20/10/10

Boom

El año: ¿era 1971, o 1984?; revisé el calendario, quizás al aterrizar tomaron mis documentos, quizás sea mejor el procurar parecer adelantados, como en una canción, vivir sin fechas y sin planes, invisibles, como tiburones domésticos; 1974, creeré en un día, mejor, crearé un onomástico, creeré que soy un empleado, que trabajo en una feria ambulante, que ya no soy invisible, que manejo un lotus, que salgo en la tele, que me he vuelto heredero, que viajo en el asiento del medio. Sí, que escucho caribe, que veni, vini, vici.

Dentro del taxi él, adelante yo; dentro del taxi el chofer. Dentro parecer molesto. Dentro lejanos, hartos como en una película de bandidos.

El taxi avanza. La ciudad, deforme masa gris. Hay calles de un solo sentido. Cops no cops, bares cada dos casas.

La dirección. El taxista exige pago. Él saca arma. Yo aparento. CrasH, PaW. 14h00. Su primera vez. DoW, sangre, mano, posible desmayo. Él no suele reír, su sonrisa es la de un chacal.

19/10/10

La playa

Las uñas golpeaban su rostro. Letargo. Esquirlas. Bunker de músculos, puerta bloqueada, desayuno!, posible hombre amarillo, huelga de jamón, tomar ducha, vivir hambrientos.

Afuera, en los parqueaderos, la lluvia lava los autos desde la madrugada, es posible que llueva incluso la mañana. Gente armada con sombrillas, gente uniformada que recibe a gente en shorts. Los deportes de verano reducidos a una mesa plástica, a dos palmeras, una hamaca y un set 6-6, vía aero digital. Café, para mirar hamacas en la teve. Mamíferos sueltos, desatados, metiendo sus narices y sus patas. Perros, húmedos, desinflados, metiendo sus patas, buscando entre las sobras. Perros desplazados en grupos. En un parqueadero un partido improvisado. A pesar de la lluvia hay grupos que se dedican a alentar a sus equipos.

Él, que ahora descansa con el cuerpo desnudo, sentado sobre un sofá negro, duerme o pretende que así lo hace, aunque de vez en cuando, él suelta sonidos parecidos a un ronquido. Ella, que continúa sobre la cama, disfruta de verlo acostado aunque recuerda estar molesta y cambia de lugar su mirada. Con su mano explora entre sus piernas e imagina que bucea con gafas, con un tubo esnorkel. De no ser por el sonido que sale mínimamente de entre sus labios, y los imposibles ronquidos de él, ambos escucharían el rumor de bar que se filtra por los pasillos de ese hotel. Gente masticando camarones, sorbiendo gaseosas, mezclando café y leche dentro de pequeñas tazas blancas de porcelana, con pequeñas cucharas doradas como las que reposan sobre una bandeja con ruedas junto a un pedazo de sandía y un hueso de aceituna. Escucharían a una banda de jazz, abundante como es el jazz de salón, al jefe de meseros dando todas las pautas, delegando la atención de cada mesa, de cada familia, a unos niños masticando su primer pulpo y a su padre recordando el nombre de aquella canción, . También se escucharían los naipes de una partida imposible si no fuera por la estática de un televisor que nadie ha decidido arreglar. Ese ruido recuerda viajes llenos de sal, islas, pantanos, cuevas, fotografías, a un hombre haciendo equilibrio, unos labios quebrados por el mar.
La televisión lo despierta a él y en ese momento él decide dormir de verdad. Entonces para dormirse comienza a cantar una canción pasada de moda, ella que detesta esa canción por decir algo, lo invita a él a callar.

4/10/10

A propósito de Jack Nicholson

Si usted está en casa es porque detesta estar en la calle. Si usted está en la calle es porque usted detesta descansar en su cuarto. Si usted está en la calle y ama tragar humo es porque quemó ya toda su cuadra incluídos vecinos, mascotas y supermercados.

Si usted tiró piedras, tranquilo, es mejor romper un par de cabezas, llenar charcos y mostrar el pecho; después de todo el sol brilla para todos y una piedra suele ser más fuerte que un casco, que una bala de fogueo y que una nación. Si usted es quien recibe la piedra , aunque también sea un error y por supuesto algo injusto, no olvide agradecer. Una piedra es más poderosa que una crítica, que un argumento y esto no solo ocurre en nuestra casi decapitada nación; de piedras y de balas está plantado el jardín y al parecer todos somos unos nuevos y ricos sabios. Si ve una cabeza rodando por una cuesta, recójala, es la cabeza perdida de la decencia, junto a ella deben estar los brazos del orden justo debajo de un puñado de decadencia.

