Billy trae colgada una mochila de sus hombros. Billy está de pie, en medio de otras personas pero resulta igual, podría estar parado sin nada o nadie alrededor y nada sería distinto; se supone que nada existe, lo que respira alrededor y lo que llena el alrededor no cuenta. Se ve la luz brillante, el suelo que parece tomarla y devolverla y medio mal amplificarla, quizá detrás hay un muro, eso y tiras de papeles pegados, quizá un par de autos cruzando por delante, avanzando, y todo ello como si uno lo presenciara desde la verede del frente. No ha cambiado demasiado, aún lleva sus camisas oscuras, sus pantalones largos que terminan en dos puntas que resultan ser sus pies, un cinturón de hebilla, y sus dedos, sus dedos como cavando sobre su rostro y su rostro pálido; nada de articulaciones, nada de pliegues, más bien como una roca, como una única pieza de pies a cabeza.
Parece tener mucho, todo el tiempo para sí; parece que viaja, que regresa, que parte; parece que Billy lleva allí varios días de pie o como si alguien lo hubiera colocado, atornillado a ese sitio.
Luego regresa a mirar sobre uno de sus hombros; sucede que regresa a mirar sobre sus hombros varias veces, o son varias o es la misma y la única vez repetida, alterada. Parece que su rostro girara pero acaso como arrancándose, como si se despegara y además debiera forzar, provocar y cruzar y además salir de ese movimiento. Su rostro llega, a pesar de aquel lapso extraño y lento gira hacia el otro lado; parece que al llegar al fin volviera a respirar y más bien uno al verlo, como si ya estuviera de pie y frente a él, puede pensar que Billy estuvo dentro de una pecera y todo ese esfuerzo no era sino su forma de nadar y de bracear y de salir hacia la superficie; un braceo y ahogarse sin bulla y un tomarse del borde que empieza sobre sus hombros hasta al fin volver a respirar.
No se ven burbujas, no explota el oxígeno y nada de chapuceos; ni el agua ni la espuma sobre los cristales, sobre los parabrisas. Pero sí, por qué no un auto, y uno que acaba de estacionarse frente a él, de ese lado de la calle, con los aceros oscuros y los cromos y los cristalles reventados por un sol que visto de esta acera resulta en una explosión, un orificio que podría o ya se traga, o como que amenaza quemarlo todo; quemar a quienes miramos, a los otros conductores, borrarlos, derretirlos; algo así como el escudo-lanza de Billy, y Billy aún con los ojos entrecerrados y el rostro sobre su hombro y como volviendo a respirar y tomando cada partícula, llenando, degustando de nuevo el aire y ese ardor de llevar los pulmones llenos.
Luego el auto avanza. Luego deberían pasar otros autos y además otro debería estacionarse dejando la mitad que le faltó al anterior visible, es decir, de la puerta de adelante hacia atrás, hasta las luces, y de allí debería bajarse alguien, alguien que debería llevar una maleta, o algo pesado colgando de sus manos, para equilibrar entre uno y otro, eso de los mismos volúmenes, y ambos deberían quedarse de pies y juntos, ambos como dos guardias, como dos policías; y el que acaba de bajarse hablaría, más bien observa su alrededor, como un animal, como uno que espera no ser molestado y acaso solo necesita quedarse en pie, de modo que dedica a Billy una mirada entre rencorosa y de respeto, pero da la sensación que en cualquier momento el uno desearía escupir sobre el otro, como si ya estuviera harto de encontrar o encontrarse con los mismos momentos durante el día, como si todo el tiempo algo lo estuviera estorbando y algo fuera a morderlo o quemarlo o arrestarlo otra vez.
