6/7/10

El salón

Al entrar, ninguna saludó. Preguntaron, se sentaron, sonrieron a los parroquianos y ordenaron les pasaran 3 pepsis heladas.
Los parroquianos, gente que llegaba a diario al bar, observó con curiosidad la escena. Observaron sus vestidos, observaron sus carteras, uno de los hombres, el que más sudada y se sentaba con la silla echada para atrás, dijo que seguro venían de un funeral, a lo que el mas viejo del grupo, para acotar con la broma dijo, esas no saben de muertos.

Las chicas llevaban una cámara polaroid con la que se sacaron varias fotos: una junto a la rockola con discos de 45 revoluciones, otra junto al oso disecado que cuidaba la puerta; las chicas abrazadas, mirando a cámara, besándose en la boca, ajenas al pueblo y a los fantasmas que este producía.

Las actividades normales del lugar se habían detenido para hablar de ellas como quien habla de un perro muerto o de una persona extraviada. El Concejal, pidió a la gente que hiciera silencio. Instó al orden público y pidió un poco de cordura y sentido de la hospitalidad. Entonces la camarera, que acababa de llegar, sirvió las tres pepsis heladas. Los hombres de las bromas ahora bebían sus espesas cervezas en silencio. La rockola descargaba un viejo tema de Elvis Presley, mientras el concejal dejaba pagando una ronda de pepsis para las tres chicas foráneas. Cuando las chicas dejaron el salón, habían dejado olvidada la cámara, desordenadas las sillas, rayada la mesa y las últimas pepsis a medio beber.


El trato

Desde ese punto de la habitación, Marla y Daniela se miran, como si la una fuera espartana y la otra, una bárbara inglesa de siglos pasados. Se miran con ganas, de lejos pero desde adentro. Marla tiene por función el diseño de portadas de discos y la ilustración de novelas gráficas: un dibujo a mano, en minutos se transforma en un Cramp o en una silueta de Charles Schulz. Marla es ambidiestra. Daniela, quien detesta los dibujos animados, juega con sus dedos sobre el escritorio, como si este fuera un tambor y sus dedos unas baquetas, como si tocar un ritmo fuera el mantra que necesita para preparar estrategias, para sondear clientes, para elegir los términos adecuados, para encontrar el momento exacto en el que dejará a su jefe el resto del trabajo, el cierre nada más. Para la empresa no faltaba el cliente es la marca.

Daniela, pensaba en Marla. Pensaba que Marla era una mujer afortunada, no tiene auto, pero es afortunada.

A Marla le preocupa su edad. Pronto estaré vieja para este mouse. A la mano tenía el Harvest de Neil Young y el Lady Soul de Aretha Franklin.

La voz de Daniela sonó clara, incluso amena, sonó como una voz amiga, o de alguien que ha perdido a todos sus amigos.

¿Quieres un café? Preguntó

En la habitación, además del disfraz de Charly Brown, no había otra persona, por lo que Marla comprendió que la pregunta era para ella. Claro, dijo, y Daniela ya estaba con el café y el azúcar, y Marla con un trapo limpiando el desorden de Daniela.

Déjalo, yo lo hago dijo Marla.

Daniela que nunca hablaba de ella, se lanzó a hablar con Marla como una hermana, como con su íntima amiga. Quizás menos Marla, ella ya no tenía amigas.

Esa mañana, Marla y Daniela hicieron un trato. Marla, aún dibuja en ordenadores, incluso ha trabajado para esas marcas de zapatillas deportivas, las que salen en la película del auto de aluminio, el De Lorean creo. Daniela ya no riega el café. Sobre su escritorio, detrás de un retrato de ella, está el disco de Neil Young.

