10/9/14

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The ostartofthenocturn
alemission

La cabeza a veces colgaba del cuerpo, apenas sostenida por el cuello, dentro parecían convivir insectos o cosas alargadas y llenas de patas, redondos como dedos, cosas que tras respirar lograban que la frente se inflamase; y esto era harto incómodo, porque era bien difícil andar con la cabeza limpia, y clara, y uno andaba con la sensación de patas o pelos o antenas, y la idea de que algo, eso, aquello, bien pronto iba a perforar los huesos de la frente como una luz caliente para dejar que una masa fucsia, o rojiza y brillante y tibia saliera de ella como el relleno de un pastelillo rojo, solo que un relleno caliente y eso en medio de la frente.

Luego uno solo tenía fuerzas para desarmar la cabeza y con el fin de quitar las cosas que estaban dentro y entre los pliegues y bajo rocas. Esto lo hacía en un lugar limpio y procurando que nadie se enterase. En realidad esperaba quedar como nuevo, para que ya los talleristas confiaran un poco más en las cosas que estaba por decir.
Por ejemplo, notaba que ellos siempre mantenían distancia, y seguro ya vieron las patas de los insectos que llevaba dentro saliendo o buscando calor y sol, y por ello preferían mirarme de lejos, y eso en esencia no me importaba. Luego me empezó a preocupar y luego ya era como demasiado, como si uno no pudiera tener una vida normal, y esto era hablar con otros por lo menos durante cinco minutos seguidos.
Un poco yo me comparaba con otros talleristas y aunque digan que es nocivo yo lo hacía, y a veces me sentía mejor, pensaba cómo otros tipo llevaban eso de convivir con cosas, y eso ocurría en sus brazos, y debajo de la lengua, y alrededor de los testículos, y también pensaba en talleristas que cambiaban el rostro y los labios por el de un insecto azul y luego pensaba que saldrían en mitad de la portada de la revista de los domingos, con el titular y algo como como hombre antes como hombre y ahora ve insecto; y luego sin diferencias y todos los editores y correctores y fotógrafos y diseñadores se llamarían diseñador insecto, y corrector insecto, y editorial insecto, y fotografía estudio insecto y ya no sería literatura sino lainsectoratura. Luego supongo que ambos salimos en una nationalgeographic, eso tras mi lucha para ser delgado, y tan insecto, luego de empezar con eso de comer lo que cabe en el hueco de mis manos.
Y el rostro parecía alargarse, y más bien tenía un aspecto yonqui, yonqui con los brazos levantados, pero igual suponía que iba a salir en una portada de revista científica, sería famoso y todos me irían a buscar y yo diría no hay satori definitivo y solución final.
De todas maneras a veces decía a los talleristas que estaban bien y que mejor se quedaran en casa, y ellos que ya dejara de ser gay reprimido, en realidad nadie hacía caso, y entonces nos mirábamos, nos doblábamos de la risa y luego ya estábamos todos muy cerca, casi rozándonos las entrepiernas hasta que aparecía una tallerista y un poco montábamos otra escena y todos estáticos. Recuerdo que llevábamos las botas del trabajo, que eran esas botas con punta de acero y redondas; por un momento lucíamos como verdaderos obreros y eso era increíble porque era como llevar trajes que nos cargaban con los superpoderes.

Igual tuve que buscar una habitación limpia para iniciar el trabajo y un poco dejé advertido que si no aparecía me buscasen en el piso diez. En el piso diez existían unos laboratorios y muchas veces uno se topaba con talleristas vestidos de blanco y mujeres de corbata azul usando también mandiles largos y llenos con pantallones, y esas máscaras blancas y uno quería que en esas habitaciones existiera todo tipo de frascos y quizás los exoendoesqueletos, una variedad de aliendosyalientres o libélulas y una mezcla de ambos; el laboratorio debía llamarse laboratorio sirriddleyscottlema, pero en esos sitios se trataba con gérmenes invisibles o por lo menos con cosas que apenas si ocupaban el fondo de un tubo de ensayo, manchas, fluidos, saliva seca. 

