21/11/10

Avenida de los Libertadores

Cuando papá se enoja levanta la voz y aunque evite utilizar palabras fuertes su tono suele ser anormal, mi padre usa un tono de desprecio. Esto lo comprende mamá y eso es fácil de entender ya que ellos llevan casados cincuenta años.
Papá dijo que si yo le hubiera hecho caso ahora no tendría los problemas que tengo además de los que vendrán. Hace diez años yo cursaba el último año de bachillerato en el colegio salesiano. Mis notas no eran muy buenas por lo que esperaba luego de la graduación vagar durante algunos meses antes de iniciar la universidad, la cual no me atraía de ningún modo. Después de la graduación, a la cual asistí impecablemente trajeado, mis compañeros y sus padres organizaron reventones que duraron varios días. Andrés, que era mi único amigo del colegio, me sacó de una de esas madrizas en hombros y semidesnudo. Al parecer luego del baile organizado por el Toño Ricaurte, las cosas habían ido cuesta abajo, lo que me involucraba en dos peleas, una sala incendiada, pérdida de documentos e incluso el enfrentamiento con un uniformado. Al uniformado, un tipo grueso, con antebrazos de boxeador, luego de un frenazo le había hecho notar que en una esquina donde no existe señalización, se da por entendido que la preferencia la tiene el automóvil que se desplaza en el sentido norte-sur, cosa que él no practicaba, razón por la cual, frenamos dramáticamente, con el resultado de asientos mojados y botellas rotas. Sin soluciones a la vista, observé como el uniformado intercambiaba comentarios con un tipo extraño que lo acompañaba en el asiento del copiloto. El tipo extraño, visiblemente nervioso parecía pedir que lo saquen de allí, tapándose el rostro, pues el sol era recalcitrante. Casi sin pensarlo, me atreví a decir que por las dudas le preguntemos a un oficial que acababa de ver, oficial que por cierto no existía, la calle estaba vacía, al igual que los locales, pienso era la hora del almuerzo. Al parecer esto intimidó al militar que prefirió pagar, invitándonos cervezas verde y una botella de tequila Los salvajes. También le hicimos comprar varias cajetillas de Philip Morris.
Antes de irnos, quise saber el nombre de aquel militar que no había querido enfrentarse a un grupo de mocosos que a simple vista habían estado bebiendo y que para más referencias no cargaban documentos. Gallegos, dijo el militar, Gregorio Gallegos, al tiempo que extendía la mano como un amigo, o como un socio con el que acabamos de intimar.
El cristal hizo un ruido seco, seguido de un eco, como cuando un corcho se desprende con velocidad de una botella de champagne. El uniforme se tiñó de un rojo oscuro y parecía más una franela húmeda, un pedazo mojado de terciopelo. Los muchachos me escondieron durante varios días, mañana, quizás me dé una vuelta o me matricule en una universidad.

18/11/10

Nadar con los ojos abiertos

Lo primero, siempre lo primero. Él toma una carpeta, busca un esfero, sobre la mesa, sobre la carpeta. Piensa en un tema, el desarrollo del tema, motivos, razones, pruebas. Antes incluso, ahora, cierra paréntesis. Los abre, carpeta, posición, muchas bajas. Plaga, diagnóstico, basado en. Él estornuda, millones como lenguas, sobre la mesa la carpeta, sobre la mesa él, razones, polémica. Él estornuda, él se cubre, el se escucha, él una manga, otra manga, todo el saco.

