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30/1/09

García Madero

Me miró y luego de su abrazo: brazos, tres años, accedí con bastante curiosidad a tomar asiento en silencio.

Yo miré el apartamento; minimalismo pensé. ¿Que cómo es eso? Obsesivo como una grabación de Phil Spector pero sin el muro de ruido. Naked como el escenario para un concierto unplugged. Un marshall sobre el suelo, oprimí la tecla roja, la que dice overdrive. 1974. Al enchufarlo hizo circuito; el ventanal sin cortinas (afuera el páramo), Kafka y Pulp Fiction cegados, ¿Bruce mira a Uma?, yo de pie, yo sentado, alrededor, un silencio de pasillo.

Él hablaba, con la cabeza echada hacia atrás pero hablaba. Pudo ser el vodka, pudo ser Anna, siempre con Anna, lo cierto es que sin darme cuenta, a Anna también le pasa, ya no quería irme. Él, se sentó (o quizás siempre estuvo sentado), repitió sin que se lo pidiera, ¿era posible reconocernos? ¡Willan Dafoe!, yo miraba a Willan Dafoe, yo pensaba que sería mejor ser un romano, Cristo, linda tu cruz Cristo, ambos señalamos a Willan Dafoe, linda tu cruz repetí otra vez en voz baja, tengo una copia dijo él.

Entró la llamada de Anna. Anna llama dijo celular; lo que dijo era tan insignificante que lo tome con gracia y se lo hice notar. No mañana dijo mientras yo me imaginaba conduciendo el Rover, sobre una autopista con océanos a ambos lados, océanos escondidos por momentos tras montañas, rojas, roja es la marea del volcán. Al colgar, observé como la luz de la habitación, ahora yo estaba en la cocina, se hacia pequeña, desaparecía como una tilde en un envase de café.

Al salir, él, había caído profundamente dormido.