Luego pude escuchar elSleepless, eso mi hizo sentir bien, y tenía ganas de que muchas personas supieran que escuchaba ese disco que entre todos es el disco que no es una cosa ni otra, y a veces a esos libros, u obras, o edades o periodos se los llama detransición, como si una banda buscara un sonido, algo sobre lo cual detenerse, para mí, la piedra para arrastrar.
En todo caso era un gran disco aunque supongo que habrá cientos de álbumes con foto de thorgerson, ya resulta desmotivador intentar que una persona sienta las cosas que otro tiene, sobre todo en expertos, doomers y en cosas más nuevas y actuales.
Lo que pasa es que estuve recordando a Ll, su poco entusiasmo y quien nada parecía complacer. Por lo general hablábamos pero también pronto éramos extraños y uno siempre pensaba, ¿lo hago bien? ¡Qué tortura! y luego como si trabajáramos un viernes o un sábado por la noche, como si colgáramos de un hilo para atar medallones; supongo que la única vez que acordamos fue sobre elSleepless aunque no nos hemos vuelto a ver y ahora al escuchar elSleeples siento que ese día nos intercambiamos los brazos, quizás un día nos busquemos sin buscarnos como en 1966 en parís, quizás vamos por ahí dando abrazos, como abrazos dobles.
Toco el muñón y veo pelusas o pedazos o moléculas de otras ropas y de otras cruzrojas, eso es un poco desagradable o tierno y azul pero no tengo idea de qué hacer.

De todos modos y luego de la banda encontré una mesa, parecía que ya nadie iba a acercarse. Un poco me acomodé y luego até mi cuerpo con unas correas y eso en caso de que quisiera levantarme y ahorcarme a mí mismo, como le sucedió al dr.frankenstone. Luego yo ya era dos A.K, el uno atado sobre la mesa y el otro con guantes de goma y sosteniendo algo que parecía un serrucho que brillaba de lo nuevo, y todo se veía muy sangriento y gore.
Luego recordé algunos temas de Thesilent enigma y eso me dió valor; no era muy seguro en quien sonaba ese disco, si en el A.K de la mesa o en el de la sierra, y luego hubo una confusión y ahora no sabemos cuál resultó encendido y lo mismo de siempre, cuál de ambos habla y escribe, es decir el A.K que habla ahora puede ser uno de los dos, y ambos, un programa con recuerdos y materialmente existe enTokio. De todos modos tomé la sierra e hice ligeras perforaciones y zigzag zugg, o sea, apenas si un corte por allí, un hueso más allá. Luego estuve mirando por todos los lados aquella materia rosada y tibia y haciendo ussshhh. Mientras, en la mesa redonda el tipo se retorcía y un poco sus brazos y sus piernas se encogían, sobre todo como si alguien le hiciera unas cosquillas enormes y como si un poco disfrutara, su rostro del pánico, a la satisfacción como de alguien que acaba de ir de a hacia c sin pasar por b.
Diez, quinientos segundos, no lo sé, supuse que eso lo alteraría permanentemente y más bien toqué un nervio; eran las seis y eso lo puso a dormir. Su rostro es inolvidable, es más común recordar un hombre de aspecto animal que a un animal imitando a un hombre.
A.K sobre la camilla fue muchos zoológicos al mismo tiempo.

Era curioso que tras abrir la cabeza varios recuerdos empezaran con eso de llenar el salón y era como tener un juego de luces y una novena o como presenciar uno de esos espectáculos holográficos. Muchos hombres vestidos con uniformes miraban hacia los muros y me parece que eran militares, algunos con grandes mostachos y con insignias y alasdoradas, y otros similares, con los rostros alargados o derretidos como las obras de esechino, de kwangho, y a a veces sin pasar por c, esos hombres llevaban gafas y lentes y marcos amarillos y redondos y no el tipo de militar que sale o el retrato de los hombres de guerras franquistas, menos todavía esos locos que disparaban a mujeres y ancianos desde un helicóptero mientras gritaban ¡CharlieCharlie! y sentándose sobre sus cascos para no hacer auuchhh. Entre otros hologramas estaban los de mamíferos y delfines, los de un bosque azul y bastante espeso que parecía uno tropical de un país como Costarica; había un cartel que invitaba a dejar de fumar.
Algunas mujeres ocupaban una porción del suelo con sus cuerpos horizontales y tenían algo rojo encima, la misma luz blanda de otros hologramas, roja y intensa y el cuerpo cubierto como huyendo en la luz blanda nociva, un poco cansadas y un poco como si ya las cosas no tuvieran soluciones.
También vi armas o granadas, y junto perros en adopción y el fondo con papel tapiz amarillo; no sé sí se trataba de equipos para dispararse pintura o 1975.

