30/7/13

¿Qué ocurre tras el viaje en el tiempo?

La flor que cuelga de su mano tiene la piel rota, el agua ha cristalizado. Detrás del hombre hay una puerta de vidrio cerrada, la luz externa recorta la silueta, el hombre se mantiene de pie, esa escena parece un fotograma fijo. Inmediatamente no hay memoria del viaje, mucho menos de las calles observadas, hay un breve nacimiento y la sensación se llevar un motor, algo que acaba de ser encendido. Para que la historia adquiera un tinte o un sesgo, el hombre debería caer sobre sus rodillas y en suelo sus manos deberían tomar el cráneo como si este necesitara dejar a un lado el cuerpo. Luego el hombre debería dejar la cabeza sobre el suelo, en una posición extraña y rota, con el culo levantado, formado todo él un ángulo.
Tras recobrar algún sentido el cuerpo decide regresar a la posición de siempre. Luego el peligro fuera, tapiar puertas, cubrir ventanas, desconectar cada artefacto, mirar con intensidad un refrigerador, es decir, meterse entre sus cables, entre sus parrillas, entre sus motores capaces de fabricar hielo antes de cortar su alimentación, antes de apagarlo. El ruido, aquella vibración llenando la habitación, golpeándose en las esquinas, cubriendo los lugares llenos de grasa, formando nuevas capas, volviéndose algo parecido al polvo.


La luz del baño encendida, él entrando y saliendo de la habitación, la primera vez con una toalla en la cabeza, luego la toalla colgada, luego el entrando una vez más llevando otra toalla en los hombros, luego la cortina, luego los vértices de la tina, él ocupándose en descubrir qué o quién ha estado sobre ese sitio. Ojos mirando en todas las direcciones. Hay un espejo, hay varias manchas o algo que simula ser una parte del cristal reflectivo que parece haberse roto. Hay un foco que sigue encendido, está el perímetro de aquella habitación , del otro lado los pasos de alguien, él intenta recordar quién está del otro lado pero antes sube a un lugar más alto y coloca su sentido cerca. Hay sonidos externos, parece que cerca hay una radio encendida. También el ruido de aves o algo que parece ser un jardín, afuera, por la ventana se observa el cielo claro y sin manchas, un ruido agradable.

La pregunta tiene que ver con la perfección de los dioses. Él enciende y apaga la bombilla que cuelga en el centro de la habitación. Él toma una revista y unas tijeras. Luego el recorte, una cara, la cara de un hombre que lleva camisa y corbata, quizás un hombre que trabaja para el gobierno. Tras cortar un poco de cinta adhesiva él coloca al hombre recortado sobre la bombilla. Al encender de nuevo, la bombilla ilumina la cara, el recorte. Él, enciende y apaga varias veces la bombilla, el hombre se ilumina y luego se oscurece, se ilumina y luego se oscurece. Él toma las tijeras y la revista, luego abre y cierra la revista buscando algo, luego encuentra otros rostros de tamaño parecido y también los recorta. Sobre la bombilla él ha pegado una pistola, una mujer rubia, el hombre anterior. Luego él enciende y apga la bombilla, Los tres recortes se iluminan desde atrás. Luego los recortes ya no cubren la bombilla, los recortes miran hacia el otro lado, a excepción de la pistola, los tres están pegados junto a la bombilla. Él baja de un banco, luego se acerca a la pared para encender y apagar la bombilla. Los rostros miran hacia un lado. 

