Vivir la vida de otro. Tener el superpoder de otro. Llenar la bañera con la piel prestada. Morir seis veces. Resurección, perturbación, caminar sobre pliegues, hundir los pasos hasta el cuello, colocar cemento en las venas, secar al sol, ser regado por una manguera, estirarse hasta entrar en los tubos, el cuerpo ocre, los brazos húmedos, la risa desencajada, la piel arrugada. Llevar ropa en los bolsillos. Usar guantes en los genitales, colgar los libros en el tendedero, usar pinzas amarillas, rezar, inventar un mantra y quitarse la cápsula del cráneo, quitar el oxígeno, guardar en el refrigerador los pulmones, llenar una taza con avena, retar al sol de la tarde, sentar un precedente, escribir una escena, vidas prestadas, alicia fabrica llaves, pintar el balcón, cerrar la jaula, beber agua roja, radiografía, funda plástica sobre el rostro, mirada zen, capa reversible, un pájaro, un avión, sentarse al borde con la mirada sobre los cortados contornos del continente.
La hora y el fin de la clase. Los últimos ajustes, la mano, la fila tras el interruptor, el que apaga, la mano sobre los hombros, el fin de la coincidencia, una cucharada, goteo, sonda.
Su llanto llega a mis pies. Su tamaño es el de un pulgar. Un pulgar de alto. Pesa, la espalda es su rocinante, tenemos jorobas por cabezas, él descansa, usa el hueso como almohada, el sol revienta, las puertas son más pequeñas, desaparecen, caben llaves en ellas, una llave de alto, ella cuelga sus ojotas, ella tiene la cabeza en los pies, ¡cuánto tiempo!, el sol revienta, él grita para que lo carguen, los camiones aceleran, la multitud se conmueve, los televidentes encienden sus radios en los comerciales, la moto aparca, hay formas pero él las evita, él baja con el embrague aplastado, hay una coincidencia, pues nadie lo vio venir, quizás el guardia, a él ya no lo escucho, debe estar con su biberón, él es un sobreviviente, trabaja pero no para él, por giros son vecinos, yo los miro, tras la tela, mi corazón inflama al pecho, miro mis pies y el borde, toma aire, ellos piden cocol.
Miro la pared. Parece no tener intenciones de moverse, muevo mis manos saludándola, no reacciona a mis gestos. Camino frente a ella. La cruzo por delante, de izquierda a derecha o lateralmente, desde adentro hacia fuera o acercándome y alejándome. Al regresar siento su superficie con mis dedos, apoyo mi rostro en ella, abro los brazos para tomarla, la atrapo por segundos, empeño toda la fuerza, la cargo, la levanto por segundos, quedo desintegrado. La pared sigue de pie. Tengo los brazos abiertos en el suelo, al igual que las piernas. Un camión cruza, su ruido es intenso, mueve, estremece. El pito de un auto más chico sirve luego de preámbulo para otros ruidos menos fuertes como el de un auto de motor más chico, una ráfaga de viento, una bicicleta que avanza sin ser pedaleada, una funda plástica o quizás una hoja de periódico, otro auto de motor pequeño. Yo continúo en recuperación, cae, desplómate, digo, ella sigue en pie, yo hago tijeras.
Camino hacia la ciudad. La pared emite un campo de atracción. El campo detiene su efecto antes de que mi cuerpo la toque. Internamente lucho por despegarme de aquel campo. Internamente sufro las consecuencias que incluyen acercarme más a ella por lo que dejo de tirar. La posición última de mi cuerpo es escandaloso, como la de un contorsionista, como si avanzara y olvidara hacia donde iba, los ojos fuera de órbita, como si llegaran y los trajeran de regreso, pero también como si aún estuvieran allá y alguien los regresara. El campo. Los dedos logran movimiento. Los estiro y los contraigo, arranco materia oscura y monóxido. Un camión veloz cruza muy cerca, internamente estremece, cuando algo interno sucede muerdo mi lengua. El camión veloz salta sobre un bache. Un ciclista frena a raya. La materia oscura es firme. Mis brazos forman un bolsillo hecho de materia. Pienso que debo haber rasgado el tejido. La pared debe estar pidiendo órdenes antes de atraerme. Logro colocar los codos dentro del bolsillo. La materia es firme aunque la deforme, la materia está fría, los codos me sirven de palanca, cuando los afirmo sobre la materia digo: a la cuenta de...
Antes de domir doy giros sobre la cama. La cama es baja y no hace ruidos. Busco el sitio, encontrarlo para inmovilizarme, lo encuentro pero en dos segundos desaparece. La ventana recibe las intensidades. En la pared se forma una sombra. Lo noto después. El sonido ha cambiado. Hay un ruido estático. Pueden ser las corrientes. La oscuridad es parcial. La cortina está encendida. La pared llena de orificios. Uno o dos de gran tamaño. El silencio está cerca, respiro con fuerza, ese es el sonido, lo hago durante rutinas, veinte inhalaciones y exhalaciones, las cuento, salto cifras, llego a cincuenta, el aire es fluido, la congestión ya no está, la limpieza es negra, al exhalar limpio la habitación, su solidez estimula, una bomba no la derribaría, son seis paredes, comprendo la cifra, exhalo en múltiplos de 3, hay tres sonidos tenues, hay dos perros que ladran, hay un ruido de ventana de hierro, el tercero soy yo, intento cubrir ruidos imperceptibles para recuperar el sueño, está en el sitio que inicialmente encontré, regreso lo cubierto, cuento hacia atrás los giros, el perro ladra cada vez que me detengo. Los orificios quietos, nos miramos, sonreímos.
