29/12/13

Primera de una seria infinita de profecías escondidas o descubiertas debajo de Alannah Myles y junto al cuerpo de Pin Pon

Lo que hizo fue meter la cabeza en la montaña justo entre dos rocas muy grandes. Los pies se agitaban como las patas de un insecto o de una cucaracha que ha perdido la cabeza. Eso parecía ser lo que él observaba al mirarse a sí mismo desde o a través de un lente invisible, inexistente que él parecía sostener con cuidado entre sus ojos y entre la maqueta también inexistente que él había armado sobre la cama, dentro de la ducha e incluso en la mitad de sus sueños, un hombrecillo con la cabeza metida o clavada en una montaña justo entre dos rocas brillantes y oscuras, con su cuerpo fuera y los brazos y las piernas agitándose sin ton, con un ritmo sincopado. Y al mirarse a sí mismo de esa manera se sorprendió muchísimo de tener tal energía a pesar de lo imposible de la posición y además de tener aún ganas de ayudar a aquel pequeño hombrecillo justo antes de empujarlo hasta perderlo totalmente entre las rocas. Según lo que observó, no le costó nada, poco, empujarlo y dejarlo en el interior, en silencio, fuera de todo o peor, dentro de todo, justo en el sitio al que solo algo o alguien externo pudiera acceder.

Luego en la cama el sueño era irreal, luego de varios cortes ya solo quedaba respirar con los poros, luego de cada respiración y con el cuerpo transpirado solo quedaba ser comido por los mosquitos, dejar la ventana abierta y esperar que el viento y las ráfagas lo dejaran lleno de resfríos, resfríos en verano, en una atmósfera que podía alcanzar los 35 o más grados y donde era necesario dormir con una toalla en la cara para evitar ahogar o despertar sobre un charco.

Otra cosa era el deseo, el deseo de vivir justo en el centro de un colchón, en realidad, las ganas de ser el relleno del colchón donde intentaba dormir. No era imposible, de hecho parecía ser lo más inmediato y lo más lógico e incluso tan simple como cerrar los ojos y escuchar la respiración y el abrirse y cerrarse de sus pulmones. Qué sucedía? surgieron los eventos de la calle y el ruido de los hombres cantando cada vez que alguien tomaba una carta, un naipe con los dientes largos y amarillos y pelados frente al reflector. Luego él desearía entrar en el colchón, sitio que parecía ideal, sitio en el cual desaparecer, lugar mínimo, incapaz de permitir los movimientos, es decir, un sueño o un descanso a la fuerza. No parecía imposible ni lejano pues al tener aquel colchón debajo todo parecía tan próximo, tan familiar que poco a poco no quedaba más que convencerse de que aquel ya estaba dentro, ya era relleno y ya algo o alguien con un peso total exprimía el día hasta volverlo anhídrido carbónico. Todo llegó y la experiencia de ser la mitad y de ser algodón o aserrín era ideal y hasta repetible.

Luego quedaba la radio y esa manía de 1989, año de las radios a pilas y de la programación que empezaba con Rumors, ELO y algo quizás de black dog, aquellas noches de fantasmas con voces llenas de ecos. Eso era lo que faltaba para encontrar el centro, volver a los sitios donde se había sido feliz al precio de volverse loco otra vez. Cómo? como no volviendo a encontrar los muertos de las décadas olvidadas. Los muertos eran seres que cabalgaban sobre el tumbado de casa a las cuatro de la tarde y otras veces al empezar la mañana, cada uno con su nombre: rojo, peste, bayo, muerte, negro, hambre, cada uno trayendo la montaña y las nubes pesadas capaces de estremecer la calle, la casa, la cama, el barrio, el tumbado, la radio que seguía encendida pero que al mismo tiempo parecía haber sido callada o cubierta por los pasos, fieros pasos, comunes, característicos de la herradura, del cemento, pero sobre todo, del camino de roca que se había formado entre el cielo, entre la tierra y entre los sellos. Quizás, hoy, tras aquel regreso piensa el hombre que podría al fin escuchar el llamado, entonces una vuelta nueva y la radio y 1989 regresando para cerrar toda clase de profecía. Eso diría uno de los esqueletos: lo cumpliste. El hombre durmiendo o con los ojos cerrados buscando un sitio al cual visitar y en cual abandonarse.

