Una puerta viajando
en el asiento trasero de
un taxi
if
only the bone from which the meat that I eat would reveal itself so...
Un día
estuve pensando en todas las cosas que pasaban o pasarían a través de una
puerta. La puerta era la de un taxi, quizás uno marca aveo o el clásico accent1999 o mejor un Volkswagen
blanco y verde y ziimzoomflasshh como
enméxico. La verdad yo no era el
chófer; sí estuve de pie quince minutos mirando los autos hasta que uno de
ellos se detuvo y preguntó si quería subir.
Luego
avanzábamos unos metros hasta que nos detuvo una silla. La silla tenía las patas
largas y el respaldar bastante delgado y a mí esa silla no me daba demasiada
confianza, en realidad pensé que al sentarme caería de espaldas como en los
dibujitos de dumassheldon, y luego
pensaba sería bien incómodo y doloroso tener que levantarme y cargar la silla
de regreso. O sea, estaba acostumbrado a sillas algo más voluminosas y esta que
ya estaba sentada y viajando con la ventanilla un poco abierta en el asiento de
atrás, parecía más una de esas sillas de sastre, de las que sirven solo para
colgar chaquetas, es decir, una especie de maniquí y viajaba con la ventanilla
bajada. También parecía un mueble de fantasía, como en las fotografías en los
catálogos de los carpinteros. En todo caso la silla ya estaba en el asiento de
atrás dando direcciones, y luego de la luz naranja el auto avanzó hasta
perdernos en el horizonte.
Luego me
vino eso de estar pensando en qué otros objetos pasarían a través de una
puerta; luego buscábamos dos direcciones.
Se me
ocurrió que un teléfono monedero podría hacer lo mismo, aunque, siendo así, también
era bien probable que el teléfono no tuviera que esperar mis quince minutos y
más bien realizara un par de llamadas y, eso, que lo pasaran a recoger. Luego
pensé que por la puerta del taxi podría pasar un tanque de gas, y ya lo veía
dando direcciones y pidiendo que cambiaran de estación, quizás en la radio y el
programa de esas chicas nerviosas que hablan de todo y al mismo tiempo y son
como tres voces que juntas no hacen una, y quizás el tanque solo querría viajar
en silencio, escuchando el sonido de las calles a las 17 horas, después de todo
el gas pasa una buena parte de su vida debajo de una mesa o en el patio de las casa,
y antes montaditos y ordenados en un camión que los pasea y agita durante
algunos días con esa música impertinente y el cassete de 60 minutos en loops y
eso a las diez am; llenos, alegrando el mes. Ahora era mayo.
Después
de todo, el tanque bien puede decidir hacia dónde va, ya sea que vaya lleno o que
regrese a la estación. Supongo que es más común tomar un taxi con el interior
vacío, y supongo que eso pregunta el chófer cuando va a levantar ¿está
lleno sr? ¿Lo llevo a que lo carguen?
Eso me recuerda
el chiste sobre el borracho, el borracho, la pizza y la coca, y un taxi por la
noche en una calle deguayaquil. Se
supone que el borracho pregunta muy cortésmente si se le permitiría dejar la
pizza y la coca en el asiento de adelante. El taxista, muy conmovido por la
cortesía y caballerosidad de un hombre tan borracho, no puede, sino decirle que
todo está muy bien, déjela no más. Ya con autorización el borracho hace
buuaaghh, o sea, vomita la pizza y la cocacolita sobre el asiento, y seguro
luego se escucha una sirena o ambos ponen cara de ¿quésoy?
Pizza con
quesoyextra
Luego
imaginaba que por la puerta del taxi podía caber el motor de una motocicletavespa.
Un motor de una motocicletavespa viajaba en la guantera. Imagino también una
caja llena de luces para árboles de navidad y también una foca, tres pingüinos
y dos pasaportes anicaragüa.
Luego
pensaba en objetos a los cuales humanizar, de nuevo y primero en la lista el
tanqueazul, usando un par de gafas oscuras. Y quizás una puerta de 90 por 180,
sosteniendo un periódico y en la sección editorial. ¿Con qué sostiene el
periódico? Eso no está muy claro, pero supongo que el periódico flotaría frente
a la puerta, y ahora que lo pienso debería ser un diario con solo una o dos
secciones pero sí de un solo cuerpo, como el últimasnoticias, o lagacetadelmartes;
supongo es un diario que la puerta toma del taxi.
Imagino a
la puerta dando las indicaciones y al taxista escuchando con atención la
dirección y pensando si eso está bien cerca o si conviene tomar laOrellana y volver hacia elhotelquito y luego otra vez hacia elmetropolitano y pronto que casi son lasuna.
En verdad
imagino a la puerta y sus gafas oscuras pero no puedo escuchar muy bien las
indicaciones, o sea, eso queda para el entendimiento del chófer que quizás a
esas alturas conoce, ya es multilingüe, quizá e incluso los habla un poco.
Recuerdo
que unos días después intentaba olvidar los escalones que había rodado, lo
hacía volviendo a caminarlos y si era posible volviendo a rodar sobre ellos,
hecho bolita y con buena energía, solo que esta vez quería empezar en la planta
baja y de allí echar hacia el noveno, un poco como los autos cuando toman lagasca
desde laamérica en dirección a acypresshilleljueves; entonces me
imaginaba rodando a un ritmo lento pero constante, pausado y robusto pero
siempre constante a fin de no tener que volver a arrancar en la mitad y para
ello miraba a quienes bajaban y a quienes subían a un ritmo más lento como
evitando tropezar. Varias personas llevaban maletines y supongo eran
talleristas sin prisa, yo suponía que ellos tenían tareas, por terminarlas como
en todo julio, esa la razón de su tiempo y su contagiosa calma.