Por la mañana inicié el trabajo. Coloqué medias limpias a mis pies, eso se notaba en el paso, en el caminar. Intenté seguir un ritmo parejo hasta que las huellas fueran acostumbrándose. La casa está en la parte alta de la ciudad lo que le añade varios pisos, realmente mi trabajo está mucho más allá de los límites, más cuando subo la escalera. La escalera siempre tiene medio cuerpo fuera pues la grada no es muy profunda. Soy yo y los vecinos del 20 quienes escuchan música para entregarse con furia, sin luces, iluminados por la voz de los Elevadores y de los Hermanos Pastel. Ya no cierro la ventana como solía hacerlo, pero pronto deberé asistir a trabajar con auxiliares, y si ellos ocupan el espacio, cómo colgaré los parlantes. Ahora mismo al colocar la escalera los llevo puestos, suena algo de los ingleses, Pequeña alma dice la pantalla y alguien le dice princesa eres la pequeña alma en este pequeño sitio llamado universal. Tomo el primer foco, hay que considerar el ritmo, pues cada escalón es parte de la secuencia o loop o línea, sonido rumbero en ralenti, depeche latina, miro el foco, si lo fabricara serían los Modewatt. De ese modo voy quitándoles los focos a la casa con cuidado y al ritmo del ramdom, me llevará una hora, en total un número par de bombillas distintas entre ellas, tanto que mi correa ha sido adaptada para cuatro tamaños, desde abajo se puede ver las diferencias en los arcos de cuero. Son cinco habitaciones, todas tienen la bombilla colgada en el centro, cuando subo suelo girar el cuello pues las obligo a mirar. Eso es raro pues con el cuello de ese modo parezco un ganso atrapando insectos.
La pared tiene pintura blanca. Yo me acerco a ella pero también procuro retroceder los mismos pasos que adelanto hacia ella, siempre de adelante hacia atrás, primero tengo un plano cercano de la pared en el que distingo sus fisuras y el material del que está hecha y luego al retroceder intuyo su tamaño, ella es más alta que yo, y de lejos noto zonas donde parece faltar una mano de pintura, es decir hay zonas manchadas. Al volver a acercarme encuentro en ella pequeñas perforaciones, quizás espacios donde antes estuvieron clavos, el orificio continúa a pesar de haber sido cubierto, es decir es visible y eso provoca que ella no tenga su superficie regular. Luego doy de nuevo cuatro pasos hacia atrás siempre avenzando de espaldas o de frente como si lo hiciera sobre una cuerda, es decir, cada paso cuesta el triple, es decir, merecen demasiado equilibrio, tras caminar de esa manera la sangre parece fluir de otro modo, más espeso como si más bien tuviera pintura látex en los nervios sobre el cerebro. Aunque la pared es blanca, tras ese mareo adquiere otro noto, algo rojo u ocre y parece que ella se acercara, quizás vencida espera que yo la sostenga.
Más tarde vuelvo con el tema de la pared blanca. Pero esta vez enciendo la luz. Las marcas vuelven a presentarse, la superficie está llena de varios poros y líneas que empiezan en algún lugar y terminan en otro sin dar cuenta de un patrón. Toco las líneas y las sigo con los dedos e intento que las líneas se alarguen o lleven a un sitio distinto pero profundamente quiero que las líneas no posean dirección. De modo que aunque encuentre alguna característica distinta no la considero, la salto, el dedo la cubre. Lo extraño es que aparecen nuevas características, de pronto la pared tiene muchos rostros y líneas y direcciones por lo que los dedos faltan y comprendo que debo buscar más manos. Lo que encuentro es un marcador de color negro. Luego de pensarlo y de varios intentos por escribir, decido aclarar las marcas de la superficie. Añado y subrayo lo que voy hallando, evitando que las figuras puedan reconocerse a primera vista. Un punto del marcador tiene haces desiguales, pero ya que es un marcador que necesita una pared no los hago perder tiempo y los convierto en parte el uno del otro. Luego de pulsar el marcador sobre la pared hay varios puntos que no tienen dirección ni forma ni propósito. Los miro sentado frente a ellos y al fin dejo de cantar internamente aquel mantra que empezó cuando vi la pared blanca por primera vez, un mantra que me obligaba a mover como un pedal los dedos gordos de ambos pies, de algún modo creo que antes de dormir volveré a estirar esos dedos. Sin embargo y antes de levantarme decido estirar una última vez los dedos. Hay varios músculos del cuerpo a los que desearía estirar.
Sostengo los brazos a una altura cercana a los ojos. De esa
forma ubico en ellos las huellas y las marcas que ha dejado el paso del tiempo.
Al mismo tiempo observo el clavo del cual colgaba un reloj de pared. Su
mecanismo ya es sólo un recuerdo, pero la habitación aún es receptáculo de toda
clase de ruidos empezando por los de mi piel. Entre el antebrazo el brazo mismo
cuento por lo menos 10 zonas dentro de las cuales se pueden hacer otras
subdivisiones. Pero a breves rasgos hay 10 lugares que miro con insistencia
intentando memorizarlos. La nariz parece estar al tanto de el examen pues se
despierta con ánimos de que la rasquen y después de hacerlo hay más zonas como
la de los testículos que piden ser atendidas. Un avión cruza a cientos de
metros de altura con dos motores que requieren atención, su sonido es más agudo
señal de avería. Miro el tarro lleno de ropa por lavar para subrayar la idea
del motor. Llevo cuatro minutos dentro de la cama, desnudo, el estómago
hinchado y peludo forma una burbuja con el edredón.