Él se levanta para colocar algo en la pared que tiene delante, lleva en sus manos una hoja blanca. Luego regresa a la silla, toma otra hoja, le coloca cinta en los bordes, dos tiras de cinta, se levanta de la silla, se carca al muro que tiene delante y vuelve a sentarse. Sentado, toma otra hoja, le coloca en la parte de atrás tiras de cinta adhesiva, se levanta hacia el muro, coloca la hoja en el muro, regresa, se sienta sobre la silla. Sentado toma otra hoja del escritorio, toma algo de cinta, corta la cinta en dos tiras, la coloca detrás de la hoja, se levanta, coloca la hoja en el muro, regresa tras dar dos pasos, mira el muro, lo vuelve a ver, luego regresa a la silla, al sentarse vuelve a mirar el muro, luego toma otra hoja del escritorio, toma la cinta, corta dos tiras de cinta adhesiva, las dobla antes de pegarlas en la hoja, luego de pegar la cinta se levanta de la silla, se acerca al muro, parece pensar un poco, luego coloca la hoja en el muro, luego retrocede para volver a tomar asiento, luego toma todas las hojas, luego las coloca sobre sus muslos, luego recorta cinta, coloca en dos sitios de la hoja, luego la deja sobre el escritorio, luego toma otra hoja, corta cinta, la pega en la parte posterior de la hoja, luego deja la hoja sobre el escritorio, entonces toma una tercera hoja, recorta cinta adhesiva, la coloca en la parte posterior de la hoja, coloca la hoja en el escritorio alejada de las dos anteriores, luego toma el montón de hojas de sus piernas, las coloca en el otro extremo del escritorio, luego mira el muro, parece no estar muy de acuerdo con lo que está haciendo.

Luego el hombre se queda sentado sobre el retrete. Solo sentado, pensando en uno de esos empresarios dedicados al auspicio de enemas para rumiantes. Con el tiempo bien podía pensar que lo único para lo que necesitaba estar en la habitación era para saberse capaz de seguir allí, a pesar de tener otro sitio dentro de la casa donde sentarse, podía ser que aquellas paredes le convencieran de que su sitio era ese, seguir sentado en la mitad de esas paredes junto a la tina y la ducha eléctrica con una revista en las manos y la ventana abierta, todo eso visto desde fuera, la puerta cerrada, apenas los pies arrastrándose mínimamente sobre el suelo, luego el sonido del grifo y el agua cayendo, luego las manos húmedas limpiando o intentando quitar las manchas del espejo, manchas blancas y otras salpicaduras que también parecerían sostener las ideas de las paredes y sobre subrayar la importancia de aquel sitio, luego la mano subiría y bajaría hacia el agua tomándola e intentando quitar la mugre. Luego algo de papel, uno o dos cuadros el mismo ejercicio pero esta vez con la ayuda de aquel improvisado trapo. Luego la bola de papel, los dedos y el basurero, casi todas, o una buena parte de las manchas y casi todo el espejo pulcro, espejo que en los bordes tiene manchas de óxido. 

25/7/13

Juquebox

Tocamos hasta bien entrada la noche. Luego una cortina gris y los techos metálicos, antes el ruido debajo de los cristales impedía que escucháramos, primero fue la explosión de una goma, luego, temo, algo similar al estómago de un animal. La sala rebasaba los muros, varias cabezas, pares de brazos, aquella hora parecía no tener un fin, todos seguíamos de pie, o atornillados o sembrados, parecíamos una gran familia.

Sobre el colchón la casa parece respirar, hay cortos lapsos de quietud, por ejemplo hoy la habitaciòn parecìa detenerse tras volver de un lugar lejano, en todo caso, pensé, venía de otra casa. El hueso principal sobre la nariz era ya un cuerno, pero no quiero imaginar mi aspecto, sé que puedo hacer cualquier cosa, incluso lograr que regrese a su sitio. Los dedos parecen estar llenos de cemento, o algo igual de sólido como varias barras de acero, apenas intento tomar las cosas que han caído. Dar media vuelta sobre el mueble podría ser una pésima elección, sin embargo al rodar encuentro varias bolas de pelusa y también cabellos más largos, que han caído hace mucho tiempo. Luego estoy frente al tarro con la pelusa y con ganas de no tener de levantar nada, ni siquiera las tapas plásticas. Al volver todo sigue en el mismo lugar. Sin encender la luz tomo un par de pantalones. Hay sobres esperando ser abiertos, como si la visita aún siguiera sentada con las piernas largas y los ojos cubiertos por los dedos. ¿Cuántos días han sido? para no tener que voltear pienso en un número y tras escoger tomo otra decisión. Punto. Algo de colonia, la ropa que cuelga en la terraza tiene un olor parecido a un sabor de helado, al salir mis manos van frotando las paredes como si esperaran de los dedos una llama. El estacionamiento está vacío. Dos mangueras recorren los extremos, su piel es nueva, hay varias tablas despegada, debajo hay un centímetro de arena. ¿De dónde? ¿Cómo llegó hasta medir más que el mismo suelo? Para no tener aún que ir doy varias vueltas, en cada habitación encuentro una o dos tablas con la goma seca pero brillante aún. Es cuestión de humedad, la humedad la pega pero tras varios años el oxígeno se solidifica. La arena que tengo entre los dedos es tan fina, casi parece pimienta. El color es idéntico, pero necesita ser colada. Ahí estoy yo con la oreja pegada al suelo, sobre tablones rojos y sobre pegamento que desaparece o se vuelve microscópico. Pienso que no hay muchas personas que entren en las habitaciones, quizás, un día haciendo una prueba, la regla de calzar zapatos que no sean de goma, y puntos extra a quienes lleven un bastón de arce, sin goma obviamente. Eso pienso para empezar con el futuro. algo así mantendría a varias personas lejos de sus autos y sus familias o de la televisión por cable, digamos por semanas, el cambio y las remodelaciones suelen ser eslabones, el cemento que impide que un ladrillo rompa el piso.