Mientras decide de que escribir, él, hace un repaso. Autores bondadosos, autores desertores, la bondad es desertar. Piensa en Fernández, lo pronuncia sin tildar, piensa en Escobedo, la rima está fuera de lugar, piensa en Murakami, trabando, trabado, tragando, piensa en Archimboldi. Naturalmente fuera hay un tratado picoteado por polillas.
La lluvia afuera cae con fuerza, lo que motiva a cambiar de radio: la ciudad moderna que un día quiso ser capital. En su mayoría mansiones, el siglo es comúnmente confundido. Se confunden, mitad de cemento, mitad de vidrio. Insomnes, mitad de luna, mitad de tungsteno. Observar desde casa, bolsa blanca, escoba, muerte, elección. Vivir de memoria. Envejecer, en el fondo, junto a cada pez.
Antropos descansa, debajo un árbol. Es probable, nos vemos en quinientos años. Estatuas, palomas cagadas cagando piojos; la rama y el olivo, semáforo, cono, un submarino hundido al que le pueblan algas el cabaret de los peces. Bajo la premisa Llosa fotocopiado, cientos, adictos, carne de Houellebecq, quimio para Viterbo, agujas bajo el brazo, bajo la consigna de desconfiar, como barcos, mar oscuro, sobreviven todos, en el fondo hacen boom. Sobre lomos el nobel, veinticinco nobeles de fuerza, los libros a flote, la profundidad, Bolaño, la ciénega, el zumbido; el pueblo de los hombres gordos, su destino, convertirse en abismo. Abajo, bajo señales de sendero turístico, perderse, sera posible perderse, serán más las dudas, abajo, a lo lejos, en apariencia extranjero.

Aléjate, en pantalla, en degradé. La habitación también taller. Bultos como viaje. Afuera la lluvia, ya nada.

Él describe secuestros. Bloqueado, un rostro. Sin ojos, de perfil otros ojos, recuerda dice ella, un hombre y una mujer que no recuerdan sus nombres. Escribe, tiene manos, buen culo, tiende cada cama. Ojos, piernas, cama, culos. Nombres, en cuaresma, bajo el código de la culpa, con permiso, otra vez de culo.
En el relato y en la vida real él se sienta frente a ella en una mesa vestida con un mantel rojo. Ella y él también visten de rojo por que lo que parece que se han cubierto con el mantel. Sobre la mesa hay café, panes de yema de huevo, arrope de mora y un queso amarillo del tamaño de un plato. Eso en el relato. En la vida real ambos toman chocolate mezclado con unas gotas de ron.

Muy bueno el café dice él después de servirse tres tazas. Ella, que va por la primera, deja la taza humeante de café, y se levanta de la mesa. En la vida real ha comido un pan, en el relato, ella lo llama Gay.

Gay, ven a ver, Gay, tienes algo que ver.

En sus manos Lautaro, voy, tu trae sal. Choco hace miau. Lautaro hace miaur. Andrés es a Gay, lo que Anna es a, fuera, pijamas, Él hace miau, ella dice ya nada, tanta casa para nada, ella lanza sus medias, en la vida, en el relato, Lautaro hace miaur, voy dice, y se fue a volver.

La función

Ella apura la subida al vagón. Él, antes de sentarse la mira de reojo, y con un gesto la invita a acercarse. Ella dobla su abrigo, lo coloca sobre sus piernas y en silencio apoya su cabeza sobre el hombro de él. El metro parte y en teoría el viaje no debería tardar más de quince minutos. Él enchufa un auricular en el oído derecho de ella mientras conecta el auricular más corto en su oído derecho también. El vagón antiguo y hecho de madera se agita a cada lado en intensas sacudidas sobre todo cuando el metro a alcanzado una cierta velocidad, cuando ha llegado al climax permitido entre una y otra estación. Ni ella, ni él se mueven aunque él de vez en cuando es observado fijamente por una mujer adulta, quizás de unos sesenta años. La estación en la que el metro se detiene se llama Piedras, un letrero hecho de porcelana indica las escaleras de salida.

La siguiente estación en teoría es Lima, pero al no haber conexión el metro no se detiene lo que le da una cierto impulso e incluso deja notar el buen estado de la máquina. Él consulta su reloj y no puede dejar de sentir una cierta culpa, e imagina la fila, los asientos, el silencio y la primera escena. Como si ella lo estuviera escuchando dice nos queda la función de las cinco y media y él piensa en la librería y el dinero que no puede gastar. El metro se detiene en la estación Rivadavia donde se baja la mujer adulta de sesenta años. Entonces compraremos los boletos dice él.
Las estaciones Gardel y Abasto se suceden casi inmediatamente, como en un sueño, y en segundos ellos se encuentran afuera, quemados por la fuerza del viento. Ella desdobla su abrigo mientras él coloca el paraguas bajo su brazo. Él, la ayuda a colocarse el abrigo y ella se toma medio minuto hasta sacar la bufanda de la mochila. Está noche habrá tormenta repite un periodista y a él, ese hombre de la televisión le parece una cara conocida. De pie sobre la escalera eléctrica, él recibe un aviso como un flash en la sien, duro como una broca invisible en lapsos rápidos y repetitivos y otros pesados como un martillo.
Mientras ella le hace preguntas, y él intenta recobrar el sentido, sobre un plato transparente, un postre de tres leches es decorado con caramelo.

