Hoy, 25 de enero de 1994, he decidido visitar las otras habitaciones pues cada vez que avanzo hacia la terraza, soy sorprendido por la luz o lo de la puerta entornada de alguna de estas.
Por cierto, y antes de hacer aquello de dibujar los números redondos y las bases del dos, del veinte y dos y del doscientos veinte y dos (porque si no dibujo bien esas bases los números van a caerse hacia un lado), empiezo a levantarme de la silla y como que me voy yendo, o como que me voy acercando con la cabeza echada hacia adelante, y ya con la parte más expuesta, la coronilla, toco la cortina, y los rayos de 5000 kelvin o quizá casi 7000 me llenan los poros y las letras y casi todo es medio fosforescente y arde, y arde como si uno avanzara en forma de proyectil caliente y sobre todo como sobre un burro de planchar.
La cortina hace uzzz, y las llamas dejan tres líneas oscuras en el techo.
La primera tiene un aspeto de centro de capacitaciones, y todo con eso de los pupitres recién pintados y con aquello de las cortinas que dejan pasar la luz pero como si lo hicieran a regañadientes. Eso sí, los picaportes brillan y uno amagando que se lo lleva en el bolsillo. La siguiente habitación está desmantelada, pero en realidad toma cierto trabajo lo de empujar la puerta, hacerlo dejando que las alfombras como que van de nuevo pegándose al suelo que queda bajo el semicírculo que hace la puerta, dentro varias cajas y además un sofá de pie; la pared llena de cosas y de estantes vacíos, como llena y vacía y como usada pero también como si no estuviere lista.
Dentro del pantalón y junto a la pierna derecha cuelga una regla de aluminio y de un lado tiene centímetros y del otro pulgadas, y debe haber estado mucho, mucho tiempo allí, y mucho tiempo desde la última vez que lo recordé o que intenté recordar porque ambos lados estaban tibios, y casi que la regla de aumnio empezaba a doblarse y a querer tomar la forma del muslo, una cosa que ya nunca más iba a servir para trazar líneas rectas ni mucho menos para tratar de ser un arquitecto pero lo de las fachadas y las fotos de los edificios ya quedarían para otros horarios. Al bajar sentí que algo se clavaba en la rodilla pero hice como que con jesui no era la cosa.
La tercera es una habitación en forma de revólver como en aquella que vivía don Ruales Hualca, aquella que tenía la cocina por gatillo y una ducha por martillo. De manera novedosa y casi inocente esta habitación parece hermética y casi que uno olvida que fuera está una estación de combustibles puma, y apenas nos llegan los rumores, eso de brom y lo de los brum. En esta habitación tengo ganas de echarme unas cuantas horitas al sobre. La siguiente tiene un olor terrible y además parece la escena de un crimen por resolver, y eso alcanzo a ver sin meter la cabeza, solo al mirar por entre un espacio vertical entre el muro y la hoja de la puerta pero todo alcanza o como que algo dice no te acerques, y yo bien mandado cojo mis cosas y sigo recto como quien no quiere la cosa y al llegar al pasillo y antes de tomar las gradas al quinto piso me observo reflejado en un cristal todo bien limpio, y la verdad me encuentro tantos defectos y la barriga como hinchado y me digo pero diciéndoselo a Marcela, Marcela, deja el voodú en paz.
Me dio por llamarme teresa gibbons y luego era kim gibbons pero me gustaba más cuando teresa maddler me llamaba betty gordon. Su voz siempre calmando el final y el inicio de la luz oscura que en estas épocas o en 1994 solía empezar y llenarlo todo tipo 18 y 43 pm. Quizá eso era lo que mantenía mis rodillas completas, con lo de andar gritando y aceptando que quería saber algo más, Iwannanow, pero al mismo tiempo sin rasguños, todo amparado y bajo el brazo de la confesión.
Luego eran un par de años y además siempre quedarían nuestras magníficas fotografías y los cientos de álbumes en casa de algun conocido. Nos llenaban el rostro y ya la noche con bombillas y destellos y uno solo sabía poner cara de roto.
Nos quedan las canciones rotas de palabras rotas.
