28/8/14

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Anacrónico
Majot Mor

Antes de llegar coloqué Major Tom en modo de repetición. Luego estuve buscando en las ventanas alguna señal o alguna huella pero solo vi a los talleristas terminando el día o adelantándolo, eso ocurría hasta la desaparición. La mujer que atiende tras la ventanilla cargaba varias páginas en blanco, y perseguía a los hombres de corbata azul para que firmaran y colocaran la fecha, la hora, esas cosas. Yo miraba, y eso a pesar de estar en el sexto piso, y además todos eran diminutos y todos parecían chocar o como dirigidos hacia los otros, daban algunos pasos y luego uno de ellos caía al piso; mientras sus cabezas parecían rodeadas de pequeñas luces o estrellas, y ellos gritaban y alzaban las manos, agitándolas de modo que uno de los barcos que acababa de llenar las nubes detenía su viaje, y supongo luego lo reiniciaría, todos con las manos levantadas desde la cubierta.
Creo que bajar de esa manera fue el mejor modo de perder un poco la idea que tenía sobre las cosas. Últimamente, o más bien, los últimos días me había visitado un espíritu problemático, y muchas veces me daban ganas de buscar a alguien que abriera un poco las tapas, las quitara y mirara, a ver que andaba por allí dentro. También me había dado por tomar en cualquier ocasión y por cualquier motivo, por ejemplo estuve bebiendo muchas horas dentro o sobre un neumático usado, una cosa a la que se le salían los alambres. El neumático parecía contento y eso era contagioso y yo casi ni me movía. En realidad al intentar hacerlo sentía su pulmón, o se inflamaba como una goma, luego, creo que mi peso o mi modorra nos durmió, ambos hablamos y dijimos sobre aprovechar, pues, había luz y podíamos ver el nombre de las calles. Sin embargo, eso no era lo importante, en nuestro estado de neumático desinflado y de hombre roto, debíamos actuar como una profunda ligereza, y si ya las cosas no eran claras, sería preciso ahogar lo que estaba dentro. 
Hablar y desinflarse, dormir y patinar.
Varias veces encontraba a alguien detrás de la puerta. Al patearlo, él levantaba la cabeza, y tras mirarme la volvía a colocar sobre sus largos brazos. Cuando eso sucedía yo imaginaba que el sitio era un lugar muchísimo más grande, imaginaba que el resto de talleristas ingresarían por otros pasillos, subirían otros escalones, y que al caminar por los jardines amplios, como esos campos en la películas con Jor-El, ellos o sus ojos, estarían hinchados, casi imposibilitados de mirar a los hombres acostados detrás de las puertas, hombres a quienes pertenecen esos ojos. Un poco por las dudas colocábamos el seguro por dentro, pero también le hablábamos a alguno de los hombres del piso de arriba, uno de ellos parecía tenernos algo como amor o afecto, luego lo empezamos a llamar enfermero, y entonces prevenimos a enfermero, nunca se sabe, en caso de algún lío, también esperábamos equivocarnos. El salón estaba poblado de cosas raras y de talleristas vestidas de negro, y alguien dijo que esperaba no animarse a llamar a uno de sus amigos para cometer un poco de zigzag en el estómago, y quizás se refería a Uno. Uno era un viejo tallerista acosado por los excesos de confianza y por presencias que el soportaba como un gato o como una mascota, y nosotros pensábamos que hablaba de nuestros cuerpos y de nuestras desconfianzas.
Eran muchos los hombres de corbata azul que habían levantado grandes y encontrados comentarios, y se suponía que el centro y los procesos de investigación ya no eran espacios para conflictos, es decir, cosas domésticas o categorías jerárquicas, podía en todo caso ser tomado como un modelo de recolección de datos. Uno, a veces, aparecía en el sitio cargando cosas como un gran bidón de un plástico azul semitransparente y yo pensaba, como si no lo conociera, que ese tipo buscaba el evento anual para tirarse el combustible y encenderse en directo sin un solo sonido. Alguien dijo que Uno debía irse lo antes posible porque era bien mala junta y si eso no había ocurrido hace mucho tiempo ya no ocurriría jamás. Luego hablaron de las cosas que uno puede meterse en la nariz, y de los jóvenes que un día harán llorar al niño dios, y luego se mezcló todo y flotaban las cosas proyecto de lengua y enseñanza y algo como teoría de las tres puestas en escena. Yo dije que lo dejen terminar para que ya se vaya pronto, y luego Uno caminaba con su bidón azul semitransparente, y todos regresamos a la habitación pero en grupos y como si siguiéramos en elgransalón y como si lleváramos luces direccionales. 
Luego no sé qué ocurrió, pero las cosas no se detenían. Escuchábamos nuestra respiración y todos nos mirábamos, y nuestras manos inútilmente intentaban retirar un casco invisible y pesado, una cosa redonda como un satélite, supongo éramos la luna. La respiración era lenta y profunda, como si tomáramos talleres de ejercicios para la consciencia, con eso de la yoga y mantra, o como si la respiración marcara el ritmo antes de entrar en esas fases que hacen que uno sienta lo que tiene entre la piel, y dentro del estómago, mirar para luego darles un soplo, como en el génesis, como si una pinza nos diera delicados y hasta estimulantes pellizcos desde el interior. La respiración era como //////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////  juuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu /////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////  juuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

