10/9/14

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De ganas de roja, las
galletas verde son de
humano

Era interesante y terapéutico observar los pedazos, la cosa interior del cuerpo de uno echados, derramados sobre la mesa, y eso y con el tiempo suficiente para enumerarlos, reconocerlos y sobre todo con esa luz que los hacía, digamos, un poco menos horrorosos y quizás casi fantásticos, como si se trataran de las partes de un maniquí de consultorio médico y eso de ver músculos y grasa amarilla y muchas mangueritas azulitas y rojas. Allí estaban todas esas partes y uno se preguntaba dónde estaba la parrilla y el carbón y a uno le entraban las ganas de ir al supermercado a buscar un poco de aceitunas y madera verde para de una vez secarla ya que pronto era noviembre; y ya se imaginaba uno preparando los aderezos y un poco quemándose bien arrra rrray las manos y las pestañas y los pelitos de los brazos haciendo hizz hizzz mientras avivaba y soplaba la llama. Pero las partes estaban sobre una bandeja metálica, junto al cuerpo, todas tenían un color saludable, los ojos de un rojo intenso llenando el muro y los violetas eran unos violetas así, azules y misteriosos, y había algo blanco y largo y también parecía limpio y sano y uno podía mirarlo sin temor a cansarse, algo gelatinoso como alejado de las comunes enfermedades que suelen saltar a la vista, y eso era bastante saludable y bien motivante, uno ya no tenía ganas de asar y carbonizar el jardín, ni el patio, ni la cuadra y menos de armar un partidito de hecuavoley con las respectivas pilsenchevis, a uno ya solo le entraban las nostalgias y eso, pensar en los hijos que no estaban, las novias fallecidas culeadas por los gusanos negros y gordos y llenos de pelos, ughh ughh en el lodo, los compadres traicionados tolchocando bien fuerte a la mujer y un montón de personas, decenas que ya no estaban y que se fueron en el momento menos pensado, cuando la puerta tenía corrido el seguro; tan común que uno la estuviera pasando de fábula y chilín chilín y que de repente alguien desapareciera y otro acercándose para pedir le abrieras la puerta o no sea malito, y eso, y también que le quitara al candado.
A veces uno la pasa tan bien y cree que a todos les ocurre y resulta que no es tan así y unos cuantos ya tienen la cabeza llena de almohada y sueñan lodo.
Y gas. 

De todas formas uno estaba con la cocina encendida y con la tetera llena de agua y el agua en diez o menos minutos hacía vapores, la tetera soltando un ttuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu y eso era buena señal para levantarse, mirar un poco como estaban las cosas en las otras habitaciones y también era como tener una gran reunión con varias pequeñas reuniones cerca, detrás de puertas y de muros diminutos, y uno siempre encontraba a personas pequeñas con sonrisas pequeñas jugando a la play y dándole al una vida una vida o videando los filmes antiguos de georgelucas y eso quizás era ideal, y ya de vuelta porque ya veníamos volviendo, ya en el salón tenían el cuello largo, rico, y a veces a uno le entraban las ganas de morder y succionar y a veces me interesaba que todos fuéramos iguales, lo que quería decir que otros también fueran capaces para ver otras diez generaciones nacer y volverse polvo pero antes el lodo y eso de intervenir como un pedazo de papel dentro de un hombre de barro pero quizás esas cosas debía dejárselas a alguien menos imprudente, menos impulsivo, digamos alguien capaz de compartir su misterio o maldición como los domingos y como se ablanda un pan dentro del agua. Para calmarme me serví una gran copa de roja y la sed se apagaba haciendo izzuuuuuusss.

Pero varias veces se mostraban los órganos, mis órganos y la sorpresa era bella, sus ojos se convencían de que aquellas formas esponjosas eran el producto de las manos largas de un artesano deGuano o de los telares remotos enQuisapincha, y es que enGuano fabrican todo tipo de cosas llenas con ayoras ocres, recuerdo brevemente a gente tocando tejidos, los dedos encima, y también, o en otra parte o al norte a muchos manchados los rostros con la roja de verdad, y eso era muy cómico, dantesco, las rocas volando sobre los brazos levantados; a veces invitándonos a meternos alguna cosa, mucho ujujuuuy y aaeeejsiiuujj, era bailar alto y realmente bezuño enjunio, como empuñando el corazón y la roja corriendo en las manos y todo blanco, al final las nubes y la boca grande.

