11/3/11

Smog

Un día desperté con ganas de vengarme de Iván Oñate. Desintegrarlo. Su obra no me es familiar, la conozco, la he visto de reojo, me sobrarían dedos para nombrarla, para mí son dos o un único título breve, título que sirvió para estimarlo, admirarlo, para vender a madre por conocerlo.

Yo ingresé a la facultad. Recuerdo esa mañana: transcribí horarios, tomé asiento, miré el reloj, estoy dentro de tus cabellos, Ana es un tigre, mosqueta rabiosa, OD y OI, el aula pulcra, filas verdes a cuatro patas sobre el suelo, jorobadas, la caja, caja fotográfica de revelado. Paredes pulcras, grutas, aula pulcra. Pocas frases. Al mirarlo el miedo; la Rabia. Clase, exposición, monólogo, maestro, reemplazo, titular, ingenio, formalidad, sincretismo, la palabra, el velo, la transcripción, el anonimato. Iván: tú pubis, yo gillete, yo toalla, yo jabón, tú café, cuchara, ambos instantánea. Azúcar yo preguntaba con la navaja y las cucharas y los dientes como mentas, rinde dijiste, dirías, dirás; la literatura, dientes de literatura, la literatura es el infierno repetí, miré violé, evité, deseché. No solo que no llegaste, no solo que cambiaste horarios y que adelante, en el escenario, tu reemplazo, tuyo, intentaba enseñar, procuraba ser convincente; el terror, comprender que solo yo te esperé.

Chéjov, Zaratonasis, Anselmo, Ulrica, Quentin, García Madero; levanté la mano, pronuncié con claridad, escuché, miré el tictoc, con malestar encontré unos ojos en el cristal. Quizás nosotros, tú, el hacha, yo, el hacha, cristal, a la enésima.

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