Pero no olvide lanzar las piedras, después de todo usted tiene derecho, solo le pido mire bien a quien apunta; espero recoja varios sacos, recuerde que mientras se olvide usted comerá estofados de megalomanía.

1/10/10

Las calaveras de Górgory

En el baño se escondieron todos los empleados, vestidos con chalecos rojos y con su nombre colgando de su pecho. Hasta ahí llegaban los ruidos de los ventanales rotos, de piedras arrojadas, de palabras groseras y de disparos. Disparos que parecían salir de varios tipos de armas y gritos que parecían venir de un puñado de adolescentes, como si fueran muchachos reclamando en un partido de fútbol.

Los policías se miraban entre ellos, colocados sus cascos y apoyados en sus metralletas. El cielo, absolutamente despejado reproducía los ecos de motocicletas y bombas que explotaban en los pies de civiles, otros policías y varias autoridades. A pesar de tener la orden de aterrizar, y a pesar de los amagues, cada intento del helicóptero por acercarse a tierra era saboteado mientras el gas descomponía a todos los involucrados.

En la habitación de una casa antigua, los candidatos a encuestadores respondían un cuestionario de 25 preguntas mientras la grabadora reproducía una ópera de Wagner. La canción, aunque ideal para el momento, desencajaba del todo con el clima de la casa. En las otras habitaciones que también eran aulas, se repetían frases como tell me who you are, y solo el esfuerzo constante te permite alcanzar tus sueños. Los vasos llenos de agua se posaban sobre los escritorios mientras el sol de todos los días encendía las paredes de aquella habitación.

En las sombras el grupo respiraba casi al unísono. Los ruidos de afuera ya no eran de disparos, eran mas bien como si un masa de insectos, hambrientos y de nueve patas carcomieran el techo, las paredes y los suelos, como cuando uno duerme en la selva, o como una madriguera negra de ratas negras que bajo un puente deboran las heces, las piedras, las bases del puente y al puente mismo. El grupo de delincuentes mostrando orgullosamente su pecho, saqueaba a dos manos el almacén, las cajas y los cajeros.

Un chaleco igual a los que usa la policía salvó del impacto al primer ministro. La comitiva, herida y confundida era fotografiada por reporteros y otros especialistas. Al igual que varios de los policías que lanzaban ataques, retratados en primeros planos tras el zoom de una cámara que horas después terminaría incinerada como los micrófonos y los televisores de algunos televidentes. En ese caos donde se midieron varias fuerzas, el presidente salió protegido, casi arrastrado y visiblemente indefenso.

El encargado del departamento de entrevistas observaba los esferográficos de las personas que rendían el examen. Materia aprendida la tarde anterior y preguntas conocidas fáciles de contestar. Luego de cinco minutos, Andrés llevaba contestado el 98 por ciento de su cuestionario y sentía, luego de dos años, un sueldo, una afiliación y un posible regreso al plano productivo. Era jueves, 30 de septiembre de 2010, Escuela de Idiomas y aprendizaje, fundación jóvenes sin límites.

11/9/10

Esc. 160

Que si la prefiero rubia o con el cabello corto? que si me excita su cuerpo, que si la deseo todo el tiempo? que si tengo algo que decir o incluso hasta una opinión?

Omar contaba sus calamidades cada vez que peleaba en casa. Llamaba con intensidad al teléfono. Timbraba varias veces, las llamadas se perdía en el centro de otras llamadas, mensajes de texto cada cinco minutos, mensajes de voz que repetían frases de asómate, estoy en la zona.

De lejos observaba a Omar levantar su jarro amarillo mientras masticaba con intensidad puñados largos de maníes. Entonces prefería dar una vuelta a la manzana, hacer tiempo meditando, aunque ya todo era predecible.
Me quieres, no me quieres, me quieres no te quiero pues chugcha, repetía Omar en un tono que parecía querer sonar irónico, me quieres, no me quieres mientras la cerveza se corría por la mesa y los golpes caían sobre Marcos y sobre mí y el bar nos expulsaba y la próxima semana regresaríamos como siempre ha sido aún con las advertencias y con Omar jurando vengarse del guardia como si el guardia tuviera la culpa como si acaso no existiera otro bar.

Marcos miraba la escena, algo habitual para él siendo su mejor amigo Omar. Yo buscaba el auto y al encenderlo me dí cuenta que me había olvidado manejar. Cerré los ojos hasta cuando un hombre de gorra me preguntó algo y entonces me sentí perdido. Tráeme una club le dije y reí más por nervios mientras intentaba tomar algo con las manos en caso de necesitar aturdir.