Recuerdo que varias personas bailaban unos temas rápidos de bossanuova, eso era harto raro porque la bossa suele ser martes y era en tres tiempos; un poco creí que había perdido el ritmo de la cosas y los pulsos y exacto era eso, porque pronto dos desconocidas me miraban mientras colocaban sus vientres y el cinturón cerca, y luego los frotaban el uno frente al otro al ritmo de esas músicas del sol y yo no quería ver sus ojos pero también pude ver que eran como fantasmas, como mujeres muertas y como cortinas, un poco unas cantantes a las que no había visto de hace unos años. Una de ellas ahora manejaba un negocio en el centro de la ciudad y lo manejaba sin electricidad; pero ahora ellas eran bien poderosas, es decir, con solo verlas uno sentía deseos de correr o de volverse sal, era evidente que andaban disfrazadas como los mortales y lo siguiente sería despistar pero también uno quería enfrentarse con esos cuerpos y pupilas semidesnudas, con los vientres de goma y entonces uno se acercaba, luego estaba el juego de matar al otro sin armas, bailábamos en círculos como en una ronda, una o dos personas reuniéndosenos, uno un poco tomándose de las manos y luego la idea de perder la razón para hacer cosas sin sentido, y eso como entrar al círculo para dejar que el resto gire alrededor; las manos aplaudían o éramos aquelarre, invocando, aplaudidos.
Luego sus ojos que brillaban; me parece que por un momento vi a través de ellos y esos ojos veían con claridad la superficie de la luna, o fue que observé con mis ojos cerrados y a través de sus ojos, vi su historia, su fascinación por la noche, en el cielo que ellas miraban mientras yo miraba con sus ojos había una luna enorme, una redonda y amarilla, y esa luna estaba cubierta por nubes así que todo era mucho más sobrenatural, por un momento pensé que me volvería lobo, o aullaría alto, llamando o recordando a los olvidados porque se supone que así se encuentran los recuerdos, así se les indica el camino de retorno pero quizás ya estaba bien ebrio, además alguien no paraba de servirme roja y los giros eran cada vez más rápidos. Una de ellas con eso de los lobos tienen seis colmillos. Quizás ya dormía pero también sonó como si cientos de pájaros agitaran las alas, en casa no tenemos aves, y además era bien tarde y las aves se supone son las primeras en descansar.

Luego estaba rodando muchos escalones, ya no en la casa, tampoco uno de esos salones para eventos ni en reuniones el sábado; y yo estaba extrañando salir un poco para perder la cabeza, eso de bailar con o entre personas desconocidas, eso de beber de vasos cosas azules y extrañas; esa era la pérdida y más bien tenía que rodar hacia el piso nueve desde planta baja y al hacerlo parecía que mis partes se iban ensamblando, reintegrándose, como lo harían los brazos de un robot, como cuando elvoltrón llamaba a sus brazos y los brazos eran leones corriendo en el desierto y luego llamaba a sus piernas y unos robots en forma de dinosaurio salían o rompían una caverna y del otro lado como niños hacíamos ehhhhhhhhh. Luego estaba ya rodando hacia el piso nueve, sentía como si varias partes: brazo, cerebro, gas, canillas, dedos, mangueritas azules regresaran hacia los huesos, poco a poco empezaba todo a pegarse u ordenarse, a ocupar el sitio donde cabe perfecto, al hacerlo uno sentía la goma, el peso ya sujetado, doloroso porque al pegarse la goma hacía izzzzzz y quemaba, como si antes la piel se derritiera. Las personas alrededor no miraban, quizás no se daban cuenta pues uno estaba dando vueltas, luego de nuevo la ronda y ellos subiendo o bajando y tampoco podía detenerme mucho a quejarme, a decir cosas o gritar aghhhh, creo esperaba que el dolor me hiciera más poderoso, que tras los giros y el dolor un nuevo hombre, uno doble, girara los brazos en lo alto como dos hélices.
Pasó lo contrario y más bien las partes empezaron bien pronto a abusar, es decir, se pegaban y despegaban por puro gusto y no a voluntad; yo estaba rodando y ellas como si fueran nubes y como insectos picando dic dicdic aquí y debajo, el cuerpo inflamándose y creo que ese era el modo que tenían (¿?)(¿quienes?) de detenerme.
También perdí un poco la razón pero al quedarme sin sangre dejé de rodar.
También olía a masa como de gel verde pero quizás ni eso, y bien dic dicdic.