En otro holograma una mujer que pregunta cuántas personas vivían en aquella casa, una encuestadora de nombre omar fuentes zonal 3; esa mujer llevaba una gorra azul estampado con un sello del INEC, y ese holograma tenía sonido; como en los filmes, y el holograma luego saltaba como un acetato rayado, el cuerpo repitiendo su movimiento, y una y otra vez la mujer preguntaba cuántas personas vivían allí, como escuchar y mirar la superficie de un disco rayado.

Luego estaban otros recuerdos, y luego más bien coloqué la tapa en su sitio y pensé que nada había sido abierto o cortado, por lo tanto debía funcionar como siempre y más bien serví dos vasos conaguardiente y elaguardiente hacía izzzzzz y abracé a A.K, fue o era como abrazarme a mí mismo, en realidad era abrazarme y luego entré en A.K. o A.K entró en mí, o los dos nunca estuvimos separados ni teníamos entrada o salidas; luego soñamos con varios sombreros rojos para celebrar cumpleaños.

En las paredes leí o leímos eresunmentiroso.

Luego rodamos algunos escalones, o rodó A.K o rodé yo solo hacia la terraza pero antes los tubos con saliva seca.
Estuve o estuvimos o estuvo A.K montado en los hombros de alguien. Caminaban hacia la calle a través de una de las aceras del centro que iba de la ciudad al centro y A.K o yo o ambos mirábamos a otros talleristas, y era como caminar sin tocar el suelo y un poco esa era la sensación favorita de A.K, o era mía, o la de ambos, un poco andar en las nubes o sobre los hombros y elefante largo y en alguien que camina por una acera. Eso pasó, no sé si se dio cuenta, o nos dimos, quizás nos permitió o le permití a A.K que fue como si me lo permitiera a mí.

Luego eres un mentiroso.

9/9/14

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Una puerta viajando
en el asiento trasero de
un taxi

if only the bone from which the meat that I eat would reveal itself so...

Un día estuve pensando en todas las cosas que pasaban o pasarían a través de una puerta. La puerta era la de un taxi, quizás uno marca aveo o el clásico accent1999 o mejor un Volkswagen blanco y verde y ziimzoomflasshh como enméxico. La verdad yo no era el chófer; sí estuve de pie quince minutos mirando los autos hasta que uno de ellos se detuvo y preguntó si quería subir.
Luego avanzábamos unos metros hasta que nos detuvo una silla. La silla tenía las patas largas y el respaldar bastante delgado y a mí esa silla no me daba demasiada confianza, en realidad pensé que al sentarme caería de espaldas como en los dibujitos de dumassheldon, y luego pensaba sería bien incómodo y doloroso tener que levantarme y cargar la silla de regreso. O sea, estaba acostumbrado a sillas algo más voluminosas y esta que ya estaba sentada y viajando con la ventanilla un poco abierta en el asiento de atrás, parecía más una de esas sillas de sastre, de las que sirven solo para colgar chaquetas, es decir, una especie de maniquí y viajaba con la ventanilla bajada. También parecía un mueble de fantasía, como en las fotografías en los catálogos de los carpinteros. En todo caso la silla ya estaba en el asiento de atrás dando direcciones, y luego de la luz naranja el auto avanzó hasta perdernos en el horizonte.
Luego me vino eso de estar pensando en qué otros objetos pasarían a través de una puerta; luego buscábamos dos direcciones.
Se me ocurrió que un teléfono monedero podría hacer lo mismo, aunque, siendo así, también era bien probable que el teléfono no tuviera que esperar mis quince minutos y más bien realizara un par de llamadas y, eso, que lo pasaran a recoger. Luego pensé que por la puerta del taxi podría pasar un tanque de gas, y ya lo veía dando direcciones y pidiendo que cambiaran de estación, quizás en la radio y el programa de esas chicas nerviosas que hablan de todo y al mismo tiempo y son como tres voces que juntas no hacen una, y quizás el tanque solo querría viajar en silencio, escuchando el sonido de las calles a las 17 horas, después de todo el gas pasa una buena parte de su vida debajo de una mesa o en el patio de las casa, y antes montaditos y ordenados en un camión que los pasea y agita durante algunos días con esa música impertinente y el cassete de 60 minutos en loops y eso a las diez am; llenos, alegrando el mes. Ahora era mayo.
Después de todo, el tanque bien puede decidir hacia dónde va, ya sea que vaya lleno o que regrese a la estación. Supongo que es más común tomar un taxi con el interior vacío, y supongo que eso pregunta el chófer cuando va a levantar ¿está lleno sr? ¿Lo llevo a que lo carguen?