Cuento las marcas sobre cada pectoral, encuentro una
simetría de seis zonas sobre cada uno. El foco parece vibrar y su resplandor
toma una coloración verdosa que debe ser el producto de una cerración de los
conos. Pienso en palabras vulgares y sobre todo ofensivas lo que provoca que
alguien en la casa vecina mueva algo pesado o sacuda una alfombra por la
ventana. También pienso que ese sonido es familiar pues por las noches parecen
realizar actividades de limpieza. Varios puntos de cuerpo como la cintura y la
raíz del cuello y la muñeca sufren alteraciones que me hacen pensar y mirar con
insistencia el modo en que estoy armado. Las uñas alcanzan esos sitios pero no
sólo rascan sino que las obligo a entrar y lastimar. Un auto cruza velozmente
por la autopista cercana. Las uñas tienen podredumbre de color café. Los dedos
como los meñiques tienen marcas de los pellejos que han sido arrancados. Cerrar
los ojos es inútil pues el ruido de la piel rasgada es poderoso.
La cama tiene el respaldar contra la pared. Tengo la espalda
apoyada al respaldar, de esa manera doy la espalda a la pared que de todas
formas mide más de tres metros por lo tanto observa mi actividad. Continúo
rascándome el cuerpo con insistencia y poco cuidado. Decido buscarme otro
rostro que se parezca al rostro de un simio tan violento como King Kong. No es
difícil y más bien siento que los músculos toman unas posiciones largamente
conocidas. Pruebo a mirar al techo donde se junta en un vértice la pared,
pruebo a estirar los músculos para dar forma a una gran sonrisa en caso de que
se trate de un King Kong made in Broadway, miro mis zapatos rojos para subrayar
la idea, luego pruebo a colocar el rostro de lado como si se tratara de la
pared de uno de esos asuntos policiales, hago el movimiento para que la imagen
resulte en un perfil derecho y un perfil izquierdo al mismo tiempo que la
sombra que sobre la pared tiene una altura inferior a la de mi cuerpo. Lo que
tengo del gorila además de la mugre en las uñas es el estómago que hincha como
burbuja la manta y la sábana. Un camión cruza la autopista, luego de un
silencio largo.
Luego de pensar en las palabras vulgares y ofensivas recibo
varias respuestas que intentan calmar el ánimo, que al mismo tiempo intentan
intimidarme. También hay observaciones y pedidos para restablecer la calma,
voces alarmadas que parecen pedir respuesta como si ya no esperaran un final
feliz o un mundo distinto. Entre los libros encuentro uno azul titulado: nuite.
La pared es amarilla con varias direcciones y líneas cruzando y dibujando capas o territorios internos conquistados. Mi sombra antes que ocultarlos los vuelve más firmes como si los profundizara. Los dedos de la mano tiene también varias líneas sobre todo en la zona de los nudillos. Quizás, pienso, la mano es una prótesis del muro. Intento que el muro abra las puertas a la extremidad, la llamo del mismo modo que uno llama a una puerta. El refrigerador enciende su motor o su sistema nervioso. Acerco la vista a la pared pero no hay luz que filtre, del otro lado parece no existir más que un pozo y otra pared. Comprendo que la segunda pared ha intentado salir a través de la primera pues no se entiende que hayan tantas marcas. Mi rostro sobre la pared es una circunferencia donde se podrían dibujar unas manecillas y algunos números en orden descendente. Miro la toma eléctrica de la que cuelgan dos cables, el uno que se dirige hacia arriba y el otro que se dirige hacia abajo. Busco otro símbolo pues resulta que uno de los cables es blanco y el otro negro. Miro hacia la boquilla y la encuentro sin focos.
La pared me mira. Yo me detengo frente a ella. Procuro no respirar hasta que todo pase. Su insistencia me empuja a salir apresuradamente. En realidad ya estoy lejos. En realidad puedo ir y volver, para demostrárselo giro los globos oculares con rapidez, los traigo de un extremo al otro varias veces hasta cuando parecen querer dirigirse al frente. Eso no parece intrigar a la pared pues ella sigue de pie y parece no tener ninguna intención de transformarse. Yo he seguido de pie frente a ella como un hombre que camina frente a una pared al que de repente le pausan la existencia. Es decir por mis mínimos movimientos además de los oculares represento un fotograma pero según se lo mire también un cuadro figurativo. Es inútil describir lo que hay adelante de mi cuerpo, porque, la imagen o el fotograma ha sido tomado de frente a la pared y de perfil a mi cuerpo. Sin embargo y acercándonos un poco con un lente capaz de acercarse notaremos propiedades existentes entre la pared y yo. Por ejemplo la sombra que parece no ocupar espacio. También las partículas de hidrógeno que rebotan y desaparecen.
La sombra entre la pared y mi cuerpo parece no ocupar espacio pero si colocara varias sombras una encima de otra ocuparía el espacio real entre la pared y mi cuerpo. También puedo llenar ese espacio acercándome a la pared pero ello ocasiona distorsiones y falsas proporciones. Pruebo a alejarme hasta perder la sombra pero el espacio que pierdo en la parte trasera me obliga a dar dos pasos hacia adelante. Comprendo que quien haya pausado mi desplazamiento no ha estimado la futura ausencia de espacios vacíos. En realidad puedo solo respirar y dejar que el corazón siga bombeando sangre pero supongo que el oxígeno pronto reventará esta imaginaria nube más cercana a una funda plástica que me rodea. Luego veo otro futuro como el de las salchichas envasadas al vacío. Es producto de la pausa física. Busco con dificultad dentro de los bolsillos un objeto puntiagudo pues de ese modo perforaría la envoltura. Al no hallarlo siento el cuerpo caer hacia adelante pero con fricciones. Un plan distinto sería pronunciar palabras agudas o con hiatos. Grito hiatos hasta que la pausa termina.