De todos modos llegué al piso nueve y alguien dijo que todos estaban en la terraza; yo recuerdo que (de cuando fui un topo y Sonic-elerizo) dejé de ser una bolita, y empecé a usar mis piernas y a ponerme de pie; era una cosa de ver que no tienes idea, como volver a nacer y orinarle al enfermero con el doctor haciendo taz taz, tomaba su tiempo sincronizar las ideas y las órdenes, con eso de que ese cuerpo que en todo caso era conocido pero extraño,  y quizás era cosa de desear no caer o desear dar dos pasos y tomar un balón y todo triple y bien baloncesto pero de todos modos me tomó tiempo, siento que aún hay cosas que no fluyen de modo convencional, el caso de un tipo que entra en un refrigerador y luego camina entre el agua y la escarcha, la pileta llena con varios escalones y varios pasamanos de acero, los músculos primero polvo y volviendo a ser lo mismo, haciendo un baloncesto y media cancha nomás, dinero, cigarro, alguien bien loco metiendo el televisor de papá, ese aparato que está atornillado al muro.

Por deporte nomás.
Un poco atrofiados ciertos órganos y eso es normal. Recuerdo que una tallerista recibió un mensaje por error, pedía que dejara de atrofiarle el cerebro y esas cosas de reclamos, y esas cosas –pienso- son como cosas bien serias, y no es bueno jugar con el cerebro de otro aunque esté a la vista sin las tapas, quizás y el origen del mensaje erróneo fue un tubo de ensayo o un cilindro de vidrio con la masa rosada un poco atrofiada como un maní, estaría a la vista; un tubo de ensayo como con un fluido seco o al que le ha dado mucho tiempo el sol.

Luego estuvimos tomando el sol y contándonos cosas y parecíamos una gran familia de talleristas, vestidos al apuro y por las manos largas de una mujer a la que le sobraban dos brazos; y un poco riéndonos para que otros no se rieran de nosotros.

Luego estuvimos buscando la parte sin pintar. Todo era amarillo. Una vez regalé unas flores amarillas. Fue la primera vez y creo que lo estoy volviendo a hacer, creo que haría flores para que alguien se las coma y me gustaría que las flores brillaran en el estómago de esa persona y en la noche la persona diría que le gustan las flores porque las flores brillan en las noches.

Luego hablamos de beber roja; sin beber roja actuábamos como ebrios y en verdad eso era lo mejor que sabíamos hacer.

Nuestra especialidad especial.

Luego eresun mentiroso fuera del grangalpón y ya con especiales ganas de roja.

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The ostartofthenocturn
alemission

La cabeza a veces colgaba del cuerpo, apenas sostenida por el cuello, dentro parecían convivir insectos o cosas alargadas y llenas de patas, redondos como dedos, cosas que tras respirar lograban que la frente se inflamase; y esto era harto incómodo, porque era bien difícil andar con la cabeza limpia, y clara, y uno andaba con la sensación de patas o pelos o antenas, y la idea de que algo, eso, aquello, bien pronto iba a perforar los huesos de la frente como una luz caliente para dejar que una masa fucsia, o rojiza y brillante y tibia saliera de ella como el relleno de un pastelillo rojo, solo que un relleno caliente y eso en medio de la frente.