Eso me recuerda el chiste sobre el borracho, el borracho, la pizza y la coca, y un taxi por la noche en una calle deguayaquil. Se supone que el borracho pregunta muy cortésmente si se le permitiría dejar la pizza y la coca en el asiento de adelante. El taxista, muy conmovido por la cortesía y caballerosidad de un hombre tan borracho, no puede, sino decirle que todo está muy bien, déjela no más. Ya con autorización el borracho hace buuaaghh, o sea, vomita la pizza y la cocacolita sobre el asiento, y seguro luego se escucha una sirena o ambos ponen cara de ¿quésoy?
 Pizza con quesoyextra

Luego imaginaba que por la puerta del taxi podía caber el motor de una motocicletavespa. Un motor de una motocicletavespa viajaba en la guantera. Imagino también una caja llena de luces para árboles de navidad y también una foca, tres pingüinos y dos pasaportes anicaragüa.
Luego pensaba en objetos a los cuales humanizar, de nuevo y primero en la lista el tanqueazul, usando un par de gafas oscuras. Y quizás una puerta de 90 por 180, sosteniendo un periódico y en la sección editorial. ¿Con qué sostiene el periódico? Eso no está muy claro, pero supongo que el periódico flotaría frente a la puerta, y ahora que lo pienso debería ser un diario con solo una o dos secciones pero sí de un solo cuerpo, como el últimasnoticias, o lagacetadelmartes; supongo es un diario que la puerta toma del taxi.

Imagino a la puerta dando las indicaciones y al taxista escuchando con atención la dirección y pensando si eso está bien cerca o si conviene tomar laOrellana y volver hacia elhotelquito y luego otra vez hacia elmetropolitano y pronto que casi son lasuna.
En verdad imagino a la puerta y sus gafas oscuras pero no puedo escuchar muy bien las indicaciones, o sea, eso queda para el entendimiento del chófer que quizás a esas alturas conoce, ya es multilingüe, quizá e incluso los habla un poco.

Recuerdo que unos días después intentaba olvidar los escalones que había rodado, lo hacía volviendo a caminarlos y si era posible volviendo a rodar sobre ellos, hecho bolita y con buena energía, solo que esta vez quería empezar en la planta baja y de allí echar hacia el noveno, un poco como los autos cuando toman lagasca desde laamérica en dirección a acypresshilleljueves; entonces me imaginaba rodando a un ritmo lento pero constante, pausado y robusto pero siempre constante a fin de no tener que volver a arrancar en la mitad y para ello miraba a quienes bajaban y a quienes subían a un ritmo más lento como evitando tropezar. Varias personas llevaban maletines y supongo eran talleristas sin prisa, yo suponía que ellos tenían tareas, por terminarlas como en todo julio, esa la razón de su tiempo y su contagiosa calma.
A veces eran dos o tres talleristas, uno dudaba si detener o dar un salto triple usando los maletines dealmaceneschimborazo y ya por encima, pero era cosa de esperar un momento, y luego dejaban camino, y uno seguía en esa marcha o ascenso sin mayor interrupción.
Lo malo o reprochable era eso de tener que realizarlo varias veces, durante toda la semana como en una sola semana, sin rastros del olvido, ni de eso del cambio de emociones.
Empecé a preocuparme dos semanas después de iniciada mi automedicación, pues, aún recordaba mis primeros escalones hacia el piso de abajo y sobre todo recordaba la forma en que la memoria parecía entrar en lagunas; cómo luego ya no diferenciaba sisubía o sibajaba o siizquierda a siderecha.
Al subir uno estaba bien conscienteinconscientemente preparado oharto para ya llegar, y el viaje era algo así como ir de a hacia c sin pasar por b y las cosas tenían demasiado sentido en muchas direcciones, por lo mismo no valía la pena dejar lacasadeloshermanos.
Luego supuse que era tiempo de interrumpir la trepada y quizás era eso, debía quedarme detenido entre el piso cuatro y cinco, quizás esperar a que un grupo me diera paso pero antes empujarlos o quizás debía saltar sobre ellos, hecho bolita y saludando con beso, quizás eso diera sentido, y otra dirección al tratamiento y la autofelicitación.

