25/4/14

y eso fue hace casi dos meses

Y bueno, así estaba, y también escribí como un gusano, y el orificio cruzó de un extremo a otro, y pronto algunos autos cayeron, y también algunas personas que no podían dormir por la noche, y mientras miraban los muros de aquel orificio, muros que los rodeaban como una burbuja, y mientras intentaban gritar más fuerte, a pesar de que el ruido y los sonidos desaparecían entre esos muros, yo seguía en eso de mostrar otra cara, en eso de convencer y sobre todo, en el intento de presentarme como una piedra transparente, una cosa en mitad del sitio que dejan las nubes si uno mira desde una ventanilla o compra mientras los brazos están fuera y el mar hace ushhhhhhh.

Recuerdo que guardaba muchos minutos, demasiados, muchos, más que veinte dedos, y eso era de pie frente a aquella puerta. Era eso de mirar la madera y eso de meterme hasta las comisuras, como entre los pliegues, y eso tomaba su tiempo; y eso era bastante extraño, y otros hacían lo mismo y ya éramos cientos y la puerta quizás era cuerpos, carne seca, carne petrificada, o pez, o algo mucho más antiguo y sagrado y quizás uno estaba frente por algo del olor, esas cosas que se le pegan a uno hasta cuando ya no diferencia ni quién ni dónde y eso era quizá por aquello de la ciencia, algo como eso de las atracciones naturales y primitivas.

Luego estuve llamando. Ya es costumbre; y nada hay ni hubo del otro lado pero sobraban o sobraron algos, cosas que parecían ramas.

Luego tiré la puerta y luego estuve deslizándome sobre yerba húmeda haciendo spushhh y la puerta era como un trineo y nada nos empujaba y nada nos arrastraba y pensé que sería ideal chocar con algo y estallar y pensé que cubriría mis ojos para que las astillas no hicieran mucho, no quería ugh ugh ni tampoco nada de bu ju ju.

Cada mañana era similar y era como empezar la noche pero cubierto por sol y las avionetas hacían eso de cortar las nubes y yo miraba mi cara en las nubes y la avioneta tenía una bandera amarilla y una cruz roja en la cola que era como una oreja o una nariz, y seguro debía llamarse avioneta baronesa mayonesa o también algo como la sexta avionesa. Luego imaginé que disparaba un fusil y el fusil hacía tacatacatá y la avioneta volaba alta y casi ignorante de lo que ocurría abajo y el viento cortado hacias uss ussss y baronesa daba media vuelta y yo creo que lo hacía para mirar hacia donde unas lucecillas intermitentes hacían ruidos como de viento cortado. Luego disparé a la pantalla de agua, una pequeña coch coch justo en mitad de la sexta y el fusil, látima pero luego ya no quedaba munición.

Luego pensé en saltar y algunos autos estacionados quitaron sus seguros haciendo hic hic y varias motos enderezaron hacia simónbolívar.

En el orificio encontré mucha arena y mucho lodo y sin darme cuenta ya tenía mis manos sobre mi frente como ese hombre desnudo que parece fatigado.

Y a veces pensaba que sería buena idea hacer nuevos orificios y túneles para darle un poco más de oportunidad a la oscuridad y también a eso, detrás del auto entre la acera y sin muchas latas pero bastante en la perrera. Al darme cuenta estaba ya cerca de Querétaro. En Querétaro hay dos iglesias y un bosque.


7/4/14

Now you should try this little gameJust close your eyes forget your nameForget the world forget the peopleAnd we'll erect a different steeple.

Ese día me di cuenta de algo muy personal y esas cosas no suelen ser bien vistas y luego estuve dándole muchas vueltas a la idea. Dar vueltas a la idea era más o menos eso de tomar algo y colocarlo en distintas situaciones y era también como ser un chimpancé con esos cubos de madera, cubos pesados y pintados a mano y también las pirámides y los círculos. Recuerdo que el cubo violeta era uno tan brillante y luego de mirar todos sus costados me lo puse dentro de la boca y luego intenté que ocupara el espacio donde estaba uno de mis ojos. 