Mirando con detalle encuentro que las habitaciones abandonan la casa por las noches. Sólo eso explica los ruidos que despiertan a los gatos en la madrugada, Ruidos de muros que se juntan a otros formando ángulos rectos o cristales que transpiran arena, arena que cae entre las comisuras y las grietas del suelo. Un día tomo una de las cámaras de Loretta, quizás la TG1, sería fabuloso tener registro, eso sucederá tras hacer una llamada, es lo que siempre pensamos.

Lo que queda del día vale la pena mirarlo pasar. Al correr la cortina puedo ver un cielo totalmente azul. De tan azul dan ganas de volverse azúcar, dan ganas de llenar un vaso de plástico, uno de esos que parecen ser transparentes y recorrer el filo de una pileta, amplia, de forma rectangular sobre una bandeja de acero o de plata, la una pesa más que la otra nada más. También escogería que suceda un accidente, algo así como que quien nos lleva sobre su mano con una servilleta de papel en la otra, sufriera un tropezón, que sin previo aviso todos nosotros, bebidas azules voláramos, que teniendo como fondo el cielo y tras una breve pausa, cayéramos dentro de la pileta. Quizás las bebidas rosas, y también los hielos que pronto tocarían el fondo también tardarían más en desaparecer. En mi caso y al ser una bebida similar al agua sería totalmente predecible. La imagen que continua apareciendo de manera frecuente tiene como fondo ese cielo azul, plano, infinito, pulcro. El resto es una masa, un volumen, y dos o tres segundos durante los cuales la gravedad, aquella que tira las cosas hacia su sitio parece desconectada. Una imagen de episodio de simulación en todo caso.

Para no bajar de aquella línea, otra vez vale la pena simular que uno tiene varios hilos a los cuales tira, del otro lado hay pequeños insectos, varias herramientas metálicas como llaves o tuercas aceitadas. En realidad nada de eso hay, sobre una mesa están amontonados, o sea, sin orden particular varias prendas de vestir, trajes, jeans, correas con hebilla de oro falso. A pesar de recargarme, a pesar de desear realmente un orden, nada ocurre. De hecho, hasta la ropa del tendedero ha dejado de moverse. Quizás tanto deseo eliminó el viento. Así son los poderes de la teletrónica uno sólo debe proyectar un futuro objeto. Por curiosidad tomo un cordón gris de algún zapato que ya no existe para exponerlo al elemento. Afuera de la habitación hay sonidos de autos que parecen estar siendo precalentados, más bien de motores. El cordón es tan largo que temo que debió pertenecer a un botín, para homenajearlo, de algún modo, calzo en mi pie derecho una pesada bota amarilla, aquella que usé cuando trabajaba cambiando lámparas en las calles, cuando también llevaba un traje azul y un casco, eso era agradable, a pesar del tamaño uno siempre se sentía fresco, y a pesar del calor uno terminaba el día con la televisión encendida, al apagarla a pesar de la oscuridad ya era jueves. El cordón forma un ángulo recto y el cable telefónico parece no apercibirse. Empujo logrando un corto péndulo pero del viento nada, alrededor hay concreto y una escalera en forma de caracol que lleva hacia una terraza. Quizás, aunque ese sitio está prohibido.