Luego uno solo tenía fuerzas para desarmar la cabeza y con el fin de quitar las cosas que estaban dentro y entre los pliegues y bajo rocas. Esto lo hacía en un lugar limpio y procurando que nadie se enterase. En realidad esperaba quedar como nuevo, para que ya los talleristas confiaran un poco más en las cosas que estaba por decir.
Por ejemplo, notaba que ellos siempre mantenían distancia, y seguro ya vieron las patas de los insectos que llevaba dentro saliendo o buscando calor y sol, y por ello preferían mirarme de lejos, y eso en esencia no me importaba. Luego me empezó a preocupar y luego ya era como demasiado, como si uno no pudiera tener una vida normal, y esto era hablar con otros por lo menos durante cinco minutos seguidos.
Un poco yo me comparaba con otros talleristas y aunque digan que es nocivo yo lo hacía, y a veces me sentía mejor, pensaba cómo otros tipo llevaban eso de convivir con cosas, y eso ocurría en sus brazos, y debajo de la lengua, y alrededor de los testículos, y también pensaba en talleristas que cambiaban el rostro y los labios por el de un insecto azul y luego pensaba que saldrían en mitad de la portada de la revista de los domingos, con el titular y algo como como hombre antes como hombre y ahora ve insecto; y luego sin diferencias y todos los editores y correctores y fotógrafos y diseñadores se llamarían diseñador insecto, y corrector insecto, y editorial insecto, y fotografía estudio insecto y ya no sería literatura sino lainsectoratura. Luego supongo que ambos salimos en una nationalgeographic, eso tras mi lucha para ser delgado, y tan insecto, luego de empezar con eso de comer lo que cabe en el hueco de mis manos.
Y el rostro parecía alargarse, y más bien tenía un aspecto yonqui, yonqui con los brazos levantados, pero igual suponía que iba a salir en una portada de revista científica, sería famoso y todos me irían a buscar y yo diría no hay satori definitivo y solución final.
De todas maneras a veces decía a los talleristas que estaban bien y que mejor se quedaran en casa, y ellos que ya dejara de ser gay reprimido, en realidad nadie hacía caso, y entonces nos mirábamos, nos doblábamos de la risa y luego ya estábamos todos muy cerca, casi rozándonos las entrepiernas hasta que aparecía una tallerista y un poco montábamos otra escena y todos estáticos. Recuerdo que llevábamos las botas del trabajo, que eran esas botas con punta de acero y redondas; por un momento lucíamos como verdaderos obreros y eso era increíble porque era como llevar trajes que nos cargaban con los superpoderes.

Igual tuve que buscar una habitación limpia para iniciar el trabajo y un poco dejé advertido que si no aparecía me buscasen en el piso diez. En el piso diez existían unos laboratorios y muchas veces uno se topaba con talleristas vestidos de blanco y mujeres de corbata azul usando también mandiles largos y llenos con pantallones, y esas máscaras blancas y uno quería que en esas habitaciones existiera todo tipo de frascos y quizás los exoendoesqueletos, una variedad de aliendosyalientres o libélulas y una mezcla de ambos; el laboratorio debía llamarse laboratorio sirriddleyscottlema, pero en esos sitios se trataba con gérmenes invisibles o por lo menos con cosas que apenas si ocupaban el fondo de un tubo de ensayo, manchas, fluidos, saliva seca. 

Luego pude escuchar elSleepless, eso mi hizo sentir bien, y tenía ganas de que muchas personas supieran que escuchaba ese disco que entre todos es el disco que no es una cosa ni otra, y a veces a esos libros, u obras, o edades o periodos se los llama detransición, como si una banda buscara un sonido, algo sobre lo cual detenerse, para mí, la piedra para arrastrar.
En todo caso era un gran disco aunque supongo que habrá cientos de álbumes con foto de thorgerson, ya resulta desmotivador intentar que una persona sienta las cosas que otro tiene, sobre todo en expertos, doomers y en cosas más nuevas y actuales.
Lo que pasa es que estuve recordando a Ll, su poco entusiasmo y quien nada parecía complacer. Por lo general hablábamos pero también pronto éramos extraños y uno siempre pensaba, ¿lo hago bien? ¡Qué tortura! y luego como si trabajáramos un viernes o un sábado por la noche, como si colgáramos de un hilo para atar medallones; supongo que la única vez que acordamos fue sobre elSleepless aunque no nos hemos vuelto a ver y ahora al escuchar elSleeples siento que ese día nos intercambiamos los brazos, quizás un día nos busquemos sin buscarnos como en 1966 en parís, quizás vamos por ahí dando abrazos, como abrazos dobles.
Toco el muñón y veo pelusas o pedazos o moléculas de otras ropas y de otras cruzrojas, eso es un poco desagradable o tierno y azul pero no tengo idea de qué hacer.