Algunos talleristas pensaban que no era buena idea, y algunos decían que ya no querían estar allí e incluso simulaban cosas para ponernos incómodos. Por ejemplo, de uno ellos que parecía bien tranquilo, a diferencia de los otros que se levantaban de sus asientos, no dejaba de tomar notas y colocaba unas escuadras y un flexómetro sobre la puerta, y no había ni escuadras ni flexómetro pero él hacía mediciones, era cómico-trágico-perverso, levantaba los brazos y luego hacía como si estirara el flexómetro, y luego estaba con eso de las notas en su libreta que debía tener todas las hojas llenas, una libreta escolar o sacada de un sótano. Yo pensé que en el fondo su idea era espléndida, y luego muchos nos concentramos en escuchar y era como si respiráramos dentro del casco de astronauta, y luego yo ya estaba tomando medidas con mi flexómetro al cual puse el nombre de Pavo, mide Pavo, decía y luego Pavo o yo daba fuertes palmadas para animar a los talleristas que aún no hacían lo mismo, y también volvía con una libreta en las manos y según las mediciones la habitación era un prisma irregular, la dibuje y me pareció similar al granborrador.
Luego escuché algo de Major Tom y sus guitarras eran como los dedos de un ángel, y de un pez, o quizás como si uno bebiera chicha desde el ano de una mujer negra del tamaño de un armario y también como atornillar la rotación en un lente Tamrom ef. Quise que Major Tom nos llevara con algunos amigos hacia algún centro con el fin de meter las cabezas en aquellas grandes peceras que solían servir antes de las once, peceras con los popotes y las sombrillas a lo chernobilguadalajara, a esa hora, y eso para tener qué recordar al regresar a pie. También esperaba que Major Tom nos despertara al llegar, y eso para luego salir de su auto con los ojos quemados por el sol, sol que a esa hora brillaría del otro lado del mundo o por las luces de los bulevares inaugurados, luces con sonido propio y caminatas cerca del parque y de los troncos con forma de bancos. Incluso ya había decidido que pediría una pecera llena de ron con coca cola porque ya eran muchos años desde la última vez que paseaba junto a una estrella, eso de combinar lo dorado con lo negro, y quería echar los pulmones por el bulevar y luego mis ojos ya eran bicolores, el uno gris y el otro azul. Major Tom andaba en el teléfono respondiendo a su público, y ellos lo adoraban y eso pasaba entre tema y tema. Hay un resumen de los comentarios que fueron muchos tras su tercera noche:



cuervorrojo angel

que bien habla ingles!.
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Don Reed

Remember when "A&E" actually featured the arts and entertainment?!?!?!

