26/8/10
A propósito de la escafandra
24/8/10
Los diez años
Desayuno
23/8/10
Los mitos
Para su siguiente encuentro planificó enseñarle los panales que había cuidado. Le hablaría de las abejas, de lo saludable que es la miel hoy en día y de las vendedoras que mezclan azucar a sus ventas. Ya entrados en conversaciones preguntaría algo clave. Si García contestaba que sí, Carrera lo estaría considerando para al fin, en más de diez años considerar a alguien como un amigo.
Todo sucede una tarde con sol de un febrero de 1993. Carrera quien era ampliamente conocido por sus negocios ilícitos invita a García con el fin de convertirlo en su cómplice, su socio, su consultor y amigo de la familia. Tanto la familia empresarial como la familia legal.
García llega, saluda, observa su reloj, hace dos acciones o más acciones a la vez. Carrera para no molestarlo pretende comprenderlo y pone manos a la obra. Lo invita a levantarse, los whiskys para más tarde, solo toma un sombrero y dice algo que rebota en las paredes e inocentemente quizás escuchen los cuadros.
Carrera parece una adolescente, lo que es peor, una adolescente a la que no le importa verse enamorada. Atentamente explica el proceso por el que las abejas construyen panales eligiendo siempre lugares donde tengan un costado de sombra y un costado de sol, mientras la reina copula con todos los obreros. Tántricamente afilando las tildes y pausando en las comas cirujanamente. Carrera toma con propiedad a la abeja reina y coloca en manos de García. Pronto la abeja atrae a varios obreros.
Ella te considera un panal, repara Carrera.
García asiste a cada reunión. A los bautizos de cada nuevo hijo, al grado del primer hijo, al velorio de los padres de Carrera, a las pelas de gallos, al fútbol y a los lanzamientos de sus nuevos productos. Siempre como socio pero ante todo como amigo. Luego de medio siglo de éxitos, García es uno más de familia, al punto que varios de sus hijos están comprometidos con los hijos de Carrera. García nunca lo dijo y eso no lo hacía menos compañero, pero en el fondo Carrera para García era como el hermano al que nunca dejó de vigilar.
20/8/10
El monstruo y el culpable
18/8/10
Un día perfecto *
16/8/10
Tú mi junkie
Ella mira de costado. 45 grados después ella mira de frente. Mira en un espejo redondo, mira en espejo de mano, mientras mira ella estudia, en su reflejo encuentra que su rostro aún continúa desordenado. Entonces, ella toma las tijeras, toma una hoja azul de afeitar, toma un jabón y sobre este vierte medio litro de agua caliente mientras tararea una canción. Mientras, a través del espejo redondo, ella mira su cabeza reflejada, su cabello húmedo, la cama pulcramente ordenada, las almohadas sobre la cama, el vestido y la caja de zapatos junto a las almohadas mientras mira su cabello, mientras tararera una letra, mientras se mueven sus labios, mientras corta su cabello. 45 grados después ella mira satisfecha.
Ya sin cabellos, ella, que ya no luce como era ella, decide disfrazarse, decide ser niña, decide jugar a ser muñeca. Ella pinta unas cejas exageradas, coloca una peluca hecha con cabello de muñecas y viste un vestido de cuero negro. Vestido, cuero, peluca y cejas que combina sobre unos tacos rojos, altos, firmes como dos estacas. Antes de salir, ella coloca dentro de su bolso un revólver, las llaves en el llavero de Scooby doo, dos monedas de 100 pesos, cada una para los taxis y un teléfono celular al que lo tiene en modo de silencio. Entonces, ella mira el espejo girando, dando vueltas, mira, dice en voz alta, que no te canses de mirar. Gira 180 grados, coloca llave, detiene un taxi, sube, dá una dirección.
Ya en la calle es posible observar a niños manejando autos, autos hechos de madera y con dudosos sistemas de frenado.
El taxi cruza una calle. La calle termina en otras calles.