Una de esas miradas con el rostro girando como con lo de Billy; lento y cargado del peso y de los jirones de piel que ya se irán arrancando.
a)
Luego estaría Sheila. Sheila en su casa o en algo que parece una, mirando tv o realizando alguna rutina de ejercicios y doblándose o consiguiendo posiciones capaces de asustar a más de un niño; quizá con la mitad del cuerpo dentro de una caja y la otra cortando pan por la mitad. Su rostro antiguo, largo, de una sola pieza como una piedra; sus rasgos y todas las marcas o los gestos de alguien que ha pasado mucho tiempo intentando convencer a los demás, convencerlos que ella ya está convencida; es decir, que todos sepan que ya está curtida, como un vieja estrella o profesora o autoridad de alguna época no muy lejana. Sheila debería o quizá aún intenta dejar algo muy atrás, y además detener el tiempo, como si su esfuerzo fuera una lucha perdida de antemano, una batalla imposible a la que conoce pero quiere volver a desafiar. El teléfono, algo, cualquier cosa sonando, cualquier cosa debería distraer a Sheila, y Sheila debería fingir o hacernos creer que está muy molesta; su mirada sería la de alguien que reta a lo que sea que está fuera, en la puerta de su casa, de su habitación, de sus ojos.
-Un momento que encuentro las llaves!
Un momento que encuentro las llaves! diría ella en voz alta, como si alguien más la escuchara, y sus pies darían algo así como un brinco, como liebre sobre las alfombras y los pastos o los pisos oscuros, y uno observaría la sala y los cuadros y los sillones viejos o colmados de almohadones, y ella seguiría hablando sola, -les he pedido venir pasadas las doce; y quizá el sonido de una aldaba o de un candado golpeando algo, candado contra una puerta de acero, y el murmullo de personas que entran, quizá cinco, seis tipos llenos de cosas para decir o como si Sheila debiera conocer todos, cada uno de los detalles de un rumor que luego parece una reunión, una calle acercándose a la casa.
Luego estaría Sheila. Sheila en su casa o en algo que parece una, mirando tv o realizando alguna rutina de ejercicios y doblándose o consiguiendo posiciones capaces de asustar a más de un niño; quizá con la mitad del cuerpo dentro de una caja y la otra cortando pan por la mitad. Su rostro antiguo, largo, de una sola pieza como una piedra; sus rasgos y todas las marcas o los gestos de alguien que ha pasado mucho tiempo intentando convencer a los demás, convencerlos que ella ya está convencida; es decir, que todos sepan que ya está curtida, como un vieja estrella o profesora o autoridad de alguna época no muy lejana. Sheila debería o quizá aún intenta dejar algo muy atrás, y además detener el tiempo, como si su esfuerzo fuera una lucha perdida de antemano, una batalla imposible a la que conoce pero quiere volver a desafiar. El teléfono, algo, cualquier cosa sonando, cualquier cosa debería distraer a Sheila, y Sheila debería fingir o hacernos creer que está muy molesta; su mirada sería la de alguien que reta a lo que sea que está fuera, en la puerta de su casa, de su habitación, de sus ojos.
-Un momento que encuentro las llaves!
Un momento que encuentro las llaves! diría ella en voz alta, como si alguien más la escuchara, y sus pies darían algo así como un brinco, como liebre sobre las alfombras y los pastos o los pisos oscuros, y uno observaría la sala y los cuadros y los sillones viejos o colmados de almohadones, y ella seguiría hablando sola, -les he pedido venir pasadas las doce; y quizá el sonido de una aldaba o de un candado golpeando algo, candado contra una puerta de acero, y el murmullo de personas que entran, quizá cinco, seis tipos llenos de cosas para decir o como si Sheila debiera conocer todos, cada uno de los detalles de un rumor que luego parece una reunión, una calle acercándose a la casa.
Sheila miraría, escucharía con atención pero en realidad es como si escuchara palabras mudas, huecas, o como si mientras los demás hablaran ella tuviera su cabeza en otro sitio.
Bebería algo de un jarro de porcelana; algo caliente, quizá una bebida o infusión y a veces se la ve en medio de la sala y de espaldas y quizá asentando o afirmando con su cabeza.
En algún momento Sheila se vería como un objeto, como una roca. Quizá como si acabara de ser vaciada y como si acabara de meterse en líos.