La siguientes habitación huele a pedos y a medicinas, pero allí se atiende a receptores y beneficiarios del almanaque municipal y de un modo siento que más o menos me voy acercando, como que me voy hallando un sitio. Allí suenan varios teléfonos a la vez y a pesar de escuchar los movimientos de cuerpos o de personas luego todo queda en silencio. El reloj marca las doce y treinta y ocho. Entro un poco más solo para intencionamente toparme con una licenciada o uno de esos mugrosos hombres de bolígrafo parker en las solapas y la verdad hay escritorios y muchas fotografías debajo de los cristales.
Luego eran un par de años y además siempre quedarían nuestras magníficas fotografías y los cientos de álbumes en casa de algun conocido. Nos llenaban el rostro y ya la noche con bombillas y destellos y uno solo sabía poner cara de roto.
Nos quedan las canciones rotas de palabras rotas.
La siguientes habitación huele a pedos y a medicinas, pero allí se atiende a receptores y beneficiarios del almanaque municipal y de un modo siento que más o menos me voy acercando, como que me voy hallando un sitio. Allí suenan varios teléfonos a la vez y a pesar de escuchar los movimientos de cuerpos o de personas luego todo queda en silencio. El reloj marca las doce y treinta y ocho. Entro un poco más solo para intencionamente toparme con una licenciada o uno de esos mugrosos hombres de bolígrafo parker en las solapas y la verdad hay escritorios y muchas fotografías debajo de los cristales.
Lo que queda es sentirse ok, así ella esté hablando de sus sterlings.
Lo que queda es sentirse felling better.
Al salir y tras regresar me topo con una persona en la entrada y resulta que era alguien muy cercano a mis padres. Tenemos tiempo, adivinaré digo; miro hacia el cristal y los cuerpos avanzan recortados y luego alguien deja en la mesa un vaso lleno de un jugo amarillo.
Tras esos días se me antoja no abrir los ojos y de así suceden un par de horas y mientras la calle se llena de rums y de brums. Luego hay gente corriendo sobre las aceras y el picaporte gigante de la casa de alado se abre varias veces. Una o dos veces al día sale un pequeño jeep y otras tantas se escucha el ulular de un viejo wolkswagen. Todo eso mientras yo respiro y luego exhalo por la boca imaginando que disparo o como que le apunto al techo, y que mis bocanadas o mi aliento luego va llenando los espacios y luego en realidad es una nube la que me cubre, y la intuyo entre blanca y gris.
Al ponerme de lado el resorte como que entra hacia las costillas y también me apuro a creer que es mi terapia de quince minutos. En la esquina han abierto gran salón y a veces el aire se enrarece y a veces al medio día ya no tengo ganas de alimentarme. Lo de cerrar bien los ojos es como forma de no quemarme con el sol, el sol a las diez pega tan fuerte que uno empieza a andar con las manos y los brazos por delante. Me gusta creer que en estas horas de descanso recupero años y sobre todo guardo minerales para otras doce décadas más. Luego escucho un coche de supermercando saltando sobre las imperfecciones de la acera.
Tras esos días se me antoja no abrir los ojos y de así suceden un par de horas y mientras la calle se llena de rums y de brums. Luego hay gente corriendo sobre las aceras y el picaporte gigante de la casa de alado se abre varias veces. Una o dos veces al día sale un pequeño jeep y otras tantas se escucha el ulular de un viejo wolkswagen. Todo eso mientras yo respiro y luego exhalo por la boca imaginando que disparo o como que le apunto al techo, y que mis bocanadas o mi aliento luego va llenando los espacios y luego en realidad es una nube la que me cubre, y la intuyo entre blanca y gris.
Al ponerme de lado el resorte como que entra hacia las costillas y también me apuro a creer que es mi terapia de quince minutos. En la esquina han abierto gran salón y a veces el aire se enrarece y a veces al medio día ya no tengo ganas de alimentarme. Lo de cerrar bien los ojos es como forma de no quemarme con el sol, el sol a las diez pega tan fuerte que uno empieza a andar con las manos y los brazos por delante. Me gusta creer que en estas horas de descanso recupero años y sobre todo guardo minerales para otras doce décadas más. Luego escucho un coche de supermercando saltando sobre las imperfecciones de la acera.