El resto de las noches luego de diez años o algunos dimes podía servir de espacio para comparar una y otra vez las versiones de Roll over Beethoven tocadas con guitarras, ukeleles, palmas y en cuadrados llenos de ruido y en blanco negro. Cada vez había un sonido diferente pero sobre todo se comprobaba que cuatro voces podían ser más dulces o agudas que la un solo hombre. A veces ese hombre solo, cumplía con un ritual extraño en el escenario que consistía en saltar son su guitarra y en un solo pie a lo largo y al frente del resto o de lo que quedaba de la banda, algo así como un pato o un ave que saltaba o volaba o intentaba no caerse mientras sacudía las cuerdas sobre la madera roja y, de fondo, quizás el piano y quizás varias personas aplaudiendo a un hombre vestido como en otro siglo que a fuerza de las cuerdas había quedado sordo pero que en vez de correr parecía quedarse a escuchar las nuevas noticias que debería cargar para los rusos.

El hombre en medio de aquellas rocas para esa hora del día, ya la mañana, debía haber encontrado la manera de cavar con un mínimo esfuerzo hasta hallar un centro o algo similar. Después de todo no parecía mala idea eso de sacar cosas para ocupar el espacio posteriormente, después de todo quedaba por sacar solo materiales que parecían ser lodo, rocas secas como adobe, quizás unos pocos huesos, algo de hojas de papel u hojas de periódico hechas pequeñas pelotas alrededor de un túnel o algo similar a un camino cavado hace ya mucho tiempo. Después de todo ese también parece ser el relleno personal de cualquier cuerpo de carne y huesos, un poco a lo Pin Pon, Pin Pon es un muñeco, todo bajo unas cortinas de encaje, unas mujeres de piernas cubiertas por nylon y Pin Pon sobándose la barriga sobre la cual hay algo parecido a un círculo dibujado. El sacrificio del cartón, quizás dormir a Pin Pon usando uno de esos químicos sobre un pañuelo, luego el cartón cayendo, el brazo alrededor de su cuello y las manitas y las patitas sacudiéndose hasta quedar sin fuerza, como fideos. Las chicas Pin Pon aplaudiendo y haciendo algo de Can Can, y entonces el gran agujero en la mitad de una montaña o de una peña, primero su cabeza, luego el cuello, luego las bolas de papel  y un dedo haciendo push. Nada resultaría más divertido dice él, entonces todos miran y al mismo tiempo comienzan a dar pasos hacia atrás y cuando todos quieren correr ya todos y todas, sobre todo las chicas can can dentro del orificio con algo de terror en la boca y luego las bolas de cartón para cerrar las salidas, en realidad la única, entrada-salida. Lo bueno de quedar atrapado entre dos rocas o dentro de un agujero hecho de manera intencional es el silencio, nada parece suceder afuera y al fin se obtiene la buscaba otra dimensión. Cómo es ese sitio tan brutal, limpio o ascético o libre de sol y de movimiento evidente? pues es igual solo que lleno de explosivos, aunque pronto parecen todos darse cuenta de la responsabilidad de cada exhalación. De ese modo un estado larval, de esa manera las cosas convertidas y de ese modo la edad del dinosaurio, rugidos, planta, lodo, cuellos altos hasta otros túneles y el descubrimiento del animal interno: el animal que no caza.


27/12/13

La dos ruedas que giran con el asiento pegado al suelo

Ahhmm, algo así era lo que el hombre balbuceaba frente a un espejo en la mitad de un salón donde otros estaban sentados con la servilleta desdoblada en las rodillas. A su balbuceo lo acompañó con varias muecas que las iba contando para realizar algunas más difíciles en cuanto llegaba o pasaba por sobre los números pares. La boca gigante, grande como la de un pez, los labios, arrugados y húmedos como dos mejillones con la baba goteando y los dientes detrás, apenas oscurecidos. Otra de esas caras que servirían para fabricar uno de los rostros exagerados y llenos de cartón de los fines de año, la frente brillante, la nariz girada hacia la derecha y los huesos pegados al cristal. Uno de esos hombres pasó mirando al hombre con la cara pegada al rostro pero ya afuera al levantar uno de los vasos olvidó y quiso olvidar y desaparecer lo anteriormente visto. 