Now it's just another lunatic asylum.
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Karen Kroplinski

Saw him a couple of times in concert!  It's great if you are up close to the stage & see him close, but quite frustrating if you have lousy seats and have to wait til security lets you get a better view where no one is standing.
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jennifer b-cribbin

I as you all are a MASSIVE FAN! Just watched the live request show it was sooo good!! I felt I was there lol...  My dying wish is that I am fortunate enough to meet this talented man one day.
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Don Reed

Mark McKuen was a pleasure to meat, even if for only a minute or two.  Hope you're well, Mark.
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Markus Welly

He is on my list as #1 of any of the remaining artists I've never seen live.  Thank you YouTube for providing a venue to see some of those artists perform.  I'm nearly 60 so I've been listening to Ziggy since he jammed with those spiders from mars. 
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Steve O

Back when A&E had shows to watch, get rid of the fake Duck shit A&E!
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Diimkii Dd

PERFECT
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ytubepaul

Amazing intro to Let's Dance!
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marija sekulic

...
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Guy Durston

Saw him live, in my hometown, London Ontario, BEST CONCERT EVER.  This one was great also. Got to hear, Panic, Station to Station, Moonage live.  He had fun that night and it certainly radiated into the crowd. THANKS dAVID
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Linda Badham

just love him , what ever he sings. hes the best :)
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J Karp

Love Majot but this request  is all hits. If I called in it would be some raritites like Joe the Lion or Cracked Actor or Look Back in Anger.
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Ronnie d-i

Adorable and precious man!! May you live forever! 
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Benny Adkins

Better me than you ever
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ebsen raptzski

ripped
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Olivia Pace

mmmmmmmmmmmm...
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Casey W

I found myself wishing Romina would request something from Labyrinth.
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Nestor Castillo

Amazing concert!!!
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madhoneydew

Hace 3 meses
no matter what sleight of hand, mccartney, strokes, buddy holly, there is a directness there that bowie lacks. 

 

Igual, nada distinto, las guitarras me llevaron a pensar en el cine y en que al día siguiente estaría con la novia de Díaz, ella rasgando la folk mientras ese loco de la cerveza en la bota oscura de cristal al fin nos contara de nuevo sobre su matrimonio y la camarera que se iba para siempre. El hombre empujaba la bota con la malta dentro de su boca como un pez enorme y recién atrapado y era momento de entender que era mala idea salir con otra mujer en un pueblo de seiscientos habitantes.
Luego pasaba eso de eres un mentiroso, lo tomaba con calma pero por cualquier inconveniente apagaba las redes de cobertura o recordaba esos ejercicios con flexómetro, y ya la pantalla iluminaba los asientos y nos recortaba, y éramos una sala llena de cráneos y cuellos y espaldas y vasos con cocacola. Era genial porque eres un mentiroso estaba fuera de Major Tom, y entonces iniciaba la cuenta regresiva.
Luego pasaba eso de eresunmentiroso y yo me sentía fabuloso o con ganas de saltar en los hombros de mí mismo, y luego creía que las cosas estaban pasando para bien como esa vez que cavaba y encontré un queso envuelto en tela azul, tenía la piel seca e irregular. eresunmentiroso sucedía desde el 12/8/10, y luego tuve una buena idea para actualizar mi keygen.