Lo ideal sería trepar la escalera, e ir dejando caer algo tras alcanzar otros escalones. Esta idea no sirve, es parte de algo a lo que debería llamar piedra. Piedras. Doy una vuelta mirando y recogiendo rocas o pedazos de pared, cualquier cosa pesada y sin forma definida, he atado una chuspa a mi cintura, debo lucir como un buzo, mejor creer que ando recogiendo estrellas de mar o pepinillos de mar o trozos de coral oscuro, de hecho siento la obligación de moverme con mucho cuidado y con esa rigidez que produce la vida bajo el agua, es decir la presión. Si la escalera sube por lo menos tres pisos, debo creer que llevo 30 metros de océano encima. A pesar del sol me equipo con una pequeña linterna, pero al tocar la costa pienso que más vale llevar bengalas. El trabajo es largo, encuentro un campo cubierto de excrementos, cómo lo hicieron, al tocarlos desaparecen en una nube parda, luego bajan hasta volverse parte del suelo. La chuspa arroja un camión amarillo y sin ruedas, camión de juguete, un pedazo de pared, trozo de cemento, una llave oxidada y con la marca borroneada, la mitad de una pinza plástica para colgar la ropa, la mitad ha conservado el resorte de acero, dos rocas pequeñas y bastante lisas, rocas de río, quizás. Hay varios maderos que podrían servir para atrancar puertas.

La cosa fue simple: mira hacia fuera, espera hasta que hagamos una foto de perfil, intenta mirar sin anteojos, delante hay sombras y manchas y figuras desenfocadas y un sombra amarilla que va de un lado hacia otro, que baila o se enrosca sobre el piso. Los ruidos servían para determinar o para segmentar uno de los tramos producidos, cada vez que un ruido inesperado entraba en los largos tramos que llevábamos trabajando decidíamos que era señal para más o menos saber cuánto quedaba por hacer. Generalmente el motor de un auto o el paso violento de un auto por mitad de la calle significaba que llevábamos ya la mitad del rollo. La idea y premisa era no desconcentrarse, hacer como si no lo escucháramos. Mentalmente rogaba porque alguien tocara la puerta de hierro con verdadera furia, es decir, quería que alguien llevara varios minutos detrás de aquella puerta grande y vieja laminada en hierro literalmente tirándola, como cuando las personas que van de casa en casa recogiendo las lecturas del medidor se impacientan tras una puerta cerrada. Ocurrió, entre uno o dos rollos el ruido de uno de esos martillos usados en construcción, un combo, que tiraba una pared o quizás pulverizaba una de las viejas veredas que rodean el barrio. En todo caso se escuchaba el golpear del acero sobre el concreto, pero no al hombre, o a su respiración o las gotas de sudor empapando el pañuelo. Sin embargo, al decir del equipo, el hermano de Loretta bien podía ser todos los hombres que estaban fuera, los que desconocíamos. Luego lo tomamos mirando la ventana, es decir, hicimos tomas de su espalda, él tenía un jarro de porcelana, simulaba que bebía café. Yo hubiera querido mirar como el café bajaba a través de la garganta, para el final imaginé una pared pintada con un motivo, no sé, ecológico, con ramas y raíces cruzándose y entre ellas algunas con la clorofila fluyendo. Pero no había café, también me hubiera gustado que beba algo fluorescente.

Pedimos que colocara cinta aislante alrededor de la puerta principal. El propósito era aislar el ruido externo, también esperábamos que el viento que corría quedase o no pasara del patio. En el patio hay varios cables, cables de líneas telefónicas que han sido cruzados de un extremo a otro, de un edificio a otro. Detrás de la puerta está él, colocando la cinta, largas tiras bajan hasta la mitad de la puerta. La ventana sigue abierta, además la luz es fuerte, las cortinas no dejan observar mucho del aspecto interior, uno se hace la idea general de que es un sitio que pasa la mayor parte del tiempo desocupado, aunque en realidad sucede que hay muchas personas, no exactamente dentro pero si cerca, varias personas que se mantienen en silencio o que duermen hasta cuando el día ha corrido largo. Por momentos se puede escuchar madera crujiendo, parecen los pasos de una persona pesada o de alguien que se mueve con cautela, quizás esquivando muebles u objetos tirados en el suelo, es decir, tras los muros los sillones están llenos de polvo y quizás haya alguien recostado en el suelo. Ayuda una mancha, es decir, el liquen que ha crecido debajo de las tablas junto a la lavandería, una mancha del tamaño de un niño recostado de lado. O un tapete, o la huella de una toalla húmeda, da lo mismo.