La pared mantiene silencio. Al igual que yo parece respirar la menor cantidad de oxígeno del ambiente, lo cual supongo conveniente pues entre ambos acabaríamos con las reservas del sitio. Supongo que hemos llegado a un tipo de acuerdo pues nuestra comunicación parece ser una de tipo ideal: yo susurro palabras sobre su superficie y ella me devuelve silencios y movimientos que sólo yo logro interpretar. De ese modo, interpretándola, dejamos que la tarde caiga sobre nosotros cubriéndonos de su sombra y su brillo amarillo que nos empuja motivo por el que debo constantemente cambiar mis posiciones. Si ella es empujada yo debo susurrar con más fuerza lo que siento por ella, al punto que las palabras se vuelven líneas e hilos que nos acercan o nos unen como si se trataran de una prenda de vestir hecha de hilachas, o cabellos largos y separados por una mano invisible que en realidad es una corriente de aire. Ese movimiento de membranas no es visible pero entre la pared y mis palabras o sea la superficie y las palabras hay una calle en un sentido por la que circulan autos a varias velocidades y con las luces encendidas o con los baldes llenos de personas que bajan y saltan antes que el semáforo los detenga. Al caminar esas personas sin saberlo cruzan entre la superficie y los labios.
La pared tiene una superficie muy irregular. La mano sobre ella no podría detener una hipotética caída. Hago presión hasta cuando siento que la piel de la palma no puede con aquella superficie. Igual detengo el hipotético desplome más de lo que una mano o piel podrían haberlo hecho. El resultado es bastante predecible. Cuento los agujeros en la palma. Son varias perforaciones que han enrojecido las líneas y los montes que de por sí ya eran rojos. Supongo que este nuevo mapa abrirá el abanico que la ciencia había buscado. Coloco entonces el rostro sobre la superficie pero no para aguantar el desplome sino más bien como quien quiere ser impregnado con la sabiduría o el poder de otro. El poder de la pared es doble, es el de su superficie, la que ahora está marcada en el rostro y la de su imposible interpretación. Comparo los agujeros de la palma que empiezan a desaparecer con los del rostro y los de la misma superficie siempre elevando los mapas hacia la luz del reflector más cercano como si en esa luz estuvieran los químicos reveladores. Luego desaparecen y mi cuerpo queda separado de los rastros. Tomo un papel y un lápiz y transcribo o calco una parte, quizas un uno por ciento de toda la escritura. Antes de doblar el papel lo levanto hacia la luz de tungsteno. Una pareja cruza junto a nosotros cargando entre ambos una bolsa oscura.
La pared tiene varios objetos sobre ella. La música invita a levantarse pero parece que los dedos sobre los teclados bailan su ritmo, cada vez con más frecuencia y a veces deteniéndose en una pausa larga sobre la que bailan otros cuerpos como los de monedas y billetes recién fabricados. Sobre la pared hay un espejo alargado que oculta uno de sus lados. El espejo tiene una dimensión considerable que sobresale de la pared. Su filo tiene una coloración verdosa. Intento que mi rostro se refleje en él pero los obstáculos impiden conocernos. En vez de mi rostro aparecen los bordes de un mueble de madera y los orificios de un ventilador. También sobre ellos se refleja una caja que parece ser un motor para producir neón por las noches. Junto al espejo hay un cuadro que contiene la fotografía de un mapa del mundo. Un mapa donde se distinguen las principales elevaciones de los continente. Por los parlantes sale la voz de Blondie. La foto parece tomada por satélite, incluso los polos tienen esa textura tan propia de los hielos y del agua congelda. Su marco es azul, algo estrambótico para la imagen pues llama la atención por sus formas curvas, como si fuea de fantasía. La voz de Blondie se apaga cada tanto pero bajo ella corren los ruidos de camiones o buses que circulan a pocos metros de la pared. Sin embargo tengo mi brazo junto a ella que parece interesada en evitar la entrada de la calle. Yo la miro, creo que no sabe, la miro usando los conductos nasales.
La pared no emite sonidos, aunque sus rocas busquen la superficie del suelo. Es peligroso detenerse frente a ella y casi siento su peso balancearse como un martillo sobre mi cuerpo que logra mantenerse sin ser empujado bajo tierra. Esto se debe principalmente a la composición interna de mis órganos que han drenado los metales y componentes férricos. Sin embargo tampoco logro flotar y elevarme del todo, pues, aquel peso invisible de la roca, actúa otra vez como un campo de fuerza, más bien como si fuéramos dos polos opuestos. Entre nosotros se inflama aquel campo. Sus usos serían ilimitados de no ser porque cada roca vive dentro de sus confines, que en este caso equivalen al doble de mis brazos abiertos. Horizontal y verticalemente. Realizo varias cruces con los brazos abiertos hasta abarcar totalmente la superficie. Más bien actúo como un asterisco. No hay señales de mi puntuación, pues, el campo es invisible, y las huellas desaparecen como si se evaporaran. Abro y cierro las manos intentando evaporar al campo para marcar la superficie. Mis manos tras varios intentos se contraen. Al fin observo que uso los instrumentos inadecuados. Entonces tomo una fotografía de la pared.
La pared está dispuesta a no dejar que la resuelva. Le muestro los libros que he leído en el último mes. Se los pongo delante para que escoja uno. En cuetión de minutos estoy sentado con las piernas cruzadas leyendo uno de los párrafos. El párrafo habla sobre los seres humanos y los seres inhumanos. La pared escucha sin emitir ruidos y sin intentar levantarse o salir corriendo. Dada la atención que pone la pared en mi lectura pruebo a escoger palbras sueltas. Tras preguntar a la pared si puedo escribir sobre ella me siento como si estuviera dentro de un tubo lleno de miel. Entonces escribo la palabra trópico sobre la superficie. Delante de la pared vuelvo a tomar asiento. Vuelvo sobre la lectura. Tras un corto párrafo comprendo que debo festejar esta nueva empresa. Del otro lado observo una tienda de licores. Indico que no tardo para que la pared no se preocue. Intento llevarla pero ella prefiere esperar. Mientras camino hacia la tienda voy pensando en la letra de una canción italiana. Claro que no sé italiano pero me basta con repetir una palabra como mantra. Al regresar tengo los labios en la botella y al sentarme junto a la pared continúo con la lectura.