Visto de espaldas de podía creer que aquel hombre dentro del baño estaría dispuesto a llenar los lavabos con agua con el fin de que una vez que el agua empezara a derramarse, él, como si de eso se tratara una misión silenciosa colocara lentamente primero un pie, luego dentro un brazo hasta poder con ambas extremidades del otro lado halar a las que quedan dentro, darles el empujón. Se lo veía al hombre de pie frente al espejo y luego con la cabeza agachada hacia los lavabos como quien también parece estar a punto de clavarse como desde un trampolín hacia una de esas piletas tan amplias como una cancha de tenis, entonces el agua que ya estaría a punto de derramarse saltaría como si se tratara de miles de pequeñas ranas o miles de mariposas con alas semitransparentes que acaban de levantar vuelo aprovechando la brisa o la corriente inesperada pero de una manera irreal, como si fueran movidas por una de esas plumas que sirven para levantar pesos extremos y vigas de acero sobre las calles de las ciudades, una especie de lenta y dispersa coreografía de alas, de antenas, de zumbidos, de larvas que en la explosión parecieran destruir sus capullos y la seda hasta volverse un ser diez veces más grande y lleno de varias partes que al sentir el aire buscaran como tomar o apropiarse de la mayor cantidad posible del mismo. 

En realidad al otro lado del agua, terminadas las tuberías los vasos aparecen llenos, magníficos. Varias veces todos se encuentran girando con las manos totalmente llenas y absolutamente ocupadas que sin explicación terminan volviéndose tres, en alguno de los hombres de la parte más oscura del salón parecerían haber crecido incluso dos brazos más. El ruido es pesado y las bebidas parecen venir del cuello de los hombres y las mujeres de uniforme que al tomar los cristales vacíos y caminar hacia uno de los pasillos, casi, sin o con una invisible demora regresan con los cristales hasta el tope y con una mano detrás de sus espaldas, todo prolijo, incluso y tras varias horas sus guantes blancos siguen idénticos. El ruido es total y bajo una luz verde, una luz de jardín botánico se observa el metal, el caucho, las filas de autos y la noche que se ha mantenido clara, más nítida que un cristal o que una porcelana. El ruido desaparece al caminar y los autos y las tres personas que descansan sobre uno de ellos mientras fuman parecen irreales, como en las postales que alguien compra para decir que así están las cosas a una hora de un día en que la noche no tuvo el poder de oscurecerlo todo, es decir, una noche eléctrica.

La gente girando con ambas manos ocupadas en mantener los vasos arriba mientras la otra mano colabora para que nadie más caiga. Varias personas tomadas y formando grandes cadenas llenas de dobles y triples vidas, cadenas que giran y bajan y se abren y se cierran y respiran y crecen y parecen tener la capacidad de tragarse a cualquiera que pase cerca de ellas. Todos, y deben ser cuarenta personas haciendo exactamente lo mismo, dando los mismos pasos uno dos uno dos al mismo tiempo como si se trataran de un espejo, un baile y un movimiento que nunca pudo no haber sido planificado, la realidad supera a los textos que llenan las páginas blancas y amarillentas de libros que nadie ha leído. Todo tan particular y tan genérico, todo convertido en un doble signo, la vida entre el bien y el mal y más allá de lo que no es. Incluso las mujeres enormes, incluso la comida, incluso las luces que cuelgan del tumbado parecen funcionar como si nadie estuviera detrás, el hombre entra y sale a través de una mujer de vestido anaranjado como si de abrir y cerrar una puerta se tratara mientras la mujer levanta los ojos al cielo como si un ser hubiera regresado para convencerla de que un sábado no es un deporte o de que una canción es un pez, en realidad todos parecen fantasmas que pierden algo de su color o que terminan con los brazos y las narices y los dientes de otros en vez de sus propios ojos o de los pendientes que colgaban en sus caras. Varias veces el ruido logra desaparecer la luz o es que el ruido los desaparece a los hombres y mujeres pues se crea en el medio del salón un orificio y varias veces apenas se observa con brevedad las siluetas que están y se deshacen o que están e inmediatamente desaparecen hasta cuando las luces se encienden y todos tienen los ojos en otro sitio y los cuerpos otra vez están alargados hacia todas las direcciones y todos al mismo tiempo están dentro de sus vasos y parecen girar agarrados de una rueda que se conecta a otras ruedas en un engranaje infernal, todo con el fin de terminar derramado sobre el suelo como en una gran lodazal. 


