24/3/11

A propósito de la poética

Es posible que todo lo escuchado sea el producto de un sueño. Un sueño largo. Un sueño del tamaño de un desierto, un sueño tan profundo como la boca de un dinosaurio. Esa boca pronuncia palabras desproporcionadas, singulares, aptas en distintos casos. Hay casos más singulares que otros, casos excepcionales también, casos en que el desconocimiento entre emisor y perceptor es evidente. Casos de familiaridad, de lazos sanguíneos. Casos experimentales, o químicos más bien, para hablar con la debida propiedad, casos no resueltos, amparados bajo leyes y toda clase de dispositivos, ¿dispositivos o trampas? trampas o ayudas, o bunkers o trincheras. Casos ambiguos, bajo tierra, de baja iluminación, de película de bajo presupuesto, casos en los que la voz y su palabra, su letra, su significado caen el la profundidad de no querer ser interpretados. Aislo la voz, a esa expresión, no importa quien la pronuncia. Primer y único acto, un análisis cuasi objetivo. Separar la memoria, la identidad, despojar al individuo de sus características culturales, desplumarlo, mostrar la carne. Un antiguo rito de defensa, un procedimiento médico. Como médico me pregunto no sin antes acomodar mis anteojos, no sin antes ordenar algunas de las notas de mi vieja libreta de piel. Mi libreta me acompaña, su piel es mi derma, la derma tiene el don de no envejecer. Digo, acomodo los objetos que me caracterizan como médico, y es posible, sucede, entonces la verdad llega, la verdad quema.
Es posible también que nada haya escuchado.
Es posible que me esten entrando nuevos y desordenados hábitos. En la guerra los soldados perdían el sano juicio luego de noches y mañanas y noches de nuevo, noches nerviosas, mañanas nerviosas, a la guerra, quizás la ganaban los que mejor dormían. Los hábitos hacen al hombre: Una historieta esta compuesta de personajes, un mundo propio y un drama, una telenovela. Héroes y antihéroes. Valor, guerra, conflicto, libertad, tambien justicia, justicia en el nombre de la justicia, amor en el nombre del amor, El hombre, en sí mismo un valor. Un hombre es su historia, la historia de un hombre es la historia de todos los hombres. Dentro de la botella, dentro de elena, dentro, bien adentro, hecho piel, la piel, el miedo, la misma, la piel y la piel del miedo.

Billy Boy sonríe, tres drugos más un Billy Boy. Suelo, tocar suelo, el suelo y dentro del suelo. Vivir sin miedo a través del miedo. No mostrar miedo. Reunión de espíritus elevados, un zepellin llamado Hitler, Hitler en botella, que viva la alegría nazi. A esta historia la componen también ancianos y jubilados. El escenario: la capital de un país importante, ni tan pobre, ni tan rico, quizás más bien un país como Suiza. Suiza y su capital, humano y elemental, capital bajo crisis, la crisis, crisis azteca, crisis de manteca. El recurso en ninguna mano. Todos apuntan, todos usando el dedo. La lucha, el poder, un primer desencuentro.
Sobre la mesa Aristóteles, Jonh Wayne y Jack Torrance, hubiera preferido a Adam Sandler, Hegel, y a algún androide, algo a lo Hal 9000. Sobre la mesa y sobre mi cabeza. El problema, uno no escoge con quien vive en su cabeza.

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