La pared seguía en pie. La aparté con mis pies pero ella parecía inmóvil. La miré con mucha atención, en uno de sus costados tenía un bloque pintarrajeado. Me coloqué de espaldas hacia ella y con dos gestos la invité a ir a otro sitio pues la mañana había llegado. Ella no hizo ningún intento por subirse a mis espaldas o por adelantarse. Pensé que pronto llegaría algún morador con el fin de mirar si ella seguía en pie, la idea no era oportuna pero tampoco me convenció como para dejar el sitio. Tracé un círculo alrededor de mi cuerpo y volví a dormir. Al despertar seguíamos en aquel sitio. Cuando un oficial se acercó yo tenía todas las excusas para vencerlo. Al escucharlas el oficial sintió furia, su mano se elevó con el cacharro en la mano y por mi resistencia fui también derribado. La pared observaba toda la escena y su sombra llegaba casi hasta la esquina. Desde allí pude correr y tocar aquel bloque pintarrajeado de apariencia grotesca, una lengua de cemento saludaba a la luz del sol, las lenguas entre los bloques. El oficial volvió con sus cacharros pero esta vez los hizo sonar tan fuerte que la gente prefirió echar un vistazo. No importaba ello pues yo tenía los zapatos puestos. Sin embargo algo estaba saliendo mal pues corrían ríos por las comisuras, para ello mis pies dejaban rastros que seguían los pasos del enorme oficial.
La pared está atrapada dentro de su cuerpo. Encuentro al subir sobre ella varias ranuras por donde se produjeron intentos de escape. Esas huellas han quedado como evidencia en caso de que se intentaran nuevas fugas. Las fugas son inútiles pues alrededor de la pared hay campo y pequeñas colinas que parecen pegadas al filo del territorio. El sol hace su trabajo y esconde los sitios seguros a donde la pared podría dirigirse. La única forma de escapar bajo esta luz solar es dando saltos, la pared podría brincar para evitar el control solar. Dar un salto hasta el agujero negro. Hay partes de otra pared que parece haber saltado. Están regadas y su rastro aparece y desaparece cada ciertos metros. El cielo está completamente azul. La pared debió haber entrado en el agujero. Discretamente me separo del sitio donde están aquellos rastros, aunque, no haya sitio seguro. Cada tanto vuelvo la cabeza hacia el cielo y cada tanto siento que el agujero sigue devolviendo su contenido. La pared sigue en pie y no da brincos. Intento saltar al agujero pero mis rastros parecen estar de regreso.
La pared mide treinta centímetros de ancho. Necesito ambas manos para detenerla antes de que se anime o infle. Ella deja que mi cuerpo la cabalgue, aunque literalmente ni ella ni yo nos movamos. Aún así las cosas adquieren un tono cómico, mis pies se clavan en la pared al tiempo que mis manos la acarician como si ya lleváramos kilómetros de selva, aunque haya el cielo azul de siempre, casi ella sobre mí o yo sobre sus treinta centímetros que dan un pie. Agotado descanso el cuerpo y la espalda sobre su superficie. Mi mano la acaricia pero ella sigue sus pasos sobre nuestro sendero, pues se mantiene firme nota mi presencia y mis manos pero ella sigue en los senderos sin planes de regresar o de aplastarme con su superficie tras perder toda su energía. La pared sigue de pie apuntalada de algún modo con mi cuerpo. El sueño cae apuntalando lo que queda del día. No han pasado muchas horas y tampoco parece haber vida cercana, pues, los sueños se vuelven claros y ausentes de palabras. Antes de despertar soy arrastrado por una imagen donde la arena de una costa o de una duna parece estar salpicada por plantas que se arrastran. La diferencia al despertar se debe a la insistente presencia de la alfombra. Al subir de nuevo miro la alfombra temo por la pared. Una auto diminuto cruza la autopista haciendo un ruido gigantesco.
La pared tiene una fuga por donde fluyen líquidos entre ellos algo que parece ser agua. Debe existir un ruido diminuto producto del paso del líquido, la historia que baja de toda montaña. Me acerco con todo hacia aquella huella oscura, cubriendo con los brazos abiertos cualquier filtración del exterior. Imagino que el sonido será gordo o grave o tan delicado como si agujas invisibles explotaran bombas de sonido alrededor y frente a la superficie, explosiones de aire. Tengo los oídos pegados al espacio entre la pared y yo, aunque ajusto mi posición la zona sigue insondable, pronto será la respiración y su sombra la que infle la membrana. Sin embargo decido anular los sonidos internos hasta dar con el de la pared pues llego a concluir que aquel líquido es la misma pared que está a punto de volverse vidrio. Las yemas brillas al tocar el vidrio que sigue silencioso dando sitio a algo que intento descifrar. El cuerpo que es mapa al mismo tiempo es bañado por las explosiones invisibles que inflaman la membrana mayor. Comparo mi superficie con la de la pared a fin de descifrar el significado de las explosiones las que han marcado sitios difíciles de alcanzar, entre los dedos y sobre la vereda por ejemplo.