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Beckenbahuer

Luego expliqué, con las manos un poco apretadas una junto a otra, que a veces no necesitaba trabajar pero cuando lo hacía procuraba hacerlo en un sitio que quedara cerca de casa. Luego recuerdo que perdí la casa, también que estuve dos o tres días dentro de un galpón y muchas personas llegaban al mismo tiempo, y luego vestían uniformes blancos y boinas también. En este sitio, que además tenía cuatro ascensores y solo dos plantas, o quizás había estacionamientos y algo sobre una nomenclatura para entender sobre una especie prehistórica, algo en elbasement, los hombres pagaban con monedas redondas y éstas tenían grabadas por ambos lados un pez espada.
Yo, miraba con atención cada una de las perchas ¿Por qué lo hacía? Bueno, en algún momento imaginé una casa llena de grifos dorados, con tinas de mármol sobre patas de rinoceronte que a su vez estarían llenas de agua tibia y agua jabonosa y claro, la imagen arquetípica y el incienso y la mirra y la luz baja y la ropa tirada; eso de tengo la cena lista, hay una gran botella de uvas negras, (negrísimas como las bolas de deantoniparks), vino que brillaría debajo de la casa como hielo oscuro, y todo eso como una cortina fría y recóndita, remota. Mientras miraba el porcelanato y los bordes de algunas perchas no pude dejar de pensar en que debía construir unbasement, y eso era lo mismo que construir otra casa. Para eso de combinar y guardar secretos soy como un árbol, y una de las chicas de camisa roja me dio varias sugerencias, realmente útiles, eso, mientras se arreglaba el cabello y yo pensaba que las chicas entonces colocaban sus dedos entre mis dientes o que intentaban entrar y bajar para quitarme la comida que tenía dentro del estómago, y ya era hora de salir, y no sé, parecía un día jueves.

Todos esos días sirvieron para proveerme del material suficiente antes de dibujar la nueva cocina y los muebles y la parrilla eléctrica de 220. La cocina anterior tenía las paredes húmedas, y con el tiempo la tubería simulaba ya a un viejo motor, toda llena de vetas verdes que salían hacia el platillero, y creó que también a veces buscaban (las vetas como tentáculos) la comida  que quedaba en las ollas. Antes de iniciar aquella remodelación, recuerdo haber colocado una silla junto al lavabo, ahí sentado escuché el discurso y los consejos que daban los codos, el desagüe, el pvc, las aguas estancadas cada semana. Por lo demás un discurso increíble, una de esas cosas que lo motivan a uno mantiéndolo entretenido durante varios días, ahí, pegado, con la oreja contenta, la sonrisa enorme y un placer digno de una sonrisakolynos; a veces pensaba que un tipo griego, uno de esos hombres del mar había decidido volver, volver solo para demostrar que todo era posible.

Eso hacía la tubería y las aguas servidas; me otorgaban un poder, mirar y escuchar cosas que no existían o que desaparecían. Luego, y pensando en cambiar y remodelar, supongo, que ya empezaba a extrañar esas vetas llenas dueñas de la historia, y a la grasa en forma de cubos y de rocas, pero, quedaba la radio, y en la radio ya existían programas y estaciones que jamás dejaban de transmitir, sobre todo aquellas que hablaban dejesús, conocidos y exprofesores, alguien del sanBernardino, instructores lasallanos, gente delrotario, y solían repetir que aquello por hacer solo esperaba ser hecho.

Luego olvidé todo, es decir, ya no tenía ganas de pensar y de observar que qué sería de mí fuera del taller y tampoco me quedaba nadando y menos nadando en todas las direcciones. Pensé que mi cuerpo cabría perfecto dentro de un traje de goma, y luego estuve tras de una escafandra y por unos años (ya con la escafandra) me dediqué a trabajar con un grupo de personas que limpiaban las alcantarillas de ciudaddeMéxico, y para eso debía usar un traje de goma, y abajo era imposible observar pero igual recibía smss, y luego duchas con agua a presión con una manguera conectada a un autobomba. Esa ciudad estaba entre mis mapas y ahora no sólo la respiraba sino que la podía escuchar. Lo salvaje estaba en cada rincón, en cada puesto de anilinas, y un poco recordé que quito y en general todo el país se dirigía en esa dirección, a prisa y como sin querer; queriendo y como quien no se da cuenta, con eso de que las cosas tenían que hacerse a las buenas o a las malas. Creo firmemente que nuestro tiempo se ha agotado y que en realidad vivimos con un tiempo prestado, no histórico, uno que no terminará de irse nunca porque no tiene dueño.
Recuerdo a un hombre al cual solía colocar entre mis rodillas mientras su esposa lo miraba detrás de unas gafas, y yo creía que aún no era parte de las cosas sagradas y entonces me agradó llevar jeans rotos, la camisa sucia porque fue ocasión para volverme cenizas, zip zap, como un rayo. Su esposa y yo nos lo comimos como se comería una barra de cacao, y su esposo reventaba como chispas sobre los labios y era tibio y tierno, como masticar un grano tostado. Entonces, su cabeza entre mis rodillas guardaba silencio, y los labios se le ponían azules, y ella cantaba algo sobre detener un vagón y dejar que salga con diez destinos a las diez de la mañana y parar y dejar tres y que suban cinco, marlboros, aros de de tagua, ¿cuántos días quedan para que el tren regrese? ¿Quién recuerda el yute?