Luego la teve debería pasar algún dibujo animado. Alguna pareja donde uno de los dos salva al otro, como el perro en las aventuras de Tin Tan. Quizá y mejor esas ovejas en la granja del hombre que se mueve por stopmotion.
b)
Al encontrarse con L, Billy escucha con atención las cosas que ella tiene por contar. Al parecer son muchas cosas y muchas palabras o tiras y ruinas o escombros de sonidos, por lo que Billy más bien deja lo que trae en las manos (quizá aún su mochila) sobre una de las sillas, o lo deja sobre una de las mesas, o en ambos sitios por lo que uno observa que realiza dos veces esta acción, y como cuidando o regresando a mirar de que sus cosas queden seguras, o en un sitio que luego él pueda recordar. Se lo ve dejando la mochila sobre una de las sillas, y luego buscando otra para sentarse cerca de L, pero también mirando de nuevo la silla, o mirando las otras sillas que son similares todas, y también a sus cosas, y las mira como si fueran a irse o como que ya se hubieran ido hacia otro lado. Sobre la mesa hay unas hojas desordenadas y varios lápices y un borrador blanco, y Billy con todas las ganas de tomar cualquiera de esas cosas, de tomarlas mientras escucha, mientras L habla y en realidad no se la escucha pues son muchas cosas como para detenerse a pensarlas o tomarlas, o prestarles atención y entenderlas, y por eso cada vez se lo ve a Billy más desesperado, una desesperación del grosor deuna línea en mitad de una hoja, como si encontrara una salida en ese pedazo de goma blanca, en ese cubo que decide cuando ya debiera estar en la mano del otro, o cuando la mano y los dedos ya debieran tomar y girar el cubo; sucede que al fin Billy toma el borrador y lo gira algunas veces en sus dedos esa cosa similar a un dado, a un pedazo de tiza.
- y por ello las cosas no tienen importancia y ya nada vale la pena.
Tras decir esto, que es lo único que Billy escucha, L se levanta y da unos pasos y parece que en el camino va diciendo algo sobre traer algo de tomar, pero solo están los dos en la sala, y ella seguramente tendrá ganas de salir y tomar un bus hacia otro sitio, y eso hace, sale de su casa, sin nada en las manos, como si fuera un árbol, un árbol que se ha arrancado del suelo, sin documentos o dinero o ropa o familia o álbumes de fotos, y al hacerlo cruza las puertas en dirección a la calle, y se ve que por esa calle pasan varios autos, y además algunos camiones o camionetas y parecen llevar o cargar con cosas pesadas; y ella abre las puertas y ya mira a ambos lados antes de cruzar la calle, y además avanza unos metros y se detiene, y hace el amago de parar un auto pero los autos avanzan sin detenerse, e incluso uno de ellos pita y usa el claxon como divirtiéndose por la situación; ella respira, parece tener energías como para golpear la pared pero no lo hace, sus pies parecen listos como martillos para saltar o hacer un berrinche de niña; y falta que patalee contra el piso; y quizá lo hace pero al mismo tiempo salta o da media vuelta y regresa hacia su casa, hace el mismo recorrido; atravieza las dos puertas; luego entra con sigilo y como retomando la calma, al cruzar tras de Billy hace sonidos con la nariz, toma una jarra con agua y un vaso de cristal y los lleva a la mesa, y al dejarlos antes llena el vaso y dice en voz alta aquello de -sí que hace calor!, y se acerca a Billy como actriz de cine en betamax, se acerca por la derecha y solo faltan los roller derby rosas, y este toma el vaso con una de sus manos, y luego empina el codo y bebe de un solo trago todo, como si fuera un trago del whisky más antiguo comprado en una estacion de combustible, y luego se levanta de la mesa, da una vuelta alrededor de la sala, como si midiera algo, como si pesara con la vista, se sirve, se sirve otro vaso, y otro, y él mismo lo llena.