17/12/13

A propósito de la moto que echa putas y de la luna que va a todo alambre


La irresponsabilidad de hablar, la de escribir, la de comer la pared del sótano, las de no estudiar ni hacer las tareas ni llegar puntual al salón. 



 imagende: www.popspotsnyc.com/forthcoming_new_york/



Hoy me visto de negro, solo para ti a pesar de saber que hoy no nos veremos. Escucho L7 a toda puta, es decir, ya no escucho los gritos de los colonchos en el piso de arriba y tampoco la barredera y el empujón sobre la cama o a la cama de los colonchos de arriba, se dice, empujar para quitar el polvo. Por momentos quisiera tener lista mi motocicleta y meter todo hasta bajar a tu redondel y hacerte un poco de run run hasta que nos sangren las arrugas. Sabes, he tenido varios sueños de esos en los que varios hombres me hablan en kichua y en portugués, hombres con rostros rojos y hombres pequeños, bajos de estatura junto a mujeres largas y de pantalones desajustados. En los sueños, que ya son bastantes y más en estos días extraños en que la luna se abre como un coco o como el ojo maligno que dirige la película de medianoche, sucede que yo no tengo apuro pero todos parecen tener que llegar o continuar con sus mierdas, es decir, olvidándose de algo, vivir que a la cosa hay que olvidar. Suena a algo que gira a las tres de la mañana. Lo bueno de los sueños es que están llenos de decorados fascinantes, por ejemplo, un lugar plano, al fin, un sitio donde apenas se levanta una pequeña colina, mínima, sobre la cual hay un edificio antiguo, de esas mierdas europa coloniales, roja y con sus años en desuso con la pileta o el orificio para el agua lleno de algas y hojas secas.

Creo que al fin la casa intenta entrarme por la forma menos poblada, esto es, aprovechar que tengo dormido los arqueros para inducirme sus propios miedos, los miedos y la mugre y la bóñiga del páramo. Entran y salen todo el día, ya soy y ella quiere que sea su doble, la famosa casa tomada por algo más grande y más antiguo que la palabra continente o la palabra mastermop, o la palabra palabra, algo así como el gas por el que nos volvemos al dormir. Por eso digo que no soy yo el que sueña, son otros y yo sin buscarlo soy testigo y presencio esas imágenes, Ahí hago buuu. Eso se debe al caracter auténtico del cemento, lugar donde las cosas se cocinan y se tiran y se vuelven a llevar al fuego, como en esa locura Aureliana, primero oro, luego pez, luego fuego, luego otra vez oro y luego otra vez pez, entonces, el barrio y las casas y los cristales corrompidos o cubiertos de las gruesas capas y las imágenes lejanas eso, remotas, deformaciones, es decir, si la persona de la casa del frente observa a alguien entrar en una puerta, no es a alguien, observa una figura, una silueta, un recorte, cualquier cosa o ser no identificado?¿. Cosas del oro y del fuego y de cristales sucios. Eso con respecto al lugar, a la población, pero en realidad todo también es motivo del páramo y de tener los pies descalzos y los pantalones enrollados y cubiertos ambos de la verde y olorosa bóñiga, pastosa y verde y pastosa y cremosa y verde. Los pies y las uñas y la vieja del frente mirando detrás del cristal esperando, de pie, y no hay vacas, o, dónde guarda las vacas?