De todos modos y luego de la banda encontré una mesa, parecía que ya nadie iba a acercarse. Un poco me acomodé y luego até mi cuerpo con unas correas y eso en caso de que quisiera levantarme y ahorcarme a mí mismo, como le sucedió al dr.frankenstone. Luego yo ya era dos A.K, el uno atado sobre la mesa y el otro con guantes de goma y sosteniendo algo que parecía un serrucho que brillaba de lo nuevo, y todo se veía muy sangriento y gore.
Luego recordé algunos temas de Thesilent enigma y eso me dió valor; no era muy seguro en quien sonaba ese disco, si en el A.K de la mesa o en el de la sierra, y luego hubo una confusión y ahora no sabemos cuál resultó encendido y lo mismo de siempre, cuál de ambos habla y escribe, es decir el A.K que habla ahora puede ser uno de los dos, y ambos, un programa con recuerdos y materialmente existe enTokio. De todos modos tomé la sierra e hice ligeras perforaciones y zigzag zugg, o sea, apenas si un corte por allí, un hueso más allá. Luego estuve mirando por todos los lados aquella materia rosada y tibia y haciendo ussshhh. Mientras, en la mesa redonda el tipo se retorcía y un poco sus brazos y sus piernas se encogían, sobre todo como si alguien le hiciera unas cosquillas enormes y como si un poco disfrutara, su rostro del pánico, a la satisfacción como de alguien que acaba de ir de a hacia c sin pasar por b.
Diez, quinientos segundos, no lo sé, supuse que eso lo alteraría permanentemente y más bien toqué un nervio; eran las seis y eso lo puso a dormir. Su rostro es inolvidable, es más común recordar un hombre de aspecto animal que a un animal imitando a un hombre.
A.K sobre la camilla fue muchos zoológicos al mismo tiempo.

Era curioso que tras abrir la cabeza varios recuerdos empezaran con eso de llenar el salón y era como tener un juego de luces y una novena o como presenciar uno de esos espectáculos holográficos. Muchos hombres vestidos con uniformes miraban hacia los muros y me parece que eran militares, algunos con grandes mostachos y con insignias y alasdoradas, y otros similares, con los rostros alargados o derretidos como las obras de esechino, de kwangho, y a a veces sin pasar por c, esos hombres llevaban gafas y lentes y marcos amarillos y redondos y no el tipo de militar que sale o el retrato de los hombres de guerras franquistas, menos todavía esos locos que disparaban a mujeres y ancianos desde un helicóptero mientras gritaban ¡CharlieCharlie! y sentándose sobre sus cascos para no hacer auuchhh. Entre otros hologramas estaban los de mamíferos y delfines, los de un bosque azul y bastante espeso que parecía uno tropical de un país como Costarica; había un cartel que invitaba a dejar de fumar.
Algunas mujeres ocupaban una porción del suelo con sus cuerpos horizontales y tenían algo rojo encima, la misma luz blanda de otros hologramas, roja y intensa y el cuerpo cubierto como huyendo en la luz blanda nociva, un poco cansadas y un poco como si ya las cosas no tuvieran soluciones.
También vi armas o granadas, y junto perros en adopción y el fondo con papel tapiz amarillo; no sé sí se trataba de equipos para dispararse pintura o 1975.

En otro holograma una mujer que pregunta cuántas personas vivían en aquella casa, una encuestadora de nombre omar fuentes zonal 3; esa mujer llevaba una gorra azul estampado con un sello del INEC, y ese holograma tenía sonido; como en los filmes, y el holograma luego saltaba como un acetato rayado, el cuerpo repitiendo su movimiento, y una y otra vez la mujer preguntaba cuántas personas vivían allí, como escuchar y mirar la superficie de un disco rayado.

