita tan delgada como un palillo para dientes que daba la impresión de que en cualquier momento se iba a quebrar para ahogarse entre la espuma del expreso. Era tan delgada como una aguja que además raspaba el fondo del vaso de plástico produciendo un sonido largo y agudo, parecido al sonido que hacen los frenos de los trenes al llegar a una estación. Ese ruido de frenos y metales se mezclaba con la exposión de uno de los chicos que aprovechaba el fin de la clase para ganarse unos puntos extras y por supuesto exonerar el examen final. Alguien desde el fondo gritó que Chaplin es un poeta y Keaton un burócrata mientras el resto de los alumnos habían empacado sus cuadernos y esperaban hablar de Burroughs y algunas adaptaciones.

El ruido fue seco, como un costal de arena golpeando un suelo de mármol. Detrás del escritorio una cortina de humo se elevaba, alta y se confundía con el eco de aquel cuerpo que había caído hace segundos. En círculo los alumnos observaban las manos del maestro que habían estrujado el cigarrillo y el vaso de café convirtiéndolos en una mancha lodoza sobre su camisa blanca de verano. Uno de los muchachos salió empujando a los otros, en especial a quien intentaba ganarse esos puntos extras, y su grito se escuchó en los salones contiguos cosa que en minutos estaban todos, incluso el guardia que trabajaba en la puerta de entrada y de salida.

La profesora de lógica pidió que dejaran espacio para que entrase el aire. El director golpeaba el pecho del maestro y soplaba fuerte dentro de su boca. Lo que nadie notó, solo una de las mujeres de limpieza era que la máquina de café botaba más azúcar de lo normal, los 5 gramos que le habían prohibido al corpulento profesor.

2/8/10

La celebración

La música que escupía el aparato reproductor de sonidos había dejado estampando los cerebros rosados de más de la mitad de los asistentes al cumpleaños de Iván. Ivan por supuesto sonreía con un vaso de whisky en la mano y un revolver por si acaso se animaba a estampar el suyo propio.
Los discos que Iván había escogido para la celebración eran fácil de encontrar en almacenes o tiendas de centros comerciales pero Iván había preferido bajarse todos los discos a través del internet, así de paso probaba la banda ancha por la cual pagaba una suma con la que bien podía pagarse dos o hasta tres discos originales. La piratería le permitió hacerse de títulos como:

De-loused in the comatorium de the mars volta
Silver apples por los Silver apples
Blues for the red sun de Kyuss
The bedlam in goliath, también de the mars volta
A thousand leaves de Sonic youth
of natural history de Sleepytime gorilla museum
Diabulus in musica de Slayer
Renegades de R.A.T.M
A night at the opera de Queen
Death to the pixies de Pixies
Disco volante de Mr. bungle
Guitar uno de Frank Zappa
Asmodeus de John Zorn

Nadie estaba de acuerdo con el maltrato animal, y menos con llevar cuadrúpedos a una fiesta. Un ligero sobresalto suele ser suficiente para asustar a un animal que teóricamente es un burro y en la práctica se comporta como un marsupial. Ese cambio de rol, producto de la mezcla de ambientes, ha dado origen a una serie de posibilidades que van de la clonación de células y el cultivo de cristales para la fabricación de componentes cada vez mas pequeños a la sodomía y otras variantes donde perros, travestis, enanos y estudiantes de intercambio se mimetizan a oscuras entre las frazadas de una habitación con olor a hospital.

Varios cerebros rosados han quedado estampados también en los techos y en una fender de tonos azules. El cuadrúpedo que asistía a la fiesta fue devuelto entero y el zoo jamás lo cruzó.

El alfajor

Eran exactas las seis de la tarde, Andrea lo sabía porque apenas había acabado de mirar por centésima vez su reloj. Además al fondo de la estación colgaba un reloj enorme, con dos manecillas que marcaban las seis de la tarde con un minuto. Decidió quedarse en ese lugar durante un minuto exacto, ni uno más ni uno menos, y pensó que al bajar las gradas para tomar su subterráneo, sacaría un peso de su monedero y compraría dos alfajores de chocolate blanco y uno de chocolate negro que lo sumergería en una taza caliente de leche. A Joaquín, su novio, le gustaba también el chocolate negro, pero en vista de que parecía que por tercera vez la dejaría plantada, decidió comprar un solo alfajor para la única taza, la de ella.

