La
Charles de la Flor
Un día, o
quizás hoy en unos minutos decidimos tomar todos los apuntes; y todos guardamos
nuestras cosas como las portátiles y apagamos los equipos y sacamos las
antiparras, o quizás hacíamos como si nos preparáramos. Luego miramos cómo el
profesor perdía la paciencia y sería por las cosas en las páginas de una de
esas publicaciones de los centros de investigación que habían dejado en su
escritorio. Uno de los talleristas había expuesto su deseo de participar en
grupos que duplicaran las gramáticas, de ser posible, había añadido, en algún
pueblo delbrasil o debélice o entre mantaycañar. En realidad, también, lo recuerdo mencionando algo
sobre lasbrasileñas, y que lasbrasileñas eran unas mujeres muy
trabajadoras, recuerdo que las calificaba o las admiraba por loechadas palante que eran, eso, a
diferencia de nuestra geografía. Luego se me mezclaron los conceptos cuando
habló sobre su viaje alMaracaibo y
sobretodo sobre los inolvidables romances y los pleitos y los negocios con
jóvenes editores o libreros que le habían pedido quedarse y ayudar a sacar (¿los
tres?) a los pequeños palante.
Ese día
yo miraba a mi compañero tallerista, lo veía ya cargando con baldes llenos de
agua sobre los hombros (¡!) y pensaba en niños, en islas, en arena y gente
caminando con charolas llenas de masas fritas: masas y gente en short y pieles tostadas
por el sol con sonrisas enormes cubiertas de arena gritando poresotequieropanamá, y además pensaba ¿dónde mierda saco plata para que todas estas
personas sigan haciendo sus cosas durante al menos treinta años?
Treinta,
número delicadamente cerrado, también periodo suficiente para trabajar y
empezar con cuotas, luego pensé en ciclos de un sábado a la semana, y luego
pensé en cinco sábados a la semana; y miraba a mi amigo con los pequeños de
aquellas mujeres, con las carnes al aire (él es abundantemente bonachón) y pensaba
en meses y semanas y días enteros viajando dentro y fuera con los libros y las
enciclopedias y para mí él ya estaba de regreso echadopaatrás. El resto fue folclor y ver pequeñas manos dentro de
una corriente, creciendo, subido por una ola y también en ella, en su espuma,
con la espalda al sol.
También
pensé que mi amigo traía cada día un libro distinto de fondodecultura solo para impresionar a una de las mujeres de
corbata azul. Una vez dije buenas tardes y ella respondió buenas tardes
alargando las as y sus labios eran como dos caramelos para despertar al buenos
días. Una tarde ella y un colega de corbata azul se acercaron al patio y desde
una circunferencia imaginaria charlaban y era como ver dos árboles, (más bien arbustos)
a los que una ligera tormenta está por alcanzar. Ella hablaba como si se riera
de sí misma, y el hombre de corbata azul era alto y llevaba un sombrero como de
difunto y su sonrisa evocaba a los monstruos de la paramount, esos del cine en
blanco y negro pero en realidad parecía un tipo con tiempo para perder.
Hace un
mes, y en un dibujo animado, una inerte barra de carbón salvó a tres astronautas
de un accidente inminente. La barra soportó la presión atmosférica y ya en la
Tierra recibió un desfile como agradecimiento.
Quise preguntar
si de verdad él creía que las mujeres se morían por demostrar su empeño, y como
estaba de regreso dijo algo sobre las obligaciones. A un lado estaban S y S abrazados,
y luego miré que ambos se besuqueaban como si no hubiera nada alrededor. No sabía
si reír o echarme combustible encima, pero recuerdo que luego los obligué a
abrir las bocas y a meterse sus puños, y alguien dijo que usáramos la cornisa
pero ya de ellos quedaban solo los labios y parecían que empezaban a ponerse
azules. Creo que escuché que decían másmá, mamman, altopoediodetet.
Hubo de
todo pero también nada que anotar, y los lápices de gel seguían en sus sitios,
dentro de las maletas. Luego estuvimos discutiendo sobre la política y eso de
escoger, pero nadie parecía realmente interesado, tampoco los vi molestarse. Un
poco todos teníamos problemas definitivamente más importantes, cosas más bien
domésticas. ¿A quién podía interesarle lo que les sucediera o dijeran unas
personas que vivían a cientos de horas del centro? ¿Qué importancia tenía el
hecho de que el centro un día fuera cerrado? ¿Investigar por deporte,
obligación o una mezcla de ambos? Muchos nos veíamos posiblemente dirigiendo
habitaciones, sitios de cien o menos practicantes con clases de diez o quince
individuos, cada uno reforzando la pequeña atmósfera, es decir, en medio de una
familia económica.
Supongo teníamos
dudas sobre nuestra capacidad directiva: en el manejo de pequeños grupos las
situaciones controladas parecían reales, a diferencia del trabajo de campo y
sobretodo en las zonas de interconexión terrestre. Buscábamos la formación paratextual
y pronto los grupos sometían su volumen y era como verlos usar uniformes, (algo
llamado el grado de atención) y era como observar seis o cuarenta sujetos
inútiles, pero también nosotros ya estábamos de pie junto a la puerta, cada una
numerada, y el resto de habitaciones hacía pensar en el hospital del día, y en
eso de la segunda planta y el pasillo número, la puerta de la derecha y dos veces
hacia adentro en el mango y una hacia el bombero. CÖDIGO. El tres debía colocarse
de forma que fuera leído desde todo el pasillo y ya estaba hecho.