Luego un día estuve mirando por el interior del gran agujero y tuve unas ganas increíbles de lanzarme a fin de experimentar con eso de dejar de ser. Estaba a punto de hacerlo pero pronto estuve recordando que aún me quedaba aquello de olvidar los primeros escalones y eso de la manera en que iba cayendo hacia la planta baja. Recuerdo de manera imprecisa que mientras caía una persona intentó levantarme; supongo otro tallerista y también creo recordar que yo ya estaba sobre sus hombros, mirando al resto de talleristas e intentando leer algunas cosas que había escrito sobre los muros hace tres o cuatro sitios.
Un par de cosas me parecieron totalmente insólitas o quizás era que yo seguía rodando; y creía estar sobre los hombros de alguien y ya era hace tres o cuatro sitios. Por ejemplo, leí cosas escritas sobre el muro, junto a las gradas, un poco como con el cuello estirado, cosas como ¡yaentendí! Eso de la milk es por tu mamá ensick, y es que quieres mandrake debajo de la cama. Un poco quise un plato bañado en agua tibia, y era que los huesos estaban largos y porosos. También que necesitaba uno y dos marlboros.
En realidad supongo que rodaba los escalones y luego en la planta baja una o dos personas me levantaron, y luego me dejaron en los sillones del salón de los hombres de corbata azul.
Ese salón estaba casi siempre deshabitado y lleno de 1973, eso con los espacios para las mesas con el ajedrez, la ventana del pingpong y las dos mesas de billar en el tumbado. La cafetera era una máquina italiana enorme y dorada, creo que además servía como salamandra en mitad del salón; sobre una repisa la máquina brillaba y también lucía como si alguien le quitara el los lunes.
Desde el sillón miré un poco de teve, eso no es algo de lo que pueda dar fe pues, solo supongo que estuve allí y no dentro de la cafetera o en la casa de N que vivía cerca de las farmacias, en los tumbados de uno de los talleristas del centro B. Luego de subir a sus hombros y miraba un programa de un canal demiami.
Ahora me pregunto cuál será el gentilicio de un gringo demiami, se lo llama miamense, miameño y en el programa una mujer presentaba las noticias de miamenses dentro de ambulancias o de niños con poderes especiales como el basketboy, niño que encestaba desde cualquier punto de la cancha.
Mañana soñando basketboy con los ojos cerrados con una mano atada a la cintura con la cesta y el cuadro y el parante del otro lado del patio, y soñando hecho bolita anaranajda spalding.

Luego me dormí y luego me desperté, otra vez estábamos en clase resolviendo un cuestionario extremadamente largo, bastante técnico como pide ceases sobre todo con términos nuevos, es decir, neologismos y los prefijos tomados del árabe sonando y sin cambio fónico; algo de sinonimiayantonimia, y era divertido, pero a la vez nos tenía a todos con la cabeza clavada al borde firme de la mesa, muchos como dormidos y con las hojas en las caras y otros en grupo sedientos y con las manos estiradas pero supongo era el interés de no tener tarea pues casi eran vacaciones, cosas que estaban por empezar para terminarnos de terminar. O sea, queríamos sacar provecho pues parecíamos sincronizados, trabajando en equipo por agosto. Pensé que hubiera sido fenomenal tener una fotográfica, y también pensaba en esa tallerista, aquella del trabajo que no entendía muy bien, pero estas cosas para ella no serían sino trabajos, eventos de sábado sin planes, y es que hay artistas de grandes decorados y de rostros como mapas y no sé si ella era ese tipo de arte pero tampoco estaba cerca como para explicarle lo que pasaba, que nos fotografiara.

Todos estábamos cansados y sobre todo porque sería imposible terminar el trabajo y salir a agosto; sin guía sin textos.
Luego nos miramos y como teníamos muchas ganas de reír lo hicimos bien excesivamente, niños redondos y pegajosos. Y nuestras sonrisas eran nuevas, como si acabáramos de estrenarlas; y tomábamos mucho aire, parece que teníamos la adrenalina lista para esperar y llenar un taxi.

Recuerdo eresunmentiroso.
Supongo que estoy y ahora estoy o siempre estoy y eresunmentiroso.

8/9/14

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Betrayed in progress
Betrayed is progressus
 
 
Luego me volví 
a dormir y soñé sueños azules.
 