La pared no se mueve a pesar de que llevo horas empujando su cuerpo. Mis pies resbala ya que el piso es de tierra. Sin embargo he cavado para que los pies se apoyen dentro de unos agujeros que parecen estar destinados a ceder en cualquier momento. De modo que es imposible empujarla de ese modo pues a cualquier momento puedo caer y golpear mi rostro con su superficie. Sin embargo intento profundizar los agujeros con el fin de un último intento que tiene la probabilidad de tenermo recostado y sin memoria hasta que salga el sol. Los agujeros tienen la dimensión de mis pies. No hay nada dentro de ellos además de tierra y pequeñas rocas, supongo las partes de rocas mas antiguas. No pierdo el tiempo ni me lleva demasiado trabajo hacer más profundos los orificios, de hecho hay diversión en usar los dedos dentro de esta maniobra, pues, la tierra ha sido compactada por las lluvias anteriores. Luego uso un trozo de madera para ablandar el sitio. La pared mira desde su acostumbrada posición y no se impacienta aunque tampoco decide cobijarme bajo su sombra. Sin embargo me canso rápido y busco su cobijo durante cinco minutos que parecen horas. Vuelvo con el pedazo de madera luego de picar en su superficie lo que me anima a destruir uno de sus costados de modo que ceda caiga y la pieda arrastrar. La veo de frente al sol y me aterra la idea de que al ser picada en sus bases y antes de caer decida saltar sobre mi diminuto cuerpo haciendo de él una papilla. No intento disculparme pero algo me hace alejarme antes de que ella pueda saber a ciencia cierta que ocurre, que tramo pues ella es capaz de descubrirlo. Antes lanzo el pedazo de madera el cual rebota mientras los orificios quedan descubiertos.
La pared me envuelve de pies a cabeza como a un tamal o una mazorca pues mis cabellos sobresalen por su lado superior. Si alguien encendiera un fósforo mi cabello mostraría los sitios donde la pared tiene problemas de pintura. Lugares que han perdido la uniformidad al haber sido golpeados por superficies similares, que se mantienen en posiciones distintas a la de una pared que envuelve algo que no es pared. Intento recostarme para probar la horizontalidad pero la pared mantiene su posición aunque quizás sucede que ella no sabe que la están ocupando. Alrededor mi cuerpo tengo su superficie pintada de blanco. Hay severas imperfeciones, sitios marcados por la presencia de otras paredes que quizás golpearon su superficie al tomar una posición distinta. La pared mantiene su altura como la de un humano de pie, la pared no es humana ni intenta serlo y espero que nunca intente serlo pues de esa forma no estaría siendo envuelto por una pared sino estaría siendo abrazado por una pared o lo que es peor siendo apreciado por una pared. Desde adentro tumbar a la pared, lograr que tome asiento o que de una vez se recueste. Ella es poderosa pues vive de la fuerza que yo propongo sobre ella, a mayor empuje mayor resistencia. Tras quedarme dormido sueño que abrazo a un muro.
La pared tiene un sonido que parece provenir del rebote de los ruidos que hacen los pies de las personas que caminan cerca así como de las llantas y los ejes de los autos que circulan a altas velocidades en direcciones diversas. La pared mide quizás una cuadra de largo y su altura y superior a la punta de algunos árboles pero sobre todo es imposible que alguien de mi estatura pueda mirar sobre ella. Salto para comparar mi estatura con la de ella pero es imposible no querer treparse o llevar una escalera de mano con la cual trepar hacia su corona y caminar en el borde con los ojos cerrados. Sin embargo abro los ojos frente a ella y encuentro cemento que ha salido de su cuerpo producto del peso. Mis dedos intentan empujar esas variaciones hacia su interior sin considerar el paso del tiempo. Mis dedos no tienen la fuerza suficiente pero también puede ser que sólo deba mantener la calma y esperar que el sol haga el resto del trabajo. Miro la superficie y casi siento perder la visión totalmente por lo que recurro a mirar la otra superficie menos brillantes y cubierta por sus filas de imperfecciones. Al distinguir formas inexplicables recupero un poco el detalle de lo que observo. Para no volver a desenfocar doy dos saltos como mascota que acaba de dejar la toalla pero de manera más graciosa, coloco el cuerpo junto a la pared para que sea ella quien mi acicale, es decir, me retuerzo sobre sus lados cubiertos también de afiches despegados, de ese modo siento que que una mano alcanza los sitios que normalmente no alcanzaría.
La pared parecía reirse de mi malestar. Yo llevaba sobre el suelo varios minutos, dando vueltas sin encontrar el sitio donde ocurría la desgracia. Mis dedos parecían insuficientes así como el tamaño de mis brazos que aunque parecían rodear mi cuerpo como si se trataran de tentáculos, apenas si alcanzaban el sitio inalcanzable, lo rozaban. En algun momento me quedé pegado, como plastilina, ni las manos ni los pies ni el cuerpo podía ser entendido, la pared parecía haber dejado de reirse y haber iniciado un estudio de mis articulaciones, es decir, buscaba dentro de aquella plastilina las partes que componen el cuerpo humano. Yo pensé por un momento justo cuando un viento elevó mis cabellos que la pared bajaría para aplastar lo que quedaba de mis formas con el fin de convertirme en una lámina sobre la cual poder imprimir el aviso de un concierto en letras tipo impact. La pared no se me vino encima pero emitió su acostumbrada red. Sin querer estaba ya pegado a ella, respirando casi con los dientes. Le mostré mis dientes a la pared pero ella pensó que estaba sonriendo, es decir, que disfrutaba mi paso sobre su superficie de modo que apretó con su campo y mis ojos peligraron viendo casi de cerca el suelo. Ella tomo mis ojos y los colocó en su sitio, no la pude ver pero al abrirlos sentí polvo y cemento sobre ellos. Maldito piso sucio. Escupí sobre él y lo mandé a cambiarse de calle. La pared parecía ofendida, larga como era me tenía sobre uno de sus costados.
Tienes la risa del gato dije. El gato sonreía sobre sus piernas. Empujé al gato. Las maldiciones para la tarde dije.