22/7/13

BE VA

He decidido escribir una carta. Tomo un pedazo largo de papel que cubre la pared. El yeso se vuelve una nube, los niños de la pareja que vive en el piso de abajo arrastran un pequeño coche que parece no tener ruedas. La carta sobre el tapiz empieza de este modo: Loretta Querida, espero que las cosas salgan como tú lo has pedido, no olvides que antes de volver debes hallarlo todo, debes regresar siendo capaz de sonreír. Luego una fecha, una huella dactilar de mi dedo meñique, luego tres pendejos largos y oscuros con la membrana blanca tras haber sido arrancados. Luego goma blanca, luego un sobre amarillo y tras eso la cama y el sueño.

A la mañana el reloj marca las once. Coloco un pedazo ancho de pan dentro del chocolate y luego cierro la puerta sin regresar a mirar atrás. Sobre el piso hay todo tipo de publicidades que han volado desde el buzón. Al salir las piso e incluso me quedo de pie sobre ellas un par de segundos, los suficientes para mirar el sol, hacer como que calculo la hora, hacer como si los músculos necesitaran relajarse y como si fuera capaz de sonarme los huesos con un movimiento rápido. Al dar un paso escucho algo que cruje, quizás un cartón, las bisagras parecen aceitadas, en la vereda hay un par de perros correteándose.

Leo con atención su artículo. Cuando algo va de poca historia lo mando a repetir, pero el artículo, hay tips para mantenerse de pie durante la noche, hay una breve descripción de la infamia adolescente de ser más alto que el resto, hay una pelea dentro de un almacén de antiguos discos compactos donde tres parejas se tiran hotdogs y mostaza a la cara, hay claro, una chaqueta blanca de algodón recién comprada saturada por colores que jamás saldrán y un hombre desmayado, en realidad no se sabe si alguien lo golpeó quitándole la conciencia. Eso hay por la mañana y eso debe salir máximo hasta las doce, ya es la una menos cuarto. Hago una llamada, ella anda cubriendo un evento público, ha llevado al mejor fotógrafo, supongo que puede salir en quince días.

El artículo anterior, aquel del hombre milenario fue leído con bastante interés. Aun creo ver mi nariz dentro de aquellos vasos de cartón, llenos de crema y combustible, vasos que en el artículo se describían como si fueran tratamientos para abrir los poros. El correo tenía como sujeto: Dos días antes de la liquidación. Cada vez que intento recordar cómo son sus dedos, si son largos, si son limpios, recuerdo sólo los anillos de fantasía de tonos esmeralda que llevaba, y unos dedos dentro de esas piedras. Detrás del escritorio hay un gran parlante empotrado a la pared. Cuando me pongo de pie mi cabeza, más bien, aquel parlante produce un marco natural que me resalta como si fuera un busto. Hay suficiente luz, aunque aún así corro las cortinas y el cielo parece no tener fin, ni la ciudad, una construcción plana, absoluta, como una sábana. Eso es lo que recordaba, el milenario aquel que dormía sobre una mujer mientras la camilla bajaba por un ascensor.

Y me quedo dormido, y suena una llamada pero no la contesto y tras recordar dónde estoy los ruidos se suceden inmediatos: una puerta que se cierra, una persona con pasos muy pesados empujando o abriendo una puerta igual de pesada, como las puertas de las iglesias, un programa en una tv encendida. Yo cierro los ojos esperando encerrar esas imágenes y parece que la frente tuviera algún pesado elemento dentro. Creo que al otro lado no hay temperaturas, es decir, el clima parece salir de una caja de cartón, por un momento estoy seguro de dormir dentro de una caja, dentro de una atmósfera suave, como si flotara. De ese modo pasan dos días, no los cuento pero hay varios mensajes de entregas por hacerse y de fotógrafos que quieren cobrar sus cheques. Yo pienso, pero si sus fotos son una chalada, en realidad me invento todo tipo de cosas para darles más largas, de modo que incluso dentro del vagón voy pensando en algún reto, algo con tal de ponerlos en contra mía. Sobre el escritorio encuentro una cinta de vídeo, membretada con el nombre de A. Plaza.

