18/2/10

Cohen on Cohen



George Clooney no puede ser George Clooney sin dejar de ser George Clooney, osea George Clonney actua siempre como George Clooney. John Malcovich actúa como John Malcovich lo que equivale a decir que siempre esta siendo John Malcovich. Brad Pitt se separa inteligentemente, o sea en forma brutal, construyendo un extraño alter ego. Brad Pitt se acerca mas a sus doce monos, casi a punta de slapstick. Eso en el lado masculino; lado idiota, fálico e inocente.
Del lado femenino o necio para el caso, Frances Mcdormand hace de la mujer con propósitos varios, como una niña que encuentra los sostenes de la abuela, extra necia, confundia y poseída, o sea es Frances en guión de los Cohen, es la hermana menor de su personaje de detective en Fargo. Frances es un trasero definitivamente grande.
La CIA se parece más a esas esposas que salen cada semana de gira: están informadas de todo y siempre tienen un perro a su lado.

14/2/10

Arseniev




Al subir y bajar las ventanas cerradas impedìan que los asientos, la palanca, radio y volante fueran alcanzados por la ráfaga de agua a eso del sol de las dos de la tarde; el golpe de esa ráfaga sobre los vidrios cerrados, con el voltante y el radio protegidos ante tal violencia parecían activar otro sonido algo mas cercano al edificio. Mi auto no posee alarma, aunque desde la habitación del hotel, observar todo el complejo de autos, vitaras en su mayoría, sin placas y con ese polvo que queda sobre las capotas nuevas después de una lluvia en perfectas condiciones es casi una actividad como la de el muchacho que lava autos al extender la mano y recibir su propina.


La pared dejó notar aún su apariencia de nueva, de recién pintada casi como la pared de ese estudio de grabación en Tucson. Una línea perforaba uno de los ángulos superiores. Las llaves sonaban al caminar. Varios hospedantes cerraban las habitaciones sin usar los seguros. LLamé al servicio de cuarto solo para renegar por unos días a la empresa. Al cerrar la cortina, la bandeja reposaba en la mitad exacta de la mesa. Desde la ventana del hotel Luxori también se puede ver una piscina llena de bañistas. Quince días para un nuevo cheque para tener algo en los bolsillos. La luz que entraba por debajo de la puerta mostraba una sombra, desperté luego de dos horas de televisión por cable, miré sobre la mesa el llavero con el número nueve, eran exactas las 5 de la tarde. La sombra ahora parecía dos sombras.



11/2/10

Esc 157



Enloqueció gritaba la abuela Guiralda, mientras las arañas, el librero, los relojes cucu caian al mismo tiempo como siguiendo una dramática partitura.
Los chicos reían con tantas ganas como no lo habían hecho en años.

9/2/10

Remember a day

Que sería lo menos serio osea lo mas loco que esta tarde podríamos hacer....... existen algunas respuestas.

Número 1, tomar la ecovia y dar una vuelta en círculos longitudinales fotografiando a la kerida kitolandia pero sobre todo a sus seres de carne y mas carne sobre carne.

dos: y definitivamente la idea mas hermosa es la de disfrazarnos de esqueletors y visitar a Munra o al kastillo de greiscol. ahora que las fuerzas del mal se han apoderado de mis manos para hacernos volver una y otra como dobles sobre las enternecidas tierras de Donderia, pues, que heman levante su espada y los antiguos espíritus dejen sus microcines.

tres: viaje al valle de los cuchillos.

en dos horas sale mi vuelo, no deberia estar ya en la antesala del chilloport?

3/2/10

Parque Patrixios

El departamento del Pingüi era todo lo que un mortal desearía tener: dos casas juntas, idénticas, gemelas o lo que por acá los arquitectos llaman se dan el lujo y gusto de edificar llamar casa duplex, mitad de unos libaneses, mitad pintada de ladrillo rosado. O era el efecto del fernet o la luz de las veinte y tres pero me pareció, mientras entrábamos, que las paredes pintaban de un ladrillo visto, rojo, gastado y algo sonrosado.

En el centro nos amontonamos y como pequeñas ratas fuimos buscando lugares donde respirar mejor, no solo que era diciembre, que la fiesta había empezado hace rato sino que el humo salía de todas las habitaciones. Lolitas pasadas de 20 sentadas junto a la puerta con su porro en la mano mirandote directo a los ojos como la gastada imagen de un par de vampiresas. Sentí escalofríos de verdad. Gente que manoseaba un bajo mientras alguien, un guitarrista, se notaba en sus solos de la velvet, gritaba hace algo. Eso de manosear me llamó tanto que cuando soltaron el bajo, un peavey rojo como sangre, tuve menos terror además de que era a mi medida pues se acopló de una a mis manos. Solo por ejercicio toqué o improvisé viejos temas y el guitarrista Lou Reed gritó algo que en principio lo traduje como sucio pero luego supe (10 minutos después del jam) era admiración.

El Pingüi como Bram Stoker paseaba por su depto sonriéndole a todo, sin hacer asco ni excepción.

Cosas del ayer


El infierno era un lugar remoto incluso para aquellos que habíamos crecido bajo la mano arrugada de cualquiera de los evangelios. Patrixio bajaba sin mirar a nadie mientras al atravesar las gradas me entraba una sensación de seguridad y de alguna forma pude sentir además lo que era tener un rabo entre las piernas.

La vista era espectacular y en teoría era todo lo que desearía una vez que este colgado, o muerto. Hamacas de 7 metros colgadas a lo largo de toda esa magnífica habitación. Maricas, elfos, transexuales, mujeres de tetas impresionantes hamacándose, tocándose y bebiendo de largas copas, mientras sus lenguas reptaban dentro y alrededor de sus cuellos. Un niño rosado jugueteaba con una de esas copas que pareceian estar hechas de un cristal de neón. Les sonreí y todos me invitaron, mientras Patrixio me veía con mala cara; los maricas me lanzaban besos volados que cogí y los clave directo en mi yugular cosa que el corazón bombeara con un poco mas de fuerza.

Frente a la barra de piedra, dejé que el cantinero, un hombre pequeño como un boliviano, me alcanzara un trago, a cuenta de la casa. Patrixio con un gesto me apuró como llevándome hacia otro lado, a lo que me disculpe frente al cantinero. Ya en el baño, Patrixio me aclaró de reglas y cosas que yo, visitante neófito del infierno podía y no hacer.