Estaba de pie en la mitad del territorio. Las nubes corrían a la velocidad normal, sin embargo, porque quise ellas avanzaron como activadas por un botón. Así, de manera extraña, avanzaron al tiempo que sus colores cambiaban del azul al blanco y al rojo. Luego de aquella rosa, el cielo se detuvo. Las montañas parecían rocas y no músculos, los bordes se recortaban, si una mano hubiera entrado en el cuadro, siendo lo único movil habría derrumbado el diorama. Las montañas con las nubes como aureolas parecen pegadas con tachuelas, el suelo de dimensiones antiguas parece devolver las pisadas, sobre él se forman surcos, grietas que duran segundos intermitentes. El pasto parece el pelo de un cepillo para lavar pieles, también sucede cada cierto lapso pues antes el pasto luce como dibujado con pasteles. Si un globo de hule cayera sobre él quedaría marcado por la grasa y al ser empujado para salir del cuadro marcaría con la grasa el lente. La línea del horizonte vibra como si estuviera en llamas. Llamas azules bajo la línea del horizonte que se deforma como si juntara a dos membranas.También la línea se vuelve invisible, como si el páramo, la roca y las nubes fueran un mismo objeto plano alejado y amarillo. Como un estómago el plano de los tres objetos parece inflamarse para luego contraerse hasta ser un ombligo de líneas negras.
Parecía un estómago. Quizás viéndolo desde una distancia mayor el ombligo haría acto de existencia, redondo sobre redondo. La burbuja está preparada para los piquetes. Los dedos no se cansan ni cuando resultan humedecidos o amarillos por tanto piquete. Uno bueno desinflaría dejándolo todo como bajo una manta. Las cosas que se pueden hacer bajo la manta son parecidas a un teatro de sombras, quizás haya que recorrer de un sitio al siguiente para salir de la burbuja. Un filo o una espada servirían. La burbuja que parece dispuesta a separarse de la línea recta del horizonte quizás prefiere explotar. Sobre uno de los restos hay otros restos. Juntarlos para que el estómago haga el intento de sacar a cada uno de los piquetes. Doble piquete, pero a esta distancia sólo corre peligro el ojo que no ha dejado su sitio. Sobre el estómago los pliegos son sábanas, para resbalar hasta llegar al Nepal, mientras los poros se abren para dejar al sol su medicina, el carbono del grosor de un cabello. Ya dentro y sin distancia es una fila y al mismo tiempo el paso de los físico a lo solar. El estómago rodeado por la línea horizontal conteniendo al mar. Los dedos y los peces chapoteando como si el estómago los cociera. De pie o de cabeza contenido por horizontales.
La construcción debía alcanzar sin esfuerzo el cielo. Las torres seguro atravezaban a las nubes, y al agua en caso de una lluvia, y a las panzas de los boeings antes de pedir permiso para la maniobra. Las torres tienen un material capaz de transformarse, es decir son aptas para una posición horizontal, los vuelos dentro de la tierra se realizan siguiendo la plataforma submarina así como evitando las alturas y los glaciares. La nave cruza y la torre se balancea de un lado a otro. Las nubes cubren el sitio, bajan mientras otras parecen advertir la necesidad de acumularse. Desde la plataforma se observarían las estrellas y el cielo oscuro, incluso aquel encenderse y apagarse, tan común desde las siete de la noche. El ruido de los motores parece provenir también de la quema del oxígeno, aunque el cielo sigue más oscuro, la nave perfora la piel y la escarcha. Desde la plataforma también se escucha el eco sobre el suelo. Las vibraciones son cargadas, pues, la superficie está hecha de plataformas más pequeñas, en realidad una cuadrícula. Los pies suben y bajan, el cielo ruge y la plataforma vibra y el centro entre ellos parece derramarse aunque la construcción siga intacta. La construcción carece de energía eléctrica aunque su poder siempre esté emitido desde el centro. Las paredes deben ser extremadamente anchas como para guardar toda la carga. Un pie dentro podría derrarmarlo todo y las torretas y las naves guardarían tres segundos sus sitios antes de venirse abajo.
El ruido es inexistente, también se debe al cúmulo eléctrico pues la atmósfera parece hincharse. La visión no es clara, cada paso parece debatirse entre un denso magnetismo, lo que se coloca a la izquierda luego es atraído hacia otras direcciones incluso el músculo, incluso el fuego que no brilla desde una antorcha, más bien la llamarada corre hacia todas las direcciones. A primera vista no existen trazos o senderos, pero el fuego forma corrientes y brazos que toman la apariencia de venas que desaparecen con intermitencia y en tonos fríos. El pasillo termina donde las corrientes estallan. Al chocar no desaparecen, al chocar siguen la dirección del muro. Algo parece motivar esa dirección. La oscuridad no es total, lo que sí ocurre de un modo absoluto es el paso de lo cálido a lo frío. La oscuridad llena el sitio, incluso las esquinas, pero el paso, el cambio de témperatura dirije al pasillo hacia otro sitio. Da igual pues la oscuridad reina, pero, con práctica es sencillo notar que lo inferior es ahora diestro y lo superior ahora es el sitio sobre el que estallan las corrientes. El paso quizás tiene una duración, y quizás tras todos los giros, el pasillo vuelve a su sitio de siempre, aunque la oscuridad oculte los centímetros de movimiento. Lo extraño es que entre lo cálido y lo frío queda el espacio como un centro y desde el cual todo lo demás forma un radio. Hasta cuando las corrientes vuelven a seguir la dirección del muro.
El mármol brilla. Los músculos caben en una palma, sobre un plato, dentro de una bolsa oscura. Todo el mármol completa una única figura, un dedo arrancado es decir mármol separado. Tras el inventario y los nombres griegos hay un único paréntesis. La madera cruje al detenerse. El cuerpo vibra insignificantemente, el mármol verde no se ruboriza, quizás absorve a la madera. El sitio ideal existe y parece estar bajo el talón. En la base del cuello la curva sugiere el pasado entre un anfibio y un mamífero. Otra madera para desarmar al objeto. El sonido carece de brillos, existe bajo un capa, la madera parece golpear un montículo. Aquel bonsai desaparecería tras la misma fuerza. La figura mantiene su intensidad. Sin un orden preciso además de la velocidad las maderas crujen, rebotan. Diminutas marcas flotan como arrugas. Tras usar otra madera quedan los pies y los restos del cuerpo. Por dentro la roca también es verde. La base parece formar la figura de un trofeo, la modalidad o el deporte tiene algo que ver con la resistencia, los pies que han quedado sobre la base forman con los restos arrancados un silueta o una llamarada. Un fuego verde y de roca que puede confundirse con el rabo de una liebre. El cuerpo sobre el pasto sobresale como un musgo brillante. Los músculos siguen firmes y bajo sus pliegues el color se vuelve un pozo.