Al llegar al sitio pido correo normal. mi nombre está en los archivos y no tardan en imprimir dos documentos. La mujer del pantalón rojo tiene una mirada muy intensa que me obliga a mirar a un sitio que no sean sus ojos. Por un momento tengo ganas de hablarle, así que tomo un volante que explica la historia de las venus de manta y la levanto como si estudiara una radiografía. Luego, con la venus en alto me doy vuelta hacia la mujer de rojo. Con el dedo índice señalo la pelvis de aquella figura de barro y con los ojos intento convencer a la mujer de que ella, también, debe estar llena de barro. Luego miro hacia el suelo y me acerco como si fuera un oficial o un guardia hacia ella. La mujer al salir lleva el volante en el bolsillo de su cartera, una bolsa hecha con caucho o un material oscuro y reciclado. También le he entregado una hoja que he arrancado de mi agenda. Por favor, Bafomet, recuerda que vengo de tus estómagos le he dicho.


1/7/13

A propósito de The Quest

Normalmente yo intentaría meter mis dedos en tus ojos. Eso de aplastar, de empujar me ha vuelto loco, me ha dejado con ganas de mirar tus órbitas vacías, de llenarlas con una mancha negra.
Yo pienso que tus opiniones y deseos son inútiles. Lo pienso pero no lo digo, pero intento que me entiendas. A veces debo ser tus ojos, cómo es eso de ser los ojos de otro?, es un trabajo torpe, además de mal pagado. Además de mirar los respaldares dentro de aquel autobus, mis ojos, tus ojos, miran también los rostros de quienes viajan, tú y yo viajamos en la parte de atrás, tú miras a la ventana, yo te miro mirar por la ventana mientras yo miro adelante, me miro mirando. Entonces, si se te ocurre aplastar mis ojos hasta que caigan hacia el otro lado, en realidad vas a empujarte a ti. Entonces ya no podrás ver la ventana.

Del otro lado hay rocas, las rocas no se mueven, quien se mueve es dios. Quién es ese del que tanto hablamos?, quizás un bromista, quizás un mal ejemplo de lo que necesita una historia antes de volverse desierto, como cuando el pesado del Java el Hut aparece llenando hasta los bordes, hasta derramarse. Es curioso, afuera todo parece estar guardado entre los bordes de acero, y además protegido por un cristal. Qué harías? Qué quieres escuchar? por mí que las cosas tengan la cortina, incluso me bajaría en la mitad de aquel páramo hasta que la niebla nos cubra y entonces el gran salto, varios lo han hecho, puedes repetir la primera versión moderna del hombre murciélago para verlo desaparecer, aunque en realidad lo verías ascender, sí, una mano en la cintura y la otra sosteniendo el cable. Pero, en medio del páramo, dentro de una cortina de agua, hacia dónde ir? Es decir, un cuerpo tan grande quieto, un siglo de niebla...

Sobre la mesa hay sopa. A mí me gusta la sopa. Cómo es la sopa? Tú y yo vivimos dentro de la sopa, a veces peleamos por la cuchara, un día dentro de aquel plato yo intenté beberme la sopa usando un tenedor. Los tenedores a veces tienen un mango de madera que los vuelve más sencillos a la hora de limpiar. Tú estabas en el fondo, abrazado a un garbanzo verde, en realidad antes que flotar parecías bucear, siempre te ha gustado mirar dentro del agua, en este caso la sopa, con los ojos abiertos, Qué tanto miras dentro? Acaso las cosas son mejores por verse distintas? Acaso el que una cabeza parezca un pie es suficiente motivo? Luego el plato quedaba pegajoso, mi costumbre era tomar una servilleta de papel para quitar las sobras, antes de colocarlo dentro del lavadero. La servilleta tiene varias manchas verdes, bueno, un verde amarillento, dentro la cuchara y el tenedor forman una cruz. Tú no crees, tú solo esperas que un día al salir o al soltar el garbanzo las cosas luzcan de ese modo. La sopa, sabes, te daré una sorpresa, conozco un tipo que vende piscinas, no es lo mismo, no es permanente pero no puedes vivir hambriento todo el tiempo.