Luego yo volvía a casa que quedaba ensatélite y bebía de la botella azul con verdadera fruición y las cosas primero eran felices y luego eran del color del mango de goma de un machete y luego el machete brillaba, dorado y transparente, y parecía y llamaba con reales y escudos, pero ¿habránsalido? ¿Era que también llamaban y ahora está Héctor en el patio vistiendo overol?

En clase me recuerdo interrumpido varias veces, y a mis interrupciones las recuerdo como motivos para que los talleristas buscaran sus marlboros en sus maletas o los mandaran a traer, pero en realidad o quizás buscaban sus viandas con cangrejo y rábanos azules, y luego ya estaban gritando quién va para la seis a traer un mazo o usan la cabeza para romper las patas. AnacristinaMo, la estrella deFender me pidió un autógrafo, y luego dijo que no la siguiera porque ya regresaba y traería unos formatos para la financiación. Luego estuve junto a Leóngieco pero me dieron tantas de ganas de darle una patada, a él y al hombrepizza pero ya eran las ocho. Los hombres de corbata azul andaban por las habitaciones con eso de dedoacompañadedo, esas cosas de lo paranormal vía kant. Se notaba que todos habían acampado junto a una montaña por más de tres días esperando la llegada decástor.
Mis zapatos brillaban de tal forma que me sentí una ficha del monopoly de los parkerbros. Luego hice un orificio, llamé por teléfono y todos del otro lado supieron que yo era un especulador porque tras un hola yo perogrullaba sobre por qué un hombre usa el teléfono para decir soy un gusano pero tenemos la oportunidad de conocernos un lunes pero tenía tiempo y eso era bastante para ser alguien que acaba de bajar del monorriel y era para contarle que me gustaba el olor a humedad y sobre todo que disfrutaba de bajar los escalones sentado, ¿le gusta arriba o prefiere ir a pie? Supongo que el orificio dijo que ya parara de tanta cosa y sería que yo le pedí que se vaya un poco a hacer más grande sus muros y que en unos días estarían por llegar los barcos con las cajas y cuidado durante diez o quince meses, se acomodaran y no tocaran u olvidar el pulmón o el bazo.

…Detrás de la caja podrás al fin decir lo que intentabas o lo que andas buscando. Luego quiero que repitas soy incorrecto. Tú andas por ahí pero ahí no anda por allá, y exageraste y cuando suceda ya estará lleno con días y pasados o antesdeayer.
…Eres suficiente y las cosas tienen su sitio y tú necesitas dejar los marcos y las rupias, (con forma de estrella según has dicho) dentro del velador porque tienen linternas incandescentes y además están el silva, el ulloa y ellos te dirán hasta dónde y con qué mirar, pero te toca estar allí si quieres dormir o prefieres terminar entre las sábanas escuchando todas las noches que faltan dos dedos y la insistencia pues no deja de llover, y respirar eso lo hace a uno ser el ulloa, pero te falta, y rezo, y luego tienes hasta el diesysiete de agosto y luego, y luego desaparecerá y no está sucediendo, y ha llegado el momento de maldecir y digo ¡maldito te maldigo! te tiro sobre la acera y espero que alguien te encuentre lo despiertes a medianoche y todos ¡entranomás! pero maldito antesdeayer, y tiromondo un tarahondo cada cosa sobre la alfombra, suena la mano sobre el azulejo y dices paco y no está, y no puedes decir y escucho y tampoco lo que se avance, y un y las piedras y los muros y te destruyes, solo estoy destruyendo.