Luego estaban otros recuerdos, y luego más bien coloqué la tapa en su sitio y pensé que nada había sido abierto o cortado, por lo tanto debía funcionar como siempre y más bien serví dos vasos conaguardiente y elaguardiente hacía izzzzzz y abracé a A.K, fue o era como abrazarme a mí mismo, en realidad era abrazarme y luego entré en A.K. o A.K entró en mí, o los dos nunca estuvimos separados ni teníamos entrada o salidas; luego soñamos con varios sombreros rojos para celebrar cumpleaños.

En las paredes leí o leímos eresunmentiroso.

Luego rodamos algunos escalones, o rodó A.K o rodé yo solo hacia la terraza pero antes los tubos con saliva seca.
Estuve o estuvimos o estuvo A.K montado en los hombros de alguien. Caminaban hacia la calle a través de una de las aceras del centro que iba de la ciudad al centro y A.K o yo o ambos mirábamos a otros talleristas, y era como caminar sin tocar el suelo y un poco esa era la sensación favorita de A.K, o era mía, o la de ambos, un poco andar en las nubes o sobre los hombros y elefante largo y en alguien que camina por una acera. Eso pasó, no sé si se dio cuenta, o nos dimos, quizás nos permitió o le permití a A.K que fue como si me lo permitiera a mí.

Luego eres un mentiroso.

9/9/14

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Una puerta viajando
en el asiento trasero de
un taxi

if only the bone from which the meat that I eat would reveal itself so...

Un día estuve pensando en todas las cosas que pasaban o pasarían a través de una puerta. La puerta era la de un taxi, quizás uno marca aveo o el clásico accent1999 o mejor un Volkswagen blanco y verde y ziimzoomflasshh como enméxico. La verdad yo no era el chófer; sí estuve de pie quince minutos mirando los autos hasta que uno de ellos se detuvo y preguntó si quería subir.
Luego avanzábamos unos metros hasta que nos detuvo una silla. La silla tenía las patas largas y el respaldar bastante delgado y a mí esa silla no me daba demasiada confianza, en realidad pensé que al sentarme caería de espaldas como en los dibujitos de dumassheldon, y luego pensaba sería bien incómodo y doloroso tener que levantarme y cargar la silla de regreso. O sea, estaba acostumbrado a sillas algo más voluminosas y esta que ya estaba sentada y viajando con la ventanilla un poco abierta en el asiento de atrás, parecía más una de esas sillas de sastre, de las que sirven solo para colgar chaquetas, es decir, una especie de maniquí y viajaba con la ventanilla bajada. También parecía un mueble de fantasía, como en las fotografías en los catálogos de los carpinteros. En todo caso la silla ya estaba en el asiento de atrás dando direcciones, y luego de la luz naranja el auto avanzó hasta perdernos en el horizonte.
Luego me vino eso de estar pensando en qué otros objetos pasarían a través de una puerta; luego buscábamos dos direcciones.
Se me ocurrió que un teléfono monedero podría hacer lo mismo, aunque, siendo así, también era bien probable que el teléfono no tuviera que esperar mis quince minutos y más bien realizara un par de llamadas y, eso, que lo pasaran a recoger. Luego pensé que por la puerta del taxi podría pasar un tanque de gas, y ya lo veía dando direcciones y pidiendo que cambiaran de estación, quizás en la radio y el programa de esas chicas nerviosas que hablan de todo y al mismo tiempo y son como tres voces que juntas no hacen una, y quizás el tanque solo querría viajar en silencio, escuchando el sonido de las calles a las 17 horas, después de todo el gas pasa una buena parte de su vida debajo de una mesa o en el patio de las casa, y antes montaditos y ordenados en un camión que los pasea y agita durante algunos días con esa música impertinente y el cassete de 60 minutos en loops y eso a las diez am; llenos, alegrando el mes. Ahora era mayo.
Después de todo, el tanque bien puede decidir hacia dónde va, ya sea que vaya lleno o que regrese a la estación. Supongo que es más común tomar un taxi con el interior vacío, y supongo que eso pregunta el chófer cuando va a levantar ¿está lleno sr? ¿Lo llevo a que lo carguen?