El invierno era impiadoso con los bonaerenses, que embutidos en sus bufandas y sus atuendos de lana parecían ser refugiados de alguna guerra en busca de víveres. Como en una de esas películas donde las ciudades han colapsado, los habitantes de ese vagón del subterráneo, lucían como sobrevivientes de un nuevo holocausto tecnológico: muchachos que encendían pantallas de cristal portátiles con información de revistas y periódicos al otro lado del océano. Auriculares en forma de diadema colgado de sus cráneos y con extensiones inalámbricas para hacer llamadas solo con pensar en un número. Ropa que cambia de color según la luz y la temperatura corporal. Dispositivos microscópicos capaces de reproducir música a nivel telepático. Libros impresos en papel couché. Punks sentados en el piso del último vagón. Mientras Andrea leía un libro de psicomagia y terapias tántricas, una voz que salía de los parlantes repetía: la isla está a su alcance. Ríndase. Todos los estímulos.

El subterráneo alcanzaba velocidades que juntaba los polos mas opuestos de la ciudad en cuestión de minutos o el tiempo suficiente para dejar caer un pañuelo, esperar que el hombre sentado en el lado opuesto se lo recogiera, sonreir medio en broma, medio con culpa, y esperar a que el sortilegio tomara efecto. De pañuelos botados y de hombres desconocidos vivía Andrea, y se puede decir que su corazón jamás sentía culpa, solo quizás cuando la cacería le traía esa especie, que se parecía a Andrea en genéro, solo entonces para estas, Andrea reservaba uno de los alfajores blancos.

30/7/10

Y asi uno se va dando cuenta que lo quiere es jugar solo, que todo lo acumulado tambien ha sido empeñado. Entonces uno va perdiendo la capacidad de ver, ya ni de amar se acuerda. esto debe ser ser una piedra rodante. ser un arbol bonsai, el arbol que se podaba a sí mismo. los desafíos fueron distintos, ahora se trataba justamente de tener, de ser el dueño del castillo, una palabra puede cambiar todo el significado.y hay veces en que parece que uno juega de bufon o que no ha encontrado a otros reyes que financien el proyecto, a veces parece que el conocimiento no alcanza, y uno aprende a no depender de los otros. y sin saberlo duermes con el enemigo. para colmo todas tus armas descansan bajo las gradas, o acaso no extrañas despertar en otras camas, a otras horas con la misma ropa y con mal aliento.

Los maestros

El mundo se va a terminar dijo la voz del telesiete y Simón sonrió con bastante humor, realmente alegre. La sintonía a las alturas del octavo piso en el que se encontraba Simón suele ser defectuosa, pero, como nunca el canal de televisión presentaba una imagen nítida, sin una línea de lluvia y con la definición de video o dvd.
Simón miró por la ventana dos avenidas que escupían autos, pequeños como micromachines, tragados por un ojo negro que esperaba abierto en la parte más baja de una montaña. El ojo que jamás pestaneaba, recibía un auto rojo y devolvía uno con dos ruedas, o tragaba una camioneta y devolvía dos ambulancias. Algo más poderoso que Dios ha de controlar esas operaciones pensó Simón he hizo una señal en forma de cruz sobre su pecho.
Carla que estaba sentada junto Simón, masticó el filo de su esferográfico haciéndolo crujir, para que Simón la escuchase, pero ni esto, ni la falda corta que llevaba parecían importarle a Simón.
Al examen le quedaban cinco minutos que bien podían aprovechar los presentes para cerrar sus mochilas, hacer una bola de papel, clavar el esferográfico sobre los largos pies del profesor Palmera, y esperar a que se cayera mientras cruzaban la puerta del ascensor. Cinco minutos que a otros los tenían clavados a la hoja del examen de crítica de medios, que tenía los datos básicos y el nombre en blanco, con la cabeza en una película muda donde los protagonistas eran atropellados por barcos con forma de trenes y la mujer secuestrada pagaba con edificios hechos de oro. Secuestrados por última vez por un profesor, por una escuela, por una aula y por la tarea de testificar lo aprendido.

Los muchachos bajan las escaleras pues en el ascensor van los maestros.