Marcos tomó el volante. Parecía una figura de bronce. Camino a otro bar, dejamos que el ruido de la calle llene la cabina del SJ. Un festival itinerante de cine proyectaba una película chilena sobre una pantalla que no era más que una pared en blanco. Con el SJ parqueado y con las ventanillas bajadas dejamos que las voces del cono nos consolaran, como a tres pequeños mutantes. El blanco y negro hacía más digerible los ronquidos de Omar. Un colombiano tocó la puerta y ninguno de nosotros le dió razón. En la película dos niños conducían un auto sin documentos, aunque no los necesitasen ya que manejaban dentro de una urbanización. El colombiano tiró unos papeles y yo le tiré unas monedas, los niños en la película estacionaban su auto con verdadera maestría. El teléfono de Omar sonaba, seguro era su esposa.

Mejor se queda en mi casa

Fuímos al Rod joy y dejamos a Omar bocabajo. Quizás debimos haberlo bajado.

10/9/10

Algo de lo que te puedo hablar con mucha naturalidad, dijo, echándose hacia atrás, es del origen de la muerte.

Un hombre sano debe primero contaminarse antes de considerárselo un muerto. Una contaminación suele suceder en un espacio habitado, por ello es necesario que nuestro sujeto deba exponerse a un ambiente promiscuo. Una sodomización sin la debida protección como acostumbraban los antiguos griegos suele ser el lugar ideal para pinchar con una primera muerte. Sin embargo y a falta de personas dispuestas a ese tierno ejercicio bien puede ser útil el frecuentar, las calles o mejor aun el parque del barrio. En estos, la fauna de dealers, yonkies y prostitutas suele acomodarse a las necesidades del sujeto quien, sumido en sensaciones de miedo y excitación correrá a casa de alguno de sus amigos y al timbrar escuchará que por los altavoces una voz de hombre pero algo afeminada le invita a pasar, expresándole lo mucho que lo estaban esperando. Este primer encuentro servirá de abrebocas o pequeña muestra de lo que aprobamos o respetamos.

Un hombre correcto suele ser noticia en un periódico. Un hombre honesto suele pedir permiso para respirar. Un hombre muerto puede cegar al más correcto de los hombres. Un hombre muerto no necesita respirar. Luego de aquel abrebocas queer y lésbico y mágicamente maquillado, el sujeto, desprendido de sí creerá haber tomado las llamadas riendas de su mal llamada vida, y crecerá tanto en amigos como en vicios. A cada nueva noche nacerá un emperador y se quemarán iglesias de la mano de viejos con aliento a tabaco. La casa será cualquiera donde haya una letrina y la cama será aquella donde lo alcanze la borrachera. Nada más saludable


La marea

Su cabeza giraba y el cuello terminó desatornillado mientras su frente inflada como una empanada recién tirada al aceite lucía tambien brillante y llena de sudores. Los ojos en blanco, la boca semiabierta con la lengua afuera, jadeando, seca, sin ánimo de respirar ni de soplar , escena abyecta en el asiento 16 de la penúltima fila de uno de los tantos colectivos que aún no acostumbraba a coger.

El controlador experimentó una sensación molesta pero al escuchar a su chofer volvió al pasillo a empujar e malestar pero rápidamente recordó un caso parecido y se puso alegre, tanto que rió con gracia junto al chofer, la dos filas de adelante y los siguientes pasajeros que fueron entrando. Un controlador jodido que seguro se arrodilla frente a las estampas de vírgenes y Jesucristos pidiéndoles de favor lo hicieran más guapo. Rápidamente abrió la ventanilla y los pasajeros del fondo reclamaron la violencia del viento. Un despelote entre el controlador y la gente del valle se armó hasta las siguientes dos paradas donde una señora bajó maldiciendo a las que jamás le entregaron su vuelto.

Estás bien?
(murmullos o sonidos graves)
este man está cadaver, algún doctor o aprendiz de enfermero?, fresco man, respira despacio nomás

Al hombre calamitoso se le habían caído las monedas y varios pasajeros agachados recogían el botín. Algunos, los más, hicieron una vaca general con el dinero del suelo y lo guardaron, sin contarlo, dentro de la mochila del hombre. Adentro, donde sí buscaron, se encontraron manzanas, cintas de video, un libro de arte japonés, fotografías de porcelanas, una memoria usb, cuatrocientos dólares y una caja de cuero con medicinas para ser inyectadas.