2/7/10

Jeff Albertson

A cada apretón de la mujer gorda que estaba a su lado, Paulo perdía valiosos tramos de respiración. Jadeando y al borde del desmayo alzaba los brazos y aunque lograba unos segundos de alivio, al final, los brazos caían rendidos y el cuerpo se balanceaba, al ritmo de los músicos, sobre las enormes tetas de la mujer gorda.
Al despertar, el grupo bebía su tercera ronda de Clausens. Te perdiste del bis, dijo Andrés, alcanzándome, luego de darme un golpe en la nuca, uno de los vasos de plástico blanco y húmedo. Estábamos en los parqueaderos del estadio, y al parecer por el ruido que hacíamos éramos los únicos a varios metros de distancia. De lejos miré a Andrés bromear junto a los otros sobre mi desmayo, así que cuando subí a la camioneta, nadie notó mi ausencia. Traté de encender el auto pero noté que mis llaves habían sido tomadas. Busqué debajo de la moqueta y encontré, la copia de la llave, que por fortuna, allí seguía intacta. Exitos dije y creo suspiré del alivio. Al darle la vuelta al encendido, por el costado izquierdo de la camioneta, escuché unos pasos, y mi instinto me llevó a tomar lo primero que encontrase a mano. Luego me di cuenta que había tomado la caramelera de cristal de Elena.

Qué haces?

En ese momento, Daniel levanta el brazo, con el firme propósito de abrazar a Ana. Ana mastica un puñado de maníes. En la pantalla gigante, Elena espera que Paulo no arranque el auto, mientras Paulo en la camioneta y Daniel frente a Elena, sienten de nuevo perder la respiración.

30/6/10

La sala, o dos sillones, un sofá, una alfombra y una mesa de madera con un cristal en el centro, estaban cercadas por pinturas al oleo, colgadas de las paredes, asi como por otras, al oleo y carboncillos, paradas sobre el piso. Quien salía de la sala tomaba un cuadro, a veces dos y hasta tres, ordenadamente, pero con un cierto apuro. Además quienes salían no volvían a entrar. En la habitación del fondo, entrando por un pasillo que hacía de boca de aquella sala que cada vez se quedaba sin cuadros, un hombre colocaba su dentadura dentro de un vaso de cristal, lleno de agua hasta la mitad, dejaba sus pantunflas de algodon debajo de la cama alta, un poco mas que una cama normal, colocaba la alarma del despertador y cerraba las cortinas de su habitación por donde entraba un sol, tan claro como de las 4 de la tarde.

la sexualidad adolescente

El telefono suena, Dani, y tras varios timbrazos se convierte en la tercera llamada perdida.

25/6/10

Episodio

Los miraba entrar con sus vicios y sus mujeres en las manos, levantar el sonido de sus radios, sin siquiera quitarse los zapatos, los tacos que eran los peor ya que eran mujeres jóvenes, y ellos usando zapatos altos como sus peinados, bailando, al ritmo de baladistas en ingles, viciosos igual a ellos, de esos que comparten jeringas en los baños del bronx, de esos que cargan sus instrumentos a las 3 de la mañana hora en que los mortales como yo descansamos, tírales un balde con agua decía mi mujer, como crees mujer si a esos ni con la peste los callamos.
El miércoles es día de tanqueo. aunque crea que no me doy cuenta, lo he visto todo, porque yo también he tenido algún amigo descarrilado. a los 34 que ya era una edad adulta uno también puede caer en las garras del "atormentado". Recuerdo que esos días la fiebre del rockandroll no dejaba de cuerpos ni cabezas. Dos balas recibió el hippie-atormentadito ese.
Al llegar al departamento Gabriel toca la puerta y dice ser el nuevo portero. Solo quiero pasar a revisar las tuberías, y la puerta se abre solita, ya que el gordo, que mira estudiosamente a Gabriel, le deja avanzar hacia adentro, ya que no sabe que a Gabriel lo he contratado yo.

13/6/10

Ahi estaba, frente al televisor, mirando otra vez las tetazas de Sabrina en su video boys, boys, boys.
Siempre pasaba que al despertar y encender en el canal 9, el video de Sabrina acompañaba los créditos, del noticiero de la mañana que acababa de terminar. No era la primera vez que me levantaba, era como si mi cuerpo se hubiera programado a despertarse a esa hora, encender el televisor y encontrarse con la italiana en la pantalla. Como no había nadie en la habitación, y ese silencio parecia aplicarse a toda la casa, era mas sencillo observar sin ser molestado.