El orificio dijo que se quedaría allí hasta que llegaran los barcos y que si debía cambiar de dimensiones deberían traer una gran máquina porque él estaba con ganas de más, y un poco eso de sentir la bomba, booboom nena. Por él entraban varias corrientes al mismo tiempo y también por varias ventanas que parecían abiertas al mismo tiempo pero en pisos distintos, y el aire hizo formas, como figuras de atletas olímpicos que quizás eras antiguos griegos o antiguos hombres jugando al soccer, soccer entre dos o tres como eso del metegolgana y también los infaltables penalitos y las mamaditas porque ya tocaba volver a tomar café.
Luego todos jugamos a los árbitros, y en mitad del pasillo empezamos a sacar tarjetas a los talleristas porque querían entrar a las otras habitaciones, y a veces los mandábamos a correr dos vueltas a la montaña y también pedíamos que al regresar lo hicieran trayendo una funda con pan porque el agua estaba saltayarde y nadie tenía, ni quería bajar, y era para que volvieran en dos o tres años, o sea ya.

¿Eso es cierto? preguntaban, ¡lo haremos hasta que sea cierto! Lo decíamos como sin ganas pero tampoco abusando. Luego despertaba y mi cara seguía pegada a la mesa.


En el muro apareció la frase eresunmentiroso.

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Rengar

Había mucho aire alrededor, mucho y bien; nuestros rostros cada vez parecían estar más cansados y además las ropas que llevábamos empezaban a desteñirse, varias tiras de cabello, tiras azules o de látex y otras de piel se desprendieron y daban vueltas alrededor del orificio, pero también alrededor del cuello, era como si siguieran a las corrientes de aire que entraban al mismo tiempo por todas las ventanas del sitio, ventanas abiertas al mismo tiempo. Nosotros levantamos las manos y las abrimos de manera sobrenatural como si fueran girasoles, y eso para intentar detener aquella ráfaga pero era inútil, incluso, y aunque nos hubiera arrancado varias partes, varios rollos de vestido y las bufandas, llegamos a pensar que aquella cosa no era nada más que algo impalpable e imaginario, algún tipo de campo, algo que acaso no estaba más que dentro de nuestras cabezas y quizás aquello que las hacía funcionar. Esa idea pensada por todos al mismo tiempo, también quemó nuestros cuellos, los estómagos, y provocó que respirar fuera molesto, como la tortura, como si acaso un aire denso y bien caliente, como si un aire proveniente de un motor o de una olla encendida, llenara y desinflara los pulmones, a su antojo, a su ritmo. Todos, al caer, doblados en dos frente a la ventana creímos que nada de eso nos haría daño aunque quizás por un breve minuto, quizás, creo, decidimos que sea cual fuere el motivo de aquella cosa ya no importaba si acaso nunca más lográbamos levantarnos, levantarnos y andar solos, andar como si las cosas hubieran quedado hechas.
Pienso que todos, sin decirlo, de algún modo nos sentíamos contentos, o quizás agradecidos, incluso satisfechos. 