Quién manda a hacer casas en las faldas de las montañas jibares, tierras rellenas de lava y de combustiones, terrenos que tiemblan cada dos semanas de manera mínina provocanco el ronquido y el posterior lloriqueo de los animales. Acá, en el sitio, hay varios perros, muchos, todos ladrando al unísono, no es eso una tortura? un animal noble y delicado como el sabueso gritando a media noche o más tarde, recordando a algo, a alguien tras sentir el temblor, el rumor de cada explosión y así sin aviso, sin anticipaciones. Esto es la mierda, esto es vivir sobre la vida de otras vidas, qué piso tengo, debo ir al número ocho y llevarme a los animales hasta cuando empiecen a hablar y llamarme Cristo, y un día, en mitad de la tarde digan: maestro le organizamos una mesa, recuerde que estamos todos, y, hoy cumple 33?!

Pero más dolorosa es la irresponsabilidad de colgar todos los pantalones en un solo tendedero sabiendo que va a llover, sin pedirle o indicarle a alguien el sitio donde puede colocar las prendas dobladas, si es que puede hacerlo, si va a estar cerca de casa.

Iría a toda puta intentando cruzar entre autos y asustanto a esos hombres con la mano en la palanca. Recuerdo la primer vez que alguien chupó un helado frente a la tienda de Marios. Esa imagen ayuda a viajar con una pulsión total, semáforo amarillo, auto azul, frenazo, darle voltio, darle a la manija, entonces veo la cara de hombres tan grandes y manejando autos con tantos ángulos llenos de humo y smog y aceite y con cara de no saber si ríen o lloran o quieren lavarse las manos o quieren valientemente ser arrastrados. Es hermoso, hombres arrastrados por su propia iniciativa, porque ha tenido la caballerosidad de pedir y de recibir. Entonces, ya sobre una vía recta o apenas curva pero apta para pasar los 200 miro detrás, miro la cuerda y el cuerpo y las manos agarradas como si de ello dependiera no morir para disfrutar el terminarse, el ser arrancado de a poco. Hombres arrastrados y la moto echando tiros frente a una bóveda o frente a uno de esos aserraderos a mitad de la tarde con un cielo azul antes de tirar la puerta de una casa. Amor, aquí está Juanito, mira, todavía hay hombres por arrastrar, hombres hermosos, de dedos duros, sí, hoy quiere quedarse, hoy hay luna amor.

La zamba era otra cosa, ella ha colgado sus ropas mojadas frente al tendedero de mi habitación. Miro las gotas caer e imagino su silueta y toda esa mierda que queda debajo de los pantalones. Cuando voy a su habitación y golpeo, la puerta me devuelve un rumor como de un motor, supongo ella ha comprado un freezer, o quizás es un motor para inflar el hombre de goma con el que se recuesta cada noche en su cama de una plaza. Es verdad que apenas ocuparán espacios pero ella debe ser esas mujeres que giran y patean y ocupan todos los lugares fríos de ese mueble. Al volver escucho gente corriendo o en realidad pisando o caminando con exagerada fuerza, como si de esa forma fueran a espantar a las cucarachas que debe salir de sus armarios. Imagino que temen a todas las cosas que se mueven porque provocan en ellas mismas algún movimiento interno, algun tipo de choque tectónico que obliga a que sus fluidos broten y se derramen. El techo está seco, pero imagino que unos meses y de seguir la corredera y el desborde pronto los fluidos tocaran las estrellas que tengo pegadas en mi techo y por que no, un día me encontrarñe despierto y cubierto de ese moco. Quizás sea hora de tomar un madero y echar golpes como hace tres años cuando esas cosas terminaron, así, a las malas, con golpes a las dos de la mañana. Luego pensé que alguien hacía tontos ejercicios a esa hora, por qué? se escuchaba un subir y bajar de un cuerpo, eso de las rutinas y las series en tres o cuatro tiempos. Apenas escuchas el golpe en el suelo, pum, y bam, y callados que es hora de dormir. La gente cree que leer es saludable y mucho más si no puede dormir y encuentra un artículo en una revista con una mujer en la portada donde sugieren actividades para el insomnio. La gente está mal llevada, quiere que la arrastre en la moto hasta quedar dormida. A las dos de la mañana! Y con la revista en las manos!