12/6/10

La banda inglesa Pink Floyd, ha sido escuchada en todos los continentes a excepcion de aquellos donde no exista un reproductor de compactos o una conexión a internet. Pink Floyd ha colocado varios éxitos en las listas de rankings más importantes del mundo, su disco The dark side of the moon ha pasado hasta 45 semanas seguidas en los

11/6/10

A propósito del mundial





Gol gritaba la voz dentro del televisor y era obvio que esa misma voz, recorría también, el dial de alguna vieja radio, y los pixeles en alguno de esos monitores planos. No pude evitar sentirme aludido, asi que corrí a comprar una antena nueva para mi viejo sony trinitron de 14 pulgadas.

El partido inaugural fue transmitido a eso de las 9 de la mañana. En pantalla, algo lluviosa, aun, los presentadores de noticias, farándulas y de revistas familiares se tomaban por asalto las 14 pulgadas de mi trinitron. En esos momentos cuando una mujer rubia y regordeta hacía una broma sobre el himno nacional del equipo mexicano, me dió tanta rabia, que lloré el no tener una suscripción ilimitada a tv cable o por lo menos al internet. Como no había otra opción que la de apagar mi sony, continué mirando ese gran show del mundial. Para sumar puntos a la cómica transmisión, el comentario de un viejo, experto al parecer en temas de fútbol, pero algo lento, en comparación con el ritmo del partido que estaba por comenzar, me recordó a los partidos de 1990 cuando Maradona era un crack y Goycochea atajaba penales como si alguien le soplara a donde debía de volar. Estos comentaristas de mundiales pasados no han viajado a Sudáfrica porque el mundial ahora es de Nokia, mientras mas segundos hablas con tus amigos, menos pagas en tus consumos. Para rematar el tecer presentador recordó a los televidentes mensajear a un par de numeritos, por el módico precio de 2 dólares el mensaje, para hacerse acreedor al balón oficial del mundial. De cual de todos preguntó un despistado comentarista, como no podía faltar y como el programa era en vivo, las risas pregrabadas hicieron del tiempo un zafarrancho.

El primer partido de este mundial termina 1 por 1 y temo que todo el mundial vaya a ser un continúo empate. De ser así, si de verdad todos los equipos empatan hasta la final, me compraré una pantaloneta blanca, mandaré a encordar la raqueta, me inscribiré en el tenis club, ya que ahí por lo menos un punto equivale a quince de los otros.
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7/6/10

El incendio

El ipod repetía una canción desconocida de Sumo: No te creo.
En otras épocas, la cama solía tener dos y hasta tres juegos de mantas. Sábanas, edredones, colchas, vicuñas. La cama alta, aquellas de tres plazas sosteniendo cuatro o cinco almohadones, grandes, voluminosos como una tortuga. Además, el colchón de resortes, silencioso, casi amaestrado para no permitir un solo sonido. La habitación completa, el colchón, las almohadas, los edredones bañados por una luz como un desierto egipcio, como una exageración de los sentidos.
Hoy la cama es un colchón de esponja tirado sobre el piso. El parlante conectado al ipod por lo menos decora de alguna manera la escena, digamos que le da un carácter de sencillez o más bien de simpleza. No ha quedado ni las alfombras, ni los almohadones, ni el edredón polar, más bien, la dureza del suelo de mármol, las hojas dobles de periódicos que sirven para no tocar el suelo, las pijamas rotas, desprolijas, en las esquinas de esa habitación rendida.

Del parlante sigue saliendo sumo , disco de 1985, y el año que marca el Daily News de hoy, es 2015. Andrea Sannz enciende otro malboro y la envoltura le advierte que ya le quedan solo seis tabacos más. Andrea hace una mueca parecida a la montaña de colillas que tiene sobre la banqueta, junto al colchón y los periódicos. La pared del costado izquierdo junto al aparato televisor sigue manchada como si el incendio hubiera sucedido hace pocos días. Andrea lleva dos semanas sin salir ni dejar que entren a su apartamento y la humedad parecería haberse prolongado, por los techos, por las tuberías, incluso dentro del refrigerador de semillas secas y frutos deshidratados. Paulo intenta varias llamadas a la puerta, pero, Andrea lo mantiene a raya, con un No te creo.
Es octubre, noviembre tardará dos veces más en llegar, del parlante sale un tema: amo dejarte así.