Bueno, la situación era bastante inestable. Muchas veces entre talleristas nos sometíamos a juegos pornosádicos y no era raro que un tallerista agrediera a otro o que una tallerista pidiera explicaciones y mandara a gente a intimidar; y era cosa de hacer como si no era con uno, como niños sueltos en medio de una piscina con aguaazul, y ahí estábamos, decíamos que la pared es mía y que la ventana es mía y que los focos son míos, también pedíamos atención, o la exigíamos o la tomábamos de los otros, obligándolos, estorbándo para obligarlos a mirarnos, y también no hacíamos nada, ellos observaban y nosotros callábamos, como piedras, escribíamos en los cuadernos con mucho orden, eso sí, ya antes de salir, eso, bien prolijos.
En realidad éramos niños bien grandes, bien avanzados de cuerpo y halma, todos, pero realidad como todo mamífero también desprotegidos. Muchos talleristas tenían sus propias familias, otros muchos eran migrantes y hablaban sobre días en la ciudad y los días en el campo; vivir en un piso y vivir en el patio de una casa. Había ex convictos, uno o dos ex yonquis. Supongo que muchos entramos al centro con el fin de cerrar esos círculos torcidos, esos renglones torcidos de eldios y también, un poco con la esperanza de lo desconocido. Lo que no sabíamos es que por mucho que nos opusiéramos, más pronto (y sin saberlo) seríamos los afectados, un poco como gobernados por la fuerza o el orden de quienes tenían experiencia, de quienes eran en grupos. Por eso andábamos como gritando y como peleados con la vida, de por vida, como pidiéndole y exigiéndole que nos devolviera algo, no sé, cobrándonosla. En realidad queríamos ser libres, libres para dar órdenes, pero si aún no sabíamos dirigirnos; y por eso cumplíamos esa premisa, eso de que no había nada más peligroso que un loco armado.
Felicidad tibia entre manos.

De todas maneras nadie salía muerto, aún, y eran varias las experiencias que alimentaban, creo: el insomnio; eso durante varios meses. Por ejemplo, de manos de un ex K asistimos, sin verdadero interés a un decapita miento público, como metáfora. De alguna manera los hombres de corbata azul miraban y su presencia hacía más oscura la cosa; uno no sabía para dónde mirar porque a cualquier lado estaba la voz devíctor (así lo llamamos) y sobre todo no podíamos dejar de escuchar sus argumentos, no hay nada peor, supongo, que asesinar-aporrear con autorización; peor para el testigo. Luego supimos que aquel tallerista tenía un proceso encima, algo inventado por el centro; algún hombre de corbata roja, aprovechando el desorden y eso del estado de transición.
Sin embargo, algo decía el código de convivencia con respecto a las faltas entre talleristas, y así fue, pero devíctor no tuvo el debido informe. 

En breves palabras aquel tallerista mandó a guardar silencio a otro en mitad de un foro, un desacuerdo, lengua de origen vs. lengua vernácula. En realidad todo pasó por un breve escándalo, esas cosas inaceptables para uncentro; los talleristas calificaron de momento grotesco pero también fue sorpresiva, casi épica su apreciación.

De todos modos los encuentros no terminaban. Y luego estaban otros “liderazgos” que intentaban sacar partido a las coyunturas de tipo mito-políticas.
Con el tiempo algunos llegamos a creer que el término politiqueiro se podía aplicar con los ojos cerrados y casi como soltando una roca en cualquier sitio sin temor a que reparara un cristal; jamás fuimos tan impertinentes.
En muchas ocasiones el discurso, que empezaba por mostrar aspectos iconográficos e históricos terminaba en arengas que invitaban a ir en contra de todo y en especial en contra de los grupos dominantes que en realidad eran una selección formada por un representante de cada fuerza rebolucionaria de los últimos treinta años enelhecuador, un ecuador amarillo y panameño con unos a favor y otros en contra y luego las cosas haciéndose en viceversa, o sea, infinita arbitrii . Para un grupo como el nuestro eran palabras al viento de verano, y nos gustaba verlas flotando y eran los hombres de corbata azul quienes las tomaban y luego nos las volvían a traducir.
Luego nos sentíamos justificados, contentos, creíamos entender y ser parte, tener una cuota, una parte del mango caliente. Podíamos pasar una hora escuchando quejas sobre el gobierno, sobre venezuelalópolis, sobre los hospitales, los sueldos, y quizás eran cosas que apenas conocíamos y también cosas que habíamos escuchado todos los días, familiares, quizás durante más de veinte años. Teníamos, (como se tiene una fiebre) una profunda incredulidad.
Supongo también que todo lo que deseábamos era terminar los ciclos para de una vez enrolarnos en la burocraciadoradadelosbrazosabiertos, y de una buena vez asegurarnos un papel en los archivos de los catorce millones. Es decir, no teníamos medios, ni energías para otra cosa que no fuera dirigir una clase con 35 alumnos. Bueno, pienso que muchos éramos aún bien jóvenes como para conocer y creer en el rol que nos estaba tocando, como si nos faltaran pruebas, y también era eso de ver a las cosas convertirse en otras, como aquello de los nuevos profesionales y eso de los organismos que ahora realizaban estudios, estadísticas y también contrataban, firmaban, como si así colocaran resultados para confirmar lo que el cliente esperaba, eso de que las cosas ahora son gas.
El problema no es derecha o izquierda, el problema es la mitad.
Luego alguien dijo que entre luchar y callar muchos eligieron el sitio del testigo, es decir, sacrificaban sus derechos.
Era fácil aparentar desconocimiento y quizás eso nos volvía invisibles, místicos, seres peligrosos y llenos con ( ), sí, llenos con espacios; los fundadores de un partido mudo, quizás partidoparapolítico.