4/11/10

Estábamos en medio de un teatro?
Cuando Draco Rosa sacó aquel disco con ese absurdo nombre pensé que Draco había perdido para siempre ese sentido artístico o lo que es lo mismo el buen gusto para adentrarse en temas menos importantes o lo que es lo mismo bastante más populares. Su disco El teatro del absurdo me pareció un disco de pocas luces y sobre de todo de un titúlo por demas ridículo. Robi Draco Rosa ha grabado éxitos impresionantes como... en realidad sus temas los coreo cada vez que los escucho y sin embargo me es imposible recordar los títulos, acaso es una

Sus luces eran muchas, ella podía sonreir con la misma facilidad

Ella estaba llena de ventajas, la mayoría envidiables pero sobre incomprensibles

Ella poseía ventajas que la hacían

Sus ventajas

Martín era un tipo despreciable. Nada había en su rostro que lo delatase, de hecho, quienes apenas lo conocían sentían por él la misma simpatía que se siente por aquellos animales que han sido abandonados a su suerte, por aquellos seres a los que se les permite dormir

Hay acaso algo más despreciables que saberser

El tipo era despreciable. En eso estábamos todos de acuerdo,

Ambos pedimos fanta. Ella pidió una fanta, dijo que siempre había sido su favorita. A mí la fanta me gusta con vodka dije, ella medio hizo una mueca, medio quiso sonreir. Sentados de frente al mar tomamos nuestras bebidas, mientras ella sonreía sin motivo alguno, quizás sonreía porque


27/10/10

A la radio, como todas las noches, la dejé encendida. En esa habitación me sentí diminuto, como si de golpe, mis brazos y mis piernas se ahogaran entre montañas y mares de almohadas y colchón, como si la radio aspirara las paredes o como si un hombre enorme inflamara las paredes de una casa que no era más la familiar, como si de golpe el nuevo dueño se apoderara de ella y de todos los que aún vivíamos bajo esos techos.
La radio reproducía canciones en inglés, viejas que como manchas jamás fueron borradas de la memoria o de lo poco que quedaba de ella. Como
A mí la verdad no me interesa nada de la vida y no miento ni intento ser interesante del tipo, soy distinto, a mí lo que me interesa ya me ha llegado y por consiguiente puedo decir yo ya he vivido.
El que siga contestando sus cartas responde a un cierto estado que me produce el saber alguna intimidad de ustedes. El que me tome mi tiempo para leer su correspondencia no es otra cosa que una respuesta al conocido placer de fisgonear. Meto la cabeza donde no me han llamado cual rata pequeña que cabe perfecta en la palma de una mano. Sin ninguna culpa puede contarles lo mucho que me he reído cada vez que alguien pronuncia mi nombre sin la debida seguridad del caso o lo que es más común todavía, cuando alguien usa alguno de mis diminutivos. Yo no elegí como llamarme y como muchos jamás he elegido, como mucho he levantado una mano
La bala tardó cinco segundos en llegar a su frente. Como en un comic las imágenes se fueron sucediendo una encima de otra, primero la detonación, apuradas, pacíficas y explosivas, rojas en cualquiera de los casos y es que al mirar a la muerte cercana, vestida de venganza,