El piso sostiene a las construcciones. Si el piso avanzara hacia otro sitio, los muros formarían tras caer una pirámide. Debajo del vértice central quedaría de pie una escalera en forma de caracol. La escalera lleva siglos sin ser mantenida, los peldaños están oxidados y al pisarlos el ruido se vuelve insoportable. También de los peldaños se desprenden litros de agua oscura y llena de plantas verdes, la tierra que se ha concentrado debajo también cae, en porciones como piezas de barro. La pirámide y la escalera tienen una ligera inclinación que hace pensar en un despegue. El espacio es suficiente ya que los edificios del sector son bajos. Si sucediera aquello, los cables llevarían la peor parte, de suceder, varias antenas colgarían de la nave por varios segundos antes de caer hacia el centro. Las antenas colgarían como colas de cometas y quizás llevarían a su paso a otros cables y quizás incluso a postes y pedazos de vereda. Tras el despegue las construcciones aledañas a la pirámide serían calcinadas por el fuego o por el hidrógeno. Quizás el sitio se convertiría en un pozo de hielo, humeante y azul. Las construcciones siguen en su sitio, al igual que la escalera en forma de caracol, lo único que tiene movimiento son unos cables o alambres de construcción que responden al contacto con el viento.
Los cuerpos continúan alejándose. Las espaldas rectas avanzan sin detenerse, antes estaban a un brazo extendido de distancia, luego, al girar la construcción llevan alejados diez pasos. El piso está cubierto de pequeños charcos. Hay movimientos alrededor de los hombros, por ejemplo una mano que coloca o traslada de un sitio a otro un mechón muy largo de cabello, casi tan largo como una cola de caballo. También ese cabello es oscuro e incluso tiene la composición de el pelo de aquel cuadrúpedo. En realidad los que avanzan son tres cuadrúpedos, dos altos como torres y uno pequeño como una uva. Las espaldas avanzan ordenados como dos torres y una puerta, el castillo parece abandonar otro castillo de distintas proporciones. Al llegar a las gradas y tras los movimientos sobre los hombros, el trío, el castillo gira al mismo tiempo hasta perderse de vista tras los muros del castillo madre que gira todos sus ojos hacia los demás castillos que entran y salen de su organismo. El trío avanza con un paso distinto pues el camino se ha vuelto empinado. Adelante, del otro lado de la puerta principal existen artefactos para viajar hacia lugares lejanos. Las torres y la puerta parecen llevar la misma dirección mientras a sus espaldas los cables telefónicos sirven de sendero a las gotas de lluvia.
El teléfono se sostiene sobre una mesa. Los cables cuelgan desordenados. Las luces del teléfono han sido arrancadas. Una única luz led parece sacar su cabeza por el espacio que antes era ocupado por otras luces. Las llamadas parecen llegar a través de los cables. Los cables a pesar del tráfico mantienen su estado. El teléfono, su cuerpo, salta ligeramente sobre la mesa, el timbre o la campana interna vibran bajo los botones y la luz led se enciende intermitentemente. Las ventanas que forman el pasillo dentro del cual descansa la mesa sobre la que vibra el teléfono vibran también al igual que los cristales. El brillo de los cristales se deforma o toma la apariencia de un mancha como si fuera un cristal hecho de agua. Las patas de la mesa tiemblan aunque la porción cercana al piso parece estar separada del fenómeno. Bajo el teléfono, en la parte más cercana al piso el ruido y la campana del teléfono parece estar cubierta por un pedazo de tela. El ruido o la campana parece sonar detrás del pasillo, tras la pared. Aunque, la mesa y las patas vibran como atacadas por el movimiento del suelo o por un temblor de la atmósfera. Al terminar la llamada los cables siguen en su sitio. La mesa y el teléfono reflejan la sombra del uno sobre el otro. La mesa parece empujar hacia la atmósfera al cuerpo.
La pantalla muestra un recuadro blanco. El perfil oscuro ocupa una porción del recuadro. Sobre el recuadro se perfila una boca y una nariz. La pantalla muestra un recuadro blanco. Sobre el recuadro blanco aparece un recuadro más chico de filo gris. El recuadro pequeño aparece una sola vez en el centro del otro recuadro. Dentro de aquel recuadro más chico hay un triángulo con uno de sus vértices indicando el lado derecho. El recuadro blanco llena la pantalla de forma rectangular. El recuadro más pequeño aparece y desaparece en el centro del cuadro o rectángulo más grande. El triángulo apunta hacia la derecha mientras sus otros dos vértices apuntan hacia la parte superior e inferior del recuadro más chico. El recuadro más chico tiene la forma de un cuadrado perfecto. Las esquinas del cuadrado perfecto parecen suavemente redondeadas. El ruido acompaña a la pantalla llena del rectángulo blanco. El ruido es constante, y parece venir de una aspiradora o de un motor que produce o aspira aire. El rudio de las aspas de aquel motor viene desde el interior de otro cuadrado perfecto. Por la forma del sonido parece que las aspas están dentro de otro cuadrado de esquinas suavemente redondeadas. El ruido es constante e incluso grave, y también parece provenir de una nave o un equipo interno que provee de energía a un sitio o a una pequeña comunidad. La pantalla sigue en blanco aunque esta vez está delante de rectángulos más chicos y llenos de caracteres.