31/7/12

Highway

Conduzco, por la ventanilla entra el perímetro, a los lados, en dirección desde adelante cruzan letreros, esquinas, semáforos. Uso una sola mano, en realidad la mitad del cuerpo, el resto ha llegado o está sentado frente a una mesa, bebiendo ron o ponches o tapando el rostro tras una cortina tras la retirada de Lola, o Lolita o la hija de Marla o la exhalación anterior a la inmersión. No la vi venir. Como no es recomendable soñar o recordar mientras conduzco sacudo con fuerza el rostro hasta dejarlo pegado a las ventanillas y el tablero pero el rostro llega a la carretera e incluso a los faros del auto que viene en sentido contrario. La música logra su fin y pronto viajamos dentro de una panga y son las olas y el rumor el que impulsa a la tripulación. El semáforo levanta un dedo pero ya la vuelta y el giro lo dejan de espaldas, subo el volumen como un acto de fe ante la maravilla de un trailer o una barrera o las paredes y las ruedas de un tren. 
El siguiente semáforo corona la llegada del medio día. Son horas y kilómetros, todos los movimientos laterales, vistos de perfil, incluso la música que carece de sentido y significado pero que acomoda su volumen entre el espacio del copiloto y el aire acondicionado. Subo el vidrio, las barreras en las curvas evitan rozar al auto.

30/7/12

Padrino

Baja el volumen, baja el volumen, baja el volumen pero logro enterrar su voz e incluso alcanzo a cubrirme sin querer por lo que corro lejos de aquella área sin haber bajado ni apagado el televisor. El sol sonríe con todos sus dientes. A esta hora las filas van por su primera campaña, turno y ventanilla y un documento incompleto, fila en la peatonal, turno para la fotocopia, alejarse hasta perder y borrar y maquillar toda relación, rastro, código de ciudadano; pienso como lo haría un clavo, el sol es el martillo.  Mañana por toda la mañana y así hasta que pierdo el cuerpo.
Al despertar ya no soy un clavo. Los oídos gordos derraman y han dejado de respirar. La lengua encontrará una cueva a la que empotrará una ventana y dejará de ser cueva. Muerdo el órgano y las palabras viven comprimidas sí, bang bang, y los oídos se ponen blancos. Hay ojos para ver y plumas y el efecto y el dolor estrábico, el cuello forrado con piel y la campana que suena cada diez segundos, KO, Zzzz, KO, Zzzzz, sube la ventanilla grita El Penitente y comprendo sin ánimos y quizás fue y el viento y polvo soy, pero bang y la guillotina cae derribada y a un lado los brazos las piernas chocan con una pileta. Adentro el olor a pólvora quema las encías de Enrique quien peina su chiva de animal mamífero y medias blancas lavadas con pómez. Yo, sí, el hombre de los dos cuerpos sirvo para la materia oscura. Por motivos desconocidos entro a observación. 
Los lápices y su lugar en el taller. La cuchilla y la madera balsa. Pellejos, NIN, construcción de una nueva plaza sobre todas las plazas. El lápiz cicatriza la forma plana del libro. La superficie protegida, medio centímetro, ella cubierta por la chaqueta damas chinas. La luz que flota como espuma, no hay información, signos vitales, pulso, refrigerador.
Luis XV desayuna. La puerta deja escapar la luz amarilla. Sí, sobre la mesa hay otra mesa.