Desde el asiento de atrás observó con cuidado a su tío Marcelo. Con cuidado casi sin respirar, al igual que unos minutos atrás cuando su tío sin apagar el cigarro entró en ese edificio lleno de estatuas, donde varias personas intentaban conversar haciendo preguntas con las cámaras adelante mientras el chico apuraba el paso y los hombres con micrófonos y vestidos con trajes negros lanzaban frases que nadie contestaba como en una red que intentaba atrapar la atención de aquel hombre que visto desde ese lugar podía pasar por una estatua de piedra de acero. Desde el asiento de atrás el niño estudiaba a su tío y comprendía que

El hombre cubrió con su sombrero el rostro, mientras con la mano libre empujaba a las cámaras que se interponían a su paso. La preguntas venían de todos lados

El temía, más que a la sentencia, a los periodistas. Imaginaba cada una de las preguntas a las que se enfrentaría y él, sin rencor y con profundo orgullo contestaría que fueron 30, sin contar claro con las bolivianas, que esas eran parte de otra lista.

No puede ser tan difícil pensé, posó para algunas fotos, contesto algunas de sus preguntas, lanzó frases sueltas como dardos cargadas de acusaciones que auqnue fueran falsas explotaran como ácido

No puede ser tan difícil pensé y ese pensamiento me acompañó durante los siete meses que duró el juicio. Es cierto que todas las noches observaba con nitidez su rostro y también es cierto que era imposible que como si estuviera acostado junto a mí, en esa cama de 1 plaza,

No me atraparan

Las duchas de las niñas estaban separadas de las de los niños. Un dibujo clavado en una pared de baldosas blancas lo indicaba a través de dos flechas que también eran blancas.

De la pared colgaba el cartel que diferenciaba la ducha de niñas de la ducha de niños. Mi sueño era estar en la ducha de niñas

Por unos pequeños parlantes salía la voz de Gilmour y en ese lugar de baldosas blancas, la música, que nadie había puesto rebotaba como una pelota de ping pong. Dentro de la piscina los niños hacían piruetas, algunas en extremo difíciles como caminar con las manos en vez de hacerlo con los pies, maniobras que por otro lado eran permitidas y además aplaudidas, los padres de esos niños además de los vasos de limonada que sostenían en sus manos utilizaban cámaras y otros artefactos para detener, en uno de esos álbunes que reposan empolvados en las mesas de algunos hogares, las instantáneas de cuando alguna vez tuvieron hijos. Además de los padres, un hombre de pantaloncillo azul ocupaba su tiempo en dar órdenes e indicaciones que muchos de los niños a veces ejecutaban, como salir de la piscina y esperar al sonido de su silbato para entrar. A pesar de ser solo un curso para niños el hombrecillo de azul se tomaba tan a pecho su trabajo, como cuando trabajaba de instructor en el ejército nacional enseñando a sus alumnos las técnicas preferidas para ejecutar maniobras de buceo. Los niños que nada tenían de militares observaban a las niñas que aunque en menor cantidad asistían

25/10/10

The lost art of keeping a secret

Ella decía amarme, mientras, me daba las espaldas y volvía a su trabajo o a sus tareas de compositora. Sin embargo, a qué venía el que ella me declarase su incondicionalidad? No recuerdo haber conversado de temas tan trascendentales, más bien tengo grabadas palabras como inútil, lávate los dientes! o ve a comer algo! bueno, más que palabras frases enteras, más que frases órdenes directas que de haber sido golpes me habrían dejado boca abajo con la cara partida y miles de dientes corriendo alrededor de la alfombra como niños en un parque o como conejos decapitados. Al reordenar mis ideas la encontré de espaldas retocando unas fotografías, -esa es la última imagen que poseo de ella- momento en que aproveché para levantarme y dejando el edificio dejarla mientras ella pronunciaba palabras sueltas y el ipod reproducía Washer; canción de la banda Slint que como sacada de una banda sonora acompañaría mi huida y mis posteriores abandonos.

Ya en la calle encendí un cigarro, miré el horizonte y escuché el sonido de cada uno de mis pasos. Habían pasado casi tres años desde la última vez que caminaba sola, así con una mochila a mis espaldas y sin el compromiso de tener que parecer interesada o amarrada a algo. Fue extraño, en cada cuadra había un hombre que me obsequiaba flores. A mí las flores me gustan, es más, hoy he decidido, tener una casa con jardín.