Varias veces discutimos sobre prioridades. Me gustaba escuchar que los jóvenes estarían en la punta de la pirámide alimenticia porque eso demostraba que los jóvenes seguían en órbita y que en la tierra los esperaba la gravedad. Aunque, yo creía que importaban más los padres.
Varios talleristas tuvieron encuentros o malos entendidos con alumnos de centros secundarios; hubo una discusión con respecto a sus actitudes y en eso también entró aquello de la recepción de los contenidos. Esto encuentros referían a acosos por parte de alumnos, al revés de como comúnmente ocurre, acosos masculinos, femeninos, ambos, los dos juntos, y en medio se notaba un verdadera voluntad para aprender, en medio una minoría. Había actitud para ser, para demostrar, capacidades para imitar, y también lo mismo y esa especie de voluntad trastocada. Era común observar a varias jóvenes con sus bebés en los brazos, y uno de los padres, generalmente mamá, tirando cuadernos en llamas al departamento de orientación, un capítulo entero titulado Familia nuclear ardía nuclearmente frente a la puertaazul y uno de los inspectores corría para hacer unas llamadas. Las profesoras llevarán bebés y los padres parecerán hermanos mayores.
Las talleristas estaban acostumbradas, eso dijeron, a las bromas pero algunas, bien pocas, solían explicarse, en ese momento, lo que a ellos les ocurría.
Y esos alumnos escuchaban, y las maestras también fueron árbol. 

L solía hablar con los chicos fuera de clases, y eso parecía lo más apropiado; en realidad una charla bastante informal, en mitad de las canchas de baloncesto y por lo general en el tiempo dedicado para el recreo. Y creo que asistí a la rehabilitación de uno de los jóvenes, pude ver el trabajo en proceso, lo que agringadamente llamaríamos el workin progress. Un poco admirado conversaba con L, y ella me supo explicar aquello de hablar como los amigos, y aquello de mostrar interés en el otro, un poco como la psicología transpersonal que dominaba chicachaleconelson que ahora estaría quemando muebles porque es marzo y es luna llena, pensé. Luego aquel muchacho mejoró en apariencia sus notas y su autoestima ya no era la de quien estudia dos días en todos el año y ya no parecía preocuparse por entrar a clase; quizás quedaban cosas, quizás el trabajo nunca iba a terminar.
Era cierto? Evitamos la autodestrucción?