En el teléfono se escribieron muchas cosas. Él quiso hacer dos cosas al mismo tiempo, tras la escritura o, sobre la cultura se volvieron tres y cuatro y luego un loop de varias cosas que sucedían al mismo tiempo. Básicamente el quería dejar de pensar, bloquear las cosas que desbordaban sus ojos y escribir un mensaje en el teléfono. Lo hizo, en realidad puso la escritura del mensaje sobre los pensamientos y pronto hubo un especie de reemplazo. Hay cosas que se hacen a la fuerza, es decir, si algo es detenido puede parecer o lucir como algo antinatural?¿ Luego la cosa fue extraña, digamos que ya el mensaje se repetía alrededor de la habitación. Cuantas veces se pueden observar palabras e imagenes sobre los muros o sobre el techo? por ejemplo, cuando él escribió American procuró hacerlo pidiendo que American lo escuche y que Americ se levante de la alfombra y saltara sobre la cortina sin ningún motivo aparente. Luego de escribir tres veces añadió la vocal A al mensaje. La idea no era muy clara pero podía servir, es decir, tres o cuatro veces repetida la palabra AmericanAmerican American, seguido de a a a a a a a a a a a a.
Visto de lejos la pantalla del teléfono servía como plataforma de algo sin sentido. Varias filas de letras a separadas una de otras por un espacio. Uno de esos mensajes que terminaban ocupando seis mensajes, pues antes habían otras cosas escritas, cosas como ophan, cosas como nadiankin, nadiankin, y varias veces la palabra dust. Si uno leía con atención podía percatarse que en una sola palabra habían pegadas dos o que, no se intentaba decir american, sino, americana, claro, leído con curiosidad, no para un simple vistazo.

Esa escritura debió tomar más de quince minutos, que en realidad debieron parecer horas. Horas en que las teclas se vuelven pinceles y los textos aunque ya imaginados una especie de aguja e hilo instrumento para cerrar los ojos o la boca o el ojo por el que salían desbordadas las ideas más oscuras del día. Eso pensabe él, ideas que sobre algo ya oscuro no deberían ser visibles. Todo por esa idea de lo pertinente y lo no calificado. El esfuerzo fue doble, luchar contra la desproporción y al mismo tiempo crear una menos pesada pero capáz de filtrarse hasta volverse arena, acaso no usan arena para detener los flujos y los fenómenos. Reproducir el mensaje es imposible. Quizás con una de esas regresiones inducidas por fármacos, es seguro que el camino queda, que hay una vertiente o una huella. Eso es gracioso, dormir tras escribir las cosas más insignificantes y dobladas, cosas capaces de no significar nada y al mismo tiempo soñar con esas palabras, con un puente que se levanta y al mismo tiempo levanta la cortina dejando entrar una luz anaranjada, una luz absolutamente silenciosa y capaz de llenar la cama, como algo irreal. Hacer lo mismo todas las noches, buscar a americana, pedirle un café, pedirle un gran pedazo de tarta de limón, levantar la camisa para que mirase su ombligo, él, con el dedo apuntando su sucio estómago y metiendo la cara en la tarta que sostiene en la otra mano. Que más puede haber, sino, lanzar la tarta y lanzarse luego contra la pared esperando quedar pegado como un espagueti? que más hermoso que esconder el tórax para que nadie sepa lo ocurre sobre la mesa de acero? Eso también hubo, el cambio, como si la pantalla hubiera devuelto un colchón, algo que no podía notarse, suave, cuando el sol ya quemaba. 

9/12/13

Daysi Bell. Bicicleta para dos

Yo escribo, el teléfono recibe, la electricidad es invisible, la cama sigue inflamada, los labios hinchados, rotos, los cartones apilados debajo de la alfombra, las esquinas idénticas, los gatos mirando desde los filos, la calle muda, los grillos atentos y acostados, la carne colgada del agujero de un oído, bugsbunny escuchando, en silencio, quizás dopado, la tv apagada, los dedos rotos, los huesos rotos, el cuello estirado.

La mano estirada, el cuerpo apretujado dentro de una bolsa amarilla, los dedos tocando el muro, los pies en el aire, el cuerpo largo, la blusa planchada, los huesos por fuera, los ojos buscando, los ojos en blanco, la boca fría, los labios secos, la garganta llena de sal, llena de talco, la respiración colgada de un pulmón, los pulmones en las manos, los brazos estirados, el techo arriba, el techo tan alto, los pulmones volando como un disco, los pulmones colgados de los cables telefónicos, de los cables de la televisión pagada, el cuerpo estirado, el viento, el semáforo, un hombre colgado, un columpio, el viento, filas interminables de autos y transportes azules y hombres y mujeres y hormigas vestidos todos de negro, con sombrillas, delante de luces amarillas y brillantes, luces cálidas como las de los hornos, como las luces con las que se calienta el pan.