27/7/10

Su cabeza era el centro exacto donde convergían todas las ondas radiales del espectro sónico del universo.
Paulo fue el último en acostarse, miro a ambos lados de la habitación, apago las luces y esucho encenderse las voces de los otros. temiendo equivocarse o confunidrse abrio los ojos con mayor intesidad como si de ello deendiera que su vida no fuera plagiada o copiada por alguno de sus interceptores. quien dormia bajo el podia tomar una de sus ultimas ideas sobre la adolescencia y la sexualidad por lo que evito pensar en nombres propios. a us lado izquierdo, y en l otra litera , dos lde los individuos mas trabajdores lucian como si llevaran horas descansando por lo que ra posible que ninguno de ellos pensare qsiquerea en robar uno de sus pensaminetos.
paulo gritaba hasta en sus suñeos
paulo despertaba gritando, se alegraba de ser el unico en la habitaciónAl levantarse, Paulo Nissan Junior, dejaba en la cama, la cama, las cobijas, las revistas, las almohadas, las cobijas, las sábanas, el colchon, su carne, sus pedos, sus huesos y toda su sombra acostada de forma que mientras el iba al baño, los demás aun lo escuchaban dormido, con la respiración acelerada. En todo caso, Paulo Nissan Junior

11/7/10

Las calabazas

Un equipo de 7 conejos jugaban al baseball.
El cielo comenzaba a ponerse de ese color anaranjado más cercano a un tomate aun sin madurar. Los bebes desnudos del palco tomaban con ambas manos cada pelota que desde el campo caía, hacia donde ellos reposaban sus traseros desnudos.

Uno de los bebes señalaba hacia una nenita bebe que llevaba una flor en su cabello que combinaba perfectamente con lo rojo que en ese momento se había puesto el sol. Los conejos levantando sus colas blancas, realizaban cuadrangulares que se perdían, en ese cielo que también lo decoraban las nubes. Levantaban sus colas antes de dar los pequeños saltos alrededor se ese campo con forma de diamante, verde y recién podado, donde sus pequeñas patitas dejaban huellas y una que otra marca profunda.

El partido iba empatado con dos entradas en tercera base. Alguien desde lejos tomaba fotografías, con una máquina antigua a la que le habían quitado el flash.

Mientras los conejos jugaban y los bebes criticaba el clima, Dios regaba un poco de su lluvia para aplastar un poco el smog.




La gata colgaba de las cortinas. El bar de hachís seguía promocionando sus productos extranjeros, bajos en remordimientos y con excelencia existencial. Sin embargo, la gata había olvidado sus modales felinos, como ronronear y jugaba a que era una mamífera a la vista de todos los demás animales.
Una musaraña que aun mantenía su chaqueta, elevababa plegarias de rodillas y con la boca pegada al suelo. Una rana preocupada, se estiró hasta su rostro y antes de cachetearla, escuchó un llanto diminuto que la puso tan triste, y la musaraña lloraba, y la rana prefirió quemarse por combustión espontánea.
La rata mayor, con su traje y sus modales habló de Bach y definió su estilo como pedazo de renacimiento. La musaraña seguía besando el suelo. Los duendes que salían entre el humo de aquella convención, vestidos de verde danzaban contentos y tomados de la cintura. El techo y las alfombras medían dos elefantes entre humo y humo.
Mientras los roedores fumaban, Vanesa, la de Lynch, observa el cuadro con la boca abierta.




Los siameses habían recibido sus regalos de bautizo y caminaban sin saber que pronto crecerían de golpe sin el uso de la fuerza y recordando la fecha.
La oscuridad iluminaba ese campo naranja de tulipanes con la luz de una luna que se colgaba abierta sobre una montaña que su luz también alcanzaba a iluminar. El pequeño siamés comía una begonia mientras la pequeña pensaba que ya no tenía miedo y pronto caminaría sola. Además ambos recordaban que su padre había dicho que al cruzar el río, Dios los vería con su ojo amarillo y así era como ellos se protegían. Ninguno sabía que al llegar a su destino, Dios tomaría el corazón de chocolate de la pequeña y lo aplastaría junto al cordero que era en cambio el regalo que cargaba el siamés niño. Todo para que sus padres vivieran otras dos décadas de bonanza y salud.




