3/9/09

le gustaba hacerse el indignado como pretexto para no asomar

ERa hermosa. Dormelo repetia que no estaba bien. Armelo se hacia el indiferente o sea miraba al piso, como que refunfuñaba algo y reproducia algo entre dientes. Es hermosa decia y sin mirarles a los ojos con una media sonria el Casabaca, el Napolitano, el chileno desterrado se me salia escupiendo un "Los dos pueden irse al verga, total ahora es mi bateria y con ella yo toco lo que me da la gana".
En los clasificados, donde mas sino; de repente un domingo yo, Andres Crom, hijo legitimo del mall y dl jazz standard bass me encontre dejando a un lado la seccion tecnologica, politica y psico social a cambio en cambio de vacilarmela por completo a la seccion clasificados. Si mama lo hizo, si subrayaba los avisos de empleo, si encerraba con azul en un perfecto circulo con tendencias a espiral las posibilidades de ganar mas billusos, pues como no iba a ser una cosa genetica.


como cualquier domingo de mama en el sillon: Lorena en su sillin, Papa en el jardin y andres en el centro destripaban la actualidad hasta quedar rendidos, primero mama, o era Lorena, papa que no estaba y andres o sea yo buscando mantas y nicotina y destripandome la mitad del domingo en que no habia un solo deporte por hacer. sin embargo,

25/8/09

La remasterización

Amo los basureros

La basura, polvo, tierra que había entrado, ingresado con todos los permisos y las notas en regla, sí la pequeña basura, nótese que Andrés prefería, por no decir le excitaban los olores de algunos ríos, al fin había salido de su cabeza. Decir salir servía solo de consuelo, Andrés era muy poco optimista, de hecho jamás podía quedarse quieto.

Era inhóspito. Del lado derecho miles de botellas plásticas de todos los sabores aplastadas, no siquiera infladas, estrujadas apiladas formando una montaña de por lo menos siete mil metros, quizás más, lo exhuberante domina. Detrás de la segunda puerta junto al horno de los 600 farenheits, un busto de vieja detenida o congelada en un grito o un en llamado, en un horror de mandíbula abierta y cientos, quizas miles de dientesillos plateados, galvanizados masticando los esqueletos secos de sirenas secas como una momia, como si las hubiera disecado el sol, como la cabuya cuando es cortada y olvidada luego de alguna faena de polvo y herraduras y el sol y las sequias, frente a semáforos y el vuelto en una parada de la Juan León Mera. Una pegajoza funda de yogozo que la goza.

Andrés no quería pensar en ella. Se avergonzaba de encontrase pensando, porque otras veces ya se había detenido en cuanto llegaban los en dónde?, los cuándo?, acá??, de inmediato, los de ley y los acá es. Andrés recordaba parte de su vida y eso lo congelaba, lo sometía, no había logrado pasar de hoja o no quería pasar de hoja, no entendía, de la misma forma que se entiende a la muerte, como es que ella si lograba tirar de la cadena.

el megáfono repetía infernalmente Amo los basureros

Detrás de la tercera puerta, un ingeniero tras su consola y un interruptor como el que Andrés tenía en casa de su madre, un interruptor que encendia mas luces de las que apagaba. Nótese que los bulevares tiene mas de uno de estos apropiados aparatos para no tener que levantar la mano. Uno enciende el interruptor y siete luces en fuga se retuercen cretinamente con una sonrisa de si sr, le ayudamos en algo. Al usarlo por primera vez dos luces idénticas se encendieron aunque la amarilla nos acompañó solo tres segundos. Al usarlo de nuevo una luz a dos metros de distancia se encendia varias veces como parpadeando hasta cuando una tercera, las otras dos seguian encendidas parecía responderle. La segunda luz no dudó y volvió rápidamente a parpadear aunque para esto una luz mas pequeña, por un efecto de perspectiva, invadió toda la recámara. Andrés no dispuso de ninguna dirección asi que mientras las luces charlaban él media distancias. (En la consola se mezclaba un opus 43). Del megáfono salían reverbs.
Las luces se apagaron y el ingeniero invito a ese viejo amable que las supo apagar a todas a escuchar las cintas. Andrés lo observaba, y aun proponiendoselo, para él el viejo era un total desconocido. Andrés prefirió desajustar más luces.

la cuarta puerta tenía seguro.