Mandíbulas, cientos de filas de dientes, colmillos blancos y largos, cuellos, muslos, vacas, cerdos, cerdos con sangre bajando por el cuello, pieles manchadas de blanco y negro y de bóñiga, pobladas de pequeñas moscas, de bóñiga seca, verde. Un sótano, un sillón roto, pelotas de fútbol, paredes manchadas, círculos pardos, goteras, ventanas tapiadas, cristales cubiertos de goma. Bicicletas, cajas de cartón, cuadernos forrados con papel y plástico, tablones, tiras de madera, camas viejas, cartones con el dibujo de piano eléctrico, cables enrollados, cables o tiras de alambre telefónico, casas de madera para mascotas, juguetes de plástico a los que les falta una rueda, un sillón, un volante.

Fuego, disparar, desconectar el aparato tras su uso prolongado, limpiar con algodón, usar enguajes, usar cotonetes, usar solo un fósforo, llevar siempre a la mano un libro delgado, rayar con lápiz, escribir acentando la pluma, dejar la casa como la encontró, llamar, escribir, contar las minucias, no dejar de escribir, llamar si nadie llama, dejar el café, dejar de nadar en el río, dejar de mirar programas a las once de la noche, preocuparse, preocuparse, preocuparse por algo, reconocer, escribir el nombre de la cédula, recordar quién viene, abrir la puerta, cerrar los ojos, expulsar, retener, secuestrar hasta que todo parezca una maqueta, reír, golpear las bolas de alguien con la mano de alguien, empujar el cuerpo hasta que el cemento se rompa, bajar el volumen, repetir diálogos, estrenar la camisa que está en el armario, violar a una policía, secuestrar un trooper, dar dos platos de balanceado al perro, pasear con alguien de carne, hablar con alguien de algo, dormir alguna vez solo, darse baños de agua fría, llenar la tina, bucear, cerrar los ojos, abrir los ojos, ahogarse, ahogarse... Dave, no haga eso, deténgase, quiere? deténgase Dave, quiere detenerse Dave? deténgase Dave, tengo miedo, tengo miedo Dave, Dave, mi cabeza se va, siento que se va, siento que se va, mi cabeza se va, es confuso para mí, mi cabeza se va, me doy cuenta, me doy cuenta, tengo.. miedo, buenas tardes señores, soy un computador Hal de la serie nueve mil, me pusieron en funcionamiento en la fábrica HAL de Birmana, Illinois, el doce de enero de mil novecientos noventa y dos. Mi instructor fue el señor Langli, me enseñó una canción, si usted quisiera podría cantársela... Daisy, Daisy, dame tu respuesta, do. Estoy medio loco, todo por tu amor. Este no será un matrimonio con estilo, no podré pagar un vehículo, pero te verás dulce, sobre el asiento de una bicleta hecha para para dos.

1/12/13

A propósito del amor, el travestismo y el ruido que sale por los ojos de Meche.