12/7/12

Las flores con limón






Qué opinas pregunta Charles y como yo había preparado la respuesta desde la noche pasada respondo te pasaste con el caos organizado Charles, entonces lo veo bajar su mirada y encontrar mi rostro en fragmentos que le sonríen desde el suelo con esa sonrisa tan llena de dientes blancos y grandes que me caracterizan. Ahí me quedo de pie pensando en atraer metales raros en forma de aletas, de aguijones no rubios ni ancianos pienso para adentro, y entonces Jordan le toca la cintura a Diana, que viene cargando desde la mañana en que metimos dos goles, mañana de asado en la mitad del estadio donde llenamos por una semana la fosa. Ahí estamos, Diana, Las manos de Jordan El arquero y mis ganas de ser una figura de plástico o un paper toy. En las gradas hay gente sentada, con los pies colgando pues parece que al personal le rodea una muralla, lástima pienso, podríamos formarnos frente al sol y condenarlo al desgraciado a pedir permiso o a quemar con delicadeza, de a ratos, por partes, somos cincuenta y todos con labios y cuerpos oblicuos y laterales. Prontó llegará tarareo mentalmente y entonces Troya aplaude con ambas manos, más bien nos esforzamos y sobrevivimos a La explosión aunque algunos corren en busca de sus extremidades y uno que otro hígado, sabemos lo que sigue y el Japonés hace la intención de bajar y yo lo acompaño y frente al Troya planto mis huesos.
Troya es el único que escucha, un jueguito ha de ser hoy digo pero algo pierdo y las vocales llegan inconclusas. Troya no está, es decir, Troya está de tour, quiere barra brava, debí suponer y lanzarme para técnico digo en voz baja y ya vienen los que funcamos como futuro gris de la supuesta Patria. Patria que navegará sobre una panga pienso. Ya de una Troya nos larga de sus narices hasta la cancha más lejana lejos del mundanal ruido que debe suponer nos tiene tan aterciopelados aunque debería primero mandarnos a aprender a soplarnos los mocos: lo veo al Jordan con Anelo, al maricón del Elvis con El Drol, supongo que yo iría tras sus filas nalgeando sus rosadas carnes y pujando por lograr que todos graben mi rostro, pero entonces se acaba el minuto romano y me despierto en la confusa misión de escoger equipos. Mi silencio es inmortal. Algo hago y así, sin pedirlo surge el universo.
Siento a través de los dedos y pronto veo el destino: la roja larga y pegajosa. Para ponerme un rato a salvo hago como si la religión me prohibiera caminar hacia el este ¿cuál de todas? me digo para evitar convertirme en La sal, esa roja y mojada y agridulce que baja estirándose de los oídos, desde la contusión interna entre el nervio óptico y el lugar donde se reproducen los sonidos. Te pasaste con el Branded le grito al Charles, que debe mirar entre sus manos como si estuviera hecho de agua. Una aguita o las medias dice el maricón del Elvis, puto el másoholgazán me repito y le dibujo los naranjazos y el chaj chaj y lo veo rogarme y salir corriendo y desde la media cancha volver a rogarme y salir corriendo y yo como hidrante de piedra, fuckyouputobabitas le digo, ni tan stone, y entonces lo veo y me veo agarrarlo con la zarpa y luego un ¡zum!, ¡paf! y pronto soy alcanzado y la aguita roja que ya no sale de las uñas y el rico Chaj!.

Brujería

Robi toca, apuro a colocar la oreja y el nervio junto al parlante, salen los riffs, los arreglos, descubro con emoción que mi cuerpo se ha estirado hasta alcanzar la forma de un sorbete. Bebo y dejo que la vida de estos músicos me lleve lejos, hasta cuando sea posible recordar las imágenes de todos los pasados, las líneas finas del instrumento parecen salir gracias a la acción de mis yemas, yemas duras como la palma de un lobo, así escucho a Robi que estira el cuello hasta la luna, llora tras regar la leche, la sombra llega hasta mis pies y es en esa montaña donde recibo los escombros: vienen siguiendo el ritmo de una piel estirada entre los anillos de un tambor, son empujados para que bailen y luego formen el piso y la tierra y la superficie de los nuevos escombros, bajo sus pies y su cha cha bum, yo mismo sigo pensando en quedarme hasta que alcancemos el ojo, hasta que nos alcance para beber la lava.

Robi mira hacia el suelo sin levantar los ojos como si ahí hubiera descansado hasta cuando mató al pulpo. Quizás mira aún la sangre negra y las pupilas hinchadas del exceso de oxígeno, como si aún aquel bicho de las profundidades fuera a levantarse, capaz que Robi llevará en el cuello uno de sus ocho miembros, para qué exponerse a otra batalla, pues las últimas nos han alejado a Robi.