Pasaje, los se quedan en el puente 6?

El vendedor de turno esperó al siguiente bus.

8/9/10

Morice

La calle se transformó en avenida, la avenida en río y el río en mar. El mar que parecía hambriento cortó por la mitad la autopista, sumergió las casas, a los edificios, a las iglesias que como submarinos salían lentamente a flote, mientras los fieles gritaban palabras tan minúsculas como las conchas que se desentierran en la arena. Una segunda ola cubrió el bosque de una espuma café, dejándolo limpio como un rostro recién afeitado.

Los mayores discutían los problemas de un rescate por aire. Otros preferían la seguridad que les daba el refugio a 500 metros de altura y de hecho pensaban quedarse hasta cuando bajaran las aguas. Nadie hablaba del alimento ni de el líquido vital que haría falta hasta cuando un niño dijo, mamá tengo sed. Tampoco hablaron de la falta de equipos de comunicación y era increíble que nadie portase un aparato celular. Nadie a excepción de Morice.

Morice era un tipo extraño al que las madres veían con recelo y los hombres con la gracia de lo que se entiende por cómico. Daba igual si Morice vivía o dibuja círculos, nadie sabía como había llegado a la ciudad, aunque de hecho, entre los sobrevivientes no había uno que conociera al otro. Cuando uno de los hombres lo invitó a que se uniera, Morice que miraba fijamente al mar, tomó el teléfono y sin dejar de mirar al mar extendió su brazo mientras una tercera ola cubría por completo el refugio y a todos sus supervivientes. Entre gritos se escucharon maldiones al alma de Morice aunque todo era confuso ya que el agua no tardó un segundo en llenar y reventar esa habitación. Segundos antes de ahogarse cada superviviente recordó su nombre para repetirlo como mantra, mientras quienes no podían poner su mente en blanco daban manotazos torpes, confusos y violentos como cuando uno toma un colectivo en los valles de Quito. La ola se los llevo a todos de manera gratuita ya que ni la ciudad, ni las montañas habían pedido la presencia de ese mar tan apocalíptico y destructor. Cuando el mar alcanzó el oriente ya los satélites fotografiaron la destrucción de casi la mitad del continente, lo que era una destrucción incomparable, de hecho la más grande en la historia de la tierra además de la del meteorito que destruyó a los dinosaurios, teoría para algunos, verdad física para otros. Varias familias europeas lloraban arrepentidas los destinos escogidos para vacacionar y el lugar geográfico de las islas Galápagos pronto sería el de un santuario. Los estudios no han llegado a esas profundidades pero se cree que volcanes como el Cotopaxi o el Itatiaya fueron apagados para siempre, mientras en algunos países ya se inventaban nuevos servicios de turismo, visitas guiadas a antiguas ciudades, a metrópolis sumergidas como la antigua Buenos Aires.

Morice miraba al mar, y el mar era su enemigo.

31/8/10

A propósito de septiembre

La ciudad hizo crack, luego burfff, luego expulsó gases como si toda ella fuera un enorme tubo de escape, mientras la lluvia que había empezado a caer se perdía entre las olas de polvo y de sol.

Varias cabezas de vacas caminaban maquilladas a través de las pequeñas veredas hechas para una sola cabeza, cabezas hermosas y a la vez estrambóticas, de varios pares de ojos y con cuernos cortos como acné. De pronto, al tropezarse con otras cabezas, sonreían y afilaban los cuernos en los cuerpos cubiertos de cuero y en las corbatas hechas de hilos de hierro. Una de las cabezas, la del cuerpo mas fofo, derribaba a su paso a cuanto niño encontraba y daba la impresión de ser una señora cabeza porque tras de ella corrían varios becerros que colgaban incluso de sus grandes ubres. Las veredas de esta ciudad son tan pequeñas que uno debe andar de puntillas y chupado la barriga. La ciudad volvió a hacer implosión y como en un eructo expulsó un aliento más parecido a la boñiga de ciertos animales. Inmediatamente recordé a mis abuelos, su pequeña casa en el campo, mientras enjuagaba la saliva que colgaba de mi cuello. Las manos, que jamás me habían sangrado comenzaron a amarillarse y a arrugarse así como mi rostro que dejo de ser suave y brillante para convertirse en un rostro arrugado y bastante quemado. Al mirar al cielo la virgén de las Mercedes se transfiguró mientras las nubes junto a ella tomaban forma de sacerdotes y feligreses.

Tarde era, lleno de polvo me acosté, apenas era un 18 de septiembre, la ciudad estaba a dos meses de su fin.