Billy está sentado en mitad de un jardín y está leyendo un periódico; el sol lo ilumina y detrás de él hay rocas o lo que parece ser un muro de ladrillos pues es un muro oscuro. L también está sentada en el jardín aunque algo más alejada que Billy, y parece que L tiene ganas de que ambos estén juntos pues dos veces se pone de pie y luego se escurre caminando en silencio para detenerse frente a Billy, dejando que su sombra larga y oscura lo cubra a él y su periódico. Billy hace como que no la observa pero luego ella lo llama desde su lugar en el jardín, como si nunca se hubiera levantado; y Billy dice que ahora no puede pues intenta entender algo de lo que está leyendo en el diario, y ella dice que deje esas cosas y vaya a colocarse junto a ella, pero Billy insiste que debe entender algo de lo que está escrito en el diario, y por fin ella pregunta casi sonriendo qué es eso que quiere entender y Billy responde que es algo sobre el trabajo, o sobre el trabajo unido a los días, y sobre nosotros que pasamos los días unidos o encerrados como en una sanatorio; y se escucha una fuerte carcajada, y luego ella lanza agua hacia Billy, y el rostro de Billy así como su diario quedan empapados, y todos y ellos brillan por el sol que está casi en el centro del cielo; Billy escupe algo del agua que ha llenado su boca, y ella de nuevo con esa voz de niñita pregunta lo de -sabes de dónde era el agua? y el respondiendo dos veces que no lo quiere saber, y parece molesto o a punto de salir corriendo o de echarse a llorar, de lejos se escucha su respuesta, dice es agua de la fuente, y él con lo de no quiero saber, pero ella insiste con su voz delgada y que la fuente lleva un mes sin limpiar. Se ve el rostro de Billy, y al igual que cuando estaba de pie en la calle ahora también parece moverse como si apenas respirara, además como si en esos movimientos cortos y lentos fuera entendiendo cosas que siempre estaban claras, esas cosas pero como que recién ahora tienen algún sentido. Billy parece demorarse en cada inhalación-exhalación y parece que cada una lo llenara de frases o informaciones o más bien eso lo fuera actualizando.
Parece que Billy estuviera recostado en el jardín y sobre su codo y con el rostro como desapareciendo o inclinándose hacia la esquina del jardín.
c)
Es el sol que entra por las ventanillas lo que quema y molesta a la mitad de los pasajeros y toda esa mitad tiene el rostro inclinado hacia el otro lado de la ventanilla y parece que cualquier cosa podría suceder. Por ejemplo la mujer que cobra los pasajes de ves en cuando decide quedarse de pie como para contar sus monedas pero en realidad lo hace varias veces e incluso lo hace mientras se apoya sobre los sillones o sobre una de las barras del pasamanos; mientras el autobus avanza pero ella no tiene problemas en hacer dos o tres cosas al mismo tiempo. En realidad es como si deseara quedarse en esos sitios, como si fuera más importante que todo siga avanzando en alguna, cualquier dirección mientras ella se atornilla o como si se relajara y también decidiera pasar de todo, decidiera al fin tirar una toalla. Pero mientras ella hace aquello muchos en sus asientos no pueden dejan de no verla, ya que ella está en el pasillo y el pasillo es lo único que uno observa a menos que cierre los ojos o tenga a alguien junto, el pasillo tiene algún siniestro magnetismo pues cada vez que quiere resulta en un escenario lleno de transformaciones; ella está de pie, es como si al mismo tiempo solo estuviera ella y como si nada o nadie más ocupara el autobus; de algún modo su presencia incomoda pero al mismo tiempo equivale a una sensación contraria, pues resultaría desolador el que ya no estuviera, el que se fuera. Estorba pero uno sabe que eso es parte del día y la rutina del viaje.