Esa tarde tuve que dejar de jugar a las escaleras, y, también, deje que los compañeros hicieran sus círculos y luego estaba sobre el caballito y pude haber ido a casa sobre él pero creo que sonó un timbre muy fuerte, una de esas cosas que suenan como seguramente sonaría el color rojo pero era un poco más agudo y un poco vibratorio. Creo que pensé que el suelo se abriría.

Anduve con el cubo en el ojo hasta que S. dijo que tenía que hacérmelo chequear y luego estuvo subiendo al bus y quise decir algo pero todo iba a una velocidad extraña, como si todo fuera empujado. La persona de la tienda de abarrotes dijo que tenía unos buenos algodones y yo dije gracias pero la persona me miró, en realidad, observó con atención el cubo y mi ojo y creo que también supo que no pensaba en nada, es decir que andaba con la cabeza en blanco y por ello me pidió que saliera de su almacén. Supongo, bueno, eso pensé luego, que no me hacía cumplidos sino que un poco me ponía al tanto de lo que necesitaría para una futura infección.

Luego era martes y el cubo seguía brillando pero ahora sobre la mesa. Quise hacerme cosquillas y lo hice con tan poco cuidado que pasé en el suelo una media hora, creo que soñe con una caja de cartón y creo que adentro habían botellas amarillas de schullo. Antes de despertar intenté mover y dirigir mis sueños y en uno de ellos descubrí que schullo era bueno para cicatrizar y luego el schullo corría por mi cuello y la sensación era desagradable pero también imposible de definir y luego me daban ganas de sacarme la lengua o los labios y lamerme la cara.

La lengua colgaba hacia arriba y la luna nos miraba y pienso que la luna podía caer como una hoz y rebanarnos o por lo menos dividirme en dos y luego ya miraba que mis manos estarían aplaudiendo por separado y era como si cada mano aplaudiera al aire. 

Un poco quise salir y por ello tomé lo primero que encontré. A veces no es que encuentre cosas sino que estoy parado sobre la montaña que contiene todo lo que uno ignora y todo lo que es evidente. Esa montaña tiene formas y las formas como si un día empezarás a levantarte a la hora del almuerzo y en vez de almorzar cepillaras los dientes y luego tomaras un vaso con avena. Ese día quise ducharme y puse el agua a calentar y luego con el agua tibia y sobre la cocina inicié con eso de quitarme las ligas y luego los encajes y me reía solo y corrí las cortinas para que la chica del décimo mirara mis cosas colgando pero el vapor empañó todo y Paquito me miraba y ahí sí me ruboricé. El agua se puso roja y luego me quedé dormido y cuando llego Z. la cocina olía como a sopas.

Me habría encantado salir a las diez pero mi horario era distinto y luego llegó toda la luz de frente y todo estaba demasiado claro que me morí y mientras estaba muerto me fuí a dormir un poco. La luz es como un rayo de cemento y cruza desde la garganta hasta el ano y es incómoda pues deja que el cemento atravieza siete puntos centrales, el primero: la frente. Ahí estaba ese sorbete largo y ahí estaba yo moviéndome y rompiéndolo todo, es decir, con el sorbete de cemento atravesado desde la mitad de la cabezal, por la frente empujando y tirando todas las cosas paradas sobre la mesa. Pensé que tomar un autobus en la tarde con eso saliendo sería mortal e incómodo para el resto de viajantes y tuve que ponerme de lado pero aún así sentí que la cosa crecía. 

Tener el primer punto como un agujero sirve para que las cosas se refresquen y eso es como tomarlo de la mejor manera y no encontré nada feliz que ponerme, en realidad había unos zapatos amarillos pero ellos dijeron que no lo intentara.