Luego el humo del marlboro tomó extrañas formas al dirigirse al tumbado. En realidad nada peligroso estaba sucediendo o nada que pareciera un peligro, algo por lo cual detenerse. Creo que utilizamos alrededor de diez minutos para discutir si todo aquello que sucedió en el estómago fue real, o solo lo habíamos leído en alguno de esos libros que últimamente habían dejado de publicar y vender con ciertos diarios. El humo, mientras, parecía alargarse como lo hacen los brazos de las personas al intentar entrar en algo: una remera, un polo, una playera o en un buzo de hilo; hilo violeta o en una americana o en una blusa casi transparente y con volados o encajes o esas cosas en las mangas y alrededor del cuello, o alargarse para entrar en una bolsa plástica negra con tres orificios o en calcetín o en un tubo pvc, lo veo como un brazo largo y delgado, seguramente un brazo femenino y estilizado y atlético, pero no uno que baila de manera que se notaran los pliegues o alguna “clase” de ligereza del tipo “el aire y yo nos entendemos”, no, un brazo delgado que entraba sin mayor importancia, largo como un chicle. Luego aquel brazo de aparente vida propia se detuvo por unos segundos, eso, antes de reventarse contra el tumbado. Caímos en cuenta de haber dado algunos pasos hacia atrás, fue una nueva ráfaga y el ruido de puertas golpeándose lo que nos devolvió al sitio. Casi, o por muy poco pudimos caer de espaldas sobre los escalones y quizás hubiéramos rodado hasta el piso siguiente.
El orificio parecía emitir algunas risas pero no de las que llenan los centros de especialización, aquellos con talleristas en edades avanzadas, las voces graves y los carraspeos, más bien, sonaba como si dentro del orificio hubiera un grupo de adolescentes extranjeros, púberes, efebos, que comentaban sobre las cosas alucinantes y sobre lo insólito, y me detuve a entender alemán y alguien dijo al ratón le gusta la vaca.

Varias veces alguien, y yo mismo, revisaba, es decir, atraído por la perspectiva del edificio y siempre era igual, algo oscuro, con la cabeza sobre el pozo del cual salían corrientes de aire, un aire que parecía venir del interior del suelo, ese suelo que bajaba en carretillas. 

Alguien dijo que llevaba demasiado tiempo mirando el orificio. Era cierto, mi cabeza seguía dentro y en realidad no podía discutir, pues, si alguien preguntaba yo decía eso de que el agujero estaba lleno de una mancha oscura, quería explicar que se trataba de algo como un televisor quemado. Eso dije, o creí haber dicho pero ya los otros talleristas, en realidad lo escuché por ahí, se decían perturbados. Uno dijo que yo parecía no estar muy bien de la cabeza. En ese momento recordé a una instructora a la que no había visto hace mucho tiempo y una de sus últimas impresiones, una seguidilla que duraría seis meses, se refería al modo en que difundimos ciertas cosas cargadas de un espíritu bajo. Supongo que mi rostro debía lucir desagradable, largo y dormido, además creí que algunos no sostenían su mirada sobre la mía. Al rato la bajaban y luego estaban riendo, o bien serios, e incluso uno o dos prefirieron volver a la habitación, siendo que de allí habían salido y quizás con la idea de no volver.

Luego decidimos volver, éramos dos o tres, pero yo sentía como si llenara algún lugar en el másallá. Los talleristas caminaban delante, a tres o cuatro pasos pero para me resultaba como si ambos caminaran formando un círculo a mi alrededor, y también noté que otros talleristas, de otras habitaciones, también hacían sus círculos, un poco alejados y cerca de los escalones, a los que acabaríamos por cruzar. Similares cosas sucedieron al entrar en la sala y antes de llegar a los pasillos; los objetos parecían lejanos, lejanos como en una pintura donde un hombre tiene acaso un árbol de referencia, a muchos pasos de él que está en segundo plano, y acaso ése árbol aparece recortado frente a un radiante y redondo sol rojo que se levanta o quizás también representa un crepúsculo, y el hombre es como un fósforo, al fondo del cuadro, casi una viruta encendida y el árbol resulta ya en un incendio. También necesité alguna bebida y la sed se volvió insoportable, tanto, que no sé en qué momento estuve bajando de nuevo los escalones y ya agarrado del cuello de alguien que también bajaba o quizás era que alguien estaba en mi cuello. Ahora que lo pienso ninguno de los dos nos conducíamos, creo que solo caímos y solo rodamos un par de pisos y creímos ver a alguien levantando aquellos cuerpos que no sentían los golpes o que descansaban en la planta baja. Levantando y luego las carretillas. En realidad, no tardé en pensar que nada estaba sucediendo y nada ocurriría de verdad; creí que sería bueno rodar hasta dar con algún sótano o con las tevés apagadas.