Andrés lo sabía de memoria y también dudada del saber. Trashers in love era un éxito aun si ser comercializada, su coro, "amo tus basureros" era coreado incondicionalmente aún sin público. Esa era la única condición, y Andrés detestaba las condiciones porque nunca le habían puesto una y sin embargo él a todo le imponía, tiranamente una condición que lo alejaba del publico, que lo convertía en rockstar, en rockstar colgado delante de un espejo, contando los tres tristes bigotes que organizadamente medía al llegar exactas las cuatro en punto de la mañana con Ñ de ñuto, inmediatamente después del café bien cargado extra azucarado como a él exclusivamente e indefectiblemente le gustaba que le sirvieran con espalda de servicio. Aunque esto no fuere mas que un placer, un lujo obsesivo, un disgusto muy propio, muy personal, muy intimo, como un deja vú como para ser contado. Floyd sonaba aunque suene irrelevante, aunque nadie se atreva a comentarlo, y el basurero sexagecimal en sol la re, sol la re, ya no marcaba la madrugada, de nuevo Andrés perdía control y los llaveros que cargaba en sus bolsillos habían caído en cientos de dedos que le proponían tomarse un jarro de cerveza o pegarse un tiro en la cabeza.

Andrés sabía que un plato de gallina hervida, como todo dogma, allá donde usted sabe, usted que sabe, el nueve lo deja cerca, abandone la casa, la casa está tomada, deje la cama, desconcentrese, renovaría su maldita y acalambrada fe.
imágenes de monos sacadas de http://pacoafromonkey.blogspot.com



Cry monkey & Angry monkey
Podría ser una canción
podría cambiar de profesión
podría pensar en hacerte promesas

La remasterización

La basura que había entrado, ingresado con todos los permisos y las notas en regla, sí la pequeña basura, nótese que Andrés prefería, por no decir le excitaban los olores de algunos ríos, al fin había salido de su cabeza. Decir salir servía solo de consuelo, Andrés era muy poco optimista, de hecho jamás podía quedarse quieto.

Era inhóspito. Del lado derecho miles de botellas plásticas de todos los colores aplastadas, no siquiera infladas, estrujadas apiladas formando una montaña de por lo menos siete mil metros, quizás más, lo exhuberante domina. Detrás de la segunda puerta junto al horno de los 600 farenheits, un busto de vieja detenida o congelada en un grito, en un horror de mandíbula abierta y cientos, quizas miles de dientesillos plateados, galvanizados masticando los esqueletos secos de sirenas secas como una momia, como si las hubiera disecado el sol, como la cabuya cuando es cortada y olvidada luego de alguna faena de polvo y herraduras y el sol y las sequias, eran los semáforos y el vuelto en una parada de la Juan León Mera. Una pegajoza funda de yogozo pegajoza.
Andrés no quería pensar en ella. Se avergonzaba de encontrase pensando, porque otras veces ya se había detenido en cuanto llegaban los en dónde, los cuándo, los de ley y los acá es. Andrés recordaba parte de su vida y eso lo congelaba, lo sometía, no había logrado pasar de hoja o no quería pasar de hoja, no entendía, de la misma forma que se entiende a la muerte, como es que ella si lograba tirar de la cadena.

Detrás de la tercera puerta, un interruptor como el que tenía en casa de su madre, que encendia mas luces de las que apagaba. Nótese que los bulevares tiene mas de uno de estos apropiados aparatos para no tener que levantar la mano. Uno enciende el interruptor y siete luces en fuga se retuercen cretinamente con una sonrisa de si sr, le ayudamos en algo. Al usarlo por primera vez dos luces idénticas se encendieron aunque la amarilla nos acompañó solo tres segundos. Al usarlo de nuevo una luz a dos metros de distancia se encendia varias veces como parpadeando hasta cuando una tercera, las otras dos seguian encendidas parecía responderle. La segunda luz no dudó y volvió rápidamente a parpadear aunqeu para esto una luz mas pequeña, quizas por la distancia ya que el cuarto media algo asi como 63 por 48 kilometros, Andrés no dispuso de ninguna dirección asi que mientras las luces charlaban él, medía distancias (sonaba el opus 43 "las criaturas de prometeo" junto al anciano del cello abandonado) desajustaba las luces que estaban a la mano, el megáfono se había vuelto invisible, Andrés desde ese lugar podía observar al viejo y al cello y al megáfono que los reproducía, a solo 2 kilometros de distancia, solo porque eso a quien le importaba, Prometeo era solo un tipo, hermano, que nos pudo pasar a nosotros y la lucesita parecía decir algo. Mientras Andrés seguía desajustando algunas luces.