La boda felina había sido un éxito y sin embargo la esposa no sonreía como los fotógrafos estaban acostumbrados. El esposo felino, alarmado, habría querido quitarse el moño que llevaba por corbata, aunque, en el fondo, sabía que eso no es lo que le quitaba la respiración. El esposo felino sin embargo no se alejo de su esposa felina e incluso, se olvidó de sus invitados. Que podía ser lo que enturbiaba la mente de la hermosa esposa felina?.
La esposa felina había reservado para otro su corazón.
Mientras se colocaba el vestido, la novia felina pensaba en el gato que la amaba, así, tan felina como era ella. Mientras, el novio felino, que no era tonto, pero había dejado de comer ratones, adelantó de adrede los preparativos de la boda, designando primero una corte que acompañaría a la novia felina incluso a la iglesia a reparar sus culpas. El canino de la iglesia veía algo avergonzado esta situación. Así pasó y el corazón de la felina quedó cegado como un pirata de un solo ojo. El día de la boda los preparativos habían terminado y la novia felina sentía una opresión con forma de tic sobre su ceja izquierda. Esta empeoró al ver que la paloma que la novia felina habñia enviado con una invitación a su amor verdadero regresaba con el pico en la invitación. Además sus primas felinas gritaban felicidades mientras el bufón de la familia reía con un parche en el ojo.
Al fondo del salón, el amor verdadero de la felina cobardemente se tomaba del hocico, que era lo único que ese día pudo tomar.




Los dos pichones habían decidido pasear en su nave durante la noche de año nuevo. Llevaron sus trajes y sus gafas de vuelo. Sin querer confundieron la pirotecnia con proyectiles alemanes y ahora están a punto de estrellar su nave en llamas.

10/7/10

El motel.

We are accidents waiting to happen. -Radiohead-

Era la quinta ocasión en que ella quitaba la vista de la carretera. Y la segunda en que intentaba darme un golpe. Ya antes me había lanzado su teléfono, una caja de Philip Morris, el encendedor metálico, imitación de un zippo y si por ella era, me lanzaba el carro encima. Como un niño regañado, me coloqué la capucha sobre la cabeza y crucé los brazos sobre el pecho, a veces, ella volvía a entrar en calma cuando me veía indefenso, creo entonces le salía su instinto de madre, entonces sentía que ya no me miraba, sino que me examinaba.
Dos horas antes bebíamos vodkas en la casa de Erick. Estábamos muy cansados, y decidimos tomar una última ronda antes de irnos.
La última dije, que debo volver a casa, mientras Erick completamente ebrio, empujaba una copa sobre mi boca que, por accidente, mojó la mitad de mi pecho.
Ustedes deben quedarse, tomen la habitación que quieran, no se preocupen si lo quieren hacer háganlo, forniquen todo lo que quieran.
A pesar de las buenas atenciones de Erick, decidimos dormir en casa. Erick nos llevó hasta la salida y desde allí nos habló de un motel que estaba a una media hora de distancia. Por un momento nos pareció sobrio y sus ojos volvieron al cauce normal de sus cuencas.
El auto iba bien hasta cuando entramos en una curva. Por nuestra charla, y nuestras risas, ambos dejamos de observar el camino. En la curva nos salío un animal, o algo más pequeño que un niño y, por evitar matarlo, ella hizo un giro hacia la izquierda, terminando con el auto varado a un lado de la carretera. El resultado, un susto y un neumático bajo.
Caminamos quizás un kilómetro buscando algo de ayuda. A lo lejos observamos una pequeña luz que pensamos sería una casa, aunque, la zona era absolutamente desierta. La sorpresa fue encontrar un rótulo de neón en forma de 2 pares de piernas, recostadas una sobre la otra, con la palabra en rojo "abierto".
El encargado era un hombre rudo. Sin preguntarnos, nos ordenó esperarlo, hasta cuando él, volviera con la llanta pinchada. Ella le dio la llave del auto, en el fondo yo sentí, que en ese hombre no debía confiar.
Por iniciativa propia tomamos una de las llaves. La habitación número 202. Lo extraño era la numeración ya que el establecimiento no tendría mas de 30 habitaciones. La nuestra estaba en la planta baja, junto a una máquina de bebidas. No pude decir que no, ya que ella, cuando bebe es un animal, rompe mis correas, enreda mis tirantes, se come mi entrepierna y los sudores que bajan por mi estómago.
A través del cristal, el parqueadero era iluminado por esas piernas de neón.
En otras historias, a esta altura hubiéramos sido asesinados. El hombre con una peluca larga, habría clavado su cuchillo, mientras ella tomaba de espaldas una ducha. La luz a medio gas y las paredes de troncos cortados, húmedos como en un turco, tragándose todos los ruidos. De ser otra historia el tipo rudo no habría vuelto durante toda la noche y sus atrevidos huéspedes aún retosarían sobre las gruesas cobijas de una cama recién tendida. En otras historias habría una mujer con nombre, un punto negro en el mapa, unas sábanas rendidas y una montaña apagada de cigarros.