Luego está lo de escucharla acercarse y lo de hacerse el dormido o como si tuviera alguna otra ocupación y en realidad el observar era la única ocupación, pero en realidad era el fisgonear, o espiar, y no tiene sentido si los demás también lo hacen y solo puede tener un valor o un estímulo si se lo hace desde un sitio privado, cómodo, no seguro pero sí indectectable. Él parece mirar y cubrirse en los hombros de los otros, en los reflejos y el malestar evidente del sol y su brillo.
b)
Al encontrarse con L, Billy escucha con atención las cosas que ella tiene por contar. Al parecer son muchas cosas y muchas palabras o tiras y ruinas o escombros de sonidos, por lo que Billy más bien deja lo que trae en las manos (quizá aún su mochila) sobre una de las sillas, o lo deja sobre una de las mesas, o en ambos sitios por lo que uno observa que realiza dos veces esta acción, y como cuidando o regresando a mirar de que sus cosas queden seguras, o en un sitio que luego él pueda recordar. Se lo ve dejando la mochila sobre una de las sillas, y luego buscando otra para sentarse cerca de L, pero también mirando de nuevo la silla, o mirando las otras sillas que son similares todas, y también a sus cosas, y las mira como si fueran a irse o como que ya se hubieran ido hacia otro lado. Sobre la mesa hay unas hojas desordenadas y varios lápices y un borrador blanco, y Billy con todas las ganas de tomar cualquiera de esas cosas, de tomarlas mientras escucha, mientras L habla y en realidad no se la escucha pues son muchas cosas como para detenerse a pensarlas o tomarlas, o prestarles atención y entenderlas, y por eso cada vez se lo ve a Billy más desesperado, una desesperación del grosor deuna línea en mitad de una hoja, como si encontrara una salida en ese pedazo de goma blanca, en ese cubo que decide cuando ya debiera estar en la mano del otro, o cuando la mano y los dedos ya debieran tomar y girar el cubo; sucede que al fin Billy toma el borrador y lo gira algunas veces en sus dedos esa cosa similar a un dado, a un pedazo de tiza.
- y por ello las cosas no tienen importancia y ya nada vale la pena.
Tras decir esto, que es lo único que Billy escucha, L se levanta y da unos pasos y parece que en el camino va diciendo algo sobre traer algo de tomar, pero solo están los dos en la sala, y ella seguramente tendrá ganas de salir y tomar un bus hacia otro sitio, y eso hace, sale de su casa, sin nada en las manos, como si fuera un árbol, un árbol que se ha arrancado del suelo, sin documentos o dinero o ropa o familia o álbumes de fotos, y al hacerlo cruza las puertas en dirección a la calle, y se ve que por esa calle pasan varios autos, y además algunos camiones o camionetas y parecen llevar o cargar con cosas pesadas; y ella abre las puertas y ya mira a ambos lados antes de cruzar la calle, y además avanza unos metros y se detiene, y hace el amago de parar un auto pero los autos avanzan sin detenerse, e incluso uno de ellos pita y usa el claxon como divirtiéndose por la situación; ella respira, parece tener energías como para golpear la pared pero no lo hace, sus pies parecen listos como martillos para saltar o hacer un berrinche de niña; y falta que patalee contra el piso; y quizá lo hace pero al mismo tiempo salta o da media vuelta y regresa hacia su casa, hace el mismo recorrido; atravieza las dos puertas; luego entra con sigilo y como retomando la calma, al cruzar tras de Billy hace sonidos con la nariz, toma una jarra con agua y un vaso de cristal y los lleva a la mesa, y al dejarlos antes llena el vaso y dice en voz alta aquello de -sí que hace calor!, y se acerca a Billy como actriz de cine en betamax, se acerca por la derecha y solo faltan los roller derby rosas, y este toma el vaso con una de sus manos, y luego empina el codo y bebe de un solo trago todo, como si fuera un trago del whisky más antiguo comprado en una estacion de combustible, y luego se levanta de la mesa, da una vuelta alrededor de la sala, como si midiera algo, como si pesara con la vista, se sirve, se sirve otro vaso, y otro, y él mismo lo llena.