Eso me recuerda el chiste sobre el borracho, el borracho, la pizza y la coca, y un taxi por la noche en una calle deguayaquil. Se supone que el borracho pregunta muy cortésmente si se le permitiría dejar la pizza y la coca en el asiento de adelante. El taxista, muy conmovido por la cortesía y caballerosidad de un hombre tan borracho, no puede, sino decirle que todo está muy bien, déjela no más. Ya con autorización el borracho hace buuaaghh, o sea, vomita la pizza y la cocacolita sobre el asiento, y seguro luego se escucha una sirena o ambos ponen cara de ¿quésoy?
 Pizza con quesoyextra

Luego imaginaba que por la puerta del taxi podía caber el motor de una motocicletavespa. Un motor de una motocicletavespa viajaba en la guantera. Imagino también una caja llena de luces para árboles de navidad y también una foca, tres pingüinos y dos pasaportes anicaragüa.
Luego pensaba en objetos a los cuales humanizar, de nuevo y primero en la lista el tanqueazul, usando un par de gafas oscuras. Y quizás una puerta de 90 por 180, sosteniendo un periódico y en la sección editorial. ¿Con qué sostiene el periódico? Eso no está muy claro, pero supongo que el periódico flotaría frente a la puerta, y ahora que lo pienso debería ser un diario con solo una o dos secciones pero sí de un solo cuerpo, como el últimasnoticias, o lagacetadelmartes; supongo es un diario que la puerta toma del taxi.

Imagino a la puerta dando las indicaciones y al taxista escuchando con atención la dirección y pensando si eso está bien cerca o si conviene tomar laOrellana y volver hacia elhotelquito y luego otra vez hacia elmetropolitano y pronto que casi son lasuna.
En verdad imagino a la puerta y sus gafas oscuras pero no puedo escuchar muy bien las indicaciones, o sea, eso queda para el entendimiento del chófer que quizás a esas alturas conoce, ya es multilingüe, quizá e incluso los habla un poco.

Recuerdo que unos días después intentaba olvidar los escalones que había rodado, lo hacía volviendo a caminarlos y si era posible volviendo a rodar sobre ellos, hecho bolita y con buena energía, solo que esta vez quería empezar en la planta baja y de allí echar hacia el noveno, un poco como los autos cuando toman lagasca desde laamérica en dirección a acypresshilleljueves; entonces me imaginaba rodando a un ritmo lento pero constante, pausado y robusto pero siempre constante a fin de no tener que volver a arrancar en la mitad y para ello miraba a quienes bajaban y a quienes subían a un ritmo más lento como evitando tropezar. Varias personas llevaban maletines y supongo eran talleristas sin prisa, yo suponía que ellos tenían tareas, por terminarlas como en todo julio, esa la razón de su tiempo y su contagiosa calma.
A veces eran dos o tres talleristas, uno dudaba si detener o dar un salto triple usando los maletines dealmaceneschimborazo y ya por encima, pero era cosa de esperar un momento, y luego dejaban camino, y uno seguía en esa marcha o ascenso sin mayor interrupción.
Lo malo o reprochable era eso de tener que realizarlo varias veces, durante toda la semana como en una sola semana, sin rastros del olvido, ni de eso del cambio de emociones.
Empecé a preocuparme dos semanas después de iniciada mi automedicación, pues, aún recordaba mis primeros escalones hacia el piso de abajo y sobre todo recordaba la forma en que la memoria parecía entrar en lagunas; cómo luego ya no diferenciaba sisubía o sibajaba o siizquierda a siderecha.
Al subir uno estaba bien conscienteinconscientemente preparado oharto para ya llegar, y el viaje era algo así como ir de a hacia c sin pasar por b y las cosas tenían demasiado sentido en muchas direcciones, por lo mismo no valía la pena dejar lacasadeloshermanos.
Luego supuse que era tiempo de interrumpir la trepada y quizás era eso, debía quedarme detenido entre el piso cuatro y cinco, quizás esperar a que un grupo me diera paso pero antes empujarlos o quizás debía saltar sobre ellos, hecho bolita y saludando con beso, quizás eso diera sentido, y otra dirección al tratamiento y la autofelicitación.