Aún era martes y aún eran las diez y yo estaba cruzando un semáforo y la prisa era algo similar a un puente y era como la lechuga en la mitad de dos panes y luego uno se cae y luego Z. andaba saltando de la lechuga hacia salcedo y en la mitad había otro puente y eran las diez y varios autos en mitad del patio me recordaban a las películas de mil novecientos y dos autos lloraban y uno tenía las llantas amarillas y nada nos topaba, yo miré eso y saqué la fotográfica y la fotográfica hizo varias flashes y el aire estaba lleno de cosas que flotaban y era las diez y luego los autos desaparecieron y eso era imposible y yo quise ir al río, porque sonaba como si el agua fluyera pero incluso el camino desapareció y arriba era abajo y la izquierda estaba arriba y cualquier cosa, cualquier cosa, pero un trailer hizo zooom, y luego eran las diez y dos.

K. dijo que no lo matase y luego sin esperar a ver qué pasa se echó a dormir. Dormía con la cabeza sobre los brazos y por su forma pensé que todos los K eran en realidad gallinas con cola. Gallinas gordas y vividas, o sea, gallinas con años de experiencia, en todo caso, perfectos sobrevivientes. Imaginé a K dentro de una olla con agua caliente pero cuando quise ducharme ya no supe dónde andaba. Afuera muchos perros aullaban pero si uno paraba la oreja podía darse cuenta de que era el mismo perro y eso me hizo viajar hacia su garganta y creo que luego me dejó a mitad de el patio y la luna. La luna era como un cascajo, nadie estaba cerca pero pensé que a alguien también la luna debía parecerle eso, una piedra pómez.

Luego recordé eso de la montaña, y eso de encender el diesel y luego ya nada servía para nada y luego el agua azul hizo algunas burbujas pero ya tenía la mitad de la cara echada hacia uno de los bidones, y la montaña me dijo que mejor me tomara tiempo para ir a dormir.

5/4/14

Talvez del otro lado.
El día que la cama dormía sobre un lavabo.

Cómo era? 
Luego estuve dando vueltas un poco, eso de querer meterse en otras cosas y sobre todo la cabeza dando suaves y leves e insignificantes golpes y luego el acero con el lado hacia adentro y eso de mirar de lejos todo el asunto, pasé mi mano sobre las latas y era doloroso, y era como saber que algo estaba por venir. De un modo la palma de mi mano no quiso regresar y luego pensé que quizás un día, hace algunas decádas quizas yo habría sido algo así como el chófer de una ambulancia o quizás como una de esas enfermeras de tacos almidonados. No quise volver a mirar el asunto y luego estaba caminando en medio de la calle empedrada y varios estudiantes hacían lo mismo pero nadie hacía lo mismo y D. iba unos metros adelante y tampoco volteaba a mirarme.

Luego metí la cabeza en las latas de otro auto y entonces D. me sarandeó y con una risa a medias, como si se esforzara por no perder algo o por no sacar algo, dijo que dejara de portarme de modo atorrante. Era curioso pues yo quería que alguien cayera de uno de los pisos y tenía todas las ganas de ser un colchón o una boya inflable que reventara al contacto.

D. habrá soportado de esas cientas y sin embargo ahora estamos en la misma ciudad  sin embargo nadie ha buscado, y quizás ahora pensamos o creemos en eso de las coincidencias. Esa tarde apenas eran las dos de la tarde y yo tenía planes de tirarme en la cama o de usar algo, cualquier cosa de un modo que nadie lo hubiera hecho. D. sabía como ser amenazante y algo dijo al verme darle de puntapies a la puerta de un jeep. Supongo que bien podría haber llegado sin su ayuda pero quizás me sentía animado con su presencia y quizás solo llamaba su atención, aunque no creo, habían muchos nombres en cada puntapie y quizás ni siquiera habíamos bebido, quizás probábamos eso de hacer lo que otros no hacían.