Me parece que pasan cosas que intentamos evitar. Mira, la teve está encendida, él ha sido elegido por aquel grupo como evidencia de un siglo para demostrar que todo está por volver. Yo deseo que todo se vaya aunque luego alguien se acerque con su tono educado y sus nombres que suenan a nombres de océanos para decir cosas que yo desconozco. Tú deberías ser quien pregunte esas cosas para así sugerir que pronto nos alcanzará la subida del mar. La culpa la tienen estas fechas que nunca dejan de volver, y tan rápido! Apenas si han pasado unas semanas, unos meses, apenas, he abierto la ventana, he cambiado de canal para ver las horas en la esquina de la pantalla y ya su rostro parece detenerse, incluso temo que pueda encontrarlo en una esquina, o dentro de los almacenes que a veces disfrutas visitar. Tú, él, yo, además del tipo con el nombre que parece ser el de un océano, ¿Pacífico Montes? No lo sé, cada uno lleva a otro alado, y así hasta que de los cuatro primeros resultamos una potencia, uno encima del otro. Quizás seríamos una moneda de ser atrapados o de nadar directo hacia una red. Yo siempre me he movido como un pez, es decir, saltando sobre la cola y con la boca apuntando al cielo. Supongo por la noche unos cuantos dormirán muy tarde. Otros contarán el tiempo y los lapsos entre inhalación y exhalación.

He tratado, he visto tus pasos. No deberías recordarme-lo, cada cosa tiene su sitio, el nuestro está en todos lados. Al girar delante de aquella ventana los puntos parecen sumar otras cifras y cada pared parece mostrar cantidades representadas por grafías más antiguas, casi manchas, casi las siluetas y los murmullos.

Si una persona pierde algo de su pequeño suelo, necesariamente se vuelve material empujado, es la continua marea la que se estira con los dedos pegados, clavados en su material, en su pliegue. No tiene nada que ver con lo que dice de sí misma la literatura y sobre todo la tabla sagrada. Es decir, mientras el hombre parece ser arrancado, la tabla que descansa sobre una mesa de madera no lo está mirando y menos abriéndole una puerta. La tabla ha sido dejada en ese lugar por uno de los pioneros. Con el tiempo y tras muchas luchas y dedos perdidos el hombre arrancado descubre al fin un pionero dentro de sí mismo. Pero la primera versión de sí, persiste sin él, lo contiene.

La trama es sobre la circunstancia o sobre el hombre? La primera mostraría de forma documentada los pasos que ha dado la ciencia y la tecnología. La segunda mostraría una lucha y continuo hacer y deshacer, una moneda lanzada cada cinco minutos, Qué propone lo uno? qué propone el otro? Cómo y porqué se juntan ambos? qué sucede tras ese encuentro? hay muerte?, hay una expansión hacia el infinito? Existe el conocimiento absoluto? Regresamos a un estado larval?

Cómo mostrar el estado de las cosas y su química apariencia? Un tratamiento basado en el ahorro, basado en los muebles llenos con cereales y en los rastros antes que en los pies? Debe, es necesario el desarrollo fiel, y narrado por un dibujo animado?

Aún se espera recorrer el fondo y descubrir el contenido de la materia negra y también la familiaridad con la que olvidamos las imágenes y las palabras de los sueños. Es una obligación vender y transcribir la memoria afectada terrestre, esto es, no guardar nada. Con ese criterio una lectora puede dar vida a materiales desarmados, pero quizás convenga traer a alguien de la otra vida, hacerlo caminar y hacerlo ¿dirigir? Esa influencia capaz de acabar con las tablas tras enderezar los clavos? y si acaso vivimos la ley de un hombre muerto, viviendo el panteón?

La ley Claudio

Los hombres que buscan el travestismo son pioneros y parte de Kubla Khan. El problema está en creer que uno es tan grande siendo apenas una piedra oscura en una bolsa gigante a mitad de la noche, Noche en el páramo. Lo que está hecho nos contiene. Pony retornable, eso es bueno,            y ese no es el                        problema, sucede que ahora parecen baterías incapaces de descargarse, sons of pop, sons of kyuss, sons of godie.