La
pizarra también indicaría puntos a rodear, y luego simulábamos las situaciones,
la operación; uno de los sujetos, (el criterio plural) repetía y resumía la
labor, y en realidad decía lo mismo pero también no lo era. Eso en dos horas.
En
realidad quise creer que estaba desaprendiendo, y luego nos dirigíamos hacía lamontañaagüada con las bancas cargadas
en parejas, y era como llevar hasta el fondo de la habitación para mirar la
pizarra de roca. Bailaba la llama de un zippo
y mientras recordábamos el nombre de las calles: arruelo, sintoya, clárez, sorayalos, port-esennef.
Las manos
terminaban negras en el carbón pero el sol del último día alargaba las sombras.
…Algo intuíamos por estrategia y
en el fondo debía (¿?) costarnos aplicarlas.
Casi siempre volvíamos de agüada
gritando y empujándonos, explicando eso de sábadoenseis de forma ruda y como si
ya debiera recogerse los resultados. En realidad sucedía un plano
experiencial, una ficha de índices y tiempos, al hablar de nosotros usábamos referencias,
y quizás ocurría de seis a ocho.
Un “radiador” era “sonda en azul”
y si “elaguacorría” debíamos buscarnos hasta dar con martes.
Al
quejarnos, el hombre de corbata azul opinaba con verdadera solvencia o dominio
y también se escuchaba de fondo una canción de therion. Al reír hacíamos muecas enormes con verdadero amor, y nuestras
bocas paseaban por unos segundos con los dientes de los otros, un paseo corto,
ellos, tomados de sus pequeñas manos, y lo hacían también sosteniendo un hilo
verde que bien podía llegar a la cintura.
Una brisa
se cola y eso recuerda que queda una hora de taller.
Luego nos
enteramos que muchos mueren y eso ocurre cuando llevan la mitad de sus deudas y
antes siquiera de sacar a uno de los chicos del colegio. En apariencia parece
un dato del censo, pero hay cientos de tomos de pastas duras y amarillentas
atadas con cabos sobre mesas extremadamente pesadas.
La
biblioteca cerrada hasta agosto.
También habían
muchas páginas separadas por tiras de papel, un poco como tiras cortadas a
mano, de bordes irregulares pero también tiras largas y uniformes como reglas
de cartón.
Luego
vino eso de fumar y salir un poco a recobrar el aire, y algo de las cosas que
habían sido absorbidas durante el intento que tuvimos de contestar los
cuestionarios, cosas que parecían sedimentos. Eso sucedió tras reír, y debimos
reír con las encías pues lucíamos molestos y enormes y bien intimidantes. Yo
por lo menos guardé mi sitio, quiero decir que, todos, por momentos
enmudecíamos, pero esto era como ser empujado o como tener a muchas personas
detrás. Unas trecientas preguntas, y muchas sobre lenguas muertas que nos
parecían necesitaban traducción. Éramos cuerpos colgando debajo de los ojos (los
dedos ya tocaban el piso, piso lleno con colillas; algo de carbón se había
pegado a las uñas). Luego el marlboro me pareció bien pequeño como si le
hubieran quitado uno o dos centímetros, y casi tuve que llorar y el marlboro debió
apenarse pues era como si rindiera más bocanadas, y yo lo sostenía y también
éramos sostenidos por el tumbado, seguros por los cuatro lados. Luego me lancé
por una de las ventanas: quise abrir los brazos como un pájaro pero la verdad
ya estaba muy harto de salvarme cada vez que lo hacía, pero luego alguien me
estaba llevando hacia algún sitio y me dirigía montado sobre mi hombro, o ya no
recuerdo si era yo subido al hombro de alguien pues se observaban los pies de
otros talleristas que subían, y varias herramientas y sus mangos de goma y las
llantas de goma que de una carretilla y un tubo o lápiz con gel transparente
enrollado en una esquina, brillante como fluorescente.
También todo
estaba cubierto por una película de un polvo amarillo.
Luego
estuvo eso de eresunmentiroso, y entonces recordé la manguera o gel
enrollado, y luego el agua salía con forma de eresunmentiroso y cuando
encendí mi segundo marlboro el fuego también salió con forma de eresunmentiroso.
Luego al encontrar un escalón sentí que las piedras sobre las que estaba
sentado también tenían la forma de eresunmentiroso.
Cuando el
marlboro tuvo gusto a eresunmentiroso me dio ganas de engañarme y
entonces ya me llamaba RT. Luego me dije ¡RP! y luego las cosas dejaron de
ser eresunmentiroso y comenzaron a verse como rtunmenrttiroso o quémássrt?
Luego me dije quéesesodeeresunrt y también quementirosoeltalrp,
y eso, y masticaba mis brazos, y mis hombros, y con lo que quedaba de mí
mastiqué mi rostro, y luego cuando me acabé no pude limpiarme los labios y el
hombre de la tienda fruit ya se había
ido y ya no era tienda fruit, o era fruit sin toda la fruit.
Tenía sabor y dije sabora rayoseléctricos, y algo había de marlboro.
Tenía sabor y dije sabora rayoseléctricos, y algo había de marlboro.