El hombre dice muchas cosas, si supiera que hay alguien escuchándolo y deseando que sus letras fueran canciones. No se lo diremos. Algo sucede en algún sitio a cientos de horas de viaje, es decir, en otra sala y al mismo tiempo hay personas tomando licores y mirando filmes de ciencia ficción con naves que parecen empujadas por una mano invisible y a un ritmo regular como el de un globo rojo y amarillo sobre un río ancho sobre el que cuelga un puente. Ambos están juntos por una cuerda. Eso ocurre, un hombre del tamaño de un pigmeo y un perro pastor parado en dos patas, levanta el cable y el acero cromado antes de iniciar un sonido nuevo y demasiado viejo al mismo tiempo, nuevo por el efecto y la electricidad y viejo por haber sido tomado de uno de los discos de Lou, un ruido imposible, un cover. Lou se caracteriza por su salvaje y desenfrenada manera de rasgar las cuerdas como si las estirara con un tillo de acero y para más detalle un tillo oxidado. El hombre pigmeo-alemán se vuelve inmediatamente mi amante e inmediatamente yo debo limpiar la baba que cae por las comisuras de la boca hasta mi pubis y mis muslos y con ayuda del puño grande como un corazón intento despertarme o noquearme, en realidad ambas cosas para que él no deje nunca de afinar la guitarra porque parece que ni siquiera se esfuerza con ese reef tan perdido y tocado a la maldita sea, como si fuera cosa de lavarse las manos, abrir un refrigerador, pelar una manzana, este imbécil es el genio y el ruido, aún no creo verlo tocando algo que sólo exitía a través de los discos, y, sólo afina la viola... no toca un tema, sólo afina el instrumento usando las claves y los tiempos de los discos de Lou. Creo que soy un gusano y entonces busco mucho, muchos más vasos con la espesa y helada negra en mayo para de este modo hacer de la madrugada algo permanente. Ya valiste Andrés me digo, mientras Lou parece colgar de mi cuello con una sonrisa a mitad de camino entre policía y delincuente.




El amor que he sentido por Lou ha sido total pero sobre todo químico. La música que él propone es mas extraños que el ruido y por lo tanto insignificante e imposible de entender a menos de haber previamente asaltado la colecturía de un colegio, quizás de uno muy popular en la mitad de un barrio con árboles muy altos, centenarios. Supongo que ese es todo el asunto que nos mueve y nos hace una pareja como el chocolate y la vainilla, Lou hace las cosas que todos desconocen para que no quede nada más por hacer. Hubo un tiempo en que la búsqueda no terminaba sino, con el cuero vuelto hacia el otro lado, es decir, rojo. Varias veces descubrí que podía dormir con las botas totalmente ebrias, con los huesos mojados y dentro de otros cuerpos, con la cabeza vuelta hacia el suelo y con los ojos abiertos, sobre todo mirando las nubes volverse una masa delgada que terminaba transformándose en una tela tan azul como el agua bajo la que uno parecía haber sido congelado. Ya en el parque, ya en el complejo lleno de sombrillas, uno podía flotar sin temor a ser quemado ni por el sol ni por los turistas que torcidamente disfrutaban, estirando su pecho y sus muslos como peces o como morsas cubiertas por algodón. Dos o tres pasábamos más tiempo escuchando al agua pero también entendiendo el contenido de esas músicas groovies. Bajos, gente sacudiendo el sudor y hielos saltando sobre la superficie, la noche, el neón, el humo, el calor alucinógeno del que nadie salía sin haber saltado, sin arrojar algo. Entonces uno pedía a Lou, pero Lou parecía haber sido donado a otra estación, entonces el groovie volvía y ya las cosas eran irrefrenables, los disfraces, la enfermera de uñas ferrari hinchándose y yo robando los zippo junto a la caja, caminando en reversa, ligero, pero en reversa hasta que alguien enviaba un email, hasta que recordaban que estuvimos sobre las mismas tortugas inflables.

Luego la inmortalidad, luego, entonces cruzando sin permiso y sin luz verde, luego invitando a Patroclo a ahorcarnos para espanto de Mercedes. Mercedes y los dueños de la televisión. Varias veces a la semana impresionábamos con ese nuevo deporte para que un día nos expulsaran de aquel castillo, de aquella roca de paredes planas. Yo amaba al castillo, incluso más que a Patroclo que siempre buscaba la manera para decir Andrés, este castillo es muy alto y nunca abren las ventanas a pesar de que sudamos. Pero ahorcarnos el uno al otro como dos mentirosos en un filme de cine noir era la gota, la línea negra sobre las piernas de las coristas del burdel italiano, el semen del asunto y así Mercedes quedaba hinchada y con los ojos redondos y la tarde cobraba el sentido que la mañana y por que no, la noche anterior, no sabía ya donde volver a hallar.

Quisiera preguntar a Patroclo si recuerda entre tantas mesas y entre tantas colillas de camel si recuerda el apuro que tuvo Mercedes y el modo en que tres Mercedes terminaron corriendo dentro del castillo hacia todos los lados.