Billy está sentado en mitad de un jardín y está leyendo un periódico; el sol lo ilumina y detrás de él hay rocas o lo que parece ser un muro de ladrillos pues es un muro oscuro. L también está sentada en el jardín aunque algo más alejada que Billy, y parece que L tiene ganas de que ambos estén juntos pues dos veces se pone de pie y luego se escurre caminando en silencio para detenerse frente a Billy, dejando que su sombra larga y oscura lo cubra a él y su periódico. Billy hace como que no la observa pero luego ella lo llama desde su lugar en el jardín, como si nunca se hubiera levantado; y Billy dice que ahora no puede pues intenta entender algo de lo que está leyendo en el diario, y ella dice que deje esas cosas y vaya a colocarse junto a ella, pero Billy insiste que debe entender algo de lo que está escrito en el diario, y por fin ella pregunta casi sonriendo qué es eso que quiere entender y Billy responde que es algo sobre el trabajo, o sobre el trabajo unido a los días, y sobre nosotros que pasamos los días unidos o encerrados como en una sanatorio; y se escucha una fuerte carcajada, y luego ella lanza agua hacia Billy, y el rostro de Billy así como su diario quedan empapados, y todos y ellos brillan por el sol que está casi en el centro del cielo; Billy escupe algo del agua que ha llenado su boca, y ella de nuevo con esa voz de niñita pregunta lo de -sabes de dónde era el agua? y el respondiendo dos veces que no lo quiere saber, y parece molesto o a punto de salir corriendo o de echarse a llorar, de lejos se escucha su respuesta, dice es agua de la fuente, y él con lo de no quiero saber, pero ella insiste con su voz delgada y que la fuente lleva un mes sin limpiar. Se ve el rostro de Billy, y al igual que cuando estaba de pie en la calle ahora también parece moverse como si apenas respirara, además como si en esos movimientos cortos y lentos fuera entendiendo cosas que siempre estaban claras, esas cosas pero como que recién ahora tienen algún sentido. Billy parece demorarse en cada inhalación-exhalación y parece que cada una lo llenara de frases o informaciones o más bien eso lo fuera actualizando.
Parece que Billy estuviera recostado en el jardín y sobre su codo y con el rostro como desapareciendo o inclinándose hacia la esquina del jardín.
c)
Es el sol que entra por las ventanillas lo que quema y molesta a la mitad de los pasajeros y toda esa mitad tiene el rostro inclinado hacia el otro lado de la ventanilla y parece que cualquier cosa podría suceder. Por ejemplo la mujer que cobra los pasajes de ves en cuando decide quedarse de pie como para contar sus monedas pero en realidad lo hace varias veces e incluso lo hace mientras se apoya sobre los sillones o sobre una de las barras del pasamanos; mientras el autobus avanza pero ella no tiene problemas en hacer dos o tres cosas al mismo tiempo. En realidad es como si deseara quedarse en esos sitios, como si fuera más importante que todo siga avanzando en alguna, cualquier dirección mientras ella se atornilla o como si se relajara y también decidiera pasar de todo, decidiera al fin tirar una toalla. Pero mientras ella hace aquello muchos en sus asientos no pueden dejan de no verla, ya que ella está en el pasillo y el pasillo es lo único que uno observa a menos que cierre los ojos o tenga a alguien junto, el pasillo tiene algún siniestro magnetismo pues cada vez que quiere resulta en un escenario lleno de transformaciones; ella está de pie, es como si al mismo tiempo solo estuviera ella y como si nada o nadie más ocupara el autobus; de algún modo su presencia incomoda pero al mismo tiempo equivale a una sensación contraria, pues resultaría desolador el que ya no estuviera, el que se fuera. Estorba pero uno sabe que eso es parte del día y la rutina del viaje.
Luego está lo de escucharla acercarse y lo de hacerse el dormido o como si tuviera alguna otra ocupación y en realidad el observar era la única ocupación, pero en realidad era el fisgonear, o espiar, y no tiene sentido si los demás también lo hacen y solo puede tener un valor o un estímulo si se lo hace desde un sitio privado, cómodo, no seguro pero sí indectectable. Él parece mirar y cubrirse en los hombros de los otros, en los reflejos y el malestar evidente del sol y su brillo.