la cuarta puerta tenía seguro.
Andrés lo sabía de memoria y también dudada del saber. "Amo los basureros" era un éxito aun si ser comercializada ni remasterizada en varios idiomas, tocada en cada gira y coreada incondicionalmente aun sin público. Esa era la única condición, y Andrés detestaba las condiciones porque nunca le habían puesto una y sin embargo él a todo le imponía, tiranamente y también tal ves amargamente una condición que lo alejaba del publico, que lo convertía en rockstar, en rockstar colgado adelante de un espejo, contando si no había olvidado por descuido pintar alguno de los tres tristes bigotes que organizadamente medía al llegar exactas las cuatro en punto de la mañana con Ñ inmediatamente después del café bien cargado extra azucarado como a él exclusivamente e indefectiblemente le gustaba que le sirvan. Aunque esto no fuere mas que un placer, un lujo obsesivo, un disgusto muy propio, muy personal, muy intimo, como un deja vú como para ser contado. Floyd sonaba aunque suene irrelevante, aunque nadie se atreva a comentarlo, y a las pijamas y el luto, y el basurero sexagecimal en sol la re, sol la re, ya no marcaban la madrugada, de nuevo Andrés perdía control y los llaveros que cargaba en sus bolsillos habían caído en cientos de dedos que le proponían tomarse un jarro de cerveza o pegarse un tiro en la cabeza.
Andrés sabía que un plato de gallina hervida, como todo dogma, allá donde usted sabe, usted que sabe, el nueve lo deja cerca, abandone la casa, la casa está tomada, deje la cama, desconcentrese, renovaría su maldita y acalambrada fe.

9/8/09

violándote
comparándote
desvistiéndote
preocupándote
hay miles de formas para existir
y hoy nunca fue la excepción

los árboles se venían uno detrás de otro, las rmas, las colinas, la nieve, todas las ventanas tenían un objeto en movimiento.
andrés

7/8/09

La espera fue corta. El médico daba órdenes precisas que Andrés en realidad las tomaba como sugerencias. las enciclopedias, los manuales rojos Merck, el teléfono negro como bola ocho, desaparecieron con la llegada de la mujer de blanco.


la mamá de andrés sentada de andrés, los libros, la enfermera, la pared llena o repleta de titulos, todo el universo y la luz desaparecia al contacto del

Andrés tenía las manos estampadas en la mascarilla del auto. sus ojos al pestañear hicieron ese movimiento que hacen los ojos de ciertos animales cuando han caido en una red, slayer, claypol, cualquiera de las bandad


reconociendo el terreno, pisando el balde de una doble cabina, soltando un aliento como si supieran que su cuello no seria degollado.



3/8/09

Litigio delante de los incrédulos

Lo común sería llamarte, mis manos observan al aparato
hay tanta memoria que necesito que la armes,
ya sé que es una cosa tonta, además hoy apagamos
hay tantas vocales que me atraganto, necesito tus consonantes de inmediato.

me queda ampollarme, memorizar un riff
volarme la teja una vez al mes
montar una bike, cantar Arnold Lyne
jugar otro round de Zaratustra says!

Ahora que lo sabes renegaré de mi,
procuraré pintar en las terrazas despiertas
me siento un catequista de hecho tomaré un párrafo
Nena mata a Cristo de inmediato.

He lost control Again

Tú no me extrañas, y tampoco quiero que lo hagas
he hallado manos para un nuevo oficio
solo faltaba derretir los versos
de lo que tu y YO algún día fuimos.

Ahora todo me parece un chiste, respiro sin abrir la boca
miro a través de mares, observo catedrales bajo los puentes
jamás creí derramar una mirada
Ana sabe guardar mis pijamas.