Encontré mi cara pegada a un charco. La dejé allí para que la piel se refrescara. Quizás mientras estuve en el suelo un millón de pies me pasó por encima, eso, ya no era un cuerpo ni una persona, logré volverme una roca o un montón de pellejos. Luego noté que estaba en la mitad de un gran galpón, un sitio extremadamente brillante, del que colgaban reflectores sobre varias personas que estaban de pie y empujando cochecitos de acero. Estuve a punto de decir, a los gritos, que esa no era hora para entrar en trances, o que esa no era la forma de agradar al hombre de corbata roja que había colgado sus fotografías dentro, fotos de pimientos y de ajos cortados y de porcelanas llenas con aceite. Una verdura gigante, un morrón o un pimiento anaranjado nos miraba; no le encontré los ojos, desde uno de los muros y uno solo podía pensar en los pasillos, en recostarse o correr sin que los demás lo notaran. También miraba a aquella deidad de la proteína y pensé que ella nos haría parte de una sesión con especias del japón y quizás de una tarde en el parque, bajo toldos blancos, eso, a la vuelta del galpón. Me ofrecí a guardar silencio y no mover ni un músculo pero eso es bien difícil, y ya mis pulmones volvían a drenarlo todo, ya cuando no se podía dar mucho más, y era como si todos los rostros llenaran mi único e individual rostro, y eso era algo antiguo, y supongo que terminé o terminamos en las caras de las personas que estaban cerca, de quienes ya encendían los autos y miraban al hombre en mitad del parqueo.

Sí, éramos curiosos, yo con esa apariencia extraña, apariencia de usteddebevolveralmar, pensaba ya cuando sería ideal eso de plantar una palmera, o eso de dejarme unas noches a la sombra para luego bajar hacia la palmera, y con una sierra y unas cuerdas atar una barca y salir cada madrugada hacia el mar y buscar a mobydick y escuchar algo de copilotopilato, y los pies húmedos y las manos duras y una soga y un arpón y cigarro para armar y todo como en un espejo. Luego pensé que debía hacer cosas nuevas, ya no en los pasillos y tampoco pasar sentado o estudiando o manejando, ni reparando autos, y esa explosión me recordó la vez que caí sobre una roca al caminar al borde de una pileta.
Me puse a hablar para sentirme menos extraño y todos seguían en fila y ordenaban sus compras, y sus zanahorias y sus mandrágoras, y se quedaban en el pasillo de fablimón aunque luego escuché algo sobre las cosas que salían caminando de las perchas, y eso me dio gracia, pero más al pensar que afuera estaban los autos girando alrededor del galpón.

Luego recordé eso de eresun, y luego quise pero ya no estaba cerca, ni lejos, supongo, y luego busqué un escalón donde sentarme e ir por mi segundo marlboro, y al hacerlo miré a las personas con sus globos o sus nubes colgando de finos hilos hacia el tumbado, y algunas amarradas a los pasamanos desde hace algunos días, y de ese modo me distraje hasta que el edificio empezó a elevarse uno o dos metros, y yo pensaba que debía meter la cabeza entre dos rocas en mitad de una montaña, y no sé por qué no lo hice ni por qué sigo buscando la montaña que al parecer tiene mi cabeza porque lo que tengo encima, lo que reposa sobre los hombros debe ser un pescado, o uno de los espejos del ascensor; o el panel de botones que al hacer push no encienden, y creo que hay muchos paneles llenos de botones por todo el sitio ya que siento que soy dirigido hacia todos los sitios, al mismo tiempo tengo ganas de peinarme.
Creí recordar algo sobre mi padre el escritor y lo vi vestido de traje, uno que parecía ceñir su cuerpo; pero también lucía como si de un lado tuviera todo el traje y el cuerpo mismo echado, desigual, o pegado uno o dos centímetros al suelo.

Pensé en eresun mentiroso y ya no tenía marlboro.