D. podía guardar mucho tiempo a mi lado pero creo que tenía la cabeza metida en la facultad y ahora que lo pienso él tenía una cabeza. Recuerdo que tras conocer a una mujer de la ciudad de Bremen, y luego, tras eso de hablar y de pronunciar mi nombre, con cuidado, para que no suceda eso de la media noche en medio de un gota de agua azul, soñé o creí ver al jinete sin cabeza. Torpe, sí, eso de llegar a cierto sitio sin saber a dónde se estaba llegando. Eso que F. pintó en uno de los muros de casa de una de sus amigas, eso de Principiante. Luego pensé que bien podría alargar la racha a punta de regresar a mirar a otro lado o de dejar de escuchar cuando las cosas se ponen delante, quizás un poco con eso de esquivar y de caminar con la cabeza en la patria, en un agujero. D. usaba las cosas que aprendía y un día desapareció y luego lo encontramos haciendo llamadas hacia San Martín. 

Yo no esperaba otra cosa y pasamos dos días en aquel sitio. Era un valle cerca de Guano y todo estaba a la vuelta de casa y quizás fueron tres días y la mitad de los días la pasamos encerrados y la mitad de esos días algunos no salieron de esa casa. El plan básico y eso de poner música y eso de reírnos y no parar y reíamos y era extraño, ahora pienso que debimos hacer algo más, debimos amarrarnos a las camas o no despertar, volvernos mantas. El agua llegaba hasta el patio y quizás la aprovechamos y creo estuvimos unos minutos deseando que algo regresara y quizás eso se estaba yendo hacia los baldes de algunas mujeres que aprovechaban el chorro para lavar. A veces creo que siendo tan pequeños como somos ya debimos habernos bebido, ya habitamos inside.

La casa era tan antigua y esas casas parecen indestrutibles y habían varios tomos de revistas y todas escritas en inglés y un par de libros en algo que debía ser alemán. El idioma más incomprensible y una mujer, la foto de la autora asomaba en la parte de atrás y la mujer debía tener cuarenta y vestía como en los ochenta y llevaba el cabello ondulado y parecía una mujer muy primitiva. Los libros estaban cubiertos de polvo y el estante daba a un balcón o quizás a una puerta trasera, o sea, a un patio, uno de esos sitios rodeados de ladrillos y de cascajos o pómez, rocas enmohecidas. Cada libro se quedó en su sitio y luego salimos hacia el chorro, y entonces pasó lo de las lavanderas.

En la calle la luz era blanca y también azul y no había mucha gente pero parecían moverse como si no necesitaran los ojos y estuvimos caminando poco tiempo y luego escuchamos a algunos músicos y creo que no tocaban temas conocidos. Yo no sé qué buscaba pero ya tenía agua azul en las manos y quizás pensaba que tras acabar despertaría con un tipo de iluminación, eso que sucede tras perder la voluntad o el dominio de lo que se hará. Recuerdo que esa noche compramos collares y cosas para colgarse las narices y de los labios y yo usé un gran collar y alguien dijo que yo era igual a un chamán y eso me agradó y luego miré mi apariencia y era cierto, yo debía ser un chamán pero eso días solo era un tipo que buscaba iluminarse tras destruir o ni eso, y quizás era que me escondía.

Esa noche fue la mejor, eso ocurre cuando la madrugada se vuelve día. En el trásnsito descubres los hábitos, algunos duemen de lado y otros hablan de cosas que siempre tienen solución. A veces la solución parecía ser que yo durmiera. A veces todos dormíamos al mismo tiempo. Creo que cantamos algo de la colabaca, nos gustaba, nos entusiasmaba gritar.

1/4/14

No tenía muchas ganas de decir nada y sin embargo tomé asiento y luego estuve con el teléfono y todo eso de marcar y buscar en la agenda. Me pareció tan extraño tener tantos nombres que empezaran por la misma letra, más que extraño me pareció escandaloso y estuve cerca de ponerme a llorar porque tampoco me resultaba sencillo explicar cómo o cuándo había ocurrido aquello y eso era frustrante, como haber sido otra persona durante mucho tiempo. Luego apareció el nombre con el que la había grabado y no era su nombre verdadero pero era como un juego de sílabas y de hecho resultaba un nombre inusual y casi artístico, me amé por ello, por haber pensado en algo tan inusual siendo que poseo poco talento para inventar o reordenar. Luego apreté fuerte la tecla verde que ya andaba necesitando que la revisaran y la misma que poco a poco empezaba a partirse por la mitad. De todos modos permanecí sentado y la habitación era distinta y era que llevaba encima la hora de retraso que nadie había tenido la amabilidad de avisar. Como la cosa empezó por un retraso y una posible ausencia no notificada yo sabía o intuía que la llamada sería inútil. Y no me equivoqué y ya estaba buscando el número con este peso encima y aunque ese rato no lo pude ver fue quizás lo que más me alteraba, era como haber perdido una semana.