Luego un día estuve mirando por el interior del gran agujero y tuve unas ganas increíbles de lanzarme a fin de experimentar con eso de dejar de ser. Estaba a punto de hacerlo pero pronto estuve recordando que aún me quedaba aquello de olvidar los primeros escalones y eso de la manera en que iba cayendo hacia la planta baja. Recuerdo de manera imprecisa que mientras caía una persona intentó levantarme; supongo otro tallerista y también creo recordar que yo ya estaba sobre sus hombros, mirando al resto de talleristas e intentando leer algunas cosas que había escrito sobre los muros hace tres o cuatro sitios.
Un par de cosas me parecieron totalmente insólitas o quizás era que yo seguía rodando; y creía estar sobre los hombros de alguien y ya era hace tres o cuatro sitios. Por ejemplo, leí cosas escritas sobre el muro, junto a las gradas, un poco como con el cuello estirado, cosas como ¡yaentendí! Eso de la milk es por tu mamá ensick, y es que quieres mandrake debajo de la cama. Un poco quise un plato bañado en agua tibia, y era que los huesos estaban largos y porosos. También que necesitaba uno y dos marlboros.
En realidad supongo que rodaba los escalones y luego en la planta baja una o dos personas me levantaron, y luego me dejaron en los sillones del salón de los hombres de corbata azul.
Ese salón estaba casi siempre deshabitado y lleno de 1973, eso con los espacios para las mesas con el ajedrez, la ventana del pingpong y las dos mesas de billar en el tumbado. La cafetera era una máquina italiana enorme y dorada, creo que además servía como salamandra en mitad del salón; sobre una repisa la máquina brillaba y también lucía como si alguien le quitara el los lunes.
Desde el sillón miré un poco de teve, eso no es algo de lo que pueda dar fe pues, solo supongo que estuve allí y no dentro de la cafetera o en la casa de N que vivía cerca de las farmacias, en los tumbados de uno de los talleristas del centro B. Luego de subir a sus hombros y miraba un programa de un canal demiami.
Ahora me pregunto cuál será el gentilicio de un gringo demiami, se lo llama miamense, miameño y en el programa una mujer presentaba las noticias de miamenses dentro de ambulancias o de niños con poderes especiales como el basketboy, niño que encestaba desde cualquier punto de la cancha.
Mañana soñando basketboy con los ojos cerrados con una mano atada a la cintura con la cesta y el cuadro y el parante del otro lado del patio, y soñando hecho bolita anaranajda spalding.

Luego me dormí y luego me desperté, otra vez estábamos en clase resolviendo un cuestionario extremadamente largo, bastante técnico como pide ceases sobre todo con términos nuevos, es decir, neologismos y los prefijos tomados del árabe sonando y sin cambio fónico; algo de sinonimiayantonimia, y era divertido, pero a la vez nos tenía a todos con la cabeza clavada al borde firme de la mesa, muchos como dormidos y con las hojas en las caras y otros en grupo sedientos y con las manos estiradas pero supongo era el interés de no tener tarea pues casi eran vacaciones, cosas que estaban por empezar para terminarnos de terminar. O sea, queríamos sacar provecho pues parecíamos sincronizados, trabajando en equipo por agosto. Pensé que hubiera sido fenomenal tener una fotográfica, y también pensaba en esa tallerista, aquella del trabajo que no entendía muy bien, pero estas cosas para ella no serían sino trabajos, eventos de sábado sin planes, y es que hay artistas de grandes decorados y de rostros como mapas y no sé si ella era ese tipo de arte pero tampoco estaba cerca como para explicarle lo que pasaba, que nos fotografiara.

Todos estábamos cansados y sobre todo porque sería imposible terminar el trabajo y salir a agosto; sin guía sin textos.
Luego nos miramos y como teníamos muchas ganas de reír lo hicimos bien excesivamente, niños redondos y pegajosos. Y nuestras sonrisas eran nuevas, como si acabáramos de estrenarlas; y tomábamos mucho aire, parece que teníamos la adrenalina lista para esperar y llenar un taxi.

Recuerdo eresunmentiroso.
Supongo que estoy y ahora estoy o siempre estoy y eresunmentiroso.