A veces
eran dos o tres talleristas, uno dudaba si detener o dar un salto triple usando
los maletines dealmaceneschimborazo y
ya por encima, pero era cosa de esperar un momento, y luego dejaban camino, y uno
seguía en esa marcha o ascenso sin mayor interrupción.
Lo malo o
reprochable era eso de tener que realizarlo varias veces, durante toda la
semana como en una sola semana, sin rastros del olvido, ni de eso del cambio de
emociones.
Empecé a
preocuparme dos semanas después de iniciada mi automedicación, pues, aún
recordaba mis primeros escalones hacia el piso de abajo y sobre todo recordaba
la forma en que la memoria parecía entrar en lagunas; cómo luego ya no
diferenciaba sisubía o sibajaba o siizquierda a siderecha.
Al subir
uno estaba bien conscienteinconscientemente
preparado oharto para ya llegar, y el
viaje era algo así como ir de a hacia c sin pasar por b y las cosas tenían
demasiado sentido en muchas direcciones, por lo mismo no valía la pena dejar lacasadeloshermanos.
Luego
supuse que era tiempo de interrumpir la trepada y quizás era eso, debía
quedarme detenido entre el piso cuatro y cinco, quizás esperar a que un grupo
me diera paso pero antes empujarlos o quizás debía saltar sobre ellos, hecho
bolita y saludando con beso, quizás eso diera sentido, y otra dirección al tratamiento
y la autofelicitación.
Luego un
día estuve mirando por el interior del gran agujero y tuve unas ganas
increíbles de lanzarme a fin de experimentar con eso de dejar de ser. Estaba a
punto de hacerlo pero pronto estuve recordando que aún me quedaba aquello de
olvidar los primeros escalones y eso de la manera en que iba cayendo hacia la
planta baja. Recuerdo de manera imprecisa que mientras caía una persona intentó
levantarme; supongo otro tallerista y también creo recordar que yo ya estaba sobre
sus hombros, mirando al resto de talleristas e intentando leer algunas cosas
que había escrito sobre los muros hace tres o cuatro sitios.
Un par de
cosas me parecieron totalmente insólitas o quizás era que yo seguía rodando; y
creía estar sobre los hombros de alguien y ya era hace tres o cuatro sitios.
Por ejemplo, leí cosas escritas sobre el muro, junto a las gradas, un poco como
con el cuello estirado, cosas como ¡yaentendí! Eso de la milk es por tu mamá
ensick, y es que quieres mandrake debajo de la cama. Un poco quise un plato
bañado en agua tibia, y era que los huesos estaban largos y porosos. También
que necesitaba uno y dos marlboros.
En
realidad supongo que rodaba los escalones y luego en la planta baja una o dos
personas me levantaron, y luego me dejaron en los sillones del salón de los
hombres de corbata azul.
Ese salón
estaba casi siempre deshabitado y lleno de 1973, eso con los espacios para las
mesas con el ajedrez, la ventana del pingpong y las dos mesas de billar en el
tumbado. La cafetera era una máquina italiana enorme y dorada, creo que además
servía como salamandra en mitad del salón; sobre una repisa la máquina brillaba
y también lucía como si alguien le quitara el los lunes.
Desde el
sillón miré un poco de teve, eso no es algo de lo que pueda dar fe pues, solo
supongo que estuve allí y no dentro de la cafetera o en la casa de N que vivía
cerca de las farmacias, en los tumbados de uno de los talleristas del centro B.
Luego de subir a sus hombros y miraba un programa de un canal demiami.
Ahora me
pregunto cuál será el gentilicio de un gringo demiami, se lo llama
miamense, miameño y en el programa una mujer presentaba las noticias
de miamenses dentro de ambulancias o
de niños con poderes especiales como el basketboy, niño que encestaba
desde cualquier punto de la cancha.
Mañana
soñando basketboy con los ojos
cerrados con una mano atada a la cintura con la cesta y el cuadro y el parante del
otro lado del patio, y soñando hecho bolita anaranajda spalding.
Luego me
dormí y luego me desperté, otra vez estábamos en clase resolviendo un cuestionario
extremadamente largo, bastante técnico como pide ceases sobre todo con términos nuevos, es decir, neologismos y los
prefijos tomados del árabe sonando y sin cambio fónico; algo de sinonimiayantonimia,
y era divertido, pero a la vez nos tenía a todos con la cabeza clavada al borde
firme de la mesa, muchos como dormidos y con las hojas en las caras y otros en grupo
sedientos y con las manos estiradas pero supongo era el interés de no tener
tarea pues casi eran vacaciones, cosas que estaban por empezar para terminarnos
de terminar. O sea, queríamos sacar provecho pues parecíamos sincronizados, trabajando
en equipo por agosto. Pensé que hubiera sido fenomenal tener una fotográfica, y
también pensaba en esa tallerista, aquella del trabajo que no entendía muy
bien, pero estas cosas para ella no serían sino trabajos, eventos de sábado sin
planes, y es que hay artistas de grandes decorados y de rostros como mapas y no
sé si ella era ese tipo de arte pero tampoco estaba cerca como para explicarle
lo que pasaba, que nos fotografiara.
Todos
estábamos cansados y sobre todo porque sería imposible terminar el trabajo y
salir a agosto; sin guía sin textos.
Luego nos
miramos y como teníamos muchas ganas de reír lo hicimos bien excesivamente, niños
redondos y pegajosos. Y nuestras sonrisas eran nuevas, como si acabáramos de
estrenarlas; y tomábamos mucho aire, parece que teníamos la adrenalina lista
para esperar y llenar un taxi.
Recuerdo
eresunmentiroso.
Supongo
que estoy y ahora estoy o siempre estoy y eresunmentiroso.