Recuerdo que una de las talleristas solía invitarme a fumar marlboros en la parte de la terraza, todo el suelo estaba pintado de amarillo. A veces yo intentaba decir algo pero ella parecía estar en otro sitio, pensando, en algo remoto-lejano. Me parecía una gran persona porque en realidad destacaba en la habitación. Tenía amistad con algunos de los hombres de corbata azul y era bien agradable, es decir, olía bien, era joven e impulsiva y quizás su familia tenía dinero pues vestía chaquetas que parecían costosas o calzaba diferentes pares de zapatos en la semana. Ahora que lo pienso un día dijo algo sobre sus trabajos como fotógrafa y como correctora. Sonaba como algo cool-coolto. Sin embargo las dos o tres ocasiones que estuvimos ella parecía un poco perderse, como si estuviera en dos sitios, en la terraza y en otro al cual no me permitía entrar. Quería saber más de ella y algunas noches me descubrí pensando en su misterio y en cosas triviales como su olor, un poco a laboratorio y a cigarrillo; creo que un día dije que no estaba bien ni era saludable. Porque no la conocía la llamé, y la verdad esperaba que no contestara. Tras poco tiempo la escuché del otro lado, un poco como siempre parecía lejana, aunque también escuché que pedía silencio y alguien esperó o dejó de hacer lo que acababa de interrumpir: unos minutos porque es el amigo A.K. Eso me puso contento, saber que mi nombre los acompañaba; no me sentía importante pero sí estimado, como puede sentirse un colega, un hermano menor.
Luego ella dijo que debía colgar porque iba a pasar el resto del día con su padre. Yo quise decir que estaba loco; empiezo a tener insomnio dije, pero al decirlo las líneas parecían perderse, escuchaba que ella pedía que hablase más claro; te llamo de otro sitio, entonces salí hacia una máquina de monedas.

Varios días estuvimos juntos, creo que fueron algunos años pero fueron un poco irreales y creo que fue cosa de llamar dos, tres veces; y esa era la forma de vida que llevaban las personas casadas entendí con bastante desazón. Era extraño tener a alguien encima, como preocupado de las necesidades y de que todo esté siempre bien como las cosas redondas, se sentía como una gran vacación con gastos pagados y uno solo se sentaba a escuchar el mar y ya sordo andaba lleno de fango hasta al recibir monedas de fango como cambio. O sea, como salir con una secretaria y una enfermera y una mamá y una mujerzuela y la dueña de un país y una raqueta y una bicicleta cuesta abajo y no podía pedir más; fue en honor a esos días que decidimos casarnos de verdad. Luego, y ya en casa, al fin resolvíamos las tareas, juntos, aunque ella estaba a punto de terminar su investigación.

Luego estuvimos en la cama con uno de los hombres de corbata azul, o eso había ocurrido uno o dos años antes de conocernos, a ambos, no lo sé. Luego alguien dijo que los hombres o que los caballeros no tenían memoria, no lo sé, quizás eso solo fue un sueño dentro de un sueño sobre una almohada de vitrub llena con fango de vitrub.

Creímos que tener hijos era parte de crecer y no había apuro; yo le sacaba en cara haber estado con un hombre de corbata azul. Ella lo tomó mal y esa noche dormí en el sillón y al día siguiente ella no fue a trabajar, se quedó todo el día en la cama pero sí fue al centro, y luego regresó sola a casa, y la verdad yo me sentía un poco traicionado, creía que apenas habíamos empezado y no éramos capaces de quitar los cabellos del lavabo y quise irme a dormir en el sillón pero ella con que ya quité los cabellos y te toca contarme algo antes de ponernos muy honestos.

Luego llegaron unas largas vacaciones y ella dijo que iría para hotavalo, vacaciones con los tíos dijo. Pienso que debía quererlos mucho y quería que me llevase; recuerdo que su padre por esos días pidió que lo visitara. Habló sobre el tiempo, sobre los días que no son iguales jamás, y luego dijo con un tono un tanto oscuro, como de policía que me alejara de N.N.
Norma Narvaéz o Nina Nuñez o Narcisa Noroña o Nubia Nérida.
La primera esposa.
Yo dije que podía irse al diablo que buscara otro tipo para apostar, bueno, que no quería hacerlo porque la quería, lloraba pero las lágrimas no salían. En el fondo ya no sabía qué diablos sentía por N.N, pero estaba seguro de no quererla lejos.
Era un poco como un niño al que le quieren quitar los juguetes.
Dos hombres de traje azul que amanecieron en mitad del colchón me hablaron de cosas que solo N.N y yo conocíamos y eso me dejó bien preocupado; sería solo una gran casualidad, en realidad decían que yo me estaba volviendo amenaza y también que ella llevaba tiempo protegiéndose de amenazas. Antes de llorar le puse nombre, betrayed inprogress. Me fui a dormir y contaba las llamitas o las ovejas azules pero antes comimos higos en la cama, y ella los mordía y los colocaba entre los labios, y era bienbella, y sus labios redondos y suaves y nos masticábamos y al despertar yo ya no hablaba castellano; y me asusté. 
Luego me volví a dormir y soñé sueños azules.

Un día para olvidar las cosas me monté sobre los hombros de alguien, pero luego leí eres unmentirosoazul. Sentí que era una casualidad.