No conté el número de timbres o el número de silencios entre un timbre y otro. En el fondo yo tenía tanto temor de hablarle, en el fondo yo sabía que algo no funcionaba. Tras un breve tiempo la contestadora avisó que era imposible comunicarme ese momento y si quería podía dejar un mensaje. A veces he creído que puedo ser mejor persona dejando cosas en buzones, como una especie de ladrón que aguarda hasta que nadie lo mira, pero un ladrón diferente que deja algo o que se lo lleva y también quizás como si intercambiara una cosa menos física... colgué pero luego de pensarlo volví a marcar.

Qué se puede hacer si la persona a la que llamas debía estar en tu casa hace casi una hora?
Supongo que se puede ser un completo animal y eso tiene que ver con abrir la boca como si fuera un enorme hocico a punto de masticar las paredes y la escuela donde ella trabaja.

La contestadora pidió que esperara la señal y entonces fue para mi casi como escuchar que estaban a punto de disparar al aire para dar comienzo a la carrera. Y entonces creo que un botón rojo encendió algo dentro y eso podía verse incluso del otro lado, si alguien miraba mis ojos. Luego sonó el bip y entonces comencé, mas bien tomé impulso pero eso fue en realidad tomar mucho aire, el estómago se contrajo y el pecho hizo algo como de pájaro, luego largué cosas y palabras y más cosas que eran como vasos que salían a través de mi garganta. Pensé que quería mandar todo hacia un agujero que aún busco pero para hacerlo de un modo menos evidente imité a un animal, no se a cual pero seguro se trataba de una especie de mamífero grande, rugí, y luego hice sonidos de piano, es decir, sonidos o acordes mal tocados, y luego volví a rugir y casi pude verme levantando la cara al techo y el cuello largo y lleno de venas y el aire saliendo haciendo bolas en la piel. Sí, eso grabé en el mensaje y continué diciendo algo como si imitara a un fantasma pero entonces la contestadora me dijo que revisara pues no podía entender lo que yo estaba diciendo. Claro, eso era todo, cómo, una contestadora puede entender un gruñido... sería como pretender que un dinosaurio comprenda una novela de tellado.

Luego fumé un marlboro o quizás eso lo hice antes y luego me tiré sobre unas cobijas o un sillón antiguo y tenía ganas de hablar con alguien pero en realidad pude ver o notar que en realidad nunca necesito hablar con alguien sino, que más bien parece que disfruto de dominar o someter a las personas, mis interlocutores, cómo? diciendo cosas sin sentido y esperando que ellos se diviertan como si yo fuera un mono al que tras encender un hula hula y bailar con ella en el cuello se lo debiera aplaudir.

El sillón era cómodo y casi quise dormir pero apenas era la una de la tarde. La tranquilidad fue mirar por la ventana los autos y un poco eso fue como estar en otro sitio, pero también era como mirar por la ventana esperando que algo afuera cambiara las cosas y entonces sentí que de un modo inusual no era o nunca fui dueño de nada, ni de las cosas que dije o estaría por decir.

Afuera estaba yo y adentro tras la ventana también y creo que el uno buscaba al otro o el uno dejaba la ciudad y el otro esperaba que uno llegara y tocara la puerta de casa.

Pero era la una de la tarde y luego me di cuenta de que llevaba una hora de retraso. Al día siguiente serían veinte y cinco horas después.