Me baje de la cama, que era como bajarse del lomo de un caballo, y note que el dolor provenía de pero ella, tomo el ascensor, apretó PB y en cinco segundos estuve devuelta sobre el viejo colchon
Bajarse del colchon no era suficiente. Recuerdo los paseos a lomo de caballo, los calambres, las rodillas adoloridas, de hecho para mi, era como haber jugado un partido de basquet y futbol juntos, como si nadara a la vez que iba dando patadas de taekwando, recuerdo las pomadas para las hinchazones que duraban por cierto de 2 a tres días. extrañaba al caballo antes de bajar las gradas porque aunque hubiera sido un suicido volver a montarlo, me habria evitado el tetrico ejercicio de bajar las gradas, que dolor, muerto de risa, porque el estómago a cada contracción parecía querer arrancarse, y ni in cuadrito aparecía aun en la flacidez de mis carnes y sin embargo el estómago ardía como hora de abdominales seguidas.
Bajarse del colchon no era suficiente y sin embargo parecía como si por mi propia cuenta hubiera decidido castigarme o producirme un tortuoso harakiri. La primera que vez que lloré de dolor fue a los 4 años cuando intentando llamar la atención de la niña mas bonita del barrio, o del universo que era igual al barrio, levante una piedra, las mas grande, tenía que sorprenderla de cualquier modo, del tamaño de un sandía que al caer en mi pie me haría ver estrellas antes de provocarme un pequeño desmayo, aunque esto bien podria ser
Pon Dios nos libre sugería ella.
De anoche no me quedan mas que recuerdos, y, los recuerdos es mejor dejarselos a los viejos.
Ella gritaba y yo le pedía que no lo hiciera, que los viejos podrian oírnos. Ninguna otra luz se encendió en casa.
al quitarme la mano de su boca, ella intentó una trompada, o algo por el estilo. Estúpida dije, y apreté
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